martes, 31 de mayo de 2011

Solo


Nada, nada... nada. No busques detrás de la puerta, ni en el rincón oscuro del patio. Ayer volaron los pájaros que anidaban entre las hojas del rosal. Ya ni siquiera se oye el agua de la fuente. Te has quedado solo, y el silencio te delata. Las páginas del libro que tienes en las manos se han vuelto amarillas, y se cuartean como las hojas secas del otoño. La vida huye de tu figura de estatua, y ahora yo me marcho, aunque hace tiempo que no estaba aquí. He atrapado en mis manos todos los sonidos del campo: las esquilas lejanas, el rumor de las ramas mecidas por el viento, el zumbido de las abejas, ese presentimiento vago que anuncia el alba... Me lo he llevado todo, también las campanadas de la torre, y los toques alegres de la Peña. A ti ya no te harán falta en donde estás. Acuérdate de mí en tu soledad de hielo. Dios mío, qué solo te quedas. Un beso. No te olvidaré.

La pepinada



Vaya por delante que la llamada crisis de los pepinos es un drama para mucha gente que vive directa o indirectamente del cultivo de hortalizas, y que existe una terrible indefensión ante decisiones precipitadas de gobiernos extranjeros, cosa que podría haberse evitado en parte si el gobierno español hubiera reaccionado a tiempo. Vale. Pero no he podido evitar estallar en carcajadas esta mañana cuando he abierto el periódico a la hora del desayuno y he visto esta foto de la consejera de agricultura merendándose un pepino en una finca almeriense. Me callaré los primeros comentarios jocosos que me sugiere la fotografía. Por lo demás, nunca ha habido consejera tan identificada con el pueblo: si me dicen que es una jornalera del campo me lo creo, al menos por la pinta. En cuanto al tipo que está detrás saboreando otro pepino, sobreactúa un poquito, tampoco creo que un pepino crudo sea para relamerse, cualquiera diría que se está comiendo una langosta. Y así, en general, esta escena me recuerda a cualquiera de los capítulos de Los Simpsons en la central nuclear, con las radiaciones flotando por todos lados y el bueno de Homer enchufado a una máquina. ¡Políticos tenemos...!

domingo, 29 de mayo de 2011

Apuntes (103): El topacarneros


Salimos de Sevilla a las diez y cuarto de la noche a 31º, y una hora y cuarto después cruzábamos el puerto de Alájar a 14º. Y todavía hay quien dice que en la ciudad se vive mejor…


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Pasamos la mañana en Las cruzadas, y José, que siempre tiene historias nuevas, me vino con una sorprendente: cuenta que hubo en el pueblo un hombre, ya muerto, que tenía por afición topar con los carneros. Cada vez que sacaba un rato de su trabajo en el campo, se ponía a unos diez metros de uno de estos animales, agachaba la cabeza (lo mismo hacía el carnero), y se arrancaban a la vez con furia. El topetazo no tenía un vencedor claro, y ambos (hombre y animal, sin saber muy bien quién era quién) salían airosos del envite, listos para usar de nuevo su testuz, y no en pensar precisamente. Parece ser que este hombre hacía muchos otros alardes cebezoneros; dice José que sujetaban un banco entre cinco o seis, se arrancaba el cabezón de lejos y rompía el banco, echando al suelo a los que aguantaban detrás. Había por aquel entonces en el pueblo otro topador que no le iba muy a la zaga, y entablaban ambos combates singulares, de los que salían con las cabezas sangrantes. ¡Qué poca distancia hay del paleolítico a la posmodernidad! Unos kilómetros, tan sólo.

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Hoy, para terminar la jornada, hemos plantado unas tomateras. He empuñado con decisión el cavucho, como dicen por aquí al azadón, y he cavado unos surcos con más pena que gloria, literalmente. En media hora ya tenía unos proyectos de callos en mis manos de señorito. Los niños, muy atentos todo el tiempo a la labor, y realizando las más peregrinas observaciones, que no me hacían ninguna gracia, me ayudaron a sembrar las matas, que nos regaló el providencial José. Escojimos con mimo las matas que colocamos en los surcos a una distancia prudencial, los llenamos de agua, los tapamos luego con tierra y volvimos a regar otra vez. A ver qué pasa, no me fío yo de mis dotes de hortelano. Por lo pronto, he comprobado que el dicho ése de que el trabajo manual dignifica al hombre es una gran mentira. Sigo igual de indigno que siempre, con la indignidad añadida de unos callos en las manos.

sábado, 28 de mayo de 2011

Recordando Tabacaria


No pasa nada; no me pasa nada; no quiero que me pase nada. No hay una tabaquería al otro lado de la calle, pero veo desde mi ventana otros comercios y otras gentes igualmente idénticas. Mi cabeza gira todos los días el mismo número de vueltas, con los mismos ojos asombrados, de un asombro sin brillo, apagado en las ausencias cotidianas. Tampoco soy nada, ni quiero serlo, y esto lo sabía hace mucho tiempo, pero me lo ha recordado el poeta del Chiado. También dijo que no podía querer ser nada, ni siquiera le era dado desear. Sabía bien la inutilidad de todo esfuerzo, salvo el de escribir con esa belleza sobrecogedora iluminada en la saudade. Ahí estaba su única verdad, y sigue estando. Fingir es comprometerse con la belleza con un pacto falso, que mientras dure nos salvará de la conciencia de nuestro destino profundo y vacío.

viernes, 27 de mayo de 2011

La rana muerta (relato en revisión)



Paseaba por la ribera de Alájar, como tantas otras veces. En esta ocasión iba solo, y podía concentrarme en el trino de los pájaros. Algunos de ellos se cruzaban en mi camino, sin mostrar miedo, y yo me paraba a contemplarlos. No sabía su nombre, pero los distinguía por su timbre, y trataba de aislar el sonido de cada uno de entre la algarabía, como hizo Messiaen al transcribir su canto a un pentagrama. Además de los pájaros me acompañaba siempre el rumor del agua del pequeño arroyo que corría a mi derecha, y a medida que me adentraba en el bosque el sonido se iba haciendo más redondo, trepando entre los árboles y por encima de mi cabeza como un fantasma rescatado de las pozas que exploraba en mi niñez. Entonces me sumergía en sus aguas frías y oscuras siempre con miedo y una emoción que sólo sentimos de niños, porque cuando crecemos todo tiene un sentido, y se mata la incertidumbre que nos regala la vida para que la atesoremos en nuestro cuarto al volver de un día lleno de aventuras. Todo eso iba yo pensando, y se me venía a la cabeza poco a poco, no en forma de palabras, sino como un sentimiento profundo que me invadía hasta llenarme por completo. Llegué al primer molino derruido y me acordé de la figura del antiguo molinero, que recibía como una ofrenda el trigo de los labriegos para obrar el milagro de convertirlo en harina con la muela heredada de sus antepasados. Fui pasando junto a los demás molinos, a cual más triste, a cual más desamparado en sus ruinas de piedra tosca, y en sus inmediaciones no cantaban los pájaros; tan sólo se oía el agua que pasaba por debajo del edificio, igual que hace siglos, pero sin mover piedra alguna. Me sentí fatigado y paré a descansar en un banco de piedra junto a un estanque de aguas oscuras, de donde saltó una rana asustada por el chapoteo de mis botas. Bien podía ser la rana intemporal que imaginó Basho, pero eso lo pienso ahora, porque la que yo vi era una rana real, como real fue su salto, y su croar profundo y gutural. Seguí mi camino por una senda que se iba haciendo más estrecha, bordeada ahora por pinos y jaras en lugar de las encinas y alcornoques que me habían acompañado hasta entonces. Las jaras estaban florecidas, y pintaban las laderas con la paleta de Monet. Me fui a asomar a la gran roca, para disfrutar de la vista del río encañonado, cuando de repente desapareció la tierra bajo mis pies, y me encontré parado en la mediana de una autopista con los coches pasando veloces a uno y otro lado. El humo de los motores y el olor dulzón del asfalto caliente habían reemplazado a los aromas del campo, y en lugar del monte y la arboleda, el paisaje que tenía ante mis ojos era desolado: un ancho camino gris que cortaba en dos con un tajo despiadado la tierra amarilla y yerma de las cercanías de la ciudad amenazante e incierta. Me tiré al asfalto, incapaz de soportar tanta tristeza, y los coches pasaban a mi lado sin rozarme. Vi la rana unos pasos más adelante, aplastada por las ruedas de un coche. Seguí andando hasta llegar a mi destino olvidado, y dejé de oler la muerte, y sentí que no era yo quien respiraba, porque mi cuerpo ya no era mi cuerpo, ni la razón para existir era más que una promesa vana.


Nota: ayer leí este relato a mis queridos compañeros mercuriales. Como aquí estamos ante todo para aprender, se me sugirió que la digresión que aparece a mitad del relato: -"... Entonces me sumergía en sus aguas frías y oscuras siempre con miedo y una emoción que sólo sentimos de niños, porque cuando crecemos todo tiene un sentido, y se mata la incertidumbre que nos regala la vida para que la atesoremos en nuestro cuarto al volver de un día lleno de aventuras"-, rompe el ritmo del mismo y distrae la atención del lector (en este caso oyente). Sería mejor ir directamente a lo que emociona, a los hechos, para llegar en la medida de lo posible a conmover al lector en lugar de hacerle pensar. Ya otras veces ha funcionado este blog como taller literario, y por ello pido vuestra opinión, si tenéis tiempo de dármela.

jueves, 26 de mayo de 2011

¡Alto en nombre de la autoridad!


Nota
: recupero esta entrada que me habían birlado los cabrones de blogger y que he podido rescatar usando mi legendaria pericia informática.

Uno -¡ejem!- no tiene trazas de forajido, y es de los que se tranquilizan cuando ve por el retrovisor a una pareja de la Guardia Civil o un patrullero de la Policía Nacional. Sin embargo, he de reconocer que en una ocasión, y para mi descrédito, tuve problemas con la autoridad, si bien me considero inocente y mi conciencia está tranquila. Sucedió un día en que circulaba por una avenida de mi ciudad, y me incorporé a una amplia rotonda para hacer un giro a la izquierda. Al principio no los vi, porque estaban ocultos por unos árboles, pero a medida que me acercaba observé un furgón policial enrejado parado en medio de la calzada, y a su alrededor varios "terminators" de ésos que van vestidos con mono azul y empuñan unas metralletas que asustan al más pintado, en esta época de paz prolongada en que las armas las vemos por la televisión. Un poco más adelante había un coche grande rodeado por varios de estos sujetos, y en su interior un individuo con pinta de haber atracado el Banco de España como mínimo, que tenía un aire abatido, con el rostro entre las manos. El espectáculo era ciertamente interesante, y los policías iban dando paso lentamente a los coches, apremiándolos a circular para que no estorbaran su trabajo. Yo estaba en la cola y miraba la escena tranquilo. Le llegó el turno de pasar al coche que iba delante, y yo por inercia pasé detrás de él. En ese momento se escuchó un golpe seco acompañado de un ruido inquietante, algo así como "¡Brrrromblomblomblom!". Miré asustado a mi derecha a ver qué pasaba y lo que vi me llenó de espanto: encima de mi capó se había subido uno de esos policías, con metralleta y todo. Más que subirse por su propia voluntad, me lo había llevado por delante. Era digna de ver la cara que se le puso, y supongo, porque yo no me veía, que la mía era aún peor. El hombre saltó al suelo rojo de ira, dio la vuelta al coche y se fue para mi ventanilla, mientras que sus colegas acudían raudos en auxilio del compañero atacado. No relataré aquí los instantes que transcurrieron a continuación, porque se han borrado de mi memoria. Sólo diré que me libré de que me sacaran por la ventanilla agarrado de las orejas, que me pidieron todos los papeles que llevaba encima (yo, en mi torpeza, les alargué también unos billetes de cincuenta euros, lo que agravó la situación ), y que no hacían más que preguntarme: "¿No se da cuenta de que ha atropellado a la autoridad?, ¿ha tenido usted antes problemas con la justicia?, ¿sabe usted las consecuencias de su acción?, ¿cómo puede usted decir que no me ha visto, si estaba delante suya?, todo ello con unas caras muy fieras, a grandes voces y en tono amenazante, cuando no directamente insultante. Yo ya me veía dentro del furgón siendo torturado con métodos de los que no dejan huella. Incluso pensé en decirles "Usted no sabe con quién está hablando", pero afortunadamente me contuve, pues poco a poco los hombres se fueron aplacando y entrando en razón, ante mi reiterada respuesta de "no le he visto", "no le he visto", "no le he visto, qué quiere que le diga". Debieron de verme cara de buena gente, pues al cabo de esos minutos de tensión y de canguelo por mi parte, acabaron diciéndome: "Bueno, un fallo lo tiene cualquiera, circule". Yo me sentí como si me hubiera confesado ante el Papa y él mismo me hubiera dado la absolución sin penitencia ninguna. Salí de allí a escape, y aún me queda la duda de si el barrabás que habían detenido en su coche aprovechó el tumulto para escapar.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Apuntes (102): Bienentendidos


La exposición pública de un poema siempre causa pudor e inseguridad. Es como soltar un globo sonda, con la particularidad de que es muy fácil que nos lo pinchen.


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Después de leer a Pessoa queda uno devastado, con la sensación de que ya está todo dicho, y no queda sino releerle una y otra vez.

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La mayoría de los malentendidos se entienden muy bien.

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Es muy conveniente hacer leña del árbol caído, para que no rebrote.

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¡Qué peso tiene la posteridad! Y cuanto más se dice y se piensa que eso no va con nosotros, más nos contamina con su promesa incierta y, sobre todo, vana.

martes, 24 de mayo de 2011

Señoras depredadoras


Hace un rato he estado comprando, y me he topado con un ejemplar de lo que yo llamo "señoras depredadoras". Se trata de una especie común, que prolifera por estas latitudes sureñas. Su hábitat preferido son las fruterías, carnicerías, pescaderías y otras tiendas de alimentación, pero tampoco desdeña los comercios de ropa, zapatos u otros accesorios. El ejemplar que he avistado esta mañana presentaba las características morfológicas propias de su especie: una alzada ligeramente superior al metro y medio, pelo escaso pero esponjado de una manera sorprendente, teñido de un color pajizo, contundentes extremidades inferiores apoyadas en un trasero descomunal, que al desplazarse hace el efecto de una mesa de camilla ambulante, tren superior bastante más fino, con la piel colgona, y un volumen pectoral considerable, del que se podrían extraer varios kilogramos de pechuga de primera calidad. La especie es muy longeva; de hecho, su edad media ronda los 60 años, y se han llegado a localizar ejemplares que llegan al siglo de vida en plenitud, repartiendo culazos y empellones a diestro y siniestro. Este ejemplar en concreto iba ataviado con una prenda indescriptible, como de seda pero sin ser seda, teñida en color carmesí, que le cubría desde el cuello hasta por debajo de las rodillas. Algunos naturalistas han sugerido que los vivos colores que suelen utilizar estas señoras para su atavío tienen el objeto de hipnotizar a los incautos que se cruzan en su camino, y así poder culearlos a placer, pues la especie tiene gran afición a este culeo, al que dedica sus horas de ocio. Mientras yo esperaba en la cola de la caja, inadvertido del peligro que corría, la señora se me acercó por detrás y agarró inopinadamente una camisa que yo sostenía, diciéndome con voz chillona y desagradable: "Oiga usté, ¿esta camisa dónde la ha cogío?". Me tomó por sorpresa, y no pude más que indicarle el lugar. Entonces me miró brevemente y, con olímpico desdén, se dio la vuelta y se me coló en la fila. Uno, que ya tiene experiencia en este tipo de situaciones, pues estas señoras se han convertido en una plaga, no dijo nada, a sabiendas de que es mucho mejor dejarlas hacer, si no se quiere entrar en un escándalo de dudoso resultado. Sin embargo, un señor que estaba en la cola detrás alzó la voz tímidamente y dijo "Oiga, señora, creo que usted va detrás de mí". Aún no había terminado la frase cuando la señora engarzó una serie de insultos a una velocidad asombrosa (la especie es famosa por su rápido parloteo), y mi compañero de cola quedó tan abrumado que no se atrevió a decir nada más, dando oficialidad al sitio que había logrado la señora haciendo uso de su abundante humanidad. A esto que vuelve a toquetear mi camisa sin decirme nada, queda conforme con el precio y se le antoja que a su marío le puede venir bien. Ni corta ni perezosa, encomendándose a Dios y al diablo, abandonó las filas de los paganinis y se abrió paso zigzagueando con su tren inferior para hacerse un hueco de aproximadamente tres metros de diámetro. Retrocedimos todos espantados, pero aún así nos llevamos nuestros buenos culazos. Al cabo de poco tiempo me tocó a mí pagar, y ya tenía mi compra encima del mostrador y la tarjeta de crédito fuera de la cartera, cuando oí un estruendo a mis espaldas que anunciaba la vuelta de la bestia parda, que, tras derribar a cuantos se interponían en su camino, depositó en un último esfuerzo su compra encima de la mía al grito de "Señorita, ahora voy yo, este señor s'a colao". Una humillación más en mi expediente no suponía menoscabo de mi ya de por sí dañada autoestima, así que la dejé hacer, pagué cuando ella terminó y salí de allí con el rabo entre las piernas, prometiéndome no volver a comprar en una tienda donde se hayan avistado recientemente ejemplares de esta peligrosa especie.

lunes, 23 de mayo de 2011

De viaje


A veces salen versos del infierno.
Son poca cosa, allí no da tiempo
de llorar, ni de arañarse la cara.
El horror huele a pétalos de sangre
y tiñe la mirada de hojas muertas.
No tengas miedo, quédate tranquila,
que yo te cuidaré cuando esto acabe.
Saluda a los amigos de mi parte
y no digas a nadie mi escondite.
El horror huele a sangre, a pétalos,
a rosas arrancadas de jardines muertos.

Donde se demuestra que tu voto no sirve de nada


Ayer, día de elecciones, me planteé algo que resulta recurrente cada vez que hay una cita con las urnas: ¿y qué pasa si no voto? ¿Merece la pena el esfuerzo de acudir al colegio electoral un domingo, con lo bien que se está en Alájar, en la playa o arrascándose los cataplines en lo alto del sofá? No desvelaré cuál fue mi decisión, pues al igual que el voto es secreto también lo es el no voto. Lo que sí quiero compartir es la sorprendente conclusión a la que he llegado después de mucho cavilar: ¡Votar no sirve de nada!

Emplearé para probar mi afirmación una argumentación lógica basada en el método inductivo, y aviso que está blindada contra los más contumaces expertos en lógica y politólogos ilustres. Hay un hecho indiscutible, y que nos sirve de punto de partida: en ningún caso en toda la historia se han decidido unas elecciones por un único voto (sólo una vez estuvo la cosa muy apretada en USA, en la pugna entre George Bush y Al Gore, y se procedió al recuento manual de papeletas, pero ni siquiera en ese caso un único voto decidió). La probabilidad de que esto ocurra en unas elecciones generales o municipales de una ciudad grande es tan ínfima que puede ser despreciada. Esto demuestra, y los resultados así lo han confirmado, que mi hipotético voto de ayer no decidió nada; la democracia nunca me va a echar de menos. Sé lo que pasa por vuestras cabezas en este mismo momento: que si todos pensaran como yo, nadie votaba, o bien podéis argumentar que en ese caso saldrían los de tal partido, porque ellos sí que votan (casualmente, ese tal partido es siempre la oposición del partido que vota nuestro interlocutor).
Bla, bla, bla, bla... ¡Paparruchas! Mis actos no tienen una influencia inmediata en los actos de mis conciudadanos, luego el que yo vote o no es un hecho aislado, que no influye para nada en la vida política de mi ciudad. Con esto queda ya probada mi tesis, pero avanzaré un paso más, que no es realmente necesario, para convencer a los escépticos: este tipo de razonamientos sólo se le pueden ocurrir a los gilipollas como yo (ya echaba de menos la palabreja), y está demostrado estadísticamente que los gilipollas se distribuyen uniformemente por todas las capas de la sociedad, incluyendo las tendencias políticas, luego son tan gilipollas que su voto es inútil.

Quod erat demostrandum.

Nota: Estuve tentado de publicar esta entrada ayer, pero en ese caso, y dada mi popularidad y ascendente sobre la sociedad, sí que habría influido en el comportamiento de voto. Y uno es gilipollas, pero honesto.

P.S. Dado el cariz de mis últimas entradas, abro la etiqueta "Gilipolleces".

domingo, 22 de mayo de 2011

Canto a Murcia


Dedico esta enrada con cariño a Dyhego, por su simpatía, saber estar y fidelidad a este blog.



La cuerda de barítono es quizá la más bella del registro masculino. Los barítonos siempre han sido eclipsados por los tenores, protagonistas de la película, y los poderosos bajs de voz oscura y majestuosa. Son pocas las arias de ópera que den lugar al lucimiento del barítono, pero en nuestra Zarzuela siempre se les ha reservado un papel de privilegio. Quiero con esta entrada reivindicare el timbre viril y contundente de unos cantantes que en España han tenido una cantera inagotable, y para ello traigo al gran Carlos Álvarez interpretando el coocido pasaje de La parranda donde se canta a la simpar (eso me han dicho, que yo no la conozco) ciudad de Murcia.

Vota PGU


¡Uffff! por fin, me dolía ya la cabeza de tanto reflexionar. He hecho un agujero en la mesa con el codo, y se me han marcado los dedos en la sien. He pensado mientras desayunaba, al salir a por el pan, las dos o tres veces que he visitado el trono (es el mejor sitio para pensar, seguro que las grandes ideas de la humanidad se han cagado -digo, fraguado- allí). En el almuerzo me llevaba la comida a la boca con la mirada perdida; no sé en qué estaba pensando, pero lo hacía, que es lo que importa. He meado fuera del tiesto, y no porque mis ideas sean revolucionarias, sino porque es muy difícil atinar mientras se mira hacia el techo. He mantenido conversaciones domésticas como si tal cosa mientras mi mente viajaba por los intrincados caminos de la política nacional. Para facilitar las cosas he respondido "sí" a todas las preguntas que me han hecho mis hijos; nunca olvidarán este día, y mi santa tampoco. He caminado pensando, he comido pensando, he leído pensando (en otra cosa distinta a lo que pone en el libro), he escrito en el ordenador pensando (con la churra), he meado pensando, he cagado pensando, he... eso no lo he hecho pensando, pero sí he pensado en ello. Y ahora todo ha terminado, por fin estoy libre de pensar, y lo malo es que no me acuerdo de nada de lo que he pensado todo el día, debo de ser gilipollas, y a mucha honra, tanto pensar para nada, pero ahora tengo de nuevo la mente clara, he vuelto a escribir la palabra gilipollas por cuarto día consecutivo. Ya me acuerdo, hoy toca votar, los niñatos esos siguen acampados, ganarán las elecciones los mismos cabrones que siempre, aunque tengan otro color, no es lo mismo un cabrón que un gilipollas, aunque ellos son las dos cosas. A lo mejor voto, más que nada por dar por culo a los cabrones de siempre, aunque sea a costa de poner en su sitio a cabrones nuevos, pero digo yo que tardarán un tiempo en hacer las cabronadas que hacen éstos.

Bueno, ya está bien de decir gilipolleces, voy a dejar el tema de los gilipollas en el blog, porque os vais a pensar que soy más gilipollas de lo que soy, o más todavía que vosotros, y no quiero hacer la competencia a nadie.


Vota PGU (Partido de los Gilipollas Unidos). Me presento como alcalde en los 8108 municipios de España (ya hay que ser gilipollas).

sábado, 21 de mayo de 2011

Soneto reflexivo



Un siglo largo llevo cavilando
por culpa del gracioso de Rodín;
podría haberse quedado en su jardín
plantando un pino y no por saco dando.

Me dicen que el día de hoy es cuando
hay que exprimirse fuerte el magín;
mas poco hay que hacer si un adoquín
encima de los hombros va pensando.

Que nadie pierda el tiempo con chorradas;
lo digo desde un siglo de experiencia
rascándome la frente de granito.

Las cartas de la vida están marcadas;
no existe la razón ni la prudencia:
el hombre piensa siempre con el pito.



P.S. Acabo de caer en la cuenta de que El pensador no es de piedra, sino que fue fundido en bronce. Ofrezco, pues, una versión alternativa del soneto, más ajustada a la realidad.


Un siglo largo llevo cavilando
por culpa del gracioso de Rodín;
podría haberse quedado en su jardín
plantando un pino y no por saco dando.

Me dicen que el día de hoy es cuando
hay que exprimirse fuerte el magín;
mas poco hay que hacer si un adoquín
encima de los hombros va pensando.

Que nadie pierda el tiempo con chorradas;
lo digo desde un siglo de experiencia
echando humo y fuego por la olla.

Las cartas de la vida están marcadas;
no existe la razón ni la prudencia:
el hombre piensa siempre con la polla.

viernes, 20 de mayo de 2011

Gilipollas del mundo, uníos



Hermanos, nuestra tranquilidad se está viendo afectada por unos sujetos que acampan en todas las ciudades del país y que dicen estar indignados. Han abandonado nuestra querida hermandad, reniegan de su pasado, proclaman a los cuatro vientos que ellos no son gilipollas, y eso no lo podemos consentir. Unos gilipollas como nosotros, que pagamos nuestros impuestos, votamos a los gilipollones políticos, nos quedamos en el paro y no hacemos nada, como gilipollas que somos, no vamos a tolerar que unos niñatos zarrapastrosos se echen a la calle y griten consignas contra el colectivo gilipollesco, con lo que nosotros suponemos para el país, qué sería de España sin tantos gilipollas. Y lo peor de todo es que el gilipollas supremo, el gilipollas más grande que han visto los siglos, ése que cada vez que abre la boca suelta gilipolleces que asombran a los más veteranos de entre nosotros, ése que lleva escrito en la cara el estigma de la eterna gilipollez, no está haciendo nada, como gilipollas que es, pero claro, aunque seamos gilipollas algo tendremos que hacer, porque las concentraciones se van extendiendo como una mancha de aceite, tiñendo de cordura a nuestros cachorros gilipollescos, que abandonan nuestras filas y nos dejan gilipollamente solos.

Yo, como gran gilipollas que soy, os llamo al movimiento, y lo hago hoy viernes y no el sábado, que es jornada de reflexión, y sólo los gilipollas respetamos una gilipollez como ésa. Esos niñatos insolentes piensan salir también a la calle mañana, y gritarán sus eslóganes, y dirán que no se vote, y proclamarán que esto debe cambiar pero no dirán cómo, y ahí está nuestra esperanza, porque en el fondo ellos también son unos gilipollas. Se han salido de las filas del gilipollismo para caer en un gilipollismo aún más grande: el del que todo lo pide pero no da nada.

No sigo hablando, porque noto que se me debilita la fe gilipollesca. Tan sólo pido que reenviéis este mensaje a vuestros conocidos y amigos, y sé que lo haréis, porque hay que ser gilipollas para cortar y pegar un texto del blog en el correo electrónico y mandarlo a quien no le va a importar un carajo. Pero ahí es donde se demuestra la fortaleza de nuestra mente de gilipollas, en nuestros actos.

Ánimo, a las urnas, y que salga el más gilipollas.

Apuntes (101): De necios políglotas y gilipollas normativos



Las jacarandas son unos árboles discretos, que pasan inadvertidos durante todo el año para sorprendernos cada mes de mayo con su esplendor morado inconfundible, regalándonos niñez y aromas de otros tiempos.

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No hay que asombrarse de que alguien hable cinco idiomas, ni admirarle como a una eminencia. Quien es necio y habla muchas lenguas, dice las mismas necedades en todas ellas.

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No tengo un juicio claro sobre esos jóvenes acampados en la Puerta del Sol para protestar contra un sistema y unos políticos que están resultando nefastos. El corazón me pide la misma protesta, pero sé que todo lo que el hombre afronta en grupo acaba corrompido por intereses encontrados, por luchas de poder, por elementos externos que tratan de aprovechar la situación... Cualquier revolución, por modesta que sea, me causa escepticismo y miedo, no lo puedo remediar. Soy individualista, cada vez más. No creo en el hombre, ni en la humanidad; tan sólo creo en mí mismo, me acerco a quien mi intuición me dice que es una persona buena y nada espero del resto, salvo que atenten contra mi libertad y mi sosiego.

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Me piden opinión desde un periódico de las mejoras que propondría a mi ciudad, ahora que se avecinan las elecciones, y no respondo, no por falta de ganas, sino por falta de ideas. Son pocas las cuestiones sobre las que no tengo nada que decir, mi mente está siempre inquieta, y el escepticismo que es natural en mí no me impide pensar y aportar ideas más o menos lúcidas a cualquier debate. Pero en esta ocasión me he quedado en blanco. Por un lado, desprecio a los políticos, pero por otro me pongo en su lugar y no sé muy bien qué hacer, ni si haría algo en absoluto.

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Lo mejor del género diarístico es que no tiene reglas, por mucho que algunos gilipollas se empeñen en ponerlas. Son tan pocas sus normas que me puedo permitir el lujo de decir ahora que éstas no existen, o podría ser uno de esos gilipollas que dicen que sí las hay, y lo anotaría en mi diario pensando que el gilipollas es ese autor de un blog irreverente que va por ahí llamando gilipollas a los demás. Y todas esas cosas se aceptan, que para eso manda cada uno en su diario.

jueves, 19 de mayo de 2011

Emily Dickinson: I had a guinea golden



Hoy traigo un delicioso poma de Emily Dickinson, probablemente nacido de una experiencia personal de la poetisa estadounidense, a la que es fácil imaginar recluida en una habitación de la casa de su padre y reprochando al amigo que viajó al extranjero que se hubiera olvidado de ella. En cualquier caso, el reproche lo hace con una exquisitez tal que lo de menos es la moraleja del poema, y al lector le llega de pleno su belleza. La traducción me ha costado bastante, pues he procurado mantener el ritmo yámbico de Dickinson, así como el metro. Al ajustar todos los versos al heptasílabo he tenido que sacrificar lógicamente parte de la literalidad, pero estimo que el resultado es más satisfactorio de esta forma.


Yo tuve una guinea
mas la perdí en la arena;
ya sé que no era mucho,
y había más dinero,
pero era tan preciada
a mis modestos ojos,
que al no poder hallarla
me puse a suspirar.

Yo tuve un petirrojo
alegre y cantarín,
mas al pintar los bosques
voló lejos de casa.
Vinieron otros pájaros,--
cantaron como él,--
pero mi trovador
jamás perdió su nido.

Yo tuve una estrella
venida de las Pléyades,
y cuando estaba ausente
volvió a su firmamento.
Aunque miles de ellas
iluminen la noche,
no es para mí un consuelo,
porque ninguna es mía.

Mi historia da un consejo:
he perdido un amigo,--
estrellas, petirrojos,
y una guinea en la arena,--
y cuando este lamento,
y mis amargas lágrimas,
alcancen al traidor
en tierras extranjeras,
que el arrepentimiento
le embargue por completo,
y no encuentre consuelo
ya nunca bajo el sol.


I had a guinea golden;
I lost it in the sand,
And though the sum was simple,
And pounds were in the land,
Still had it such a value
Unto my frugal eye,
That when I could not find it
I sat me down to sigh.

I had a crimson robin
Who sang full many a day,
But when the woods were painted
He, too, did fly away.
Time brought me other robins,--
Their ballads were the same,--
Still for my missing troubadour
I kept the "house at hame."

I had a star in heaven;
One Pleiad was its name,
And when I was not heeding
It wandered from the same.
And though the skies are crowded,
And all the night ashine,
I do not care about it,
Since none of them are mine.

My story has a moral:
I have a missing friend,--
Pleiad its name, and robin,
And guinea in the sand,--
And when this mournful ditty,
Accompanied with tear,
Shall meet the eye of traitor
In country far from here,
Grant that repentance solemn
May seize upon his mind,
And he no consolation
Beneath the sun may find.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Apuntes (C): Y van 100


Ya está bien de mariconadas; me olvido de los números romanos.

~

Escucho a un reconocido experto en finanzas hablar de los primeros días de la crisis, cuando los especialistas en bolsa, brokers, inversores y demás ralea financiera fueron presa del pánico, pensando que se aproximaba poco menos que el fin del mundo. Poco se ha avanzado desde aquel octubre negro de 1929, y no digo ya en la inestabilidad de la economía mundial, sometida al vaivén de los mercados, sino en la patética miopía de unos pocos que se creen los amos del mundo, de un mundo hecho de billetes verdes, cuando esos billetes lo más que hacen es ensuciarlo.

~

La verdad, nuestra verdad, sigue estando en la Tierra.

~

Puestos a tener fe, mejor tenerla con los ojos muy abiertos.

~

Se deja uno las pestañas en leer, los dedos en escribir y los codos en pensar, y la vida se escapa por todos los agujeros, sin dejar un solo charco en que podamos retozar y remojar nuestros pesares.

martes, 17 de mayo de 2011

DSK



Eso de que detengan a uno de los hombres más poderosos del mundo en plena huida una vez montado en un avión a punto de partir tiene su aquel, y sólo puede suceder en USA, para qué vamos a engañarnos. Yo, por mi parte, me he alegrado profundamente, y he aquí mis motivos:

1. En caso de ser culpable, me quito el sombrero ante la justicia norteamericana por echar mano sin complejos a un pez gordo como éste. Esto sucede en Europa, no digamos en España, y le tienden una alfombra roja para que escape, tapando la boca a la agredida con billetes de banco o directamente a hostias, y al final la pobrecita se tiene que ir a vivir a otro país para no soportar el escarnio de sus conciudadanos.

2. En caso de que sea inocente, corre la misma suerte que otros tantos inocentes con menos medios para contratar abogados que fueron detenidos por error.

3. El viejo este cabrón dormía en un hotel a razón de 3000$ la noche, pagados por una institución pública cuya misión (y a él le duele la boca de decirlo) es contener el gasto y dejar de derrochar para sanear las finanzas de los países.

4. El historial de agresiones sexuales del angelito es para enmarcarlo, pero hasta ahora las víctimas no se atrevían a levantar la voz intimidadas por la relevancia pública del personaje; o, más bien, acojonadas por las represalias que se tomarían a buen seguro contra ellas.

5. DSK figuraba en todas las quinielas como el casi seguro candidato del partido socialista para enfrentarse a Sarkozy en las próximas elecciones a la presidencia francesa. Un político socialista muy peculiar, con un tren de vida digno del millonario que es, un magnífico representante de la gauche caviar, producto genuinamente francés y que en nuestra patria tiene unos cutres émulos en la izquierda cigalera, apadrinada por el amigo Torrijos, de Izquierda Unida.

6. Estoy hasta las narices (quiero decir, hasta los cojones), de que los políticos nos chuleen con el dinero que sale de nuestros bolsillos, y que encima se vayan siempre de rositas. Pues toma castaña, DSK, te has topado con los sheriffs, que no tienen ni puta idea de lo importante que eres, y te meten en el trullo por lo que haces, sin que te sirva de nada eso de "Usted no sabe con quién está hablando".

lunes, 16 de mayo de 2011

12000 ¡chops!



Me entero gracias a blogger y a sus intrépidos ingenieros de que a día de hoy he alcanzado la bonita cifra de 12000 comentarios, a los que habría que añadir los que se tragaron el viernes. Y como sois vosotros mayormente, con una constancia conmovedora, los que habéis saltado tantas veces en mi blog haciendo ¡chop!, os dedico esta entrada.



¡Va por ustedes!

Apuntes (XCIX): Gengis Kant


He terminado de leer un ensayo de Sabato/Sábato, el primer libro que publicó, titulado Uno y el universo (título harto sospechoso; no sé por qué, le pega mucho a un famoso escritor leonés; ahora no caigo...). Se trata de un conjunto de lúcidas reflexiones sobre los más diversos temas, como filosofía, astronomía, lógica, literatura, pintura (habla mucho del surrealismo), política y sobre todo ciencia, mucha ciencia: las ciencias naturales en relación con las ciencias sociales, que no se pueden separar unas de otras, pero son poquísimos los intelectuales con formación científica. Él fue uno de ellos: doctorado en ciencias físicas, ensayista y escritor de renombre; una especie de gran humanista del siglo XX. El libro se divide en sesenta y cinco breves capítulos, algunos de ellos ingeniosos aforismos, como por ejemplo:
Casualidad: Barbarismo, ¿por causalidad
O este otro, que tiene su guasa:
Gengis Kant: Bárbaro conquistador y filósofo alemán.
~

El otro día descubrí de manera empírica una ventaja de los libros de papel frente a los electrónicos de la que no me había dado cuenta: se me cayó al suelo el ridáider.

~

El agradecimiento es la esclavitud de los bien nacidos.

~

Yo, normalito: no nací en el arroyo, pero tampoco me gusta besar anillos.

~

Escuchar a Wagner mientras se conduce es lo más parecido a cabalgar a lomos de un ser mitológico sintiéndose uno el rey de los nibelungos y profiriendo alaridos capaces de despertar a los dioses del Walhala. Iba en el coche escuchando Lohengrin y me veía navegando por las aguas de un lago tenebroso subido en una barca con forma de cisne, o de un cisne con forma de barca, no lo tengo muy claro, oteando una orilla donde me esperaban unos valerosos caballeros para darme la bienvenida. Y claro, así se afronta con más fuerza una jornada laboral, aunque no sé si es el estado de ánimo más indicado.

domingo, 15 de mayo de 2011

¡Los muertos de Blogger!



... y de Google, y de Microsoft, y de los i-phones, y sus mulas electrónicas toas. Regreso de un fin de semana en la playa, por cortesía de mi amigo Alejandro, y me voy para el trono directo, es lo que me pide el cuerpo, y que nadie me diga que es gratis, y lo del caballo regalado y su puta madre, porque digo yo que algo ganarán estos tíos, si tienen a no sé cuántos ingenieros trabajando para solucionar no sé qué coño de la plataforma después de hacer trabajos de mantenimiento, como si esto fuera una autopista, me cago en los muertos de los chips de silicio. Mi entrada del viernes, a tomar por culo. Varios comentarios, al limbo del internés. Unas pocas de horas tratando de ver qué pasaba, y el mensajito de que blogger no estaba disponible. Estamos en manos de unos cabrones, que nos dicen que ya no hacen falta discos duros, que todo está en la puñetera nube, y como a la nube le dé por llover el mundo se vuelve del revés: no sólo los blogs, sino la wikipedia de los cojones, los cienes de miles de mensajes de correo electrónico que nos han mandado y, lo que es más gordo, todo nuestro dinero y nuestras hipotecas.

viernes, 13 de mayo de 2011

T.S. Eliot: The Waste Land. I. The Burial of the Dead


Impresionante arranque del gran poema épico de Eliot.

El mes más cruel es el de abril; engendra
lilas de la tierra muerta; mezcla
la memoria y el deseo, remueve
raíces apagadas con lluvia de primavera.
Nos abrigó el invierno con su manto, cubriendo
la Tierra de nieve sin memoria, alimentando
un hálito de vida con tubérculos secos.
Nos sorprendió el verano, llegando al Starnbergersee (1)
en medio de la lluvia; descansamos en la columnata,
y seguimos bajo la luz del sol, hacia el Hofgarten,(2)
y bebimos café, y hablamos durante una hora.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.(3)
Y cuando éramos niños, y nos quedábamos en casa del archiduque,
mi primo, él me montaba en un trineo,
y yo me asustaba. Él decía, Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y nos deslizábamos pendiente abajo.
En las montañas se siente uno libre.
Yo leía la mayor parte de la noche, y marchaba al sur en el invierno.

¿Qué son esas raíces que se agarran, qué ramas crecen
de esta basura pedregosa? Hijo del hombre,
tú no puedes decir, ni adivinar, porque sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol golpea,
y el árbol muerto no da sombra, ni el grillo da tregua,
y por la piedra seca no resuena el agua. Sólo
hay una sombra bajo esta piedra roja,
(ven bajo la sombra de esta piedra roja),
y te mostraré algo diferente, bien
tu sombra persiguiéndote por la mañana
o tu sombra elevándose para encontrarte al atardecer;
Te mostraré el miedo en un puñado de polvo.
Frisch weht der Wind
Der Heimat zu,
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?(4)
"Tú me diste jacintos por primera vez hace un año;
"me llamaban la joven de los jacintos."
–Pero cuando volvimos, ya tarde, del jardín de los Jacintos,
tus brazos colmados, y tu pelo húmedo, no pude
hablar, y mis ojos naufragaron, no estaba
ni vivo ni muerto, y no sabía nada,
mirando al centro de la luz, al silencio.
Oed' und leer das Meer.(5)

Madame Sosostris, famosa vidente,
tenía un fuerte resfriado, y sin embargo
se dice que es la mujer más sabia de Europa,
con una siniestra baraja de cartas. Aquí, dijo ella,
está tu carta, el navegante fenicio ahogado,
(esas perlas fueron sus ojos. ¡Mira!)
Aquí está Belladona, la Dama de las Rocas,
la dama de las circunstancias.
Aquí está el hombre con tres báculos, y aquí la Rueda,
y aquí está el mercader tuerto, y esta carta
que está en blanco, es algo que transporta a sus espaldas,
que no me está permitido ver. No encuentro
el Ahorcado. Teme a la muerte en el agua.
Veo multitudes de personas, caminando en círculo.
Gracias. Si ves a la querida Mrs. Equitone,
dile que llevaré yo misma el horóscopo:
hay que tener cuidado en estos días.

Ciudad irreal,
bajo la niebla ocre de un amanecer de invierno,
Una multitud cruzó por el Puente de Londres, tantos,
que no pensaba que la muerte había desecho a tantos.
Se exhalaron suspiros, cortos e infrecuentes,
y cada hombre fijaba la mirada en sus pies.
Subieron la pendiente y bajaron hacia King William Street,
a donde Saint Mary Woolnoth guardaba las horas
con un sonido muerto en el último toque de las nueve.
Allí vi a un conocido, y le paré, gritando: "¡Stetson!
"Tú que estuviste conmigo en los barcos en Mylae!(6)
"Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
"¿ha empezado a germinar? ¿Florecerá este año,
"o la helada repentina ha perturbado su lecho?
"!Oh, mantén el Perro lejos de aquí, que es amigo de los hombres,
"o de nuevo lo desenterrará con sus uñas!
"¡Tú, hypocrite lecteur!—mon semblable—mon frère!"(7)


April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.
Bin gar kine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch.
And when we were children, staying at the archduke's,
My cousin's, he took me out on a sled,
And I was frightened. He said, Marie,
Marie, hold on tight. And down we went.
In the mountains, there you feel free.
I read, much of the night, and go south in the winter.
What are the roots that clutch, what branches grow
Out of this stony rubbish? Son of man,
You cannot say, or guess, for you know only
A heap of broken images, where the sun beats,
And the dead tree gives no shelter, the cricket no relief,
And the dry stone no sound of water. Only
There is shadow under this red rock,
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.
Frisch weht der Wind
Der Heimat zu,
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?
"You gave me hyacinths first a year ago;
"They called me the hyacinth girl."
–Yet when we came back, late, from the Hyacinth garden,
Your arms full, and your hair wet, I could not
Speak, and my eyes failed, I was neither
Living nor dead, and I knew nothing,
Looking into the heart of light, the silence.
Oed' und leer das Meer.
Madame Sosostris, famous clairvoyante,
Had a bad cold, nevertheless
Is known to be the wisest woman in Europe,
With a wicked pack of cards. Here, said she,
Is your card, the drowned Phoenician Sailor,
(Those are pearls that were his eyes. Look!)
Here is Belladonna, the Lady of the Rocks,
The lady of situations.
Here is the man with three staves, and here the Wheel,
And here is the one-eyed merchant, and this card
Which is blank, is something he carries on his back,
Which I am forbidden to see. I do not find
The Hanged Man. Fear death by water.
I see crowds of people, walking round in a ring.
Thank you. If you see dear Mrs. Equitone,
Tell her I bring the horoscope myself:
One must be so careful these days.
Unreal City,
Under the brown fog of a winter dawn,
A crowd flowed over London Bridge, so many,
I had not thought death had undone so many.
Sighs, short and infrequent, were exhaled,
And each man fixed his eyes before his feet.
Flowed up the hill and down King William Street,
To where Saint Mary Woolnoth kept the hours
With a dead sound on the final stroke of nine.
There I saw one I knew, and stopped him, crying: "Stetson!
"You who were with me in the ships at Mylae!
"That corpse you planted last year in your garden,
"Has it begun to sprout? Will it bloom this year?
"Or has the sudden frost disturbed its bed?
"Oh keep the Dog far hence, that's friend to men,
"Or with his nails he'll dig it up again!
"You! hypocrite lecteur!—mon semblable—mon frère!"


NOTAS

(1) El Starnbergersee es un lago cercano a Munich.

(2) Hofgarten son unos jardines en el centro de Munich.
(3) ”Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch” es alemán: “No soy rusa en absoluto, procedo de Lituania, soy una alemana auténtica”.
(4) Frisch weht der Wind / Der Heimat zu, / Mein Irisch Kind, / Wo weilest du? Son unos versos que aparecen en la opera de Wagner “Tristán e Isolda”:
Sopla fresca la brisa
Hacia nuestro hogar.
Mi niña irlandesa,
¿dónde te vas a quedar?
(5) Oed' und leer das Meer : Otro verso de Tristán e Isolda:
Desolado y vacío está el océano
(6) Mylae fuen una batalla naval entre romanos y cartagineses en la primera guerra púnica. Tuvo lugar cerca de Sicilia.
(7) "You! hypocrite lecteur!—mon semblable—mon frère!" Pasaje del prólogo de “Les fleurs du mal”, de Baudelaire.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Apuntes (XCVIII): De citas, Sabatos y Sábatos


Leo a Sabato que “hay por lo menos dos formas de mostrar una erudición irritante: una, acumulando citas, y otra, no haciendo ninguna”. Y viene esta cita al pelo de lo que decía el otro día que las citas son una mariconada. Claro, que si lo dice Sabato no es lo mismo que lo diga yo, ahora el argumento tiene mucho más peso, y más todavía habiéndose muerto hace unos días –no entiendo esa manía de leer a la gente cuando se muere-. Volviendo a la cita de Sabato, que cito aquí sin que sirva de precedente, y que he extraído de un capítulo titulado “Citas” del interesantísimo libro “Uno y el universo”, que curiosamente me entraron unas ganas locas de leer cuando me enteré de su muerte; volviendo, digo, a esa cita –siempre he odiado a los escritores que utilizan tantas perífrasis y circunloquios que pierde uno el hilo de sus argumentaciones-, pues eso, que en la cita dice Sabato que los que no hacen citas son eruditos irritantes, y uno se da por aludido –y de paso alude a Trapiello-, porque si he puesto la cita en esta entrada es porque quería hablar de ella, no porque me gusten las citas, no sé si me explico. El caso es que yo no me habría visto nunca como un erudito, y menos irritante, y si sigue uno leyendo –no pongo la cita completa para que no me acusen de citar demasiado-, va y me llama el tío “genio”, dice que esa cualidad la tienen los genios, pero inmediatamente después viene a decir que soy un genio gilipollas, y que si no pongo citas es porque me miro el ombligo porque el único escritor con categoría suficiente para merecer que le cite soy yo mismo. Qué queréis que os diga, me da igual lo de gilipollas, si es que soy un genio. Todo lo gilipollas que se quiera, pero genio, con dos cojones.

~

El lector perspicaz habrá notado que escribo “Sabato” sin tilde en la “a”. A lo mejor ya lo sabéis, pero he hecho mis averiguaciones (en realidad Mr. Google hace el trabajo por mí) y he descubierto que lo correcto es escribirlo sin tilde, pero pronunciarlo como una palabra esdrújula. Parece ser que el apellido es de origen italiano, calabrés, y de ahí la confusión. Ahí queda eso, en este blog se respira cultura; Sabato nada menos, y Eliot, y Ezra Pound, y el diccionario andurrialero… ¡Casi na!

~

Estoy traduciendo The Waste Land, de Eliot. Cito los primeros versos, que son impactantes: "April is the cruellest month, breeding / Lilacs out of the dead land, mixing / Memory and desire, stirring / Dull roots with spring rain".

~

Y otra cita, ahora de Pound: "A man of genius has a right to any mode of expression".

~

Iba a terminar con una cita mía, pero es un honor demasiado grande para Eliot y Pound.

Apuntes (XCVII): De polvos, pajas y barbacoas


Ya he terminado mi primer volumen de Chesterton sobre el Padre Brown. Bueno. Puede que me anime con otro, no sé, tampoco es para tirar cohetes.

~

Y también acabé las crónicas sevillanas de Chaves Nogales, curiosísimas. Parece mentira que hace relativamente poco tiempo se fueran quemando herejes un día sí y otro también en la plaza de San Francisco, y que junto al actual puente de Triana hubiera un tenebroso castillo con profundas mazmorras donde penaban las presas del Santo Oficio a la espera de que les encasquetaran un capirote y los montaran en un asno para arrearles doscientos azotes a la vista de la multitud entusiasmada y, para redondear el espectáculo, se escogiera un puñado de entre esos infelices para asar a la parrilla. Para colmo, troceaban los cuerpos en cuartos y colgaban cada uno de ellos en una puerta de la ciudad, supongo que para acojonar a las numerosísimas brujas y apóstatas que debían de pulular por Sevilla en aquellos días. Pero no servía de mucho: al día siguiente, ¡zas!, una nueva cuadrilla para el talego, y a preparar de nuevo la barbacoa.

~

Trapiello es ante todo un poeta; sus diarios le delatan.

~

A veces el humor contamina lo que escribo, y debo hacer un esfuerzo para separar el polvo de la paja, sin saber muy bien cuál es el polvo y cuál la paja.

~

Entre los escritores, las pajas están a la orden del día, mucho más que los polvos.

martes, 10 de mayo de 2011

Diccionario andurrialero (X)


Se advierte que alguna de las definiciones que siguen pueden herir la sensibilidad del lector, jeje.


Contri ma*
: cuanto más.
Un poné: macho, José Miguel, no sé si te has dao cuenta de que contri más tiempo pasa más barbaridades escribes en er blos. Y últimamente estás de un fisno que te casgas en las brasgas.

Gatillazo: pollazus interruptus.
Un poné: ¡Una mala tarde la tiene cualquiera!

Mojino: boquete próximo al shumino.
Un poné: ¿Qué estuviste haciendo ayé, Pepe, que te se ha puesto el mojino como el culo de un mandril?

Moniato: batata.
Un poné: asercarse niña, que tengo los tomate par gaspacho a sincuenta séntimo, tres kilo de papa a un euro, las sebolla pa que le cresca ar marío la polla, y los moniato pa que se le levante el aparato.

Moñiga: mojón de vaca.
Un poné: po no va er niño y le estampa al hermano la cara en una moñiga de las vaca der tío Usebio… Como le coja va a está comiendo mierda hasta que deje limpio el campo.

Ojino: 1. Famoso e infalible método usado mayormente para engendrar diez o más hijos. Fue desarrollado por el ginecólogo japonés Kyusaku Ogino. 2. (También llamado ojete): vía de evacuación de los humores residuales en estado sólido.
Un poné: por el ojino mismamente le metía yo su método al japonés ése de los cojones.

Pechá*: jartá, cantidad excesiva de alimento.
Un poné: vaya pechá de garbanzos que se ha jincao er niño, que lo he llevao a los toro y se ha puesto a largá como er der chiste de Paco Gandía.

Pepino: instrumento que idealmente se introduce en el shumino y, según sea de gordo, en el mojino.
Un poné: Manolo, ojito con donde metes er pepino, que te corto los güevo.

Sebaúra: rozadura producida en la piel por el contacto prolongado con una prenda, generalmente por los zapatos.
Un poné: mira si es bruto er Guanito que se ha hecho una sebaúra en los cojone por usar gayumbos de esparto.

Shumino:
boquete próximo al mojino.
Un poné (oído en una carnicería): hija, Toñi, a ve si te lavas el shumino que parece enteramente que estás despachando pescao.

* Por cortesía de Elías Moro.

lunes, 9 de mayo de 2011

Mariconadas literarias (III): Pedanterías


Leyendo que te lee, me he dado de bruces varias veces con la palabra "desopilante". Un tipo que escribe una palabra como ésta es cuando menos sospechoso de sodomía, y se hace acreedor a una mojinoplastia de urgencia. Hay palabras que marcan, y otras que merecen ser marcadas a hierro en los cuartos traseros de quien frecuenta su uso, para que no se les olvide, mira por dónde. Aún descojonado, que no desopilado, por tan fiero ataque al buen gusto, me encuentro con la inefable palabra "inefable". Miren, miren
aquí o aquí. ¡Puafff! Hay escritores a los que deberían retirarles el carnet... Después están los pretendidos eufemismos, como "miccionar", "defecar", o incluso "masturbar", con lo bien que suena "hacerse una paja" o "cascársela". Yo aprovecho para defecarme en todos los difuntos de los escritores que recurren a tales tropelías —vaya por Dios, me ha salido otra mariconada bien gorda, ya podía haber dicho atropello, abuso o incluso pollazo—. Si es que no se puede descuidar la guardia... Más palabritas: "escalafón", que me agarren el cipotón, "elucubración", que me agarren un cojón, "anonadado", que me trinquen el "mandado" (vomitivo), "estrambote", que me agarren el cipote, "estrambótico", que me agarren el cipótico, o "claraboya", que no es pedante, pero tenía ganas de que me trincaran también la polla.

¡Anda ya, irse todos a mamarla, o a shuparla, o a succionarla...!

P.S. No me diréis que no es desopilante la entrada. Y fina, y de altos vuelos... Y con un estilo nada anodino, que aún no me habían trincado el pepino.

P.P.S. Conste que me he mordido la lengua, porque es mucho más efectivo "insinuar"...

P.P.P.S. Y si alguien me tacha de chabacano, que me agarre tor banano.

P.P.P.P.S. Ahora que caigo, hay una persona muy querida por estos andurriales que ha usado alguna vez "desopilante". Obviamente, ella es una excepción.

domingo, 8 de mayo de 2011

Te revoir, ô Carmen!


Los primeros recuerdos que tengo de la ópera vienen de un LP de Plácido Domingo que me compré en la adolescencia. Era una grabación de sus primeros años, con una voz joven y brillante, donde interpretaba arias de ópera y canciones, y me fascinó desde la primera escucha. Me recuerdo poniéndolo en el tocadiscos una y otra vez, escuchando embelesado Una furtiva lagrima, Ach so from, Catari, Celeste Aida… Debo al tenor madrileño gran parte de mi afición por el bel canto. Cuando crecí escuché a muchos otros tenores, grabados y en directo, y por encima de todos al gran Alfredo Kraus, que me dejó clavado en el asiento de la Maestranza en su papel de un joven Wether de 70 años. Comprendí que hubo tenores más grandes que Domingo, pero no muchos, y su voz siempre será para mí el recuerdo del despertar a la belleza de un arte inconmensurable.

Una de las grabaciones de ese disco mítico era el aria La fleur que tu m’avais jetée, de la ópera Carmen. El papel de Don José viene a Domingo como anillo al dedo, y en este vídeo se revela, aparte de como un grandísimo cantante, como un excelente actor, haciendo totalmente creíble el papel de Don José. Entre la música de Bizet y la voz y la prestancia de Domingo es difícil sustraerse al arrebatado romanticismo de esta ópera. La ovación al final (sí, se puede -se debe- interrumpir una ópera cuando la ocasión lo merece) fue de apoteosis total. Qué envidia no haber estado allí. Ah, y si no se os ponen los vellos de punta al escuchar el aria, yo de vosotros me lo haría mirar.



La flor que me arrojaste
permaneció en mi prisión,
marchita y seca; esta flor
mantuvo siempre su dulce aroma;
y durante largas horas,
sobre mis ojos, cerrando mis párpados,
me embriagué de este olor
¡y por la noche te veía!
Yo te maldecía,
te detestaba, y me preguntaba:
¡por qué tuvo el destino
que ponerla en mi camino!
Después me acusaba de blasfemia,
y sólo sentía en mi interior,
sólo sentía un único deseo,
un solo deseo, una sola esperanza:
¡volver a verte, oh Carmen, sí, volver a verte!
Porque bastó que aparecieras,
que me lanzaras una mirada,
para que te apropiaras de mi ser,
¡oh Carmen mía!
¡Y tú eres mi dueña!
¡Carmen, te amo!


La fleur que tu m'avais jetée
dans ma prison m'était restée,
flétrie et sèche, cette fleur
gardait toujours sa douce odeur;
et pendant des heures entières,
sur mes yeux, fermant mes paupières,
de cette odeur je m'enivrais
et dans la nuit je te voyais!
Je me prenais à te maudire,
à te détester, à me dire:
pourquoi faut-il que le destin
l'ait mise là sur mon chemin!
Puis je m'accusais de blasphème,
et je ne sentais en moi-même,
je ne sentais qu'un seul désir,
un seul désir, un seul espoir:
te revoir, ô Carmen, oui, te revoir!
Car tu n'avais eu qu'à paraître,
qu'à jeter un regard sur moi,
pour t'emparer de tout mon être,
ô ma Carmen!
Et j'étais une chose à toi!
Carmen, je t'aime!

sábado, 7 de mayo de 2011

Un cuento de miedo


Cuando era niño soñé que caminaba por la orilla del mar, y me entraron ganas de adentrarme en él. Comencé a avanzar en dirección a las olas y el agua no me cubría más allá de las rodillas. Anduve así mucho tiempo, hasta perder de vista la costa. Ya pensaba que el mar era un inmenso estanque cuando de repente noté una rampa empinada bajo mis pies y el mar se hizo profundo. Perdí pie, pero me impulsé con facilidad hacia arriba, saqué el cuerpo del agua y comencé a caminar sobre las olas. Llevaba unos zapatos grandes, como los de los buzos pero mucho más ligeros, que me mantenían a flote. El mar se había convertido en una enorme pradera azul que se ondulaba ligeramente mecida por el viento. Yo no me cansaba de andar por esa pradera, y a mi alrededor saltaban peces de todo tipo, sobre todo delfines, que yo sabía que no eran peces porque me lo había explicado mi maestro. La compañía del agua salada y de los habitantes del océano me hacía feliz. Pero entonces, y aún tiemblo al recordarlo, divisé una enorme cascada por la que se desplomaba el agua a una velocidad asombrosa, y yo me aproximaba a ella. Los peces, que la conocían, volvían sus aletas para alejarse, pero yo con mis zapatos de agua no podía hacerlo. El remolino me chupaba como un vacío horrendo que todo lo engulle. Yo trataba de darme la vuelta, pero era en vano, porque perdía el equilibrio y caía de espaldas, y entonces el agua me arrastraba más rápidamente. Finalmente, tomé la decisión de erguirme y mirar frente a frente a mi destino. Era el fin del mundo, la nada, el horrible límite del mal. A partir de entonces ya no me acuerdo de nada, hasta aquí llega la memoria de mi sueño de niño. No he crecido nada desde entonces, y no sé cuánto tiempo ha pasado. Tan sólo sé que he dejado de ser niño, porque ya no tengo nadie con quien jugar en esta oscuridad inmensa, tan grande como el océano por el que caminaba, pero que no huele a sal, ni está poblada por criatura alguna. Tan sólo yo, mi tristeza y mi desgracia.

viernes, 6 de mayo de 2011

Ezra Pound: The Logical Conclusion



La que sigue es probablemente la traducción más difícil que he emprendido nunca. Es la primera vez que me las veo con un poema de Ezra Pound, tan genial como difícil de traducir por la carga simbólica que imprimió a su obra, en la línea del modernismo norteamericano. Son poemas “con mensaje”, y éste me ha atraído especialmente, por su crítica al estudio minucioso y la especialización extrema, que hace que la erudición, más que iluminar el arte, lo aniquile.

Ignoro si existe alguna traducción al español del poema; supongo que sí, pero yo no la he encontrado. Por desgracia es necesario prescindir de las rimas, que tanta fuerza otorgan al original, y ni que decir tiene que juegos de palabras como “ass-signment” se pierden por completo. Es lo que sucede siempre con la traducción, pero en este caso con más dificultad si cabe. Espero que el poema se disfrute confrontando el original con mi versión.


La conclusión lógica

Cuando se haya copiado la última tesis
de las tesis que le precedieron,
y aburran las patéticas minucias.
Cuando no haya un atisbo de alegría en el estudio
y los eruditos reinen a sus anchas.
Cuando la verdad diga “beee” en las cumbres
y nadie ose soñar.

Cuando se hayan enterrado todos los buenos poemas
repletos de extensas anotaciones,
y el arte se incline en homenaje
ante el becerro de latón de la erudición.
Cuando no haya nada que investigar
sino los comentarios de los comentarios,
y el asno de Baalam indague
el precio de la avena importada;

Entonces nadie le dirá la respuesta
porque todos sabrán la verdad
que hay detrás de esta misión de asnos
de la que está haciendo su tratado.
Y así el asno suspirará ignorante
mientras que todos, en su propio libro,
chirriarán por el placer de hacerlo
y sólo el diablo estará mirando.



The Logical Conclusion

When earth's last thesis is copied
From the theses that went before,
When idea from fact has departed
And bare-boned factlets shall bore,
When all joy shall have fled from study
And scholarship reign supreme;
When truth shall 'baaa' on the hill crests
And no one shall dare to dream;

When all the good poems have been buried
With comment annoted in full
And art shall bow down in homage
To scholarship's zinc-plated bull,
When there shall be nothing to research
But the notes of annoted notes,
And Baalam's ass shall inquire
The price of imported oats;

Then no one shall tell him the answer
For each shall know the one fact
That lies in the special ass-ignment
From which he is making his tract.
So the ass shall sigh uninstructed
While each in his separate book
Shall grind for the love of grinding
And only the devil shall look.

jueves, 5 de mayo de 2011

Apuntes (XCVI): De tapadas y binládenes


No veo mucha diferencia entre el hecho de dar caza durante años a Osama bin Laden para pegarle un tiro en la cabeza y hacer lo propio con un etarra sanguinario, pongamos por caso Troitiño, condenado a 2500 años por 22 asesinatos. La diferencia está en las consecuencias: si en España hubiéramos asesinado a Troitiño, nos echan de la ONU como mínimo, aparte de que se arma una guerra civil. ¿O es que si el número de víctimas del terrorista se multiplica por cien ya hay licencia para matar?

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Y eso sin olvidar que se engañan los que se creen que se ha descabezado al terrorismo islámico, que si por algo se caracteriza es por ser unos cabezones.


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Este año, entre unas cosas y otras, me quedo sin feria, y eso que por primera vez soy socio titular de una caseta. Ya vendrán tiempos mejores, digo yo.

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Leo en las estupendas crónicas sevillanas de los siglos XVI y XVII de Manuel Chaves Nogales la referencia a las denominadas "tapadas", mujeres andaluzas que seguían teniendo la costumbre de ir cubiertas con mantos, herencia sin duda del largo período de dominación árabe en Al-Andalus. Las autoridades del momento promulgaron bandos y ordenanzas prohibiendo esta costumbre, con severas multas para las damas que lo incumplieran e incluso la pena de destierro, pero ellas se resistieron a perder un signo de identidad de su cultura, sintiéndose desnudas al salir a la calle con el rostro descubierto, y resistieron largos años; de hecho, el manto fue dejando de utilizarse no por las leyes de prohibición, sino por su caída en desuso. Todo esto me ha recordado inevitablemente a las prohibiciones actuales en las sociedades occidentales, cuatrocientos años después, sobre el velo y el burka. No tengo muy claro las conclusiones que se sacan de este paralelismo; nada bueno, seguro.

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Y hablando de bin Laden, hago saber que uno de cada cuatro billetes de 500 euros que circulan por Europa está en España, y que del total del efectivo atesorado por los españoles, el 65% está en billetes de 500 euros. Será que los mileuristas van al banco el día de cobro de su nómina y retiran dos binládenes. Como la cosa se ponga peor, me veo a más de uno empapelando sus paredes con puentecitos de color lila.

Everyman


Old age isn't a battle; old age is a massacre


He estado leyendo la novela Everyman, de Philip Roth, una reflexión lúcida y desolada sobre los grandes temas que rodean al hombre: la vida en pareja, el deseo, la enfermedad, la soledad y la muerte. La esperanza está ausente por completo del relato, que se ve abocado a la lucha de un hombre contra su destino, perdida de antemano. El personaje habla en primera persona, y va desmenuzando su propia vida entre visita y visita al quirófano para reparar sus coronarias cada vez más dañadas. A su alrededor el paso del tiempo va dictando su implacable sentencia, y sus ex-mujeres, compañeros de trabajo, vecinos y familiares van siendo abatidos sin compasión.

Sospecho que el protagonista bebe mucho de la propia experiencia de Roth, al que se le nota la cultura norteamericana a la que pertenece. El culto al dinero y el hedonismo se cobra su tributo, y se hace difícil mantener una relación afectiva continuada, pues el propio egoísmo se interpone como un obstáculo casi insalvable. Continuamente aparecen en el libro nobles valores, pero simplemente para constatar que no se ha podido seguirlos. La primera mujer abandonada con dos niños pequeños por no querer asumir esa carga; la segunda engañada con una mujer treinta años más joven, y esta última que se reveló una chiquilla incapaz de acompañar a un hombre maduro, y mucho menos soportar la compañía de un enfermo. Una carrera de éxito en el mundo de la publicidad, un retiro idílico en una zona residencial costera, una afición a la pintura largamente postergada y a la que ahora puede dedicarse en cuerpo y alma... pero la soledad lo tapa todo, y lo único que de verdad le llena son las conversaciones con su hija divorciada, la única que no le guardó rencor desde la infancia.

Este antihéroe tan al uso americano me ha helado el alma, pero me ha servido para reafirmarme en mi mundo mediterráneo donde una familia sigue siendo una familia, y donde la esperanza sigue vendiéndose a buen precio en los mercadillos de cualquier barrio populoso, donde se da importancia a lo que de verdad la tiene, y la compañía de los seres queridos no tiene precio, porque no estamos dispuestos a negociarla. Ése es mi mundo; a él pertenezco, y lucharé porque no cambie, para poder legar a mis hijos la herencia más valiosa: el cariño incondicional hacia su familia.

domingo, 1 de mayo de 2011

Apuntes (XCV): De dioses, héroes y santos



El pasado está enterrado; es inútil bucear para recuperarlo, porque sólo hallaremos la sombra de lo que fuimos. No quiero reencontrarme con los que recorrieron conmigo un camino lejano; ellos no son nada para mí, y sé que si los veo me saludarán con una sonrisa cómplice, como si haber andado de la mano por unos años, unas veces más derecho que otras, me hubiera hecho contraer alguna oscura deuda. Yo sólo respondo ante mí, y mi orgullo me impide hacer ninguna reverencia.

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No existen los santos; quizá haya dioses, y siempre ha habido héroes. Esto es algo que se sabe desde mucho antes de los tiempos de Homero, y en el siglo XXI somos tan ignorantes que lo negamos.

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Cuando lo hayas perdido todo, cuando llegue el momento terrible en que te desprecies a ti mismo, hazlo siempre con orgullo; enorgullécete de tu miseria, y muere como un hombre libre.

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The affluent Society, que tan certeramente describió Galbraith en su famoso libro de 1958, ha ido avanzando hasta un extremo ridículo y obsceno, que sólo puede acabar en tragedia.

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La Economía es la ciencia más apasionante, por encima de la Filosofía, porque bebe de las fuentes de esa disciplina grande y estéril, aplicando el conocimiento al problema que nos ocupa a los seres humanos desde que bajamos de los árboles. Casi nunca acierta en sus predicciones, pero explica asombrosamente bien el pasado. No lo describe, como hace la Historia, sino que busca las relaciones causales, y además se permite el lujo de realizar experimentos trasladando circunstancias pasadas a circunstancias presentes, manejando diez variables de diez mil y, lógicamente, naufragando estrepitosamente, pero… ¡nos lo pasamos tan bien con nuestro jueguecito teórico-práctico!