domingo, 3 de octubre de 2010

Apuntes (XIX): Bignonias de otoño


Al levantarnos esta mañana estaba lloviznando y la niebla no dejaba ver la Peña. Es el comienzo real del otoño, con su magia y frescura que me llevan a escribir este apunte con un optimismo casi olvidado, mientras contemplo el jazmín y las bignonias florecidas. Arriba, en la montaña, el campanario comienza a emerger entre jirones de algodón. Para mí el milagro de la vida aparece con mucha más fuerza en este otoño nuevo que en aquella primavera tan lejana.

***

Suenan las campanas de la Peña justo ahora, alegres, mucho más ágiles que las solemnes campanas del pueblo. Es la alegría y deinhibición del campo, que otea descarado el blanco caserío.

***

Lo malo de los cuadernos de campo es lo incómodo que resulta escribir al aire libre, y al llegar al refugio ya hemos olvidado las mejores sensaciones.

***

El pesimismo es una impostura.

***

Prefiro rosas, meu amor... ¿Y quién no las prefiere, con sus espinas y todo? Un lecho de rosas es lo más parecido a este valle que es no de lágrimas, sino de perfumes embriagadores y peligros acechantes.

5 comentarios:

  1. Monsieur RIDAO:
    Me alegra que no esté usted nunca pesimista.
    Salu2.

    ResponderEliminar
  2. Qué bonito el segundo apunte... y es que el campo es así.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Es verdad, Dyhego. Nunca.

    Mismamente, Fernando. Campestre y cantarín.

    Abrazos pastorales.

    ResponderEliminar
  4. No puedo imaginarme un mundo donde desaparecieran las campanas.
    Normalmente las acompañan el vuelo sorprendido y alegre de las palomas y demás criaturas aladas (que no me voy a poner a enumerarlas ahora, digo yo).
    Un beso, cuánto me refrescan estas entradas tuyas.

    ResponderEliminar
  5. Muchas gracias, Mery. Y a mí me refrescan tus visitas.

    ResponderEliminar