martes, 18 de enero de 2011

La diva divina (3)


No me canso de escuchar esa melodía de otro mundo, ni me cansaré nunca de hacerlo. Vuelvo a esa plegaria una y otra vez, y siempre es la primera, milagrosamente nueva, renacida como la noche que acoge a la diosa de plata y a la otra diosa que viajó de la Hélade al Nuevo Mundo para volver a su tierra de héroes y ya no abandonarla jamás. Escribo, escucho, escribo, y veo la luna, y la veo a ella, y cierro los ojos, y doy las gracias a Bellini, a los druidas, al canto antiguo, bello, eterno, de quien nunca nos ha dejado, porque sigue viviendo en el aire, donde pulsa las cuerdas del viento, y sopla, y acaricia las nubes con sus guantes de tercipelo negro, como siempre, como nunca, Norma.


8 comentarios:

  1. Sublime,pa empezar la mañana.Viva la madre que te parió.
    Un beso agradecido.

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  2. Joder, José Miguel, qué pena que ni Bellini ni Callas puedan leer esto, seguro que les encantaría. Yo escribí algo sobre Norma hace muchos, muchos años, pero no me quedó ni la mitad de bien que a tí. La música de esta prosa tuya es bella, bella; [casi] como la del aria misma...

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  3. Vaya, Sara, pues ya me voy a la cama contento. Hoy he escrito en mi cuaderno sobre el Ulysses y lo que me dijiste. Hablaré de esa lucha en una entrada. Muchas gracias.

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  4. Divina la Callas.

    Cuando la escuché la otra noche en tu blog me quedé con ganas de más. Y como no tengo e-book, opté por descargarme uno de sus discos en Internet.

    Te comento acompañados por los sones de La Boheme.

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  5. ¡Qué gran ópera! Nadie ha compuesto melodías tan maravillosas como las de Puccini. "Que gelida manina...".

    Creo que Alejandra está mejor. Que se recupere pronto.

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