Una de las cosas a las que he dedicado el tiempo este verano es a leer y reflexionar sobre poesía. También he escrito bastantes poemas, algunos de los cuales he colgado en el blog, y, cómo no, han salido a relucir los ubicuos haikus, la sensación poética del momento (ya va durando ese "momento"). Incluso mantuve una interesante
conversación con el insigne Matsuo Bashō.
Con este bagaje haikuiano partí una mañana de finales de agosto a caminar por el sendero de los molinos, en Alájar, que discurre junto a una ribera donde hay restos de molinos antiguos. Se trata de un camino muy umbrío, agradable para hacer en verano (en otoño más); precioso, como todos los de la sierra de Aracena. Así de contentos íbamos paseando Lola y yo, con el bebé Gonzalito en una mochila y Jaime y Miguel yendo y viniendo (siempre hacen el doble de kilómetros). Yo, en mis ensoñaciones, entre comentario y comentario sobre el paisaje y gritos a los niños, iba pensando, no sé por qué, en los haikus, y de repente me topé con el estanque de la fotografía.

Se trataba del estanque perfecto para que saltara una rana. Algo parecido le debió de suceder a Bashō cuando compuso su haiku inmortal. Pero claro, seguro que no tenía niños alrededor, así que dije a mi santa y dilecta esposa que siguiera el camino con los niños, que yo les alcanzaba en un ratito, y me aposté junto al estanque, esperando disfrutar de la misma sensación que el padre de los haikus cuando el primer batracio se decidiera a brincar.
Pasaban los minutos y en el agua sólo se movían esos insectos feos con patas muy largas, pero la rana no aparecía. Yo pensaba que la paciencia es algo muy oriental, y seguramente lo de Bashō no fue llegar, sentarse y saltar la rana, así que continué un buen rato en mis trece, hasta que, dado lo improbable del éxito de mi misión, y ante la evidencia de que la pacencia no es la mejor virtud de mi media naranja, desistí del intento y seguí el camino desprovisto del ansiado momento zen. Mientras alcanzaba a mi familia, supongo que fruto de la frustración del instante, compuse el siguiente haiku:
un viejo estanque
ni rastro de la rana
haiku... jodersu