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martes, 29 de noviembre de 2011

Apuntes (143): Ranas muertas


El canon es la vereda, y en poesía las veredas no llevan a ninguna parte.

~
mueren las ranas
los estanques florecen
de soledades
~

Una vida, un año, una hora, un minuto, un segundo... lo mismo da: tiempo maleable, materia incierta de nuestros sueños, de nuestras ilusiones ciegas.


~

Hay dos tipos de literatura: la que requiere de marketing y la que no. La poesía siempre pertenece a la segunda clase, pero eso es algo que muy pocos "poetas" saben.

~

Y yo, que enseño marketing, trago sapos, ranas y culebras.

viernes, 4 de junio de 2010

Greguehaikus


1. Haiku: diecisiete sílabas en tecnicolor.

2. El haiku es un tanka involucionado.

3. La rana es al haiku lo que el toro a la dehesa.

4. El kigo es al haiku lo que el jigo a la geisha.

5. Los japoneses / se están descojonando / de nuestros haikus.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Soleás por haikerías


Tengo en mi casa un estanque

que está llenito de ranas;
chop chop, pedazo de instante.

Ayer mismito un batracio
de un salto aterrizó
en la canal de Rosario.

Por haiku o por soleá,
cada uno a su manera,
primito mío de mi alma,
hay arte pa reventá.


Nota: respondo en esta entrada a un reto lanzado por mi amigo Alejandro, y de paso limo asperezas sobre una frase donde ensalzaba el haiku y enterraba la soleá, aunque sigo pensando lo mismo: como poema, el haiku; como cante, la soleá.

jueves, 15 de octubre de 2009

Ridaikus almejilleros


Un viejo estanque,
salta la almeja ¡chop!
Bivalvuleo.

Cuatro percebes
y una sola almejilla,
doscientos euros.

Tos firmes... ¡ar!-
mejillas coloradas,
sables enhiestos.

martes, 8 de septiembre de 2009

A vueltas con la rana

Una de las cosas a las que he dedicado el tiempo este verano es a leer y reflexionar sobre poesía. También he escrito bastantes poemas, algunos de los cuales he colgado en el blog, y, cómo no, han salido a relucir los ubicuos haikus, la sensación poética del momento (ya va durando ese "momento"). Incluso mantuve una interesante conversación con el insigne Matsuo Bashō.

Con este bagaje haikuiano partí una mañana de finales de agosto a caminar por el sendero de los molinos, en Alájar, que discurre junto a una ribera donde hay restos de molinos antiguos. Se trata de un camino muy umbrío, agradable para hacer en verano (en otoño más); precioso, como todos los de la sierra de Aracena. Así de contentos íbamos paseando Lola y yo, con el bebé Gonzalito en una mochila y Jaime y Miguel yendo y viniendo (siempre hacen el doble de kilómetros). Yo, en mis ensoñaciones, entre comentario y comentario sobre el paisaje y gritos a los niños, iba pensando, no sé por qué, en los haikus, y de repente me topé con el estanque de la fotografía.


Se trataba del estanque perfecto para que saltara una rana. Algo parecido le debió de suceder a Bashō cuando compuso su haiku inmortal. Pero claro, seguro que no tenía niños alrededor, así que dije a mi santa y dilecta esposa que siguiera el camino con los niños, que yo les alcanzaba en un ratito, y me aposté junto al estanque, esperando disfrutar de la misma sensación que el padre de los haikus cuando el primer batracio se decidiera a brincar.

Pasaban los minutos y en el agua sólo se movían esos insectos feos con patas muy largas, pero la rana no aparecía. Yo pensaba que la paciencia es algo muy oriental, y seguramente lo de Bashō no fue llegar, sentarse y saltar la rana, así que continué un buen rato en mis trece, hasta que, dado lo improbable del éxito de mi misión, y ante la evidencia de que la pacencia no es la mejor virtud de mi media naranja, desistí del intento y seguí el camino desprovisto del ansiado momento zen. Mientras alcanzaba a mi familia, supongo que fruto de la frustración del instante, compuse el siguiente haiku:

un viejo estanque
ni rastro de la rana
haiku... jodersu

sábado, 1 de agosto de 2009

Ridaiku (IV): conversaciones con Bashō

Hace pocos días tuve una experiencia maravillosa: me visitó el insigne Matsuo Bashō. En sueños, pero me visitó. Tuve el privilegio de intercambiar impresiones con el maestro de los maestros, y, cómo no, nos comunicamos usando el universal lenguaje del haiku. Aquí dejo lo que recuerdo de nuestra conversación, que anoté presuroso al despertar, tratando de captar la magia del instante.

flor del cerezo
sakura te saluda
oh ridao san


Pronto empezamos
con las mariconadas,
amigo Bashō.

furu ike ya
kawazu tobikomu
mizu no oto

No me he enterado
de una sola palabra;
habla en cristiano.

un viejo estanque
salta la rana ¡chop!
ruido de agua


Pues ese haiku,
qué quieres que te diga,
¡no es para tanto!

este camino
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo


Será por eso
que veo tantos poetas
crepusculares.

luna de agosto
hasta el portón irrumpe
la marejada

Pa marejada
la que tengo en mi casa
con cuatro niños.

la luz del haiku
no llega al corazón
de ridao san

Será que tengo
que aprender japonés
para enterarme.

P.S. Por si alguien tiene alguna duda, yo soy el de azul, y Bashō el de rosa sakura.

domingo, 5 de julio de 2009

Ridaiku (III)


los japoneses
se están descojonando
de nuestros haikus

un viejo estanque
salta la rana ¡chop!
y nace el haiku

pues yo no veo
que sea para tanto
lo de esa rana

cuarenta haikus
haiku más haiku menos
en diez minutos

ni esto es un haiku
ni falta que le hace
es un ridaiku