Gracias al entusiasmo y al intenso trabajo de mi compañero y amigo Pepe Galeote, un grupo de más de cien alumnos de bachillerato de mi centro, el Instituto Cristóbal de Monroy de Alcalá de Guadaíra, ha podido vivir una experiencia artística de primera magnitud en torno al estreno de la ópera Dr. Atomic, de John Adams, yo diría que bastante más enriquecedora que la de cualquier asistente a una de las funciones.
El "primer acto" de esta inolvidable función arrancó hace justo un año, cuando Pedro Halffter, director artístico del Teatro de la Maestranza, acudió a nuestro centro gracias a las gestiones del profesor Galeote, y en el salón de actos encandiló al respetable (sobre todo a "las" respetables) con una conferencia acompañada de demostraciones al piano. Los chavales no salían de su asombro, e incluso uno subió al escenario para tomar la batuta de manos del maestro y proceder a dirigirle, con escaso éxito por cierto. Al final el maestro, que también quedó encantado con la respuesta de los alumnos, prometió llevarlos a la ópera a una de las funciones de la próxima temporada. El título elegido fue nada menos que uno del siglo XXI, la ya citada Dr. Atomic, un reto para la orquesta, los cantantes, la escena y, no hay que olvidarlo, especialmente para los oyentes, cuyo oído está habituado a las armonías de Verdi y Puccini, pero no a disonancias ni a conflictos éticos en lugar de los consabidos enredos de alcoba. El maestro sabía lo que hacía, pues los oídos de la gran mayoría de nuestros alumnos estaban "vírgenes" en este tipo de música, y por tanto libres de prejuicios.
El "segundo acto" fue hace dos semanas, en que se organizó una mesa redonda en el instituto donde intervinimos profesores de distintas áreas, aportando diversas perspectivas a la ópera. Aparte de la imprescindible visión musical aportada por la profesora María José, fue muy instructiva la presentación de los profesores de física, Cristina y Jesús, explicando los fundamentos teóricos de la bomba en una serie de transparencias que "hasta los de letras" entendieron a la perfección. El apartado histórico corrió a cargo de Fernando, que explicó el contexto en que se desarrolló el proyecto Manhattan, al final del cual los alemanes ya se habían rendido pero quedaba el peligro japonés. Al final de su intervención hizo esta inquietante pregunta a los alumnos: "Si vosotros hubierais estado en el lugar de Truman, ¿habríais dado la orden de tirar la bomba?". A continuación otro compañero de historia, Pablo, nos hizo disfrutar refiriendo la anécdota del "incidente", por así llamarle, de Palomares, evocando las impagables imágenes del Sr. Fraga bañándose con su flamante Meyba en compañía del más atlético embajador americano. Manuel, nuestro compañero de Lengua, nos abrió los ojos ante la riqueza literaria de la ópera, donde desfilan poetas como Donne o Baudelaire, además de fragmentos del Bhagavad-guitá, no en vano Oppenheimer, padre de la bomba y personaje principal de la ópera, era un hombre cultísimo y políglota, que llegó a aprender sánscrito para leer el poema hindú en su texto original. Otra intervención muy interesante fue la de Antonio, profesor de clásicas, que nos ilustró sobre los orígenes griegos del átomo y la energía atómica. No sé quién aprendía más, si los alumnos o los profesores que allí estábamos. Un servidor, por su parte, hizo de malo de la película, y defendió el proyecto Manhattan con fríos argumentos económicos basados en el coste de oportunidad. En mi poco humilde opinión la bomba salvó millones de vidas humanas, por no hablar de los aspectos materiales, y la tecnología se habría culminado antes o después, incluso con más peligro. Al final de la intervención de los profesores se inició un acalorado debate con los alumnos, y he de decir para mi satisfacción que una mayoría estaba de acuerdo con mi tesis (como muchos no me conocían de nombre, se refirieron a mí como "el maestro que ha defendido la bomba", título del que no sé si sentirme orgulloso).
Y pasamos al tercer y cuarto actos, ya en el teatro la semana pasada, en el preestreno, fuimos los únicos autorizados a entrar (¡gracias, maestro Halffter!). Después de todo el trabajo realizado estábamos en condiciones de disfrutar de una partitura magnífica, como también fue espléndido el trabajo de la Sinfónica de Sevilla dirigida en el foso por Halffter. La puesta en escena, importada de una producción de Karlsruhe, fue especialmente brillante en el primer acto, con un juego de luces y escenas por detrás de un velo de tul situado en la boca del escenario y sobre el que se proyectaban diversas imágenes de dibujos y textos originales desclasificados sobre la bomba. A mi juicio en el segundo acto el desarrollo escénico fue demasiado monótono, condicionado sin duda por lo onírico y simbolista del libreto. Los cantantes, no obstante, rayaron a gran altura, especialmente el barítono protagonista, que interpretaba a Oppenheimer, y la mezzo que hacía de Pascualina, con un hermoso color de voz de contralto. Tuve la suerte de ver el primer acto desde la primera fila del patio de butacas, "camuflado" entre un grupo de chavales, y en el aria final Oppenheimer salió del escenario, avanzó hasta nosotros, se detuvo justo delante mía y, milagrosamente, desgranó esa maravilllosa música con texto del poeta John Donne (aquí, mi traducción). No tengo el vídeo de la función, pero sirva de muestra éste de otra distinta.
En resumen, una experiencia inolvidable para todos, y que la generosidad del maestro Halffter promete que se repita en el futuro. ¡Gracias maestro! ¡Gracias, Pepe!
Hoy quiero hablar de un éxito de los buenos, por lo que tiene de compartido con unos alumnos de bachillerato que no sabían lo que era la Economía hasta hace unos meses y ahora están a las puertas de acudir a Fráncfort a la sede del Banco Central Europeo. Se trata de un concurso llamado Generación Euro, que en una primera fase ya supuso una gran criba entre los centros educativos públicos y privados de toda España. Gracias a mis alumnos la pasamos, junto con otros 52 equipos. En la siguiente fase debíamos realizar un trabajo razonado sobre los previsibles acuerdos adoptados por el Sr. Draghi y el Consejo de Gobierno del BCE en su reunión del 22 de enero. La cosa estaba difícil, pero afortunadamente también hemos superado esta prueba. Ya sólo quedan tres equipos: uno de Barcelona, otro de Madrid y el nuestro de Alcalá de Guadaíra, y acudiremos a Madrid en abril para defender un trabajo en la sede del Banco de España para pelear en buena lid por representar a nuestro país en Fráncfort. El premio gordo, de todos modos, ya lo tienen. Mi enhorabuena a Jesús, Ana, María José, Coral y Pablo.
El dios de la guitarra que tocaba en su juventud esta bulería imposible ha muerto hoy. Llevaba años vagando por las calles de su Huelva natal con una guitarra de tres cuerdas, destruido por la heroína y, más cruel aún, por la esquizofrenia. Un genio roto, golpeado por la marginación secular de ese pueblo gitano que, quizá por eso, siente el flamenco como nadie. Apenas pudo dar unas gotas de lo mucho que atesoraba. Hubiera sido sin duda el más grande. Sólo queda agradecer tanto talento.
El jueves pasado se estrenó en un cine de Sevilla el corto El reto, de mi amigo Julio Valverde. Se trata de una webserie cuyo primer capítulo ya está colgado en la web www.elretoadelante.com. Parece mentira lo que se puede conseguir sin ayuda pública de ningún tipo, un presupuesto de 12.000 euros y una cadena de favores en los que la personalidad de Julio, hombre generoso donde los haya, tiene mucho que ver. No puedo evitar comparar este trabajo con el de los faranduleros oficiales, los que maman de la subvención y van llorando por las esquinas ahora que tienen que buscarse las habichuelas y no saben. Proyectos como éste, emprendedores como éste, son los que hacen creer en la capacidad de generar valor, de crear riqueza, en la creatividad que atesora nuestro pueblo. ¡Enhorabuena, Julio & Company!
Ese café, ese cafelito era la vida, cuenta Chano Lobato evocando unos tiempos casi olvidados entre flamencos jugando en Madrid una partida de dominó. En la mesa Luis el Compare, el Pata, al que su hija la Paquera le daba todos los días para su cafelito, y el padre de Manolo Caracol, Caracol el del Bulto, el mismo que cuando era mozo de espadas de Joselito el Gallo, al bajarse en Atocha del tren que venía de Sevilla recibió una pitazo y una vaharada de vapor que le dio de lleno, se encaró con la locomotora y le dijo: "Esos cohone, en Despeñaperros...." Casi na. Antes de la guerra los flamencos cantaban a los señoritos subidos en los pescantes de los coches de caballos. Cuenta Chano que iba subido en un coche al lado de el Peste y el cochero era Mojones, así no se podía aguantar. Mitos vivientes como Aurelio Sellé, que aprendió de Enrique el Mellizo la soleá de Cádiz, Vallejo, la Macarrona o Rosario la Mejorana.
Memorias recurrentes, un mundo pequeño donde todos se conocían y se hacían sitio a empujones en las juergas de los señoritos primero y después en los tablaos, como el sevillano Pasaje de El Duque, para después enrolarse en compañías que recorrían medio mundo paseando el arte de Cádiz y de Andalucía. La Perla, hija de Rosa la Papera, a la que le cantó Camarón: El cante por bulerías / Como lo decía la Perla / Nadie lo dirá en la vía. El Morcilla, bisnieto de el Mellizo, que se apuntó a la CNT antes de la guerra, como todos los del muelle, y tuvo luego que penar por el mundo para venir a morir a Cádiz, al barrio de Santa María que le vio nacer igual que a Chano, que no era gitano pero lo mismo daba, en aquella época no había que vendé cá para arrancarse por cantiñas y pegarse una vueltecita. Setenta años, una vida entera detrás de la guitarra y el baile para cantar por fin delante, como los buenos.
Ese Manolo Caracol que se viene arriba por bulerías y un chavalín que le responde, y venga fuerza, arte y compás, hasta que Caracol se levanta y empieza a hacer jirones su camisa que entrega como trofeo a un Chano adolescente. Muchas juergas, muchas borracheras, la mala vida de los flamencos que enterró a tantos antes de tiempo, y Chano que conoce a una bailaora de Sevilla que le para, todo lo que se puede parar a un chaval que trabaja todos los días hasta las seis de la mañana en el tablao, acordándose de Mojones el cochero y del señorito, mirando todos que no se gastara todo el dinero y quedaran al menos cinco duros para repartir. Incultura: mucha, como aquella vez en Londres que se creían que la flema era la flama y todos los ingleses iban encendíos. Mucho arte, pero también mucha miseria. No quería esa vida para sus hijos. El mayor, pobrecito, murió en Grecia en un accidente, y Chanito, el pequeño, le ha acompañado hasta el final con el oficio de su guitarra. Este mundo dejó de existir el día que se murió Chano y ya no volverá, para mal o a lo mejor para bien, que para pasar hambre siempre hay tiempo.
Fotos (de arriba abajo):
1. Reunión flamenca de los años 20. Al cante: Pericón de Cádiz. 2. Luisa la de Torrán y la Paquera. Carboncillo. Marvin Steel. http://bulerias-decordoba.blogspot.com.es/ 3. Enrique el Mellizo. Cuenta Chano que ampliaron este retrato para colgarlo en una peña y el Morcilla, que era su descendiente, quiso llevárselo, a lo que le dicen los de la peña: "Llévatelo si quieres, totá, lo que está haciendo es tapá con las orejas los desconchones de la pared".
Pues sí, mil entradas ya en este blog, que no es poco. Ahora tocaría decir que nunca lo hubiera pensado cuando empecé, que no sé cómo he sido capaz, con la poca constancia que tengo... ¡Paparruchas! Aquí estamos, por algo será. Ha habido de todo: mucha poesía, un diario en marcha, traducciones (mi vocación escondida), Economía (mi profesión manifiesta), ópera, anécdotas y muchas cosas íntimas, mías y que ahora son de todos. Mis hijos agradecerán en el futuro las entradas que les he dedicado, y yo agradeceré este invento que me ha hecho escribir como un poseso y crecer como persona. Buen humor siempre, y buena compañía también, hasta convertir este rincón en un café la mar de concurrido donde hemos aprendido unos de otros, nos hemos reído e incluso nos hemos atizado algún que otro mamporro.
Y para celebrarlo traigo una primicia: se trata del vídeo de una ocasión en que me reuní con mi amiga Anna Netrebko y el picarón de Plácido Domingo para cantar La Traviata. Me tuve que poner una peluca para estar a la altura, que Anna es mucha Anna. Va por ustedes:
No me canso de escuchar a esta mujer, su grito primigenio, ¡ay lililililili ayyyy! que brota de la tierra, de las raíces hondas que ahora nos empeñamos en arrancar. Año de 1959. Una Paquera de 25 años, y parece que tiene 70. Como un limón limonero / me estoy poniendo amarilla / de tanto que yo te quiero. Se le nota el poderío en esa pose de reina, la sabiduría elemental, primitiva. El cante del principio de los tiempos, conservado por uno de los más grandes patrimonios que nos ha sido legado, y que dure por siempre.
Aunque a ciertas edades uno piensa que ya no le van a salir más amigos, gracias a los buenos oficios de mi hijo Jaime, que a sus seis años mantiene desde hace cuatro una entrañable relación de amistad con una preciosa niña de nombre Daniela, he dado con una familia encantadora, y como quien no quiere la cosa he ido coincidiendo con Julio, su padre, hombre de una personalidad arrolladora, emprendedor, que se bebe la vida no a grandes sorbos, sino empinando el codo hasta vaciar la garrafa, justo lo contrario de los sorbitos con pajita amariconados que yo suelo practicar, pero tampoco le tengo envidia, ni él a mí, así que estamos en trámites de hacernos colegas, como mínimo. Y tras este rollo que tampoco tiene por qué interesar a nadie voy a lo que voy: resulta que Julio, en un rapto de creatividad y echándole más cojones que el caballo de Espartero, se ha lanzado a la producción de una especie de película, que él llama web-serie de cinco capítulos en formato de reality fiction (tengo pendiente preguntarle qué coño significa eso), y lo hace a pelo, sin apenas medios, con la colaboración altruista de varios jóvenes entusiastas, recorriendo toda la costa andaluza y con el poema If, de Kipling, por bandera. Aquí os dejo el trailer, y se le puede seguir en la web del proyecto. No entiendo mucho de esto, pero creo que así empezó Álex de la Iglesia, mismamente.
Me dispongo a leer el afamado ensayo de Stuart Mill On Liberty, que tenía en cola desde hace tiempo, y antes de entrar en materia me topo con estas palabras del autor en la dedicatoria:
To the beloved and deplored memory of her who was the inspirer, and in part the author, of all that is best in my writings —the friend and wife whose exalted sense of truth and right was my strongest incitement, and whose approbation was my chief reward—I dedicate this volume. Like all that I have written for many years, it belongs as much to her as to me; but the work as it stands has had, in a very insufficient degree, the inestimable advantage of her revision; some of the most important portions having been reserved for a more careful re-examination, which they are now never destined to receive. Were I but capable of interpreting to the world one-half the great thoughts and noble feelings which are buried in her grave, I should be the medium of a greater benefit to it than is ever likely to arise from anything that I can write, unprompted and unassisted by her all but unrivalled wisdom.
A la bienamada y llorada memoria de aquélla que fue la inspiradora, y en parte autora, de todo lo que pueda haber de bueno en mis escritos -la amiga y esposa cuyo exaltado sentido de la verdad y de la rectitud fue mi mayor motivación, y cuya aprobación fue mi principal recompensa- dedico este volumen. Como todo lo que he escrito durante años, pertenece a ella tanto como a mí; pero la obra ha tenido, si bien en grado insuficiente, la ventaja inestimable de su revisión, habiéndose reservado algunas partes importantes para un examen más a fondo, que ya nunca podrán recibir. Si al menos yo fuera capaz de descubrir para el mundo la mitad de las grandes reflexiones y los nobles sentimientos que están enterrados en su tumba, sacaría de ello más beneficio del que pueda ahora surgir de cualquier cosa que escriba, desasistido y huérfano de su impar sabiduría.
Poco más se puede decir de este hombre que amaba la libertad, pero cuya alma noble quedó para siempre encadenada a la de su compañera.
Gracias, señor Garzón, por combatir a los malnacidos de ETA y Batasuna, por arrestar a torturadores, por perseguir sin descanso la corrupción que asola nuestro país, por acabar con el narcotráfico que azotaba Galicia. Gracias por trabajar al servicio del bien, con aciertos y errores, como todos, pero con mil veces más resultados que los funcionarios apoltronados y envidiosos que le han juzgado. Usted ha hecho más por la justicia que todos los jueces que le han condenado, que pasan sus cómodas vidas enredados en resquicios legales, mientras que jueces como usted son los que abren procesos y condenan a los verdaderos culpables de que en esta España nuestra valga más la palabra de un delincuente que la de un ciudadano honrado. Gracias por hacer nuestro aire más respirable y más limpio. Gracias.
Ayer tuve un reencuentro entrañable, inolvidable: después de dos largas semanas de espera durante las cuáles no pude dejar de pensar en él un solo momento, a las ocho de la tarde sonó el timbre de mi casa en Alájar y al abrir, -¡oh maravilla!- me encontré con mi vecino Manolo que portaba en sus brazos el ridáider perdido. Lo cogí con mimo, me lo llevé al corazón y examiné con cuidado todos sus ángulos. El pobre está un poco perjudicado, ha perdido una de sus esquinas, tiene algunos rayones en el marco, pero, lo más importante, funciona como el primer día. Me he prometido a mí mismo no volver a separame de él, tenerlo siempre a la vista y no depositarlo en ningún lugar extraño. Así se lo he dicho, y un pequeño parpadeo en la pantalla me ha hecho ver que me entendía, que comprendía mi angustia y me perdonaba por un descuido tan grave que pudo dar al traste con nuestro matrimonio.
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Hay días luminosos en que uno cree en la eternidad, y otros oscuros donde esa eternidad también es cierta, pero pesa como un cielo negro hecho de plomo.
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Estos apuntes se van fabricando con esfuerzo, sin la espontaneidad que tengo escribiendo otras cosas. Me tengo que parar a pensar en lo que escribo, y eso me hace temer que no es honesto, no es real. En cualquier caso aquí están, como un testimonio no sé muy bien de qué, una amalgama entre mi vida, mis recuerdos, mis lecturas y, sobre todo, mis pensamientos cada vez más sofisticados, cada vez más fingidos, cada vez más ciertos.
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El leño grande de la chimenea aún tiene un rescoldo cuando bajo muy de mañana con el sueño pegado en los ojos, pero ese olor a humo me despierta y me hace sentir vivo, porque es un olor de la naturaleza, y así se han despertado durante milenios los hombres, antes de que se encauzara una energía que fabrica el calor como si fuera un milagro. Un aparato vomitando aire caliente sin que haya detrás nada que lo explique no se puede comparar a un leño ardiendo en el hogar; se nota en la paz que se siente al acercarnos.
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Y por último, dada la fecha en la que estamos, y a sabiendas de que es una gran mariconada hacer estas cosas por Internet, y una mariconada aún más grande hacerlo en otro idioma, teniendo en cuenta que ésta es mi última entrada del año, en que hemos compartido dichas y desdichas, demonios escondidos, pajas mentales, lágrimas escondidas de risa y de menos risa, canciones, poemas y alguna que otra cornada medio en broma medio en serio, va por ustedes:
Die Andurrialer Blogischer und ich wünschen Ihnen:
A criança que fui chora na estrada. Deixei-a ali quando vim ser quem sou; Mas hoje, vendo que o que sou é nada, Quero ir buscar quem fui onde ficou. Fernando Pessoa
El niño que fui llora en la calle. Allí quedó solo, en la estrada polvorienta. Le dijimos adiós y marchamos para siempre por un camino incierto. Llegó un día en que nos dimos cuenta de que le echábamos de menos, y volvimos la vista atrás para encontrar un océano de indiferencia entre la nada y el deseo. El niño que fuimos sigue allí, en cuclillas, escarbando la tierra con sus manos pequeñas, llorando lo que será. Todas las noches me reúno con él con los ojos cerrados, y vuelvo a oler a barro, a pantalones cortos, a felicidad ingenua y a carreras ciegas que hoy saben amargas.
A mi hijo Ignacio, que cumple hoy cuatro añitos y sobrevivió al ataque de un burro feroz, y a mis amigos Julio y Alejandro, que presentaron el jueves pasado sus libros, como se puede leer en esta crónica.
Es Ramón Simón un tipo interesante. Yo le he conocido hace poco, a través de la afamada tertulia de Los Mercuriales (lo de afamada es cosecha mía). De perfil aguileño y mirada de aguililla, no pasa nunca desapercibido, y ameniza nuestras reuniones con un amplio repertorio de ocurrencias más o menos subidas de tono, como sus poemas, que mantienen el tono muy alto, algo siempre difícil en poesía, quizá la diferencia entre un poeta y un versificador. Es la suya una poesía íntima, profunda, que hunde las raíces ahí donde más nos duele: en nuestra experiencia familiar como nietos, como hijos, como hermanos, como padres. Yo me meto de vez en cuando con él diciéndole que es un cenizo, sacando poemas tan tristes, y él lo encaja lo mejor que puede. ¡No van a ser tristes, si son hondos!
Y a lo que quería llegar: el amigo Ramón, o Simón, el mismo premio lleva, tiene una gran afición reciente que se ha ido agrandando a la par que su pericia en ella. Ha tomado los trastos de inmortalizar y vaga por estos mundos cámara en mano retratando esencias, aguardando paciente a que el milagro del arte aparezca ante su objetivo para pulsar el botoncito, con lo fácil que parece y lo difícil que es. Fruto de esta dedicación casi mística, Ramón ha inaugurado esta misma tarde en la Casa del Libro de Sevilla una exposición titulada Las miradas del amor, que estará abierta hasta el 27 de junio, con magníficas fotografías de la Semana Santa sevillana, que ahora en verano se paladea con más tranquilidad y mesura. Sus compañeros mercuriales hemos colaborado con unos textos líricos para acompañar las fotos, pero yo, que soy un poco mamoncete, me he ido a la playa y he dejado a Ramón una mijita tirado; algún defecto tenía que tener uno. Al menos estoy en espíritu, viajando desde Rota a Sevilla por la alfombra mágica de Internet.
Bueno, no me enrollo más, que os paséis a verla si podéis, y si no visitad su hermoso blog Sombras pequeñas, donde encontraréis una muestra nada pequeña de su arte.
Mi relación con los idiomas, y especialmente con el idioma inglés, siempre ha sido idílica. Desde pequeño me ha fascinado la posibilidad de comunicarme y, sobre todo, leer en una lengua distinta a la mía. Ello me abría a un mundo más amplio si cabe que el de la rica lengua española. Leer en su idioma original a los grandes autores de la literatura siempre me ha supuesto un placer que justificaba con creces el esfuerzo que debía hacer, aunque inevitablemente se me escapaba (y se me sigue escapando) el sentido de muchas expresiones, que sólo alguien que haya mamado la lengua puede abarcar. Siempre digo que una de mis asignaturas pendientes es alcanzar un nivel suficiente en alemán como para entender medianamente bien textos en este idioma; la lengua alemana me parece que tiene una posibilidades de expresión y unos matices que superan a las otras lenguas europeas. Volviendo al inglés, recuerdo con cariño las clases particulares que recibía desde niño de una señora escocesa que vivía justo en el piso de debajo del nuestro. Se llamaba Carmen, y contaba unas historias maravillosas de su vida de joven: su padre había sido una persona importante, y había conocido la alta sociedad británica de la época de posguerra. En las clases que me daba nos dedicábamos básicamente a conversar, y a ella debo el poder expresarme correctamente de palabra, algo que perfeccioné posteriormente en Inglaterra. Además de la conversación, muchas veces leíamos cuentos, que a mí se me antojaban mágicos, seguramente porque estaban en inglés. Uno que recuerdo nítidamente se refería a una pobre golondrina que cuando llegaba el frío no emigraba, y acababa muriendo. Desde entonces la palabra "swallow", golondrina en inglés, siempre me recuerda a la infancia, y como apenas la uso ni la leo ha mantenido un fuerte poder evocador. Hoy se me ha venido a la cabeza, no sé por qué, y he compuesto este modesto poema en mi blog en inglés. Quiero que sirva de homenaje a esta mujer, ya fallecida, que siempre me mostró un especial cariño, incomprendida en la comunidad donde vivió la última mitad de su vida, británica hasta la médula en un mundo que le era ajeno. Deseo que mi pobre golondrina llegue volando hasta ella, donde quiera que esté.
Seguimos con esta inagotable serie dedicada a las mariconadas blogueras, todas esas chorradas que hacemos los blogueinómanos llevados por nuestra vanidad -el que esté libre de pecado es el más maricón de todos-, y que vistas desde fuera causarían sonrojo al más pintado, nunca mejor dicho. La entrada de hoy va dedicada a los llamados "premios", esos galardones que cuelgan de algunos blogs a modo de trofeo, y que revisten las más diversas formas y colores. Un premio que se precie debe tener al menos dos corazones o, en su defecto, un buen manojo de rosas bien encarnadas. Se trata de llenar de colores la página del premiado, que tiene una obligación ineludible de colgarlo en su blog, cualquiera le hace un feo a la entidad premiante. Estos premiadores son tremendamente magnánimos, y basta con que se les haga en su blog un comentario mínimamente halagador, o a veces ni eso, para que le encasqueten a uno el premio de marras, que a ver dónde lo cuelga luego sin que haya el consabido cachondeíto de los amigotes. Además de las flores, corazoncitos y demás parafernalia rosácea se hace mucho uso de elfos, hadas, gnomos y demás criaturas sacadas del universo de Tolkien, y también manos, muchas manos entrelazadas, como dando a entender la fraternidad que genera el mundo de los blogs. Las mariposas de vivos colores son también muy socorridas, así como las plumas estilográficas y los libros abiertos por la mitad. Uno de cada dos premios tiene la imagen de una mujer envuelta en paños vaporosos, con una expresión arrebatada, no se sabe muy bien si mística u orgiástica, y con una larga y sedosa melena o, en su defecto, unos cabellos rizados del color de la caoba.
Que los premios son una mariconada, no creo que nadie lo dude. Ahora bien, también hay que tener en cuenta la persona que te los da. Resulta que hoy mismo, una de mis mejores amigas blogueras, con la que me carteo a traves de los chops casi desde que abrí el blog, la entrañable y simpatiquísima Liliana, ha tenido a bien -¿cómo has podido hacerme esto, ingrata?- concederme un premio. No es de los más desesperados, ésa es la verdad, pues no aparecen flores, trasgos ni corazones, pero es un premio al fin y al cabo, con lo que yo he rajado de ellos. Lo podéis ver en lugar preferente de mi blog, pero -¡ojo!- ahí estará unos días, después lo pasaré a los sótanos del cuaderno, que uno tiene su reputación, y sabe que le leen escritores y poetas tan serios que al ver una mariconada huirían despavoridos de mi blog ante una ofensa tal a sus elevadas narices blogueras -¿Pero de qué hablas, JM, si te hartas de escribir entradas guarras?-. Es verdad, a estas alturas el personal me tiene calado, mi reputación literaria está perdida, nunca tendré credibilidad escribiendo un ensayo sobre la evolución de la poesía áulica en la corte de los Austrias. Queda, pues, plantado el premio como un pino piñonero, a la espera de ser trasplantado a un sitio más discreto.
Dedico esta enrada con cariño a Dyhego, por su simpatía, saber estar y fidelidad a este blog.
La cuerda de barítono es quizá la más bella del registro masculino. Los barítonos siempre han sido eclipsados por los tenores, protagonistas de la película, y los poderosos bajs de voz oscura y majestuosa. Son pocas las arias de ópera que den lugar al lucimiento del barítono, pero en nuestra Zarzuela siempre se les ha reservado un papel de privilegio. Quiero con esta entrada reivindicare el timbre viril y contundente de unos cantantes que en España han tenido una cantera inagotable, y para ello traigo al gran Carlos Álvarez interpretando el coocido pasaje de La parranda donde se canta a la simpar (eso me han dicho, que yo no la conozco) ciudad de Murcia.
Me entero gracias a blogger y a sus intrépidos ingenieros de que a día de hoy he alcanzado la bonita cifra de 12000 comentarios, a los que habría que añadir los que se tragaron el viernes. Y como sois vosotros mayormente, con una constancia conmovedora, los que habéis saltado tantas veces en mi blog haciendo ¡chop!, os dedico esta entrada.
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He tenido un sueño. Mi difunto padre me visitaba.
–Vaya –le dije–, ¿qué tal? ¿Has visto a Beethoven?
Se enfurruña y menea la cabeza, enojado y triste:
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Compota de membrillo
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Hola amigos!!. Ya hacia tiempo que no publicaba nada, !espero que no os
hayáis olvidado de mi blog!. Hoy he hecho compota de membrillo y lo voy a
compart...
Acta de la tertulia del 15 de noviembre de 2012
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Sobre las 20:30 horas del 15 de noviembre de 2012, seis de los efebos
mercuriales, José Manuel Gómez, Jesús Cotta, Alonso Coca, Jaime Galbarro,
Ramón Simó...
Black cypress
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Today I only know
That I have failed to write my name
on the bark of the black cypress,
in the graveyard with the fallen leaves,
Nor did I eat the fruit
Of...