Estuve viendo anoche la película Mucho ruido y pocas nueces, adaptación de la comedia de Shakespeare. Una de las ventajas de estas adaptaciones cinematográficas es que permiten poner notas musicales a las canciones que Shakespeare suele introducir en sus obras. En este caso Patrick Doyle compuso una partitura bellísima para la canción Sigh no more, que interpreta Balthasar.Pero no quería hablar hoy de la música, sino de las palabras; de una en concreto: ese farewell que tan elegante queda al cerrar las escenas. Significa adiós, pero un adiós majestuoso, muy distinto al trivial good bye que se reserva para ocasiones menos solemnes. En español sólo disponemos de "adiós" como palabra que exprese la despedida (en lenguaje culto, se entiende). En ocasiones sucede al contrario, y es nuestro idioma el que cobra ventaja, pero es bueno reflexionar sobre este hecho, como una nueva prueba del empobrecimiento o, cuando menos, la alteración que toda traducción supone respecto del original. Una alteración necesaria, que es el único medio para transmitir la obra a los hablantes de otros idiomas, pero alteración al fin y al cabo. Si se tienen nociones de inglés merece la pena el esfuerzo de leer a Shakespeare en su idioma, aunque haya que ir desbrozando el camino a golpe de machete. La recompensa es grande.
Farewell!
[Exeunt Ridao and Netrebko]




