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martes, 29 de marzo de 2011

Apuntes (LXXXIII): Ilusiones perdidas


Redacto estos apuntes directamente en el ordenador, más por pereza que por otra cosa. Fuera el agua cae con rabia, golpeando el techo del patio como si estuviera llamando para entrar en casa, en esta casa nueva que es ahora mi refugio y mi prisión, penumbra entreabierta a ese mundo amable, incierto y cruel, insensible al paso trémulo de las ilusiones perdidas.

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Hay dos tipos de personas: las que hablan mucho de sí mismas y las que escuchan a las que hablan mucho de sí mismas.

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Madame Monet sostiene el parasol envuelta en la ventisca imaginada por su esposo, mientras su hijo emerge del verdor como un querubín de mejillas sonrosadas. Posan ambos para la gloria postrera de museos congelados en su asepsia, construidos con millones de monedas de oro, incapaces de conservar el arte enterrado en el jardín de Giverny.

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Nos equivocamos al tratar de ganar a otros para nuestra causa, precisamente porque la causa es nuestra, y no de ellos.

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Resulta extraño y en cierto modo inquietante conocer en persona a aquéllos a los que se ha leído, y con los que únicamente se ha mantenido un breve contacto epistolar.


Imagen superior: Claude Monet. Mujer con sombrilla. 1875

martes, 22 de febrero de 2011

Apuntes (LXIV): Frühling


El momento del desayuno siempre ha sido mi preferido, un remanso de soledad vivificante donde ordeno mis pobres pensamientos o, al menos, los saco a pasear sin bozal.

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La primavera ha llegado de golpe en pleno mes de febrero. No es una novedad en Sevilla, ni tampoco ese cosquilleo en el estómago que siento al oír el trino de los pájaros mientras el sol entra a chorros por la ventana. Sí que es una novedad esta vez la conciencia de mis sentidos, que otros años permanecían aletargados y apenas notaban el cambio repentino. Y no es un cambio para mejor, por desgracia, al menos por ahora.

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Lo más sorprendente del primer día de primavera es la luz, un manto transparente que adormece los hogares y despierta las calles y los campos.

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Supone una esclavitud escribir un diario buscando siempre la estética, la profundidad, lo que inevitablemente le quita espontaneidad. Acabo de leer el Diario de Ana Frank -por cierto, en una horrible edición mejicana-, y su virtud es precisamente la frescura, aunque su éxito se deba por supuesto a las circunstancias en que fue escrito. El diario que estoy publicando en Internet es, en cierto modo, artificial, lo que no tiene por qué ser un defecto, pues se trata de un ejercicio de estética en que tomo muchas veces como modelo el diario de Pessoa, una obra de arte intemporal. Para liberarme de esta carga literaria utilizo como válvula de escape numerosos apuntes personales, a veces intrascendentes y en muchos casos privados, que se quedan en mi cuaderno pudorosos, sin querer salir a la luz inquisidora de la red.

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Nadie ha cantado a la primavera como el dios Wagner y Lauritz Melchior, su profeta.



Imagen superior: Las amapolas, de Claude Monet.

viernes, 28 de enero de 2011

Palacio encendido (entre Verlaine y Rosales)


Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur ?
Vuelve siempre, como el frío y las nevadas,
para alejarme del engaño del olvido,
para esculpir las huellas de mis primeros pasos,
[Madre mía,
cuando mis pies sabían dónde iban,
y los ojos dolían de tanta risa,
y las angustias y los miedos salían a jugar a las
[canicas.
Vuelve siempre, para tomar café con mis fantasmas
en el bar siempre abierto de mi casa encendida.
Vuelve, y no me acostumbro a verlo volver,
porque yo no he comprado esos boletos,
porque ahora estaba calentito, y no pensaba en nada.
Vuelve, y ni siquiera sé si hay que temer
a ese pájaro sin luz que me penetra
ahora que ya nadie toma ajenjo,
ahora que no existen los poetas,
ahora que hace tanto tiempo y tantos versos
que en el Palacio de Invierno
ya no vive Verlaine.

Imagen: Claude Monet: Puesta de sol en Lavacourt.