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domingo, 3 de enero de 2010

Dolor y fe


¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

Gustavo Adolfo Bécquer

Acabo de llegar de un entierro en Alájar, de una vecina mía que no llegaba a los treinta años y murió ayer de repente, dejando dos niños muy pequeños. El cementerio del pueblo parecía sacado de las leyendas de Bécquer, con una lluvia persistente, niebla a jirones y la hierba de color verde brillante. La casa de los muertos tiene unas vistas privilegiadas, y las aldeas del Calabacino y el Collado parecían surgir de la niebla como ciudadelas humeantes, mientras que la Peña se intuía en su promontorio, más misteriosa que nunca.

Triste, muy triste. Un anciano a mi lado me dijo que en todos los días de su vida no recordaba haber visto la iglesia tan llena en un funeral. La mayor pena se la llevan los dos chiquillos ausentes, que se habían quedado con su padre, pero impresionaba ver el dolor de los padres, magníficas personas. Hasta hoy no les he podido abrazar, y lo que más me ha asombrado es su entereza dentro del dolor. Han ofrecido la vida de su hija a la Virgen de la Salud de la aldea de los Madroñeros, donde nació la madre. Su fe les está ayudando a sobrellevar un dolor que de otro modo sería insoportable, y eso me ha conmovido. Yo, que no soy creyente, admiro ese don, y a veces lo envidio.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Horas cortas


Aquí en el sur el verano acaba de terminar. A las ocho de la tarde aún quedaba un mundo para el final del día, y muchos afortunados acababan de levantarse de la siesta, pensando en disfrutar del mejor momento de la jornada en la calle, con compañía. Pero ahora, en este mes de noviembre de frío recién estrenado, es noche cerrada en Alájar a esa hora, y el día se da por concluido, aunque, y esto es lo sorprendente, sigue teniendo veinticuatro horas.

Las horas avanzanzan perezosas en verano, y el frío y la oscuridad aceleran su paso. Yo me quedo con estos días de invierno, cortos en horas pero largos en vida.

horas de invierno
vuelan en los relojes
soplan las almas

miércoles, 26 de agosto de 2009

Trazas de otoño

Cuando me levanté ayer por la mañana y abrí la ventana olía de una manera distinta, algo había cambiado. Hasta la sierra y la Peña se veían con otra luz, como más tenues y lejanas, pero a la vez más accesibles. Al salir a la calle las hojas volaban a ras de suelo con las ráfagas de viento, y el aire era fresco. La gente del pueblo que va a pasear por el campo a esas horas ya no iba en mangas cortas, y un hombre montado en una motillo que volvía de su huerta traía cara de frío. Después salimos a caminar, a hacer un sendero por la parte de Valdelarco, siguiendo la ribera, entre helechos milagrosamente verdes y bosque de galería. Sólo se oían los pájaros y el rumor del viento y del agua; ninguna chicharra. Nadie diría que un día antes sudamos la gota gorda bajando de Los Madroñeros a Linares, y luego subiendo de Linares a Alájar.

Un día tan solo y ha llegado el otoño, aunque sea por unas horas, me da igual, porque así es como lo disfruto más, cuando se presenta de improviso. Me pasa lo mismo con la primavera, que aquí en el sur se puede oler cualquier día soleado de febrero. Cuando llegue el otoño de verdad estaré tan acostumbrado a él que no lo disfrutaré igual, pero esta mañana ha sido un regalo, un regalo que llevaba tiempo esperando.

Foto: pueblo de Valdelarco, en la sierra de Aracena.

domingo, 22 de febrero de 2009

Crotoreo


Ayer volvió la cigüeña al campanario de la iglesia de Alájar. Me di cuenta de repente, por su inconfundible sonido, parecido a un redoble de mástiles, rivalizando con el repique de las campanas. Últimamente no emigraba, se quedaba al calor de nuestro tibio sol invernal, pero este año un instinto remoto, unas cabañuelas emplumadas, le avisaron de que venían fríos como los de antes, y decidió pasar la invernada en alguna atalaya africana.

Al oír el sonido inconfundible he abierto la ventana y he sentido el sol en mi rostro, el sol de febrero, el mismo sol que ayer, pero sin embargo distinto, convertido, gracias al gran pájaro, en un sol de primavera, lleno de buenos augurios.