Hace poco hice una entrada sobre un invento maravilloso: la grabadora de pensamientos. Muchos comentarios incidieron en lo peligroso del invento, así que hoy describo uno mucho más práctico y que no tiene riesgos. Se trata de un pen drive, el dichoso lapicito, pero que en lugar de conectarse al ordenador lo haga a nuestra mente, con la particularidad de que lo ponemos en marcha cuando queremos y después lo apagamos, y así las cosas más íntimas no se graban, salvo que queramos hacerlo. De este modo se solucionaría uno de mis mayores problemas, que es poner por escrito lo que se me va ocurriendo, ya sean chorradas o versos (algunos muy chorras). Muchas veces me surgen ideas cuando estoy en la cama, o conduciendo, o dando clases (a pesar de ser hombre soy multitarea), y como no las puedo apuntar se me olvidan después. Otras veces estoy escribiendo y mi mente va mucho más rápido que el teclado o el bolígrafo, y a veces me sorprendo tratando de recordar lo que se me había ocurrido.
Para mí sería ideal, me facilitaría notablemente el trabajo y escribiría mucho más. Es una versión evolucionada de la grabadora de pensamientos, y pienso que mucho más fácil de fabricar; al fin y al cabo al pensar en palabras emitimos señales, según creo. Pues se decodifican, se pasan al cacharro y listo. Por cierto que no sé cómo se conectaría el pen, porque que yo sepa nosotros no tenemos puertos USB. Por la nariz, quizá, o... mejor, si es posible, por wi-fi o bluetooth.
Odiseo
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Esta noche de invierno y de sosiego,
Telémaco, recuerdo la nobleza
de Alcínoo, aquel rey que oyó mi ruego
y sin saber quién era, con alteza
me acogió. Y...
Hace 13 horas

