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martes, 13 de octubre de 2015

Wilfred Owen: Greater Love


Los rojos labios no son tan rojos
Como las piedras manchadas que besan los muertos de Inglaterra.
La dulzura del enamorado y su amada
Parece una deshonra para su amor puro.
¡Oh amor, tus ojos pierden encanto
Cuando lo que contemplo son ojos ciegos!

Tu postura esbelta
Tiembla vulgar como miembros dislocados por el cuchillo,
Rodando y rodando allí
Donde a Dios parece no importarle;
Hasta que el fiero amor que albergan
Les oprime en la decrepitud extrema de la muerte.

Tu voz no canta tan suave,—
Aun cuando el viento murmura a través de las vigas del desván,—
Tu querida voz no es querida,
Amable, y clara como la tarde,
Como la de ellos a quien ahora nadie escucha,
Ahora la tierra ha detenido sus bocas lastimeras que tosían.

Corazón, no fuiste bravo
Ni amplio, ni pleno como los corazones hechos grandes por los disparos;
Y aunque tu mano esté pálida,
Más pálidos están los que rastrean
Tu cruz a través de llamas y granizo:
Solloza, tú puedes sollozar, porque no los has de tocar.




Red lips are not so red
As the stained stones kissed by the English dead.
Kindness of wooed and wooer
Seems shame to their love pure.
O Love, your eyes lose lure
When I behold eyes blinded in my stead!

Your slender attitude
Trembles not exquisite like limbs knife-skewed,
Rolling and rolling there
Where God seems not to care:
Till the fierce love they bear
Cramps them in death’s extreme decrepitude.

Your voice sings not so soft,—
Though even as wind murmuring through raftered loft,—
Your dear voice is not dear,
Gentle, and evening clear,
As theirs whom none now hear,
Now earth has stopped their piteous mouths that coughed.

Heart, you were never hot
Nor large, nor full like hearts made great with shot;
And though your hand be pale,
Paler are all which trail
Your cross through flame and hail:
Weep, you may weep, for you may touch them not.

domingo, 19 de enero de 2014

Dos Obras, una Guerra




Qué diferente es la visión de una misma tragedia, la Gran Guerra, por dos combatientes del mismo bando que plasmaron sus vivencias en sendas obras maestras: Erich Maria Remarque en Sin novedad en el frente y Ernst Jünger en Tempestades de acero. Jünger es un Homero desprovisto de épica, y nos presenta cuerpos mutilados y salpicaduras de masa encefálica como atributos del héroe superviviente, ése que se sacrificó por la patria y nunca dio como perdida una guerra que los despachos de Versalles hicieron humillante para toda una generación de alemanes. Remarque, por el contrario, pertenece a una estirpe menos primitiva: la de los que fueron conscientes de todo el horror de las carnicerías de la trincheras, nunca antes, pero sí durante y, más raramente, después de la bacanal de sangre. Su testimonio es profundamente humano, frente a la frialdad imperial y filosófica de Jünger. Él escribió un libro hecho de carne, sangre y huesos, con episodios tan conmovedores como el espantoso alarido de los caballos moribundos en el campo de batalla, que toda la compañía trataba de evitar tapándose los oídos en espera de los soldados y camilleros ocupados en atender a los seres humanos y que no tenían tiempo de darles el tan ansiado tiro de gracia. “La mayor vileza de todo esto es que los animales tengan que hacer la guerra”, dice uno de los camaradas, hombre de campo. O el despiadado ataque con gas de los Tommies y el uso de esas máscaras ultraterrenas en medio de tumbas y ataúdes que servían de parapeto contra la metralla. Remarque es hermano de Wilfred Owen, poeta del bando contrario, pero sus voces quedaron amortiguadas durante mucho tiempo por el clamor de cientos de miles de Jüngers para los que la épica tapó el drama. Luego muchos se convirtieron en nazis, y los que no lo hicieron acabaron atrapados por una trampa diabólica, de la que escaparon muy pocos alemanes, uno de ellos Raimund Pretzel, que bajo el musical seudónimo de Sebastian Haffner escribió Geschichte eines Deutschen y escapó a París en 1933, justo a tiempo para luchar por el bando que le dictaba la lógica, y no la nación. Los Jüngers se hundieron con el Tercer Reich, pero su voz terrible aún resuena extrañamente hermosa.

domingo, 20 de enero de 2013

Wilfred Owen: Conscious

Despiertan sus dedos, y ascienden bajo las sábanas.
Sus ojos se abren con un golpe de voluntad,
ayudados por las flores amarillas junto a su cabeza.
La cuerda de una persiana se arrastra por el alféizar...
¡Qué suave es el suelo de la habitación! ¡Qué alfombra!
¿Y de quién son esas voces, en algún lugar que no se ve?
¿Por qué se están riendo?
¿Qué hay dentro de esa jarra?
"¡Enfermera! ¡Doctor!" "Sí; muy bien, muy bien."
Pero un ocaso repentino ofusca todo el aire -
No parece el momento de querer un trago de agua.
La enfermera se ve tan lejana. Y por todos lados
Música y rosas quemadas a través de una matanza púrpura.
Frío; él tiene frío; y sin embargo tanto calor:
Y no hay ninguna luz para ver las voces de alrededor -
Ni tiempo para soñar, y preguntar – no sabe qué.



His fingers wake, and flutter up the bed.
His eyes come open with a pull of will,
A blind-cord drawls across the window-sill...
How smooth the floor of the ward is! what a rug!
And who's that talking, somewhere out of sight?
Why are they laughing? What's inside that jug?
"Nurse! Doctor!" "Yes; all right, all right."
But sudden dusk bewilders all the air -
There seems no time to want a drink of water.
Nurse looks so far away. And everywhere
Music and roses burnt through crimson slaughter.
Cold; cold; he's cold; and yet so hot:
And there's no light to see the voices by -
No time to dream, and ask - he knows not what.

jueves, 9 de agosto de 2012

Wilfred Owen: Anthem for Doomed Youth


¿Qué campanas doblan para los que mueren como bestias?
Sólo la ira monstruosa de los disparos.
Sólo el rápido tableteo tartamudo de los rifles
puede vomitar sus plegarias apresuradas.
No hay farsas ahora para ellos; ni oraciones, ni campanas;
ni una voz de duelo salvo los coros, –
los estridentes, demenciales coros de granadas gimientes;
y cornetas que les llaman desde tristes condados.
¿Qué cirios pueden sostenerse para honrarlos?
No en manos de los monaguillos, sino en sus ojos
brillarán las tenues luces de las despedidas.
Las frentes pálidas de las chicas serán su sudario;
Sus flores la ternura de espíritus sosegados,
y cada lento atardecer una penumbra en el salón.




What passing-bells for these who die as cattle?
Only the monstrous anger of the guns.
Only the stuttering rifles' rapid rattle
Can patter out their hasty orisons.
No mockeries now for them; no prayers nor bells;
Nor any voice of mourning save the choirs, –
The shrill, demented choirs of wailing shells;
And bugles calling for them from sad shires
What candles may be held to speed them all?
Not in the hands of boys but in their eyes
Shall shine the holy glimmers of goodbyes.
The pallor of girls' brows shall be their pall;
Their flowers the tenderness of patient minds,
And each slow dusk a drawing-down of blinds.

lunes, 9 de julio de 2012

Apuntes (167): Owen revisited


En julio de 1914 estalló una euforia incontenible en toda Europa.

About this time Town used to swing so gay
When glow-lamps budded in the light blue trees,
And girls glanced lovelier as the air grew dim.
El orgullo francés, la insensatez alemana, la flor y la juventud de Inglaterra.
He thought of jewelled hilts
For daggers in plaid socks; of smart salutes;
And care of arms; and leave; and pay arrears;
Esprit de corps; and hints for young recruits
En otoño de ese año perecieron cientos de miles de valientes en las orillas del Marne, y sus compañeros no volvieron a casa por Navidad, como les habían prometido. Los siguientes cinco años vivieron en agujeros inmundos, rodeados de cadáveres de camaradas que saltaron por los aires despedazados por una granada. Unos pocos salieron de allí arrastrándose tras la victoria, aunque todos volvieron derrotados.
Some cheered him home, but not as crowds cheer Goal.
Only a solemn man who brought him fruits
Thanked him; and then inquired about his soul.
Ya no les aclamaron a la vuelta; habían tirado por la borda toda la alegría de su juventud, y ya nunca pudieron escapar del horror de las trincheras.

~

Me quedo con los dioses griegos, un grupo numeroso y la mar de animado, antes que con este único Dios un tanto mandón del cristianismo. En el fondo yo creo que los griegos y los romanos eran agnósticos con un marcado carácter supersticioso, y utilizaban a los dioses a su antojo; de hecho les atribuían todas las virtudes y defectos de los humanos. ¿Quién de ellos no querría habitar en el Olimpo y cometer las mismas tropelías que Zeus, o realizar las hazañas de Heracles? Nuestro Cielo, por incierto, causa sin embargo un poco de respeto, como el del plebeyo que acude descalzo y andrajoso al palacio de un rey.

~

Se suele olvidar que por cada parado disminuye la producción del país y además el Estado de Bienestar le habilita para seguir consumiendo a costa del trabajo de los demás. Doble sangría, que se podría solucionar dando "empleo" a los parados.

~

El esfuerzo penoso por momentos de escribir, y no tener apenas nadie que te lea...

~

El dulce placer de leer, y tener siempre alguien que te escriba...

domingo, 25 de marzo de 2012

Front


Hoy ha venido a visitarme
un soldado del frente, joven,
con una nube en el semblante.
Le he preguntado por qué lucha
y no ha sabido responderme.
Sus ojos buscaban el fuego
detrás de las cortinas rojas,
y no podían descansar.
La Guerra ha vuelto, compañero,
guarda los libros en el arca
y saca a pasear tus versos
entre los campos de batalla,
donde no hay gloria, sino pena
clara, más honda que la muerte.

Tenía en los ojos una nube
dulce, coloreada de azufre,
y me miraba desde ella,
a cien mil millas de distancia.

sábado, 3 de marzo de 2012

Wilfred Owen: The end


Tras la luz cegadora que viene del oriente,
las nubes estruendosas, el Carro de los Dioses;
después de enmudecer los tambores del tiempo
y tocar retirada desde el oeste de bronce,

¿Renovará la Vida esos cuerpos? ¿De verdad
anulará la muerte, aliviará las lágrimas?
¿O llenará estas venas muertas con juventud,
y lavará la edad con un agua immortal?

Si pregunto a la Edad blanca, me desalienta:
’Mi cabeza se inclina vencida por la nieve.’
Y cuando es a la Tierra a quien escucho, dice:
'Mi ardiente corazón se encoge. Es la muerte.’
No se enaltecerán mis viejas cicatrices,
ni mis inmensas lágrimas, los mares vaciarán.



After the blast of lightning from the east,
The flourish of loud clouds, the Chariot Throne;
After the drums of time have rolled and ceased,
And by the bronze west long retreat is blown,

Shall Life renew these bodies? Of a truth,
All death will he annul, all tears assuage? -
Or fill these void veins full again with youth,
And wash, with an immortal water, age?

When I do ask white Age, he saith not so:
'My head hangs weighed with snow.'
And when I hearken to the Earth, she saith:
'My fiery heart shrinks, aching. It is death.
Mine ancient scars shall not be glorified,
Nor my titanic tears, the seas, be dried.'

sábado, 17 de diciembre de 2011

Wilfred Owen: Disabled


Aguardaba las sombras en su silla de ruedas,
y temblaba en su traje sombrío y fantasmal,
sin piernas, sin un brazo. Las voces en el parque
se le antojaban tristes como una letanía,
voces llenas de gozo después de un día feliz,
hasta que un hondo sueño las apartó de él.

La Ciudad esos días se mecía risueña,
la luz se reflejaba en árboles celestes,
chicas encantadoras y un aire desvaído, -
Aquellos tiempos, antes de arrojar sus rodillas.
Ya nunca sentirá de nuevo la esbeltez
del talle de una chica, el calor de sus manos;
ahora todas le tocan como a una peste extraña.

Había un artista seducido por su cara,
más joven que la misma juventud, hace un año.
Ahora él es un viejo; su espalda ya no aguanta;
Se dejó su color a mil millas de aquí,
lo vertió por los cráteres hasta vaciar sus venas,
y pasó media vida al filo del peligro
y salió a borbotones de su muslo un río púrpura.

Un día corrió una mancha de sangre por su pierna,
después de un campeonato, y lo llevaron a hombros.
Fue después del partido, al tomar unas copas,
y decidió alistarse. – Aún no sabe por qué.
Dijeron que sería un dios en uniforme,
Por eso fue; también por contentar a Meg;
Sí, eso, contentar a las muchachas jóvenes.
Se dirigió al registro. No tuvo que rogar;
copiaron su mentira; edad: diecinueve años.

No sabía de enemigos; no le movía la culpa
de Alemania ni de Austria. Y el frío miedo del Miedo
llegó mucho después. Sólo pensaba en dagas
en sus lujosas vainas; en saludos marciales;
cuidado de las armas; atrasos y permisos;
espíritu del cuerpo; consejos a reclutas.
Y muy pronto partió entre dones y vítores.

Al volver le aclamaron, pero sin entusiasmo.
Tan solo un hombre grave le llevó algo de fruta;
también le dio las gracias; y preguntó por su alma.

Ahora pasará unos años en clínicas,
y se comportará como se espera de él,
y aceptará la pena que le puedan pagar.
Esta noche ha notado los ojos femeninos
resbalar sobre él hacia hombres enteros.
¡Es tarde, hace frío! ¿Por qué no vienen ya
a meterle en la cama? ¿Por qué no vienen ya?



He sat in a wheeled chair, waiting for dark,
And shivered in his ghastly suit of grey,
Legless, sewn short at elbow. Through the park
Voices of boys rang saddening like a hymn,
Voices of play and pleasure after day,
Till gathering sleep had mothered them from him.

About this time Town used to swing so gay
When glow-lamps budded in the light blue trees,
And girls glanced lovelier as the air grew dim, -
In the old times, before he threw away his knees.
Now he will never feel again how slim
Girls' waists are, or how warm their subtle hands;
All of them touch him like some queer disease.

There was an artist silly for his face,
For it was younger than his youth, last year.
Now, he is old; his back will never brace;
He's lost his colour very far from here,
Poured it down shell-holes till the veins ran dry,
And half his lifetime lapsed in the hot race
And leap of purple spurted from his thigh.

One time he liked a blood-smear down his leg,
After the matches, carried shoulder-high.
It was after football, when he'd drunk a peg,
He thought he'd better join. - He wonders why.
Someone had said he'd look a god in kilts,
That's why; and may be, too, to please his Meg;
Aye, that was it, to please the giddy jilts
He asked to join. He didn't have to beg;
Smiling they wrote his lie; aged nineteen years.

Germans he scarcely thought of; all their guilt,
And Austria's, did not move him. And no fears
Of Fear came yet. He thought of jewelled hilts
For daggers in plaid socks; of smart salutes;
And care of arms; and leave; and pay arrears;
Esprit de corps; and hints for young recruits.
And soon, he was drafted out with drums and cheers.

Some cheered him home, but not as crowds cheer Goal.
Only a solemn man who brought him fruits
Thanked him; and then inquired about his soul.

Now, he will spend a few sick years in institutes,
And do what things the rules consider wise,
And take whatever pity they may dole.
To-night he noticed how the women's eyes
Passed from him to the strong men that were whole.
How cold and late it is! Why don't they come
And put him into bed? Why don't they come?

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Wilfred Owen: Dulce et Decorum Est

Encogidos, como viejos mendigos en sus sacos,
las rodillas juntas, tosiendo como arpías, maldecíamos en el fango,
hasta que a la luz maligna de las bengalas nos volvimos
y marchamos penosamente hacia el distante refugio.
Los hombres caminaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
pero avanzaban renqueantes con pies ensangrentados.
Todos iban cojos; todos ciegos;
borrachos de fatiga; sordos hasta para el silbido de las bombas
dejadas atrás, que explotaban cansinas a nuestras espaldas.

¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido, muchachos! – Un éxtasis de confusión,
nos pusimos justo a tiempo las burdas máscaras;
pero alguien estaba aún gritando y dando traspiés,
y luchando por respirar como si estuviera quemándose en el fuego o en la cal...
A través del cristal empañado, bajo una luz gruesa y verdosa,
como en el fondo de un verde mar, vi cómo se ahogaba.

En todos mis sueños, ante mi vista indefensa
él se lanza sobre mí, borboteando, ahogándose.

Si en algún sueño asfixiante pudierais también vosotros caminar
detrás del coche en donde lo arrojamos,
y contemplar los ojos blancos retorciéndose en su rostro,
su cabeza colgando, como el vómito diabólico del pecado;
si pudierais oír, a cada sacudida, la sangre
salir bullente de los pulmones anegados de espuma,
obscena como un cáncer, amarga como la pasta
rumiada de llagas viles, incurables, en lenguas inocentes,
amigo mío, entonces no dirías con tanto entusiasmo
a los niños que anhelan una desesperada gloria,
la vieja Mentira: Dulce et decorum est pro patria mori.


Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares we turned our backs
And towards our distant rest began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots,
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots
Of tired, outstripped Five-Nines that dropped behind.

Gas! GAS! Quick, boys! – An ecstasy of fumbling,
Fitting the clumsy helmets just in time;
But someone still was yelling out and stumbling
And flound'ring like a man in fire or lime...
Dim through the misty panes and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.
In all my dreams before my helpless sight,
He plunges at me, guttering, choking, drowning.
If in some smothering dreams, you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil's sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud
Of vile, incurable sores on innocent tongues,
– My friend, you would not tell with such high zest
To children ardent for some desperate glory,
The old Lie: Dulce et decorum est Pro patria mori.

Nota: Muchos críticos consideran este poema como el mejor de Owen. Dulce et decorum est pro patria mori, literalmente "Es dulce y recto morir por la patria", proviniente de un texto de Horacio, fue un lema muy utilizado durante la Gran Guerra para exaltar el ánimo de los combatientes e incitarlos a alistarse. En este poema Owen da un sentido trágico a la frase.

lunes, 31 de octubre de 2011

The pity of War



Impresiona hondamente la lectura del prefacio que el propio Wilfred Owen escribió a su libro de poemas. Fue hallado poco después de su muerte en estado fragmentario, entre sus papeles. Como dijo su compañero Sigfried Sassoon, sus palabras y sus poemas hablan por él, sin necesidad de elogios o explicaciones. Son unos versos exentos de retórica, incluso de poesía. “Above all, this book is not concerned with Poetry. The subject of it is War, and the pity of War”. Por encima de todo, el dolor, la pena engendrada por la Guerra. “The poetry is on the pity”. “La poesía está en la pena”. Y la pena está en esa guerra despiadada que se libró en los campos de Flandes, y donde el poeta convivió con la muerte hasta fundirse con ella.


Los últimos versos de Apología pro Poemate Meo son de una profundidad e intensidad realmente excepcionales:

You shall not hear their mirth:
You shall not come to think them well content
By any jest of mine. These men are worth
Your tears: You are not worth their merriment.
November 1917

No llegarás a oír su alborozo:
No llegarás a saber de su contento
por una broma mía. Estos hombres merecen
tus lágrimas: tú no mereces su alegría.
Noviembre 1917

domingo, 30 de octubre de 2011

Wilfred Owen: Futility


Movedlo al calor del sol—
Su suave caricia le despertó un día,
en casa, soñando con campos sin sembrar.
Siempre le despertó, también en Francia,
hasta esta mañana y esta nieve.
Si algo podría levantarlo ahora
el noble y viejo sol lo sabrá.

Pensad cómo despierta a las semillas—
Levantó, una vez, el barro de una estrella fría.
¿Son los miembros, tan cercanos, son los costados
llenos de nervios,—aún calientes,—demasiado duros para mezclarse?
¿Es por ello que el barro se elevó tan alto?
—Oh, ¿Qué hizo a los fútiles rayos fulgir
para romper el sueño de la tierra?



Move him into the sun—
Gently its touch awoke him once,
At home, whispering of fields unsown.
Always it awoke him, even in France,
Until this morning and this snow.
If anything might rouse him now
The kind old sun will know.

Think how it wakes the seeds—
Woke, once, the clays of a cold star.
Are limbs so dear-achieved, are sides
Full-nerved,—still warm,—too hard to stir?
Was it for this the clay grew tall?
—O what made fatuous sunbeams toil
To break earth's sleep at all?

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Wilfred Owen: I saw his round mouth's crimson



Yo vi el púrpura de su boca redonda ahondar cuando caía,
Como un Sol, en su última y profunda hora;
Contemplé la majestuosa retirada del adiós,
Nublándose, a medias brillo y rabia,
Y un último esplendor encendiendo el firmamento de su mejilla.
Y en sus ojos
Prendiendo las estrellas frías, antiquísimas e inhóspitas
En cielos diferentes.


I saw his round mouth's crimson deepen as it fell,
Like a Sun, in his last deep hour ;
Watched the magnificent recession of farewell,
Clouding, half gleam, half glower,
And a last splendour burn the heavens of his cheek.
And in his eyes
The cold stars lighting, very old and bleak,
In different skies.