LA GUERRA DE TODOS
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*A Rogelio Reyes Cano*
*Los españoles hablan con el aplomo de quienes ignoran la duda.*
Borges.
Queridos lecto...
Hace 21 horas
El cuaderno de José Miguel Ridao
Comen los trogloditas serpientes, lagartos y otros reptiles semejantes: tienen un idioma a ningún otro parecido, aunque puede decirse que en vez de hablar chillan a manera de murciélagos.Cuando era joven visité el pueblo legendario de los trogloditas. Para llegar a ellos recorrí tres veces la distancia entre la playa y el otro lado del océano; después crucé un desierto y al final, en unas rocas lejanas, divisé unos huecos excavados en la pared de la montaña. Como era de día no había nadie en las bocas de las cuevas, pero yo sabía que estaban dentro, porque oía un murmullo de dientes y gruñidos. Me senté al pie de un tronco muerto y esperé que oscureciera. Antes de la puesta de sol empezaron a salir de sus agujeros. Iban todos desnudos, con el pelo largo, enmarañado, el cuerpo lleno de tierra amarilla, curtido por el sol. No había mujeres ni niños entre ellos, y parecieron no darse cuenta de mi presencia. Me fijé mejor y vi que estaban ciegos: sus ojos eran blancos, y giraban en sus órbitas como si pudieran sentir el viento y el calor que subía de la tierra. Yo me acerqué. Tenía miedo, pero podía más la atracción del secreto primitivo. Al avanzar hacia ellos me abrieron paso con indiferencia. Miraban hacia delante, y permanecían mudos. Algunos se sentaron, y otros comenzaron a moverse en círculo. Les hablé, pero no parecieron oírme. Yo estaba abrumado por tanto silencio, y me sentía como si el Creador acabara de pasar por allí. Entré en sus moradas, y a través de la penumbra pude ver montañas de huesos apilados. Habían conservado la huella de todas las generaciones que les habían precedido. Muchos trogloditas eran comidos por los Garamantes, pero ellos se apareaban con las mujeres Atlantes y después robaban sus hijos. Todo esto lo supe al cabo de los años, porque entonces no entendía su lenguaje. El tiempo que pasé allí me alimenté de lagartos, como ellos, y hube de comerlos crudos, pues nunca vi fuego en sus viviendas. Su dura piel los hacía insensibles al frío de las noches, y el fresco de las cuevas los protegía de los rayos de sol. Yo, sin embargo, padecí de frío y de calor, y como todos los huecos estaban ocupados hube de acomodarme a la entrada de uno de ellos, después de ver que su ocupante me toleraba. Jamás vi un acto de violencia entre los trogloditas; permanecían horas y horas sentados, dentro o fuera de sus cuevas, y a veces emitían unos gritos muy agudos, tanto que apenas podían oírse. Poco a poco me fui acostumbrando a esos sonidos, y al cabo de los meses comencé a comprender su significado. Para entonces yo me había acostumbrado a permanecer también sentado día y noche, y perdí la facultad de dormir. Los trogloditas me contaban por turno la historia de su pueblo, que se perdía en los confines del tiempo. Supe que uno de ellos era su rey, y él podía nombrar a todos sus antecesores, durante horas y horas. Como los huesos no cabían en su cueva habían sido llevados lejos, a una gruta sagrada con una bóveda inmensa. También supe que el pueblo de los trogloditas siempre tiene el mismo número de hombres. Cuando muere uno de ellos roban un niño ya crecido a una mujer atlante, que ha sido previamente fecundada por el muerto. La sangre troglodita es impura, y por eso viven dentro de agujeros y no se dejan ver.
Herodoto: Los nueve libros de la historia, tomo 4.
La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria la imagen de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea, y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo.
J.L. Borges: El inmortal.
Últimamente estoy rumiando no entrar al trapo sobre la actualidad económica y política que nos envuelve con tintes tan lúgubres, porque considero que me está perjudicando a mí y a mi escritura. Me desintoxicaré, pues, aunque gradualmente, no vaya a ser que me dé un jamacuco. La indignación nuestra de todos los días se refiere hoy a la noticia del comienzo de la selectividad, donde se recalca que este año los alumnos tendrán que sacar al menos un 5,5 (en lugar de un 5) si quieren beca. Ya la semana pasada el "magnífico" rector de mi ilustre universidad nos envió a todos un correo asegurando que "Los rectores no podemos admitir las propuestas del RD en las actuales circunstancias, porque atentan directamente a la igualdad de oportunidades, especialmente en un contexto de depresión económica". También nos enlazaba el documento de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), firmado por estos "magníficos" y "magníficas" entes pensantes (ignoro si acudieron en Audi, en Vespa, con chófer o con choferesa tipo oteliña), que ratifica la decisión: "Con respecto al proyecto de Real Decreto por el que se establecen los umbrales de renta y patrimonio familiar y las cuantías de las becas para el curso 2012-2013, los
rectores han informado desfavorablemente sobre este punto".
Pues bien, yo, y como yo creo que muchos más, informo muy desfavorablemente sobre esta decisión de nuestros "magníficos" rectores, a los que sospecho que si Unamuno se los echara a la cara les diría palabras menos amables de las que dirigió a Millán Astray. De modo que con la que está cayendo estos "m... mierdas" se oponen a que se suba la nota de 5 a 5,5 y sea necesario superar el 100% de los créditos. ¡A dónde hemos llegado! Quisiera que los que no sois docentes vierais el nivel académico que tienen los alumnos que sacan un 5,5. ¡Pero si es que la beca no la merecen ni los del 7! Aunque claro, ellos no tienen la culpa -lo digo en serio-; desde pequeños se les ha criado en la cultura del todo es gratis, las palabras esfuerzo y sacrificio hace tiempo que perdieron su significado. Quien de verdad vale para estudiar sale adelante como salía en mis tiempos, en que la beca se la daban al que realmente no tenía recursos, con nota de sobresaliente. Estamos criando una generación de vagos, las becas van destinadas a pagar las botellonas y los coches tuneados, y sé de lo que me hablo, y estos señores rectores se oponen a una medida que a todas luces se queda corta, incluso en los tiempos que corren.
Desde luego, visto lo visto, y si tenemos que juntar esfuerzos, lo llevamos claro. Mi único consuelo es que, por los comentarios que leo en prensa, la opinión pública de todos los signos políticos está claramente en contra del comunicado de los rectores. Lo de siempre: los que nos gobiernan son mil veces peores que los gobernados.
¡País...! ¡Región...! ¡Provincia...!