lunes, 19 de agosto de 2013

Todas las noches


Todas las noches llaman a mi puerta, pero yo ya no quiero verlos. Me amparo en el silencio, y lo que un día fueron risas resuenan como aullidos en el cráneo de los amantes muertos. Entonces aprieto los labios, y cierro fuerte los párpados hasta que el gris se vuelve tiniebla, y mis dedos empujan por dentro los oídos, pero todo es vano: un resplandor de muerte penetra poco a poco en todo mi ser, y ya no me abandona hasta el amanecer. El día es un pánico creciente a la visita ineludible, y ya no sé cuándo han llegado y cuándo temo que ya están aquí; el sufrimiento es el mismo. Tendré que dejarles entrar, quizás mañana, no puedo resistir muchas más noches. Y sé que entonces habrá llegado el fin, la voz de los amigos del pasado recorrerá mi estancia; todos los himnos, todos los libros, las horas vomitadas de la juventud. Seré arrastrado por la inmundicia acumulada hacia un destino incierto, negro y pavoroso.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

Monsieur Ridao:
¡Pues sí que está usted bien? ¡Con pensamientos tan negros!
Salga de paseo con sus hijos y, o vuelve para colgarse de una viga o vuelve más contento que unas pascuas!
(Mejor lo segundo).
En cuanto a libros, he oído hablar del iberlibro pero es que ya no puedo comprar más libros de papel. Imposible.
Salu2 béticos.

José Miguel Ridao dijo...

Me colgaré de la viga y luego volveré para contar la experiencia, jeje.