viernes, 19 de noviembre de 2021

La felicidad era eso

Dormir sin que un perro rabioso

te arranque las entrañas.

Despertar cada noche mil veces

y alargar el brazo hasta tocarte.

Nunca tener miedo, porque juntos

éramos invulnerables.

Mirar atrás, delante y a los lados

y comprobar que el sol iluminaba

por todas partes nuestra vida.

Y nunca temer a la muerte,

ni siquiera cuando llamó a la puerta

y entró para quedarse con nosotros,

fría, muda, insistente,

y le hicimos un huequito

en nuestra dicha inocente,

hasta el día en que por fin

te arrebató a la fuerza de mi lado,

cumpliendo lo anunciado,

sin sorpresas,

para siempre.


La felicidad era eso,

tu presencia iluminada,

tu cuerpo enamorado,

los ojos que me hablaban

cuando tu voz ya no se oía.

La felicidad eras tú.

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