No hay pastilla para este dolor. Ni terapia. Ni remedio. No es dolor, es vacío, es pérdida inapelable. No hay descanso tampoco. Los recuerdos dulces se hacen amargos. Y duelen. Y no importa que pase el tiempo, como me decían. Si acaso lo acrecienta, porque estoy más lejos de la dicha. Quizás no es bueno haber sido tan feliz. No lo sé. Hace tiempo que ya no sé nada.
Un gol a las arcas públicas: ¿genera turismo el ascenso a Primera División?
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Por Marina Hernández, Carmen García, Juan Luis Jiménez y María Santana
Gallego Nota de los autores: este artículo se encuentra en evaluación, por
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Hace 17 horas
