De vez en cuando cogías tu guitarra junto a la chimenea y los trémolos brotaban como por encanto. Y me mirabas de hito en hito. Y al final me sonreías. Y simplemente así éramos felices. Nadie ha vuelto a coger esa guitarra que tú tocabas ya de niña. Descansa apoyada en un rincón del salón de Alájar, junto con otra que era mía pero jamás aprendí a tocar, esperando unas manos que ya nunca la acariciarán, y yo esperando una sonrisa y unos ojos dulces que sólo subsisten en mi recuerdo.
La alondra ascendiendo
-
No sé por qué extraño motivo, hoy me he puesto el disco de la fantasía *The
Lark Ascending* (La alondra ascendiendo) de Ralph Vaughan Williams
(1872-1958...
Hace 4 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario