La felicidad es buscar algo con ilusión, especialmente el amor; la plenitud consiste en encontrarlo. Cuando alguien halla un sucedáneo del amor debe sustituir su anhelo por otro objeto que dé sentido a sus afanes. Al encontrar un ser afortunado el amor verdadero puede decir que ha llegado a casa, y ha tenido la fortuna de alcanzar lo que tantas personas, incluso las más grandes (especialmente ellas) jamás lograron. Pero entonces aparece la muerte, inevitablemente, y si esta se adelanta al curso natural de la vida, el alma se precipita en un pozo tan oscuro y tan hondo que jamás se puede remontar. A pesar de todo, aunque con muchas dudas, damos en creer que ha merecido la pena conocer la luz.
MEDITACIONES SOBRE LA CONTEMPLACIÓN
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Queridos lectores:
Entre julio y agosto de 2016 escribí, durante mis vacaciones de
verano, un ensayo titulado *Meditaciones sobre l...
Hace 2 días
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