sábado, 18 de diciembre de 2010

Economía en 47 minutos


Cae una tromba de agua tremenda, y hay quien no sabe qué hacer en este sábado. Qué mejor que dedicar un ratito a aprender Economía. Falta os hace, ¿o es que alguien que no haya hecho la carrera ha estudiado Economía alguna vez? Y el que no tenga tiempo, que guarde la entrada para otro momento.

Voy a poner dos vídeos. El primero, del profesor Julián Pavón, dura 12 minutos, por lo que no sabréis tanto como Zapatero. Explica de manera muy didáctica las medidas contra la crisis (las deseables y las reales) desde un punto de vista keynesiano. El análisis es demasiado simplista, pero se le entiende bien al hombre, y pone una cara de satisfacción que entran ganas de aplaudirle.



El segundo vídeo es para nota. Dura 35 minutos, ya sé que no disponéis de ese tiempo, pero pensad que es una lección de más de media hora, luego sabréis más que ZP. En todo caso, ved el último minuto, que no tiene desperdicio. Se trata de una entrevista al profesor Huerta de Soto, posiblemente el economista español más brillante del momento, ultraliberal, eximio representante de la antigua escuela austríaca, con propuestas tan sorprendentes como el regreso al patrón oro. No es que yo esté muy de acuerdo con algunos de sus planteamientos, pero reconozco que su análisis es de una lucidez fuera de lo común.



Ea, pues con este bagaje ya podéis ir por esos mundos opinando de Economía, y sobre todo riendo a mandíbula batiente de lo que dicen los políticos.

P.S. Huerta de Soto tiene una cara de listo que te cagas, y el otro... no.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Apuntes (XVIV): La noria de las vanidades


Brilla la codicia en los ojos de los poetas. Creen trascender la vida mientras mendigan unas migajas de grandeza que justifiquen su esfuerzo trascendente. Los menos no están a la altura de su obra. Los más, para su vergüenza, sí.


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Si alguna vez me pidieran una foto para aparecer en prensa, prometo no poner el dedo índice sobre mi frente ni calzarme para la ocasión unas gafas redondas de montura fina.

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Todo retorno es partir de cero, como si nada hubiera pasado y todo estuviera por pasar. Un paso más en la noria de la vida, que gira a nuestros pies mientras andamos sin que nos demos cuenta, cegados por la ilusión de que avanzamos sin cesar.

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No hay que confundir vanidad con vacuidad. Todos somos, en mayor o menor medida, vanos, pero algunos distamos mucho de estar vacíos.

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Quien rompe su falsa modestia con un alarde de inmodestia no hace sino volver a pecar de falsa modestia, y así ad infinitum, ergo se trata de un vicio incurable, aunque poco dañino.

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El club de los poetas muertos... La feria de las vanidades. ¡Muera el exhibicionismo y la impostura! ¡Arriba la autenticidad!

jueves, 16 de diciembre de 2010

Bendita inocencia


La siguiente nota apareció encima de una mesa firmada por una personita de nueve años muy cercana a mí. Sobran los comentarios.

CARTA A LOS REYES MAGOS

Hola, quería preguntaros si de verdad existís, ¿cómo voy a saber si es cierto lo que me decís?

Si no sois los Reyes Magos, ¿cómo hacéis para que no os vean?

El ratoncito Pérez yo ya sé que no existe porque vi a mi madre o a ti poniendo el regalo.

¿Cómo sabe E. que existís o no existís? Él no me lo quiere contar, por eso os lo pregunto a ti o a vosotros.

Si eres tú, mamá, ya sabes lo que me gustaría. Si sois vosotros, me gustaría una máquina de pegatinas.

Á.

Shop of shops


Descubro hoy en el blog de
Enrique García Máiquez un vídeo que me hace vibrar de emoción.



Qué mejor lugar que un centro comercial lleno de gente para que estallen luminosos los sones del Mesías de Haendel. La primera reacción de la gente es de sorpresa; luego, a medida que se van incorporando nuevas voces, la sorpresa torna en emoción, y los que pueden, que no son pocos, se unen al coro y cantan exultantes al Rey de Reyes, al Señor de Señores, a la Navidad o a lo que cada uno de ellos entienda por jubiloso y alegre. Cualquier excusa es buena para entonar el Aleluya y proseguir con las compras imbuidos por un espíritu solidario y festivo, gastando dinero en felicidad.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Apuntes (XLIII): Metáforas repentistas


Cuando falta la inspiración hay una manera fácil de encontrarla: leer a ciertos autores. Cada uno tiene el suyo; el mío es, cómo no, Pessoa, y por eso está siempre en mi mesilla de noche.


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"... Que llega a fingir que es dolor / El dolor que de veras siente". Si uno piensa detenidamente en estos versos de Pessoa, referidos al poeta como fingidor, se vuelve loco. El genio portugués era un embaucador; fingía como nadie, hasta el punto de que los lectores no somos capaces de desmontar su castillo de naipes, que tan a conciencia construyó con el alambique de su pluma.

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"El alambique de su pluma" es una metáfora pasable, valga la falsa modestia -ejem.-, uno de esos descubrimientos que brotan de vez en cuando del bolígrafo o de la pluma, o incluso (no es el caso) de los dedos sobre el teclado, sin buscarlos, así de pronto, como si la metáfora ya estuviera trazada en la tinta antes de salir por la bola mágica de Biro -vaya, otra metáfora repentista-.

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Leo a Benedetti y quedo deslumbrado por su prosa repleta de modismos rioplatenses. ¡Y qué ternura al relatar!

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Cuando ya no tenga más cosas que contar estaré muerto.

martes, 14 de diciembre de 2010

Apuntes (XLII): Píldoras


Intento hacer apuntes largos y me salen cortos, siempre cortos. Mi escritura tiende a lo sintético, a decir mucho en poco espacio, siempre abriendo puertas a la aportación del lector. En lugar de dar todo mascado suministro píldoras, a veces muy difíciles de digerir.


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Es una gran ventaja cifrar todas las esperanzas de felicidad en el resultado de un partido de fútbol: incluso perdiendo, siempre hay revancha.

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El culto al deporte es mucho mejor que el culto al cuerpo. Una cosa es el corpore sano y otra muy distinta el corpore sancto.

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Escribir por escribir, sin presión pero con pasión y rigor, lo justo para satisfacernos a nosotros mismos, no a los demás.

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El humor es la otra cara de ese bufón mentiroso al que llamamos realidad.

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Lo que ayer era un mundo es hoy una casa acogedora. Sic transit gloria homini...

lunes, 13 de diciembre de 2010

De e-books y otras maravillas

¡He pedido a los Reyes Magos uno de esos libros electrónicos! Es la caña. Además de poder leer infinidad de libros (no sé cuántos miles caben en la memoria) en una pantalla que simula perfectamente la tinta en el papel (e-ink), resulta que se puede guarrear a placer subrayando, haciendo monigotes o lo que queramos. Este milagro se consigue gracias a la pantalla táctil de alta sensibilidad. Las anotaciones se pueden hacer con un puntero o incluso con el dedo (absténganse temporeros del campo). No digo la marca para no hacer publicidad (no sé cómo borrarla de la foto). Ya estoy deseando tenerlo; seré bueno hasta el día 6 de enero.

A continuación, para aleccionaros en este tema tan apasionante, voy a hacer una serie de precisiones terminológicas: un e-book, en español libro electrónico, es un conjunto de bytes que circulan por Internet y que uno se puede descargar en un formato, por ejemplo pdf, en un dispositivo tal como un ordenador de sobremesa, un portátil (notebook), un miniportátil (netbook), un tablet (por ejemplo el famoso i-pad) o un dispositivo especialmente diseñado para leer libros electrónicos, denominado e-reader (en español, lector electrónico). Resumiendo, en formato electrónico hay que distinguir entre el libro (bytes que se descargan por Internet) y el soporte para leerlo (idealmente, el e-reader). En el formato tradicional, sin embargo, libro y soporte forman un todo indisoluble.

Así pues, lo que me van a traer los Reyes es un e-reader, pero seguro que si lo digo al principio no me habríais entendido. Ya os contaré el día 7, a estas horas debéis de estar muertos de envidia (no vale copiarse).

P.S. Y lo que voy a ahorrarme en libros de papel...

P.P.S. Me parece oír removerse en las profundidades a los habitantes de las cavernas de papel...

P.P.P.S. Ahora bien, si se trata de publicar yo, en papel por supuesto, qué es esa horterada de los libros electrónicos...

Canallas impunes


Uno está ya, por desgracia, curado de espanto, pero este fin de semana me ha impactado una noticia aparecida en los diarios sevillanos:
Un joven mata a otro con un coche tras discutir en una cena de Navidad. El detenido arrolló a la víctima tras comprobar que le habían roto un espejo retrovisor a su vehículo. El conductor y su acompañante, que también está arrestado, se dieron a la fuga sin prestar auxilio al fallecido. El conductor fue detenido tres horas después en su domicilio mientras dormía.
Un comentarista de la noticia decía lo siguiente:
Esta ciudad se está convirtiendo en una selva y para muestra las dos muertes por atropello y lo siguiente: un niñato, piercings por toda la cara, pelo largo pelirrojo; un coche de minusválido que no pone el intermitente para incorporarse al carril de la derecha; la reaccion del energúmeno es cruzarle el coche delante, bajarse y liarse a patadas en la puerta, gritándole y amenazándole con soltar un pitbull que llevaba en el coche.
En el resto de comentarios se reflexiona que la culpa es de todos nosotros, que así educamos a nuestros hijos, que esta sociedad es la que hemos creado, que hay que endurecer las penas, que el causante de este comportamiento es la cocaína (habría que ver por qué se consume cocaína), que el gobierno actual no aplica mano dura, que el que venga sí lo hará para ganar las elecciones...

No sé la causa de esta situación lamentable, ni tampoco la solución, pero tengo claras dos cosas:

1. La impunidad actual de los delincuentes es intolerable.

2. No creo en la reinserción; la cárcel debe ser un castigo puro y (muy) duro.

Muchos dicen que no hay que legislar en caliente, pero al ritmo que vamos nunca va a dar tiempo a que se enfríen los cadáveres.
Mientras tanto, lo que yo siento es miedo. Por todos los que quiero, y en especial por mis hijos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El adagio de Barber


I absolutely adore this music. As much as it is beautiful, it is sad. Every time I hear it, I am torn between its beauty and how sad it is. It always reminds me of war and the people who have been killed and the people they have left behind. It moves me every time. I honestly don't think I have heard another piece of music that is so beautiful or emotional.

youtube. 40girton



El compositor norteamericano Samuel Barber compuso su Adagio for strings en 1936, con 26 años de edad. Así sonó el estreno de esta obra el 11 de mayo de 1938, dirigida por el gran Arturo Toscanini. Un crítico dijo que "estaba llena de pathos y de pasión catárquica; raramente deja los ojos secos". En ese año de 1938 los Estados Unidos estaban sumidos en una depresión, y la alemania de Hitler empujaba al mundo hacia la guerra. España se desangraba en una guerra fraticida, y el horror más atroz estaba por llegar. Y después llegaron más guerras, muchas más, y los hombres se siguen matando a día de hoy.


En palabras de la historiadora musical Barbara Heyman, "nunca tenemos la mínima duda sobre de qué va esta pieza; hay una especie de tristeza y poesía en ella; tiene un aire melódico que alcanza un clímax, como un gran suspiro... y después se exhala y desaparece entre la nada".

Por encima de todo este adagio es bello y melancólico, y su tristeza sirve a la perfección como banda sonora de la guerra; una música que hace recapacitar sobre la barbarie humana; una música que seguramente conmueve a los mismos bárbaros.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Apuntes (XLI): de inmunidades


Stately, plump Buck Mulligan me saluda desde la primera página, mientras que yo, no demasiado convencido, contemplo intimidado el grosor de las otras novecientas treinta y dos.


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Es sorprendente el clima de diciembre en éste mi hogar del sur. Tan pronto andamos por la calle ateridos de frío como el agua cae en tromba de un cielo negro, y ahora escribo estos apuntes al sol en mangas de camisa, sentado en la terraza de un bar.

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Y sin embargo, ¿qué se gana con todo eso que deseamos? Sólo el deseo en sí mismo, el combustible que nos hace perseguir lo inalcanzable, con más o menos sufrimiento. Algunos envidian a los muertos en vida, sumidos en su existencia vegetal que no precisa de retos ni de ilusiones, anclados a la tierra que les vio nacer, sin esperanza, con dolor del cuerpo pero nunca del alma. Algunas veces, algunos envidian a los inmunes.

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Me dice Fernando que mi cuaderno es cada vez más Pessoano, y me lo tomo como una halagadora advertencia. Nunca se debe bajar la guardia ante los genios fagocitadores.

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Esta noche, velada grande de Los Mercuriales. Me acordaré mucho de ellos, ya lo vengo haciendo los últimos días. Intuyo que llegan buenos tiempos, y espero no faltar a más citas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Apuntes (XL): Uno, que es profesional...


Me atrae el verso por encima de la prosa. La lírica tiene algo mágico, indescifrable, que invita a disfrutarla y, si es posible, cultivarla. Qué sencillos se me antojan mis párrafos, que fluyen sin esfuerzo, nunca perfectos pero dignos, al lado de esa revelación por la palabra que hay que limpiar, despojar de letras superfluas, como hacía Miguel Ángel con el bloque de mármol. Yo me conformo con quedar a mitad de camino, pues entonces en una vida más alcanzaría a contemplar el misterio.


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De vuelta no sé de dónde, ni por cuánto tiempo, ni por qué.

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Como se escribe en la calle, en un sitio público, no se escribe en el hogar, por mucha soledad que uno se procure. El peso de lo cotidiano aborta la inspiración.

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Otra vez el tono, ese santo grial elusivo que se me resiste, pero al que someteré sin piedad.

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No hace falta que uno se refiera a sí mismo como uno cada vez que uno aparece en primera persona en el diario de uno, salvo que uno quiera escribir como Trapiello.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El lamento de Munch



Me detengo abatido ante la fuerza
emergente y subterránea,
antigua visitante de los hombres.
Contemplo el llanto, el grito,
la insólita serenidad del doliente,
teñida de negro y de miseria.
Sólo queda el dolor sin esperanza,
la súbita tristeza,
la desesperación.
Si no tengo dolor, yo no soy nada.





La pintura de Edvard Munch es de una belleza aterradora, como sólo se encuentra en los que tratan de cerca con la muerte. La muerte en su expresión más cotidiana pero no por ello menos angustiante; la muerte como rito antiguo, implacable y terrible; el llanto de los familiares y de los amigos; el imposible consuelo mutuo consumado en un abrazo sin esperanza; los velorios de niños muertos, más tristes que la tristeza; el luto inacabable de las viudas de antaño, cuando el muerto estaba presente toda la vida, y no se enterraba su memoria en la tumba. Y también la muerte como desesperación, como grito horrendo bajo un cielo de color rojo caldera hecho con trazos sinuosos, asomada a una baranda que da a las aguas de un fiordo que se intuye negro y profundo. Pero donde Munch de verdad se acerca al significado de la muerte para el hombre, donde condensa el sentimiento de aflicción, es en los ojos sin cara de la mujer que pintó en 1885, que aparece al fondo de la habitación junto al lecho de muerte.

viernes, 3 de diciembre de 2010

El blog como reducto de la fe

He venido observando desde que empecé en esto la gran cantidad de blogs cuyos dueños son católicos "militantes", que además hacen numerosas entradas y comentarios en defensa de los valores cristianos; es decir, usan su cuaderno como instrumento para defender su fe y extenderla. También hay muchísimos otros blogs que no son de este estilo pero a los que se nota una fuerte presencia de valores religiosos, reflejo de las creencias de sus dueños. Lo que me sorprende es la alta proporción de blogs de estas características, muy superior a la proporción de creyentes en el total de la sociedad. Desde luego, no tengo datos estadísticos sobre este hecho, y puede también que mi entorno concreto haga que yo lea más blogs de este tipo. En cualquier caso, veo dos factores que pueden explicar este fenómeno:

1. En nuestra sociedad los cristianos están en cierto modo "perseguidos"; cuando menos están mal vistos. El blog les da la oportunidad de expresarse libremente, en el sentido amplio que tiene esta expresión (¡las vueltas que da el mundo!).

2. Internet es un medio ideal para hacer proselitismo, objetivo primordial en muchas religiones, y favorecido por la militancia en congregaciones religiosas.

Y otra cosa que he percibido es que en las entradas que se refieren directamente a la religión no se produce generalmente un debate, sino que más bien suele haber comentarios de asentimiento, y la mínima discrepancia es con frecuencia mal recibida. Tengo la sensación de que la misma libertad que a veces se niega a los creyentes éstos la niegan a los no creyentes. Entiendo que en cuestión de fe y otros asuntos de ética cristiana es difícil mover las posturas, pero observo falta de tolerancia con las opiniones ajenas. Por supuesto, es posible que me equivoque. No sé si mi percepción está lejos de la realidad, pero aquí lo dejo, de la manera más objetiva posible, a sabiendas de que se trata de un tema delicado.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Toilet restaurant


Me manda un correo mi compañero mercurial José Manuel Gómez Fernández, proveedor inestimable de material "oloroso" para mi blog, y no puedo menos que aprovechar el género. Son muchos los que se asombran e incluso se cachondean de mí por los lugares que elijo para escribir, que a estas alturas todos los que me leen ya conocen. Pues bien, os aseguro que nunca se me ha ocurrido llevarme un bocadillo a la sala de escritura; reconozco que me da asco. Sin embargo, vean cómo se las gastan en un restaurante de Taiwan:


¿Alguien gusta un heladito de postre?


¿No es adorablemente disgusting?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los invisibles

Sigo dando vueltas a las ventajas y desventajas de ser invisible. Si la invisibilidad es física las ventajas son evidentes, y a más de uno se le hace la boca agua, aunque si los invisibles no están provistos de un botón de on-off, el asunto puede resultar bastante engorroso, por no decir insufrible. Al no poder manifestarnos a los demás sino por el tacto, todos huirían despavoridos ante el contacto de nuestra gélida mano, y tratar de comunicarnos por la voz no mejoraría mucho la cosa. Seríamos unos proscritos, perderíamos nuestra condición social y acabaríamos hundidos en la miseria, deprimidos y finalmente muertos víctima de nuestra incomunicación (el hombre es un animal social), a no ser que hubiera más hombres y mujeres invisibles, y en este caso formaríamos un grupo temible, parásito de la raza visible, aunque el experimento acabaría probablemente en guerra fraticida.

Pero la invisibilidad que me interesa, dado que la física es una quimera, es la social; es decir, la de aquellos que tratan de pasar desapercibidos, cuyas acciones no se notan, que no se vanaglorian de sus actos y son ninguneados por sus semejantes, que miran a través de ellos por no considerarlos un riesgo para sus intereses. Estas personas se escapan de la sociedad competitiva que impera en la actualidad en casi todas las esferas: laboral, intelectual, religiosa, etc. En realidad no son invisibles del todo, pues hay personas que sí se fijan en ellos, sobre todo si los valores que los adornan son elevados, cosa que suele suceder, pues los canallas tratan de hacerse cuanto más visibles mejor. A estos hombres invisibles no les falta compañía ni consuelo: simplemente se rodean de otras personas invisibles o semiinvisibles que les nutren de alimentos enjundiosos, y rechazan los afanes vacíos, carentes de sentido, cada vez más frecuentes en todas las clases sociales.

El mundo no es un escenario destinado a la guerra ni a la exhibición de vistosos plumajes, por mucho que la mayoría así lo piense y nos eduquen para ello. Si la raza de los invisibles (ojo: no inmortales ni intocables, a éstos los rechazo) reinara, entonces poco a poco los contornos se irían definiendo, después los miembros, al fin todo el cuerpo y, en un estadío supremo pero alcanzable, eso que se da en llamar alma y que es lo más precioso que albergamos. El manto protector ya no sería necesario. El triunfo de la raza de los invisibles supondría el fin de la invisibilidad.

P.S. Valiente invisible estoy yo hecho, con este blog. Cuando menos, soy muy visible virtualmente.