sábado, 4 de abril de 2026

Conocer la luz

La felicidad es buscar algo con ilusión, especialmente el amor; la plenitud consiste en encontrarlo. Cuando alguien halla un sucedáneo del amor debe sustituir su anhelo por otro objeto que dé sentido a sus afanes. Al encontrar un ser afortunado el amor verdadero puede decir que ha llegado a casa, y ha tenido la fortuna de alcanzar lo que tantas personas, incluso las más grandes (especialmente ellas) jamás lograron. Pero entonces aparece la muerte, inevitablemente, y si esta se adelanta al curso natural de la vida, el alma se precipita en un pozo tan oscuro y tan hondo que jamás se puede remontar. A pesar de todo, aunque con muchas dudas, damos en creer que ha merecido la pena conocer la luz.

viernes, 3 de abril de 2026

Marga Gil Roësset



Resulta de una tristeza infinita, pero por desgracia se puede morir de amor.

“… Y es que… Ya no quiero vivir sin ti… no… ya no puedo vivir sin ti… … tú, como sí puedes vivir sin mí… … debes vivir sin mí…”
“Mi amor es infinito!…La muerte es… infinita… el mar es infinito… la soledad infinita… yo con ellos… yo… con lo infinito…” “Qué dulce es el amanecer del día último…”
Marga Gil Roësset. Diario

Marga era de verdoso alabastro, con ojos hermosos y tristes, y pelo liso castaño… Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro… 
Juan Ramón Jiménez

 


domingo, 29 de marzo de 2026

Pasión


De nuevo, un domingo de Ramos más, asisto a una Pasión de Bach. La vida me concedió una prórroga el año pasado cuando estaba a punto de entrar a la sala donde se representaba la Pasión según San Juan en el día de mi cumpleaños, también domingo de Ramos y aniversario del día más emocionante de mi vida hace ya 29 años (¡parece mentira cuánto duele aún al recordarlo!). Me dio una prórroga la vida, decía, porque acabé en el hospital en vez de en el Teatro, y salí de allí con cuatro muelles de más y la promesa de que nada sería ya igual; nadie sabía hasta qué punto sonaban vacías esas palabras en mi corazón, nunca mejor dicho. Cansancio extremo, rehabilitación, precauciones con la dieta, nada del otro mundo en realidad… Me negué a seguir levantando y soltando pesas como si fuese un sísifo moderno que no tiene culpa ninguna. Me siento igual que antes del pequeño gran susto, y sigo aguardando la muerte, que espero me visite con todos mis seres queridos en paz y en estado de revista. En cuanto a mí, hace ya tiempo que no me asusta nada la visita de esa vieja señora, y como aún no ha venido a acompañarme aproveché hoy, un año después, para acudir a la Pasión según San Mateo, esta vez con Gonzalo.

Siempre me pasa: en cuanto empiezo a escuchar esta obra sublime me convierto en creyente por unas horas. Lamentablemente, ya se me está pasando el efecto, pero cuánto comprende uno la unción de los hijos de la Reforma, su confianza en la redención de todos los pecados y en la Salvación, así con mayúsculas, por no hablar de la resurrección de los muertos.

Yo a estas alturas del día, una vez vuelto a mí antiguo y escéptico ser, sé que no tengo nada de lo que salvarme, pero no estaría mal dejar de transitar este valle de lágrimas, o al menos encontrar algún sentido a los días que aún me quedan, que no sé si serán muchos o pocos, pero sí se antojan sin sustancia desde que desapareció la dicha.

martes, 24 de febrero de 2026

Música para un duelo eterno

 


La música de Chopin duele en el alma, porque describe con una exactitud tenebrosa el duelo, la pérdida. No importa el tiempo que haya pasado; siento todos los días tu presencia ausente, yo diría que a todas horas, y muy dolorosamene durante la noche. El piano no proporciona consuelo, porque sus notas se clavan como agujas finísimas. No produce melancolía, pero tampoco intensifica el dolor latente. Es simplemente la música de los espíritus que no existen, la música de una plenitud que no volverá.