Hoy voy a tratar de poner el dedo, y el que no tenga llaga que tire la primera piedra. ¿Por qué humildad y brillantez están tan reñidas? Puede que no sea así, pero es lo que yo detecto en la mayoría de los casos. El que se sabe brillante gasta muchas energías en proclamar a los cuatro vientos su maestría, y anhela el reconocimiento. Incluso los que dicen que poco les importa la gloria, y lo llegan a proclamar en sus escritos, lo hacen con la esperanza de que sus palabras queden para la eternidad; quieren dejar una huella indeleble que les haga ser venerados después de muertos.
Y hay algo mucho más triste: así actúan también los que hacen gala de méritos que no tienen ni por asomo; los que se creen la pera sin llegar a aceituna. Aunque, bien pensado, mueren igual de felices que los tocados por las musas, y tienen el mismo destino: el olvido, antes o después. Aunque sea cuando se acabe el mundo.
Chéjov
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Un clavo en la pared, -usted, señor Chéjov, exige mucho.
Nota.-
*Antón Pávlovich Chéjov* (1860-1904) murió demasiado joven en el balneario
de Bade...
Hace 17 horas





