Giacinto Scelsi
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Giacinto Scelsi afirmaba que en su música no había influencias de nadie.
Aseguraba que ni siquiera su personalidad y su pensamiento influían en su
obra....
Hace 12 horas
El cuaderno de José Miguel Ridao
Larga vida, inmortalidad, permanencia, huida del olvido, querencia por lo humano, respeto por lo divino, miedo a las tinieblas, a lo oscuro, a lo incierto, a lo desconocido. Nos empeñamos en engañar al heraldo de la muerte y esquivar su guadaña, pero éste acude puntual a la cita y siega sin compasión, haciendo su trabajo, como ha sido siempre, desde el inicio de los tiempos. Ante lo irremisible buscamos desesperados un asidero, quien tiene fe descansa y pierde el miedo, su largo penar termina en la certidumbre del buen tránsito, de la luz al otro lado, y ya no teme a la guadaña, la aguarda con descaro, desafiante, inmune a su mal aliento, pero a veces duda, y sufre; lo que pase después sólo él lo sabe, o no lo sabe, porque a lo mejor ya no es. Quien se resiste al mensaje divino, o lo acepta sólo a medias, o lo acepta del todo pero no pierde el miedo, es presa del pánico cuando ve que se acerca el mensajero terrible, y llora, y trata de agarrarse a la vida, pero no puede, y deja de existir, o no... Si sigue siendo, es él quien lo sabe; si no, ya nadie lo sabrá. También hay quien no piensa en ese jinete funesto, que sólo lo ve en el último momento, cuando le tira del cabello para no fallar el golpe, y a ésos no les da tiempo a sentir miedo, son los que más han aprovechado su vida, son los más listos, o los más incautos, o los más primitivos, pero son, y su destino es el mismo, y dejarán de ser o no, igual que los demás.
Llevo un tiempo dando vueltas a un fenómeno curioso entre tantos otros que suceden en estos andurriales blogueros. Y tiene mucho que ver con la conocida predicción hecha a principios del siglo XIX por Robert Malthus, que por cierto ha pasado por ella a la posteridad siendo ésta, en mi opinión, la más débil entre sus grandes aportaciones a la ciencia económica. Decía Malthus, más o menos, que los recursos naturales crecen en progresión aritmética (poco a poco), mientras que la población lo hace de forma exponencial, y como se suele decir “esto no se pué aguantá” por mucho tiempo. Nuestro hombre pronosticaba, optimista que era, una autorregulación de la población a base de guerras, plagas y desastres varios.