miércoles, 12 de enero de 2011

Terror en el hospital


El pasado lunes me sucedió uno de los episodios más estrambóticos que recuerdo. Estaba con mi familia en la habitación de un hospital donde operaban a mi padre (todo fue bien, gracias a Dios), y entró una limpiadora con aire misterioso provista de unos rollos de papel higiénico. Nos miraba a hurtadillas, y finalmente preguntó si hacía falta papel para el baño. Le dijimos que entrara a comprobarlo, y tras hacerlo se marchó. A los dos o tres minutos entró de nuevo con sus rollos de papel y volvió a escudriñar nuestras caras con cierto disimulo, hasta que finalmente se dirigió a mí con estas palabras:

- Cuando usted pueda venga a hablar conmigo, por favor.

A estas alturas todos nos habíamos olvidado de mi padre, al que un enfermero se llevaba en esos momentos en una camilla rumbo al quirófano, y centrábamos nuestro interés en el motivo de tan misterioso requerimiento. Yo no las tenía todas conmigo, pero hice de tripas corazón y salí al pasillo. Enseguida vi el carrito de la limpieza junto a la habitación de al lado. Allí charlaban con aire conspiratorio la limpiadora y una señora. Al verme, la primera hizo un gesto a la segunda y ésta me invitó a pasar. Salió la limpiadora y quedé solo (o eso creía yo) con ella. Podría tener unos cincuenta y cinco años, de rostro curtido, seguramente por el trabajo en el campo, pelo rubio y ojos azules, con una expresión muy dulce. Se dirigió a mí en estos términos:

- Verá usted, resulta que hace un rato pasé por delante de su habitación y, al estar la puerta abierta, oí la conversación que mantenían. Así he sabido que necesita alguien para trabajar en su casa, y me he permitido el atrevimiento de hablar con usted. Al no saber cómo hacerlo, he pedido ayuda a la limpiadora.

Quedaba resuelto el misterio del papel higiénico. La maniobra de aproximación me resultó un tanto extraña, pero como he visto cosas más raras tampoco le di mayor importancia, y además era cierto que necesitaba con cierta urgencia a alguien para trabajar en casa. Así, le dije:

- ¿No trabaja usted ahora?

Ella me indicó con un gesto la cama que había a su lado, en la que no había reparado. Entonces, mis ojos se posaron en la cosa más terrorífica que han contemplado nunca. Allí yacía lo que en algún momento (y lo digo con pena) había sido un ser humano. Se trataba de una anciana cuyo rostro estaba totalmente apergaminado, de un color violáceo, con la boca torcida en una mueca grotesca y una sonda cogida milagrosamente a través de su nariz. Ni en las películas de terror, ni en mis peores pesadillas he visto algo tan espantoso, y lo tenía ahí, a dos palmos, y no era una momia inerte, sino que al parecer respiraba y su corazón latía. La buena mujer me dijo:

- La cuido desde hace ocho años, pero ya se está acabando.

- ¿Y qué tiene? Dije yo, por no callar.

- Gangrena. Le van a cortar la pierna, pero su corazón no resistirá la operación. Tiene más de noventa años.

Ella me decía todo esto con una voz dulcísima, entre resignada y triste. Yo no daba crédito a lo que estaba oyendo y, sobre todo, viendo. Como no sabía muy bien el modo de salir de aquel atolladero, le pregunté por su experiencia, referencias y demás, y le dije que podríamos concertar una entrevista. Al preguntarle cuándo, me señaló a la enferma y dijo tristemente:

- Vamos a ver qué nos dice el médico.

Insistió en darme su número de teléfono, lo cogí y escapé de allí con los pelos de punta. Al llegar de nuevo a mi habitación estaban todos expectantes, como es lógico - a todo esto, cuando mi madre volvió de acompañar a mi padre al quirófano vio que yo no estaba, preguntó a la limpiadora y al verme charlando seriamente con una señora se pensó que eran malas noticias de mi padre y un poco más y se muere del susto-. Yo empecé a contar la experiencia, y cuando llegué a la descripción de la pobre enferma en la cama los gestos compungidos se mezclaban con algunas tosecillas sofocadas con un pañuelo. Pero cuando alcancé el desenlace, y referí que la señora estaba esperando un parte médico para incorporarse en mi casa, las risas reprimidas se volvieron carcajadas generalizadas. Mi hermano Jorge y yo nos revolcábamos por el suelo, literalmente descojonados.

¡Qué gran invento, la risa!

martes, 11 de enero de 2011

Arbeit macht nicht frei!

Desde aquí proclamo que odio el culto al trabajo, y desconfío de los que me aconsejan trabajar sin desmayo para mejorar, en mi vida o en mi escritura. No comprendo a esas personas obsesionadas con su trabajo, celosas del mismo, máquinas de incrementar los beneficios de su empresa, esclavos de la productividad. Yo mido la productividad no en piezas por hora, sino en felicidad por segundo. No vendo mi tiempo al engranaje capitalista, aunque le rindo gustoso mi tributo, que me permite ser feliz. Miente quien dice que es en el trabajo donde se realizan las personas; me asustan los que anteponen su profesión a todo lo demás; detesto el culto al dios empresa. ¡El dinero me aterra! Sí, me aterra como instrumento de odio, como vehículo de la ambición, como cuña que penetra en los hombres y los despedaza en partes autónomas que sólo piensan en producir, en trabajar, en ganar, en vivir lo que no es vida para morir sin entender el sentido de sus afanes. El trabajo es un castigo divino, ésa es la mayor verdad que se extrae del Antiguo Testamento. No hay nada más apetecible que vagar por un paraíso pródigo e infinito, gozando de los dones celestiales. ¿Molicie? ¿Aburrimiento? Eso sólo lo sienten los hombres contaminados por el virus maldito del dólar, que no vislumbran nada más allá de su jaula monetaria. El resto sería feliz, e incluso ellos, si nunca hubieran tocado el dinero, si hubieran nacido a un mundo virgen de euros y cuentas bancarias, ellos también vivirían en la gozosa holganza de los seres primigenios, produciendo sólo amor, felicidad y arte, los dones más grandes a los que un hombre puede aspirar.

lunes, 10 de enero de 2011

Apuntes (XLVIII): De glándulas y feos


En ocasiones me dedico a escribir sobre cosas tristes cuando estoy alegre y sobre cosas alegres cuando estoy triste, y no se me da del todo mal.


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"A veces echo de menos a la vida como a una novia que nunca tuve", dije aquí mismo. Y ahora, desde la distancia que me permite leerme como si fuera otro quien lo escribió, sé que es un sentimiento puro.

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Los ejemplares más feos de la especie humana se pueden avistar cada día empujando sus carritos por los pasillos de cualquier hipermercado.

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El sentido del humor es el menos común de los sentidos.

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He descargado en mi reader los poemas de Verlaine, y se me hace la boca agua, no sólo por los poemas, sino también por el escándalo de los puristas.

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Siempre me ha intrigado el hecho de que donde las mujeres ven dos mamas los hombres vemos dos tetas. ¡Rebajar la cúspide erótica a una glándula...!

domingo, 9 de enero de 2011

Mariconadas blogueras (III): Los pegotes

Cierro este fin de semana meta-maricona-bloguero con una entrada dedicada a los pegotes blogueros, esas flores que todos nos echamos en nuestro propio blog, y el que esté libre de pecado que lance el primer comentario insultante. Estos manjares de la vanidad revisten muy diversas formas. Una, muy usada, se produce ya en el mismo perfil, donde muchos blogueros incluyen su vida y milagros, trabajos, pluriempleos, tropecientas publicaciones y hasta condecoraciones recibidas en el transcurso de su exitosa vida; en fin, no me cebaré más. También están los que dan estos mismos detalles, aparte de en el perfil, en el primer apartado de la barra lateral del blog, por si no se había enterado alguien. ¿Y qué me dicen de las fotitos del perfil? Eso da para una entrada, que seguramente haré, pero las hay de todas clases: intelectualoides con el dedo índice en la sien, aparentando ser un actor o actriz de Hollywood -ay, ese photoshop-, fotos de hace treinta años -ejem, ejem-, incluso los hay tan tontos que salen en la foto con un sombrero bebiendo y fumando, cuando ni fuman, ni son juerguistas ni na de na. Y después está esa moda nueva de incluir en el blog los libros que se están leyendo. Conozco casos que dicen leer diez libros a la vez en tres sitios distintos y en varios idiomas, incluyendo el Ulises de Joyce, que todo el mundo sabe que no hay cojones de leerlo ni siquiera en español. En fin, la de fantasmas que tenemos que aguantar. Así de pronto, en una mañana de domingo escaqueándome un momentillo de mi mujer que está montando unos muebles de Ikea rodeada de los cuatro niños -¡Voooooooy, cariño!- no se me ocurren más ejemplos, mirad en vuestros propios blogs y veréis cómo encontráis varios.

Ea, con Dios, y a ver si sois más humildes, os podéis mirar en el espejo de mis andurriales.

P.S. La que me va a caer cuando mi Santa lea este post -otra mariconada-.

sábado, 8 de enero de 2011

Mariconadas blogueras (II): Los seguidores

Ayer hablé de los contadores, pero... ¿qué me dicen del módulo de seguidores, eehhhn? Eso sí que es una cagada como la copa de un pino. Y pensar que hay quien se cree que tiene mucha gente pendiente de él por el número de fotitos que decoran su blog...

Vamos a ver: en primer lugar está la ley no escrita de que si alguien te pincha como seguidor tú debes corresponder siguiéndole a él. De este modo hay blogueros que pinchan en to lo que se mueve en la blogosfera y acaban teniendo un panel de seguidores más poblado que las páginas amarillas. Y tan contentos, pues mejor para ellos. Y después está otra cosa: ¿alguien piensa de verdad que detrás de ese nuevo icono que ha aparecido en su panel con la imagen de un cyborg colorado hay alguien muy interesado por lo que escribe? Y sin embargo esos seguidores-spam cuentan como los otros. Un poné: yo, que voy por 99 seguidores, podría celebrar en breve mi seguidor número 100, pero eso es un mojón pa mí, no hay más que pasar revista a mi tropa para encontrar unos pocos de esos topos. Después tenemos a los que llevan a gala seguir a muy pocos blogs, yo mismo mismamente, que no cumplimos la ley no escrita que dije antes. Os digo confidencialmente que eso es para hacernos los interesantes: a ver quién tiene mejor ratio (blogs que te siguen / blogs seguidos) que yo. Y cuando mi sombrero aparece en el módulo de otros blogs, como me hago de rogar pensarán: "jo, sí que debe de ser bueno mi blog, si hasta el Ridao me sigue". Siguiendo con la fauna bloguera nos encontramos con esos seres elevados que osan no poner el módulo de seguidores. ¿Falsa modestia? ¿Torpeza informática? ¿Minimalismo bloguero? Ellos sabrán, pero el caso es que a muchos de estos blogueros, generalmente eximios, no les falta quien les siga pinchando, a falta de módulo, a través del perfil. Me puedo imaginar la satisfacción que debe de producir el que alguien se tome esa molestia para seguirte. Debes de ser poco menos que su ídolo. A lo mejor me lo pienso y un día de éstos retiro el módulo.

Se han descrito muchos más comportamientos, como el de los blogueros, otra vez generalmente eximios, que abren al cabo de un tiempo un módulo de seguidores pero ¡jamás siguen a nadie! Digo yo que si no crees en esto del seguimiento tiene que ser ni p'alante ni p'atrás, ¿o es que no les gusta ningún otro blog?
Ahora mismo no se me ocurren otras argucias para alimentar nuestra vanidad usando el módulo de seguidores, pero seguro que hay muchas más. No sigo que con esta entrada corro el riesgo de hacerme algún enemigo o perder algún amigo (es broma, ¿cómo era? Ah, sí: ;-))))) - otra mariconada). Aquí lo dejo abierto, para que mis ilustres seguidores hagan las aportaciones pertinentes.

P.S. Como veo que estos temas dan para mucho queda inaugurada la etiqueta "Mariconadas blogueras".

viernes, 7 de enero de 2011

Mariconadas blogueras (I): Los contadores

Quien más quien menos, y yo el primero, tenemos en el blog un contador para las visitas que recibimos. Puede parecer que es una herramienta útil para calibrar la popularidad de nuestro blog, aunque hay mucho que decir sobre esto. En primer lugar, vamos a dejarnos de tonterías y reconocer que lo ponemos ahí para ronear ante nuestros colegas blogueros: que si hemos llegado a 100.000 visitas, o 500.000, o hay quien pasa del millón... Si lo que queremos es saber cuánta gente nos visita hay estadísticas internas en el mismo google; no hace falta plantificarlo en el blog. Además, esto tiene truco: no es lo mismo una visita que un hit, que sería cada vez que se pincha en el blog. Casi todos los contadores lo que muestran son los hits; si pusieran las visitas el número sería sensiblemente inferior y no luciría tanto. Pero lo que más me llama la atención es que el número de visitas a nuestro blog puede venir por diversos motivos. Es cierto que entra gente para leernos, pero en mi blog aterrizan a través de google infinidad de internautas buscando las cosas más diversas. Un ejemplo claro es mi entrada del 5 de enero, donde puse un poema para los Reyes Magos. Automáticamente empezó a entrar gente tecleando "Poesía para Reyes Magos" y cosas parecidas, lo menos cincuenta, y se infló mi cifra de visitas del día. A esto hay que añadir un montón de visitas diarias que me llegan buscando imágenes de billetes de 500 euros, a cuenta de mi entrada número 500 del blog. Otros llegan buscando sonetos y haikus de cumpleaños, una traducción del poema de Auden "Funeral Blues" (debo de ser a estas alturas el traductor de referencia), músicas de Shakespeare y muchas cosas más, como por ejemplo los que teclean la palabra "meadas" con fines pornográficos y aterrizan en una entrada de lo más inocente.

En resumidas cuentas, que a los números que aparecen en el contador de mi blog ni caso. No tengo ni idea de los que me leen, porque tampoco me voy a entretener separando el grano de la paja. Si algo sé es por los comentarios que me vais dejando, y por referencias indirectas de gente que me sigue. Con eso me basta, me siento leído y apreciado, y el contador para eso, para ronear.

P.S. No sé si os habéis dado cuenta de que he superado la barrera de 100.000 visitas, y en dos años. Si es que soy un máquina...

P.P.S. Miedo me da la avalancha que se me echa encima con los que buscan un contador para su blog.

P.P.P.S. Se me olvidaba: la entrada más visitada en la historia de mi blog es una sobre gormitis. Entran buscando información sobre todas las razas y generaciones de estos bichos horrendos.

Ventajas del libro de papel


Ya tengo mi reader fululando, y lo he estrenado con una obra maestra: Heart of darkness, de Conrad, más que nada por darle en las napias a mi amigo
Fernando. Me la leí en su día en papel, y ahora la releo en formato electrónico. ¡A lo mejor soy un pionero en esto!

Como ya he alabado bastante a mi nuevo cacharro, hoy voy a decir las ventajas que le veo al pleistocénico papel, a Gutenberg lo que es de Gutenberg...

1. Un libro de papel es un objeto bonito en algunos casos, incluso precioso en las ediciones realizadas con esmero. Hay libros que son auténticas obras de arte, y no sólo los antiguos. Un e-book no llega siquiera al rango de objeto.

2. Los libros tradicionales decoran las estanterías de los intelectuales y, sobre todo, de los que se quieren hacer pasar por intelectuales. El problema, por supuesto, es tener espacio suficiente. Con el e-book lo más que puedes decorar es una pantalla.

3. Los libros de papel tienen vocación de permanencia: se guardan y perduran en el tiempo, son transmitidos por herencia durante generaciones. El libro electrónico se guarda en un disco duro o en una tarjeta, pero todos sabemos qué pasa con las copias de seguridad. En realidad no importa que se pierda, pues está en la red, en la "nube". Lo cogemos de ahí cuando queramos y santas pascuas (como la nube se disperse un día nos vamos a enterar).

4. Si se te cae un libro tradicional al suelo no pasa nada, pero como se me caiga el e-reader que me han echado los Reyes me voy a cagar en los muertos de quien sea (de los Reyes mismo), y Rafael se va a poner más contento todavía.

5. Para pasar las páginas del libro de papel a veces nos mojamos el dedo, y la sensación es muy placentera. El roce del dedo con la pantalla táctil del e-book no es lo mismo, hay que reconocerlo.

6. El papel huele tela de bien. El reader es aséptico e inodoro (by the way, como se te caiga al inodoro la has cagao, nunca mejor dicho).

7. Yo los libros malos los suelo utilizar de papel higiénico, algo totalmente imposible con el e-reader por razones técnicas y pecuniarias.

8. Por ahora las pantallas de los readers no admiten colores, pero vamos, hay que reconocer que los libros con colorines son una mariconada.

9. A día de hoy el papel es el soporte que menos cansa la vista, aunque la tecnología de tinta electrónica está muy conseguida.

10. Los libros de papel se pueden guarrear a placer, escribiendo garabatos y subrayando. Mi reader también lo permite, pero no está del todo conseguido, las cosas como son.

11. Los libros electrónicos no se pueden dedicar, o si se hace es pa na.

Y la más importante de todas:

12. ¿Hay algo más cutre que publicar en formato e-book? Conmigo que no cuenten, mis libros en papel verjurado bien gordo, que pese, que huela, con tapas en condiciones, que lo pueda regalar a los amigos y con el que pueda ronear en una librería dejándome caer por la estantería donde lo venden y diciendo a todo el mundo que soy el autor.

jueves, 6 de enero de 2011

¡¡Cayó!!



Ahí está er tío, que sa portao bien tol año. Y el cacharro cargando las pilas, con publicidad gratis y todo...

¡Tiembla, Gutenberg!

P.S. Me ha llegado información confidencial: resulta que SS.MM. han conseguido mi regalo, de gorra por supuesto (o de turbante), en La casa del libro. Para que luego digan los escépticos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Poesía para los Reyes Magos


Hoy, víspera de Reyes, quiero continuar una tradición que comencé el año pasado al dedicar un poema a estos magos entrañables, brujos de la ilusión. El año pasado les ofrecí
este soneto, y este año va un sonetillo, algo más modesto pero escrito con el mismo cariño.

Mis juguetes perdidos


Scalextrix, tanque Clint,
un balón de reglamento,
algunas veces un cuento
de Astérix o de Tintín.

Tantos mágicos momentos
al poner el Cinexín,
y montar el futbolín;
no existía el aburrimiento.

Melchor, Gaspar, Baltasar,
cuidad bien de los camellos
y tratadlos con cariño,

para que podáis pintar
esos mágicos destellos
en los ojos de los niños.

martes, 4 de enero de 2011

Una traducción de Hölderlin


Traigo hoy la traducción de un poema de Friedrich Hölderlin, gran poeta alemán famoso, aparte de por la calidad de su obra, por la locura que padeció durante los últimos 36 años de su vida, lo que no le impidió seguir escribiendo poemas como el que aquí traigo, una de sus últimas composiciones.

Der Zeitgeist

El hombre habita en este mundo para vivir.
Como los años, como los tiempos se remontan,
así como se suceden los cambios y sufre la verdad,
así llega la permanencia en el transcurso de los años,
la perfección se reúne en esta vida,
y a ella tienden los afanes de los hombres nobles.

Humildemente,
Scardanelli.

Ésta es la versión original:

Der Zeitgeist

Die Menschen finden sich in dieser Welt zum Leben,
Wie Jahre sind, wie Zeiten höher streben,
So wie der Wechsel ist, ist übrig vieles Wahre,
Dass Dauer kommt in die verschied’nen Jahre;
Vollkommenheit vereint sich so in diesem Leben,
Dass diesem sich bequemt der Menschen edles Streben.

Mit Unterthänigkeit
Scardanelli

He preferido mantener el título original del poema, Der Zeitgeist, que en alemán viene a significar "El espíritu del tiempo". En cuanto a la traducción, es bastante libre, intentando mantener el tono del poema sin perder su significado. Curiosamente, mientras recogía información me encontré con esta interesante entrada del blog de Luis Valdesueiro, que a pesar de visitarlo con asiduidad no leí en su día. En ella aparece la siguiente traducción del poema, a cargo de Txaro Santoro y José María Álvarez, que he tomado en cuenta para la mía:

El espíritu del tiempo

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
Y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más alto avanzan,
Así como el cambio existe, así
En el paso de los años se alcanza la permanencia;
La perfección se logra en esta vida
Acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.

Humildemente,
Scardanelli.

Como dice Luis en su entrada, Scardanelli era el nombre que utilizaba Hölderlin en su lúcida locura. En una ocasión dijo: "Jamás comprendí las palabras de los hombres, crecí en los brazos de los dioses". Acaso fueron los dioses quienes le fueron dictando los poemas que escribió confinado en una torre hasta el día de su muerte.

Reflexiones económicas frente a un relojero


Ayer, mientras esperaba a que un relojero realizara una reparación, me salió mi lado economista (Mr. Hide) y me puse a reflexionar que estas tareas estaban condenadas a desaparecer, porque hoy en día podemos consultar casi siempre la hora en el teléfono móvil, o en el ordenador cuando estamos trabajando, por lo que los relojes se están convirtiendo en un mero objeto de adorno. Supongamos que desaparecen por falta de utilidad. Entonces ya no habría fabricantes de relojes ni relojeros, al desaparecer la necesidad. Pero si hay menos necesidades la sociedad tendrá más recursos, pues el esfuerzo que antes se destinaba a la fabricación de relojes se podría desviar hacia otras actividades más útiles. Obviamente, lo mismo que he dicho de los relojes se podría aplicar mucho más claramente a una multitud de actividades económicas que son superfluas y, en muchos casos, creadas artificialmente por las empresas a través de los esfuerzos de marketing (y pensar que a mí -¡ay!- me toca enseñar marketing en la universidad...). Digo más: cada vez es más factible y barato fabricar productos y prestar servicios necesarios y que, de verdad, mejoran la calidad de vida de las personas (incluyendo, por supuesto la alimentación). Si todos los esfuerzos productivos se destinaran a estos bienes desaparecería el hambre en el mundo. ¿Donde está el fallo, entonces?

Yo ya me sé la (mi) respuesta; a ver qué pensáis vosotros.

lunes, 3 de enero de 2011

Apuntes (XLVII): La impaciencia del escritor


Retomo la escritura en este diario (otra cosa es la transcripción), después de bastante tiempo, mucho más del que me hubiera gustado. Es un diario híbrido, mitad privado mitad expuesto al público, aunque esta última parte contenga muchas intimidades. Pero no hay que engañarse, un diario publicado por entregas en Internet se hace de cara a la galería, y eso condiciona mucho las anotaciones. Hay mucho, muchísimo, de fingimiento. Se escribe muchas veces desde el cómodo trono del lector, y no desde la atalaya escarpada del autor. El yo se proyecta al espacio cibernético, que lo hermosea con nubes e impulsos de colores, anudándole un elegante lacito para que tenga alguna posibilidad de ser leído en el escaparate infinito de la red.


***

No hay que olvidar que Pessoa era un poeta, y no un filósofo.

***

Cada vez me pesan más las obligaciones, como una carga que aplasta mis posibilidades de ser feliz, ya de por sí bastante mermadas; aunque, bien pensado, cada uno se busca su propia felicidad, y el victimismo es el camino más rápido hacia la desolación, o como mínimo hacia la cómoda pero estéril melancolía de la víctima de su propia estupidez.

***

A veces, cuando escribo, me paro un tiempo buscando la palabra justa, y la mayoría de las veces me puede la impaciencia y salgo del paso con una palabra oportuna, aunque no brillante. Pero cuando llega una de las raras veces en que escribo pausado y doy a cada frase el tiempo que necesita, el resultado es infinitamente superior; me parece que no soy yo quien lo ha escrito. Este defecto, ya de por sí malo en prosa, resulta nefasto en la poesía.

***

Aún estoy imbuido del tono de La casa encendida, al cabo de tres días de su lectura. Tan intensa es la poesía de Rosales. Seguiré sumergiéndome en ella, y trataré de evitar el peligro de que me trague.

domingo, 2 de enero de 2011

Del destino


¡Qué extraño es el destino! Unos dicen que existe y otros que no. También puede ser que existan múltiples destinos, que van ramificando nuestra vida en tantas vidas paralelas como alternativas se nos abren ante cada encrucijada. Hay quien al destino le llama Dios y a la ausencia de destino le llama Libertad, pero muchos dicen que también cabe la libertad dentro del destino. El destino nos mira desde un futuro inmutable, y sabe exactamente cada paso que daremos hasta llegar a él. Pero acaso el destino es sólo un punto en el tiempo y en el espacio, una contingencia que nos acompañará Dios(?) sabe cuándo, una diana fallada casi siempre por nosotros, flechas humanas disparadas por un Creador caprichoso hacia sí mismo, dibujando un bucle infinito al que llamamos vida.

Pero yo no creo en esas conjeturas; o, mejor dicho, sólo creo en eso, en las pobres elucubraciones que soy capaz de hilar, que salen de mí como ente pensante. El resto, el sentido último de mi vida, la libertad o la falta de ella que me lleva hasta un destino fijado o no de antemano; eso, bastante tengo con ser capaz de formularlo. Su sentido escapa, y siempre escapará, a mi entendimiento, a no ser que en algún momento de mi existencia (y por existencia me atrevo a incluir un tiempo -o similar- incierto que transcurra después de lo que llamamos muerte, y del que yo sea testigo), cambie mi esencia. Entonces podría tejer con mimbres distintos, que hoy me están vedados.

sábado, 1 de enero de 2011

An der schönen blauen Donau


Cada uno de enero resucita como por ensalmo el imperio austrohúngaro, y siempre lo hace en el mismo lugar: En el bello Danubio azul. El año nos recibe con música y baile en salones suntuosos, que evocan un tiempo hermoso que murió víctima de su propia estética. Es el único momento del año en que el idioma alemán cobra protagonismo en las pantallas de todas las televisiones del mundo, así que yo, aún mecido por la cadencia del vals del Danubio Azul y enardecido por los compases de la marcha Radetzky, como titular de este blog quiero comenzar el año con una felicitación como dios manda:

Die Alajiener Andurrialiker und ich wünschen Ihnen:
(entonado con voz varonil por todos mis amigos -y amigas- andurrialeros):

Prosit Neujahr!

Poesía nueva


Yo había comprado una botella cara,
un brindis prometía lo mejor para el futuro,
pero todo lo arruiné con tres palabras
amargas de rencor,
crueles como cruel es la inconsciencia
de dañarte,
de dolerte como nunca te he dolido.
Las lágrimas colmaron la copa abandonada,
subiste inconsolable, humilde y pudorosa en el dolor,
y yo quedé solo, consciente de mi tiro errado
lanzado a bocajarro, sabiendo y no sabiendo
la herida que abriría,
el gesto traicionero que sirvió
para llenar mi corazón de la certeza
de que a pesar de todo
ya nunca dejaría de quererte.