lunes, 31 de octubre de 2011

The pity of War



Impresiona hondamente la lectura del prefacio que el propio Wilfred Owen escribió a su libro de poemas. Fue hallado poco después de su muerte en estado fragmentario, entre sus papeles. Como dijo su compañero Sigfried Sassoon, sus palabras y sus poemas hablan por él, sin necesidad de elogios o explicaciones. Son unos versos exentos de retórica, incluso de poesía. “Above all, this book is not concerned with Poetry. The subject of it is War, and the pity of War”. Por encima de todo, el dolor, la pena engendrada por la Guerra. “The poetry is on the pity”. “La poesía está en la pena”. Y la pena está en esa guerra despiadada que se libró en los campos de Flandes, y donde el poeta convivió con la muerte hasta fundirse con ella.


Los últimos versos de Apología pro Poemate Meo son de una profundidad e intensidad realmente excepcionales:

You shall not hear their mirth:
You shall not come to think them well content
By any jest of mine. These men are worth
Your tears: You are not worth their merriment.
November 1917

No llegarás a oír su alborozo:
No llegarás a saber de su contento
por una broma mía. Estos hombres merecen
tus lágrimas: tú no mereces su alegría.
Noviembre 1917

domingo, 30 de octubre de 2011

Wilfred Owen: Futility


Movedlo al calor del sol—
Su suave caricia le despertó un día,
en casa, soñando con campos sin sembrar.
Siempre le despertó, también en Francia,
hasta esta mañana y esta nieve.
Si algo podría levantarlo ahora
el noble y viejo sol lo sabrá.

Pensad cómo despierta a las semillas—
Levantó, una vez, el barro de una estrella fría.
¿Son los miembros, tan cercanos, son los costados
llenos de nervios,—aún calientes,—demasiado duros para mezclarse?
¿Es por ello que el barro se elevó tan alto?
—Oh, ¿Qué hizo a los fútiles rayos fulgir
para romper el sueño de la tierra?



Move him into the sun—
Gently its touch awoke him once,
At home, whispering of fields unsown.
Always it awoke him, even in France,
Until this morning and this snow.
If anything might rouse him now
The kind old sun will know.

Think how it wakes the seeds—
Woke, once, the clays of a cold star.
Are limbs so dear-achieved, are sides
Full-nerved,—still warm,—too hard to stir?
Was it for this the clay grew tall?
—O what made fatuous sunbeams toil
To break earth's sleep at all?

viernes, 28 de octubre de 2011

Apuntes (137): Dew



Estilo, retórica... ¿Acaso no es igual uno que otra? ¿A quién queremos convencer: a los otros o a nosotros mismos? Librémonos del estilo al escribir, y al menos seremos honestos.

~

Una de retórica: Que nadie me diga lo que tengo que hacer. No quiero consejos; lo que ha servido a otros no tiene por qué servirme a mí; ni siquiera les sirve ya a ellos, que han cambiado con el paso del tiempo. Nadie es tan sabio para saber lo que le conviene; cuánto menos lo que conviene a los demás. Sanadores insufribles, agoreros de futuras desgracias si no se atiende a sus remedios. Dejemos que apliquen sus sangrías a los necios que les escuchan, y ellos sufrirán el castigo por prestar oídos a la vana presunción de sus palabras vacías.

~

Y ahora sin retórica: Navego solo, y a veces dejo subir en mi barco a alguien que me dé compañía y comparta conmigo el silencio.
~
O, that this too too solid flesh would melt
Thaw and resolve itself into a dew!
~

No habría un fin más conmovedor, poético, pausado y dulce. Derramar nuestro cuerpo en la belleza mágica de una gota de rocío
.

jueves, 27 de octubre de 2011

Don Cipote (Capítulo cuarto)


De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió del puticlub

La del alba sería cuando don Cipote salió del castillo tan contento, tan gallardo, tan alborozado, tan corrido, que el gozo se le salía por la pelleja. Así dispuesto, determinó volver a su casa y hacer provisión de la quincallería necesaria a todo buen caballero, así como de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un maestro vecino suyo, versado en asuntos de dineros y padre de muchos hijos, y al que hacía muy a propósito para el oficio escuderil. Con este pensamiento guió el motocarro hacia su aldea, el cuál parecía saber de la dicha de su señor, tanto era el donaire y ligereza con que recorría los caminos.
No había andado mucho cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque de bananos que allí estaba, salían unas nada delicadas voces, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo:
—Gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone por delante ocasiones donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi nueva encomienda. Estas voces, sin duda, son de algún menesteroso o menesterosa, o acaso de la Chupetera, que ha seguido mis pasos afligida por mi marcha.
Y, volviéndose, encaminó a Trepidante hacia donde le pareció que las voces salían, y, a pocos pasos, vio un automóvil de color negro brillante con estraños reflejos en torno dél. Opacos eran sus cristales, pero ante lo desmesurado de las voces don Cipote rompiólos con su garrote, y encontró la fuente de tamaños alaridos. En el asiento de atrás yacía una doncella –o la que había sido una doncella-, espatarrada y gozosa, mientras un valeroso doncel se aprestaba a embestirla con el instrumento que da nombre a nuestro caballero.
Viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:
—Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; desmontad presto, que yo habré de hacerme cargo de vuestro negocio.
El niñato, que otra cosa no era, al ver sobre sí aquella figura llena de armas blandiendo el garrote sobre su rostro, enfundó presto el cipote, y con buenas palabras respondió:
—Señor caballero, esta dama que estoy castigando es una mi criada, que toma harto placer dello, lo cual hacemos una vez por semana, que el resto de los días atiende a otros sus caballeros andantes, que la sirven por detrás y por delante.
—¿«Miente» delante de mí, ruin villano? —dijo don Cipote—. Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta estaca. Dejadla sin más réplica y huid en vuestro engendro tuneado; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y aniquile en este punto.
El niñato bajó la cabeza y, sin responder palabra, abandonó a la doncella, y, bajo la atenta mirada del caballero, montó de mala gana en su BMW y alejóse del paraje, lo cuál acontecido aprovechó don Cipote para ocupar su lugar y volver a suscitar los dulces lamentos que había dejado de proferir la dama. Una vez fecha la faena a satisfacción de ambas partes, don Cipote volvió a Trepidante alegre como unas castañuelas, y encaminose a su aldea a dar forma a sus propósitos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Hamlet revisited

There is nothing either good or bad, but thinking makes it so.
William Shakespeare: Hamlet
To me it is a prison.
La estirpe, Dinamarca, los cuatro lienzos de mi cuarto;
la tarde adormecida por las persianas bajas.
To me it is a prison.
Una prisión de cielo y tierra;
a veces suave, fría y trasparente;
cruel, inaccesible, desamparada.
Something is rotten in the State of Mine;
en la patria interior de los días últimos;
la soledad siniestra de los recuerdos olvidados.

martes, 25 de octubre de 2011

John Keats: To Autumn


No es mal momento, mediado el otoño, para traducir el inmortal poema de Keats, y tratar de transmitir toda la belleza que atesora. Where are the songs of Spring? Ay, where are they? / Think not of them, thou hast thy music too,— El poeta inglés toca una música sutil, delicada, apropiada a la luz incomparable de estos días de octubre.

Estación de nieblas y frutas en sazón;
amiga del alma del maduro sol;
con él conspira para cargar y bendecir
con fruta la vid que trepa por el emparrado;
para cargar de manzanas los árboles del huerto
y llenar de madurez el corazón de los frutos;
para colmar la calabaza, y llenar la cáscara de la avellana
con su dulce semilla; para hacer brotar más,
muchas más flores tardías para las abejas,
hasta que piensen que no cesarán los días cálidos,
porque el verano ha hecho rebosar sus ricos panales.

¿Quién no te ha visto a menudo entre las mieses?
A veces, quienquiera que te busque te hallará
despreocupada, sentada en el granero,
tu pelo ondulado suavemente por el viento:
o dormida profundamente en un surco a medio cosechar,
adormecida con el efluvio de las amapolas, mientras tu hoz
se niega a recoger las gavillas de flores enlazadas;
y algunas veces, igual que una campesina,
cruzas derecha un arroyo, con tu cabeza firme,
o contemplas paciente horas y horas, junto a un lagar,
cómo se escurren las últimas gotas de sidra.

¿Dónde están las canciones de la primavera? ¡Ay!, ¿Dónde están?
No pienses en ellas, tú tienes tu propia música,—
Mientras las nubes listadas florecen en el día que declina,
y tiñen de color rosado las llanuras en barbecho,
en un coro lastimero zumban los mosquitos,
entre los sauces, suspendidos en el aire
o hundiéndose cuando la brisa muere, o se aviva;
y balan los corderos en las colinas lejanas;
cantan los grillos en los setos; y con agudos trinos
el petirrojo entona su canción desde una pequeña granja;
y muy alto en el cielo gorjean alegres las golondrinas.



Season of mists and mellow fruitfulness,
Close bosom-friend of the maturing sun;
Conspiring with him how to load and bless
With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the moss’d cottage-trees,
And fill all fruit with ripeness to the core;
To swell the gourd, and plump the hazel shells
With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
For Summer has o’er-brimm’d their clammy cells.

Who hath not seen thee oft amid thy store?
Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reap’d furrow sound asleep,
Drows’d with the fume of poppies, while thy hook
Spares the next swath and all its twined flowers:
And sometimes like a gleaner thou dost keep
Steady thy laden head across a brook;
Or by a cyder-press, with patient look,
Thou watchest the last oozings hours by hours.

Where are the songs of Spring? Ay, where are they?
Think not of them, thou hast thy music too,—
While barred clouds bloom the soft-dying day,
And touch the stubble plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
Among the river sallows, borne aloft
Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
Hedge-crickets sing; and now with treble soft
The red-breast whistles from a garden-croft;
And gathering swallows twitter in the skies.

domingo, 23 de octubre de 2011

Arte y estupidez



No se puede servir simultáneamente al poder y a la belleza: «Le pouvoir est essentiellement stupide».

Cyril Connolly
: La tumba inquieta

El libro de Connolly es todo un descubrimiento que recomiendo vivamente, una fuente inagotable de pensamientos agudos, lapidarios y muchas veces devastadores. En este aforismo, cámbiese "pouvoir" por "public" y encontraremos el cáncer que corroe a tantos "artistas" del momento, que para mayor escarnio se las dan de independientes.

P.S. Me explico: el poder es estúpido, en el sentido de que no es "inteligente", y el público es estúpido en cuanto masa amorfa, aunque esté compuesto por algún que otro ser inteligente. Es de una estupidez supina pretender ser un artista y escribir pensando en los estúpidos.

P.P.S. Y luego están los "artistas" que no piensan en el público, sino en sí mismos, como muchos pintores. Ésos, además de estúpidos, son gilipollas.

viernes, 21 de octubre de 2011

John Masefield: Sea fever


Debo bajar a los mares de nuevo, al solitario mar y al cielo,
y sólo pido una alta nave, y una estrella que la haya de guiar,
y el golpe del timón, y la canción del viento, y las velas henchidas,
y el manto de una niebla gris, y el despuntar de un gris amanecer.

Debo bajar a los mares de nuevo, el canto de la marea furiosa
es una llamada clara y salvaje que no puede ser desoída;
y todo lo que pido es un día ventoso de blancas nubes voladoras,
y las gotas esparcidas, y la espuma arrojada por el viento, y gritos de gaviotas.

Debo bajar a los mares de nuevo, a la vida errante de los cíngaros,
al camino de gaviotas y ballenas, donde el viento es como un cuchillo afilado;
y todo lo que pido es la historia alegre de un risueño trotamundos,
y un dulce y tranquilo sueño al soltar el timón tras la tormenta.



I Must go down to the seas again, to the lonely sea and the sky,
And all I ask is a tall ship and a star to steer her by,
And the wheel's kick and the wind's song and the white sail's shaking,
And a gray mist on the sea's face, and a grey dawn breaking.

I must go down to the seas again, for the call of the running tide
Is a wild call and a clear call that may not be denied;
And all I ask is a windy day with the white clouds flying,
And the flung spray and the blown spume, and the sea-gulls crying.

I must go down to the seas again, to the vagrant gypsy life,
To the gull's way and the whale's way, where the wind's like a whetted knife;
And all I ask is a merry yarn from a laughing fellow-rover,
And quiet sleep and a sweet dream when the long trick's over.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Apuntes (136): España negra y genios grises



La misantropía es un problema grande cuando uno está deprimido, pero una liberación en circunstancias normales.


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El relato que hace Solana en La España negra de los locos encerrados en el penal de Santoña es espeluznante; algo así debían de ser las mazmorras de los castillos medievales. La democracia en que vivimos y el progreso mal entendido tendrá muchas carencias, pero leyendo este libro tiene uno la sensación de que en unos pocos años hemos escapado de unas cuevas tenebrosas y milenarias.

~

Creo que era Samuelson quien decía que envidiaba a sus alumnos, que por primera vez se acercaban a una ciencia tan apasionante como la Economía. A mí poco me falta para decirles que aún están a tiempo de salir corriendo.

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Muchas veces pienso que si alguien tratara de escribir mi biografía no llenaría más de veinte páginas, y todas ellas sin interés. Los grandes hombres, sin embargo, han tenido vidas azarosas, han tratado gente principal y han sido testigos directos de grandes acontecimientos de la historia. Pero para contar lo más hondo de la vida no hay que embarcarse en empresas mundanas, sino vivir con plenitud, hacia dentro, y alimentarse de los libros y del roce con los más humildes. Por eso pienso que los más grandes son los poetas que han vuelto sus espaldas a las luminarias, y han escrito versos que acaso sólo ellos han sentido como eternos, porque nadie ha sabido de su obra. Sólo unos cuantos elegidos, después de muertos, han resurgido poco a poco, sin hacer ruido, asombrando a un mundo atónito por haberlos descuidado. Como Dickinson, una mujer cuya biografía está escrita en sus poemas; como Pessoa, que vivió en las soledades de su desasosiego y de unos versos que no le pertenecían.
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Si no se hubiera escrito el Quijote, Dickens sería el novelista más grande de la historia.

Imagen superior: José Gutiérrez Solana. Los autómatas (1907)

Los premios Mastropiero



La figura de Johann Sebastian Mastropiero (JSM) es bien conocida por todos los aficionados a la música. Hay fundadas sospechas de que nació un 7 de febrero, si bien se desconoce el mes y el año. Lo que sí se sabe con certeza es que en en 1729 fue testigo en la catedral de Leipzig del estreno de una Pasión según san Mateo que definitivamente no le pertenece. Existen algunas obras que se pueden atribuir al maestro sin ningún género de dudas, como un Tangum Gloria estrenado en el Vaticano, su Sinfonía Impotente en fa mayor, el ballet Las sílfides (y cómo prevenirla), o la ópera Don Juan de Mastropiero, con su famoso dúo para barítono y tenorio.


Su fama es tan grande que recientemente se han creado los Premios Mastropiero, a cuya gala de entrega tuve el placer de asistir ayer por la noche en una sala abarrotada de público. Se entregaron numerosos premios, como el premio Gran hermana al mejor programa religioso, recogido por el padre Polvetti, tres premios Actor de reparto, a repartir entre otros tantos actores, o el premio Mastropiero al Mejor actor novel, obtenido por Jorge García Levy por quinto año consecutivo.

El acto estuvo amenizado por numerosas actuaciones musicales, como la bossa libidinossa Amor a primera vista, el madrigal caribeño El desdén de Desdémona o la comedia musical infantil para adultos Valdemar y el hechicero. Fue una velada inolvidable, donde los asistentes disfrutaron de un espectáculo lleno de sensibilidad y buen gusto. Se suele decir que no existe público suficiente para obras serias, inteligentes y de un humor refinado, pero en ocasiones como ésta se demuestra que hay vida más allá de la telebasura, y que el legado de un músico como Mastropiero puede unir hoy, un número indeterminado de años después de su muerte, a innumerables espectadores que disfrutan con unos artistas que rondan los setenta años y para los que parece que no ha pasado el tiempo.

martes, 18 de octubre de 2011

Por internet con el culo al aire


No cabe duda de que la publicación por Internet ha supuesto una revolución en la forma de “hacer” literatura, especialmente en el género diarístico y en la poesía, que ha servido de acicate a personas, como yo mismo, con una vocación latente, y que no escribían por pereza o por esa necesidad que todos tenemos, en mayor o menor medida, de compartir nuestros escritos. Sin embargo, y como es lógico, también tiene una serie de inconvenientes. Quiero centrarme aquí en uno del que apenas se habla: la exposición inmediata de los escritos a un público que ha llegado a ser conocido hace que se proteja la intimidad en mayor medida que si se tratara de una publicación en papel.

Voy a partir del análisis de los apuntes de mi diario y de los poemas que publico; en el caso de las reflexiones, entradas humorísticas, artículos divulgativos y de opinión y muchas otras páginas que pueblan mis andurriales, que se han convertido en una miscelánea un tanto caótica, no me siento coartado en absoluto; es más, practico unas expansiones escatológicas que no todo el mundo estaría dispuesto a utilizar. En los apuntes íntimos, sin embargo, la cosa cambia: de hecho, sólo publico una parte de las anotaciones que hago en papel. Creo que el diario que se lleva por Internet es mucho menos auténtico, e incluso sincero, que los diarios publicados por tantos grandes escritores, que sin lugar a dudas también se guardarían anotaciones privadas, pero contaban con la ventaja del desfase entre la escritura y la publicación, y el casi completo anonimato de los lectores. En el caso de la poesía esta circunstancia se ve acentuada, pues se trata del género más íntimo, donde el poeta desnuda su espíritu, y extrae sentimientos y percepciones que ni él mismo conocía. Si la poesía es sincera, y así debe ser siempre -otra cosa es que el poeta finja, que también-, la exposición inmediata a la mirada escrutadora de muchas personas, digamos cien, resulta algunas veces insoportable e inadmisible, lo que da lugar a que muchos de los poemas escritos no se publiquen por pudor, o a que los publicados no sean poemas realmente auténticos, cosa bastante fácil de desenmascarar por otro lado. Para expresarlo en términos líricos, el poeta se queda con el culo al aire, algo que se lleva mucho mejor si publicamos en papel, pues al cabo del tiempo ya no nos reconocemos en esos versos extraños que escribimos.

P.S. Y sí, efectivamente, dejo claro antes de que me lo echen en cara que esta entrada es, en parte, una excusatio non petita.

lunes, 17 de octubre de 2011

Sueño


Tantas horas destruidas en los sótanos del tiempo; tantas noches sin retorno, negros relojes siniestros; tantos veranos dormidos entre las olas del tedio; tantos asombros vanos, tantos temores secretos; tantas nubes, tanto cieno, tanta mirada triste desparramada en el suelo; tanto poema sin alma, tanta alma sin consuelo; tanta vida sin cariño, tantos pájaros sin vuelo; tantas rosas de hoja blanca, tantos pétalos de invierno; tantas estrellas mojadas, tanto llanto sin lamento; tantas nubes de colores; tantos despertares muertos; tanto frío, tanto miedo, tanta duda... tanto sueño.

Economía y crisis: ¿De qué estamos hablando?



No hay trabajo, pero a la gente le gustaría trabajar.

Hoy en día, por primera vez en la historia del hombre, la técnica no es un problema, y hay capacidad para producir más bienes de los que necesitamos, incluso si no se emplea toda la mano de obra.

Pero la gente no puede trabajar, porque no les dan trabajo.

En consecuencia, se produce menos, mucho menos.

Eso ocasiona una carestía, que si va a más hará que no se puedan cubrir las necesidades básicas.

Pero la gente quiere trabajar, y los medios productivos están ahí, parados, sin utilizar.

Sigue habiendo ricos, y cada vez hay más brecha entre ricos y pobres.

Los ricos son los únicos que pueden emplear su dinero para producir.

Pero les da miedo perderlo, así que no invierten.

Y mientras tanto, las deudas de los particulares y de los Estados crecen, y se corre el riesgo de quiebra.

Y mientras tanto, la capacidad productiva sigue sin utilizarse.

La causa de todo ello: el dinero, el juego de inversiones ficticias, el humo de las finanzas, que ha situado la riqueza en el dios dólar y el dios euro, y no en la tierra, en las fábricas, en las empresas de servicios, en lo que de verdad necesita la gente para vivir.

Y desde hace ya tiempo las fábricas siguen paradas, y los comercios cierran, y los campos están yermos, y la gente quiere trabajar, pero no puede.

domingo, 16 de octubre de 2011

Apuntes (135): Genios ridículos


No es únicamente el dinero lo que conduce a la falsedad a muchos escritores. Resulta mucho más rastrera la lucha sin cuartel por el reconocimiento, que deja el ego al descubierto, de tan inflado. Al fin y al cabo los que escriben por dinero son honestos y consecuentes: uno escribe una novela mala, pero que toca todos los resortes de las pasiones del hombre, y, si se tiene una habilidad excepcional, más un apoyo editorial más algo de suerte, se puede pegar un buen pelotazo. Ya me gustaría a mí hacer algo parecido; me iba a descojonar públicamente de todo aquel que me apostrofara de escritor vendido. Seguiría escribiendo mis cositas, pero con los riñones muy bien cubiertos; una forma muy digna de ganarse la vida, incluso para alguien que cree en la excelencia literaria. Lo que no es soportable es toda esa legión de babosos que han publicado cuatro cosas y se creen la reencarnación de Petrarca. Y presumen de que ellos no viven de la poesía. Claro que no, sólo faltaría eso.


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Lo mejor de escribir un aforismo es que siempre se puede escribir otro que lo contradiga.

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Se me plantea un dilema no de tipo moral, sino, por así decirlo, deportivo. Esos escritores que se arrastran mendigando un hueco en tal o cual medio impreso; ésos que adulan a los críticos mediocres e influyentes para que les concedan la gracia de unas líneas benevolentes; ésos que acuden a cuanto cocktail literario se les ponga a tiro, no ya para atacar sin cuartel los canapés, que también, sino para establecer “contactos” nuevos y torturar a los ya afianzados con sus megalocentrías; esos sujetos rastrerillos, digo, ¿podrán ser buenos escritores a pesar de todo? Una vez más volvemos a lo mismo: ¿puede una persona, no ya de moral relajada, sino manifiestamente ridícula, ser un genio de la literatura? A mí me parece que sí.

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Y que nadie tome lo anterior como un ensañamiento, sino más bien como una provocación, a las que suelo acudir de vez en cuando en parte por diversión, en parte por dejar con el culo al aire a quien se dé por aludido (que, en algunos casos, puede ser uno mismo, aunque esto sólo yo lo sé).

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Tanto tiempo estudiando inglés, y hasta hoy no me he dado cuenta de que Popeye se llama así porque el eye le hace pop.

sábado, 15 de octubre de 2011

¡Viva V.E.R.D.I.!




Allí estaba Ricardo Muti, en el teatro de Roma, plantando cara a los payasos, demostrando a Italia y al mundo que hoy, lo mismo que hace ciento cincuenta años, la música une a los pueblos, y que basta con prender la llama para que se invoque el espíritu de la liberación. Nunca he sido partidario de los nacionalismos, pero cuando un pueblo es sometido, privado de la libertad, y se rebela como hicieron los hebreos contra el yugo babilonio, o los italianos contra el imperio de Austria, merece mi admiración. Hoy corren tiempos muy distintos, se dice que en en España, en Italia, hay democracia. Pero unos histriones se están riendo del pueblo, y al menos por unos momentos, ciento cincuenta años después del Risorgimento, un músico consiguió levantar por unos instantes a la burguesía más conservadora para cantar un himno que es todo un símbolo, un himno compuesto por el ídolo de los italianos: Giuseppe Verdi.

¡Viva Verdi! Vittorio Emmanuele Re D´Italia.