sábado, 1 de agosto de 2026

Un encuentro del pasado


Ayer, paseando por Alájar, se me acercó una pareja. Ella era muy joven, bellísima, y me dijo que era médico. Él, un profesor de Economía al que ya le clareaba el pelo, pero algo debía de tener para ir acompañado por la misma dulzura en forma de mujer. Me dijo que a él lo que le gustaba era la literatura, y lo de profesor era por las vacaciones y para no tener que escribir miles de páginas de diarios y novelas, no quería convertirse en un galeote de la pluma ni tampoco creía tener talento para ello. Eran recién casados, pero no en plan JRJ, sino en plan bien, y estaban buscando algo por esa zona. Alguien les había comentado que en la sierra cercana a Trujillo algún enfermo de las letras se había comprado un lagar, pero ellos no eran enfermos de nada, si acaso estaban enfermos de amor el uno por el otro, y eso les bastaba y les sobraba. No sé muy bien por qué, pero estaban deseando compartir confidencias conmigo, así que me dijeron que pretendían tener cuatro hijos, y entonces asomó una breve lágrima en mis ojos que enseguida escondí. Como conozco bien el pueblo desde hace más de veinte años, les di algunas indicaciones para facilitar su labor de búsqueda. Ojalá encuentren un hogar digno de su felicidad. No sé lo que les deparará el futuro, pero ese breve encuentro me dejó con una profunda congoja, como una ilusión a punto de truncarse o una alegría desenfrenada que con certeza desembocará en llanto.

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