Pasar de sentir a escribir lo que se siente es construir una ficción.
Escribir un diario es lo más parecido a lanzar un grito en medio de una nada que se nos antoja llena de gente.
Cuando el desánimo te impide escribir y la pereza te impide leer tu final está cerca.
Al menos cuando uno escribe y lanza sus palabras al viento cibernético parece que revive y vuelven emociones antiguas.
¡La escritura como algo sagrado...! Mucho más sagrado es respirar, y no se le da tanta importancia.
