martes, 4 de agosto de 2026

Apuntes (197): Impresiones literarias


He estado releyendo Hambre, de Knut Hamsun, y se me han quitado las ganas de comer.

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Y maravillosas las Fantasías vascas, de Baroja. ¿Quién puede decir que don Pío tenía un estilo imperfecto? Se puede oler el heno de los caseríos vascos al leer esos relatos, y sentir fascinación al contemplar los aquelarres.


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Un escritor notable, Francisco Coloane. Lo raro, después de leer Los pasos del hombre, libro de memorias, es que llegara a escribir nada. En ese libro nos transporta a un territorio de frontera surcado por hielos flotantes, islas inaccesibles que aparecen y desaparecen, horizontes infinitos y vientos inclementes, que aún conserva intacto el espíritu de Magallanes y los indios patagones.


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¡Qué largo fue el viaje de Jorge Semprún en ese vagón de tren, donde dejó enterrada para siempre la inocencia que le pudiera quedar! ¡Y qué vano le resultaría el cargo político que le dieron al final de su vida! El comunismo militante, la muerte y sobre todo Buchenwald escribieron su biografía.


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Y aunque parezca que no hay horror que supere el lager, me cabe una enorme duda después de escuchar las Voces de Chernobyl que nos trae Svetlana Alexiévich. Prípiat, Narodichi, Jöiniki… El holocausto se desdencadenó justo en la frontera entre Ucrania y Bielorrusia, más aún en esta última por los caprichos del viento. Acudió de forma voluntaria el héroe soviético a liquidar el reactor, pero la muerte silenciosa les liquidó a ellos. Imposible comprender, imposible luchar contra el átomo desencadenado. Ese desastre se me antoja el principio del fin.


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Y entre tanto termino nada menos que el volumen número 18 del Salón de Pasos Perdidos de Andrés Trapiello. Literatura banal, como lo es casi siempre la vida, pero no exenta de momentos de grandeza y chispazos de poesía camuflados entre crónicas literarias y ajustes de cuentas. Su calidad es indiscutible, de otro modo no habría leído ya más de 10.000 páginas. Lo único que no trago es aceptar que esa obra es una novela. Una excusa demasiado burda para esconder retratos crueles y ataques desproporcionados, en ocasiones contra gente que por desgracia ya no se puede defender, y si lo hiciera se encontraría contra el muro de la ficción.


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