lunes, 16 de noviembre de 2015

John Donne: Meditation XVII (2ª parte)


Ningún hombre es una isla, completo por sí mismo; cada hombre es parte del continente, parte de la corriente. Si un terrón es arrastrado por el mar, Europa se reduce, como si hubiera sido un promontorio, o una mansión de tu amigo, o tuya: la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy implicado en la humanidad, y así nunca encargues averiguar por quién dobla la campana; dobla por ti. Tampoco podemos llamar a esto una súplica por la desgracia, o una apropiación de la desgracia, como si no fuéramos suficientemente desgraciados nosotros, y tuviéramos que cogerla de la casa de al lado, tomando sobre nosotros la desgracia de nuestros vecinos. Sería en verdad una codicia excusable si así lo hiciéramos, porque la aflicción es un tesoro, y pocos hombres tienen bastante de ella. Ningún hombre tiene suficiente aflicción que no haya sido madurada y sazonada por Dios y hecha apropiada para Dios por la misma aflicción. Si un hombre acarrea un tesoro en lingotes, o en un bloque de oro, y no lleva ninguna moneda, su tesoro no costeará su viaje. La tribulación es un tesoro en su naturaleza, pero no es moneda corriente para su uso, salvo que lleguemos cada vez más cerca de nuestra casa, el cielo, a través de ella. Otro hombre puede estar enfermo también, y enfermo de muerte, y esta aflicción puede residir en sus entrañas, como el oro en una mina, y no ser de ninguna utilidad para él; pero esta campana, que me habla de su aflicción, desentierra el oro y me lo ofrece: si por esta consideración del peligro de otro contemplo el mío propio, y así me pongo a salvo, acudiendo como recurso a mi Dios, que es nuestra única seguridad.




No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main. If a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend's or of thine own were: any man's death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee. Neither can we call this a begging of misery, or a borrowing of misery, as though we were not miserable enough of ourselves, but must fetch in more from the next house, in taking upon us the misery of our neighbours. Truly it were an excusable covetousness if we did, for affliction is a treasure, and scarce any man hath enough of it. No man hath affliction enough that is not matured and ripened by and made fit for God by that affliction. If a man carry treasure in bullion, or in a wedge of gold, and have none coined into current money, his treasure will not defray him as he travels. Tribulation is treasure in the nature of it, but it is not current money in the use of it, except we get nearer and nearer our home, heaven, by it. Another man may be sick too, and sick to death, and this affliction may lie in his bowels, as gold in a mine, and be of no use to him; but this bell, that tells me of his affliction, digs out and applies that gold to me: if by this consideration of another's danger I take mine own into contemplation, and so secure myself, by making my recourse to my God, who is our only security.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

En los campos de Flandes




Hoy, 11 de noviembre, se cumplen 97 años de la firma del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Quiero recuperar mi traducción del poema de John McCrae In Flanders Fieds como homenaje a la sangre derramada en una contienda que cambió el mundo para siempre. Ya no queda ningún superviviente de esa guerra, pero la memoria perdura, para bien y para mal.


En los campos de Flandes

En los campos de Flandes se agitan las amapolas
entre las cruces, hilera sobre hilera,
que marcan nuestra morada, y en el cielo
cantan valientes las alondras, en vuelo
silencioso entre los fusiles allá abajo.
Somos los muertos; hace pocos días
vivíamos, caíamos, contemplábamos la luz del amanecer;
amábamos y éramos amados, ¡y ahora yacemos
en los campos de Flandes!
Proseguid la lucha con el enemigo:
Os arrojamos, con nuestras manos exangües,
la antorcha; que sea vuestra y la alcéis.
Si perdéis la fe en nosotros, los muertos,
¡no podremos dormir, aunque crezcan las amapolas
En los campos de Flandes!

miércoles, 14 de octubre de 2015

La lengua del poeta


Hace un tiempo, leyendo un ensayo de Eliot anoté esta reflexión, no sé si literal: "La poesía no debe ser social nunca. El poeta se debe ceñir a su propia lengua".

Y es ahí justo donde radica la grandeza: en el interior. Quien hace de su arte una mera exhibición podrá tener admiradores, pero su obra no pasará de unos vistosos fuegos de artificio. Quien bucea muy profundo sin preocuparse de lo que pasa fuera, y además tiene la suerte de albergar un tesoro escondido, y aún le quedan fuerzas para sacarlo fuera arrastrándolo, como hizo Cervantes con su Quijote durante tantos años, ése sí que es un gigante. Homero, Dante, Shakespeare, Owen, Pound y algunos otros locos que nos hablan una lengua de ultratumba que no es social, ni lo pretende, porque tienen vocación universal.

martes, 13 de octubre de 2015

Wilfred Owen: Greater Love


Los rojos labios no son tan rojos
Como las piedras manchadas que besan los muertos de Inglaterra.
La dulzura del enamorado y su amada
Parece una deshonra para su amor puro.
¡Oh amor, tus ojos pierden encanto
Cuando lo que contemplo son ojos ciegos!

Tu postura esbelta
Tiembla vulgar como miembros dislocados por el cuchillo,
Rodando y rodando allí
Donde a Dios parece no importarle;
Hasta que el fiero amor que albergan
Les oprime en la decrepitud extrema de la muerte.

Tu voz no canta tan suave,—
Aun cuando el viento murmura a través de las vigas del desván,—
Tu querida voz no es querida,
Amable, y clara como la tarde,
Como la de ellos a quien ahora nadie escucha,
Ahora la tierra ha detenido sus bocas lastimeras que tosían.

Corazón, no fuiste bravo
Ni amplio, ni pleno como los corazones hechos grandes por los disparos;
Y aunque tu mano esté pálida,
Más pálidos están los que rastrean
Tu cruz a través de llamas y granizo:
Solloza, tú puedes sollozar, porque no los has de tocar.




Red lips are not so red
As the stained stones kissed by the English dead.
Kindness of wooed and wooer
Seems shame to their love pure.
O Love, your eyes lose lure
When I behold eyes blinded in my stead!

Your slender attitude
Trembles not exquisite like limbs knife-skewed,
Rolling and rolling there
Where God seems not to care:
Till the fierce love they bear
Cramps them in death’s extreme decrepitude.

Your voice sings not so soft,—
Though even as wind murmuring through raftered loft,—
Your dear voice is not dear,
Gentle, and evening clear,
As theirs whom none now hear,
Now earth has stopped their piteous mouths that coughed.

Heart, you were never hot
Nor large, nor full like hearts made great with shot;
And though your hand be pale,
Paler are all which trail
Your cross through flame and hail:
Weep, you may weep, for you may touch them not.

lunes, 12 de octubre de 2015

Diez motivos por los que hago el boicot a los productos catalanes


1. Porque no es anticonstitucional.

2. Para ir acostumbrándome.

3. Porque es el único medio que tengo de manifestar la opinión que me merecen Mas y sus secuaces.

4. Porque ya está bien de complejos.

5. Porque seguro que ellos están haciendo lo mismo con los productos “españoles”.

6. Para que se jodan.

7. Porque ése es el único “diálogo” que entienden.

8. Porque aunque me dan pena los catalanes que se oponen de corazón a la independencia, ya podían imitar a Boadella y algún que otro valiente.

9. Porque sospecho que muchos de los pobrecitos empresarios que se oponen a la independencia lo hacen movidos por el amor a la pela.

10. Porque me sale de los huevos.

sábado, 10 de octubre de 2015

Georg Trakl



Ya en la fotografía que se le hizo a los tres años muestra el poeta esa expresión intensa, de una tristeza conmovedora, como herido por una vida que aún no ha empezado para él. Nunca le abandonó ese rictus trágico, hasta el suicidio final destruido por el alcohol, la cocaína y el horror de la Gran Guerra. Con 18 años, toda una premonición, comenzó a trabajar en la farmacia Weißen Engel, de su Salzburgo natal. Pero no fue ese ángel blanco, entonces legal, quien arruinó su vida, sino el veneno inoculado por la vanguardia, la conciencia abrumadora de un arte que reclama la vida de sus servidores. Y el pequeño Georg ya estaba señalado por el destino como uno de sus príncipes oscuros. Él sentía la presencia de los muertos invisibles. Tras la batalla de Grodek le causaba pavor la multitud de nietos no nacidos de esos hombres jóvenes que en vano trató de curar sin medicinas. Para él la vida fue un perenne atardecer, y su mérito consistió en sacar belleza de tanta podredumbre.

lunes, 20 de julio de 2015

Siegfried Sassoon: Christ and the Soldier


I

El soldado rezagado se detuvo — Le clavó la mirada —
Luego se arrodilló torpemente, jadeando
'¡Oh bendito crucificado, estoy molido!'
Y Cristo, aún escoltado por los ángeles,
Junto a la línea del frente, entre dos árboles astillados
Le habló: 'Hijo mío, contempla estas manos y pies.'

El soldado elevó la vista, miembro a miembro,
Se paró en el rostro y murmuró,  '¡Heridas como ésas
Mandarían seguro a casa a cualquier camarada!'
Cristo, mirando hacia abajo, afligido y sereno,
Susurró, 'Yo os creé para los misterios,
Más allá de todas las batallas habita el Espíritu Santo.'

II

El soldado arrojó al barro su fusil,
Se quitó la mochila y se enjugó el cuello, y dijo,
—'¡Oh Cristo todopoderoso , detén esta lucha sangrienta !'
Sobre las colinas el cielo estaba manchado como el óxido
En el sombrío amanecer, con un fulgor rojo
Los cañones escupían su plaga de bombas.

El soldado gritaba, 'Yo nací lleno de lujuria
Con hambre, sed y deseos de casarme,
¿A quién le importa ahora si hice bien o mal?'
Cristo respondió compasivo, '¿No puedes creer
En mi palabra que hace temblar a los creyentes?
¿Acaso no soy la resurrección, la vida y la luz?'

III

Las ametralladoras sonaron detrás de las colinas;
Las balas silbaban arriba entre las hojas;
Y el humo llegaba a la deriva por la explosión de las granadas.
Cristo dijo,  'Cree, y podré remediar tus males.
Yo no he muerto en vano entre dos ladrones;
Ni la dádiva de mis milagros ha de carecer de fruto.'

El soldado respondió, 'Sáname si así lo quieres,
Puede que haya alivio para un alma que cree
En la misericordia, y lo necesitamos en este infierno.
¿Pero Tú velas por los dos bandos? Me pagan por matar
Y si disparo a un hombre su madre sufre.
¿También eso se incluye en tus enseñanzas?'

Un  pájaro iluminó a Cristo y cantó alegre;
Luego una brisa meció el maíz maduro.
Un camion de la Cruz Roja pasó traqueteando.
Jesús abandonado soñaba en el desolado día;
 — Jesús alzado, Príncipe de la Paz renegado —
Un puesto de observación para el ataque.

'Señor Jesús, ¿no vas a decirme nada más?'
La cabeza estaba postrada bajo la corona de espinas.
El soldado se movió, y recogió su mochila,
Y se colgó el fusil, y prosiguió tambaleante su camino.
'Oh Dios,' gimió, '¿por qué hube de nacer?'
La batalla retumbó, y no hubo ninguna respuesta.






I

The straggled soldier halted -- stared at Him –
Then clumsily dumped down upon his knees,
Gasping "O blessed crucifix, I'm beat !"
And Christ, still sentried by the seraphim,
Near the front-line, between two splintered trees,
Spoke him: "My son, behold these hands and feet."

The soldier eyed him upward, limb by limb,
Paused at the Face, then muttered, "Wounds like these
 Would shift a bloke to Blighty just a treat !"
Christ, gazing downward, grieving and ungrim,
Whispered,  "I made for you the mysteries,
Beyond all battles moves the Paraclete."

II

The soldier chucked his rifle in the dust,
And slipped his pack, and wiped his neck, and said --
"O Christ Almighty, stop this bleeding fight !"
Above that hill the sky was stained like rust
With smoke. In sullen daybreak flaring red
The guns were thundering bombardment's blight.

The soldier cried,  "I was born full of lust,
With hunger, thirst, and wishfulness to wed.
Who cares today if I done wrong or right?"
Christ asked all pitying,"Can you put no trust
 In my known word that shrives each faithful head ?
Am I not resurrection, life and light ?"

III

Machine-guns rattled from below the hill;
High bullets flicked and whistled through the leaves;
And smoke came drifting from exploding shells.
Christ said,"Believe; and I can cleanse your ill.
I have not died in vain between two thieves;
Nor made a fruitless gift of miracles."

The soldier answered, "Heal me if you will,
Maybe there's comfort when a soul believes
In mercy, and we need it in these hells.
But be you for both sides ? I'm paid to kill
And if I shoot a man his mother grieves.
Does that come into what your teaching tells ?"

A bird lit on the Christ and twittered gay;
Then a breeze passed and shook the ripening corn.
A Red Cross waggon bumped along the track.
Forsaken Jesus dreamed in the desolate day –
Uplifted Jesus, Prince of Peace forsworn –
An observation post for the attack.

"Lord Jesus, ain't you got no more to say ?"
Bowed hung that head below the crown of thorns.
The soldier shifted, and picked up his pack,
And slung his gun, and stumbled on his way.
"O God," he groaned,"why ever was I born ?"...
 The battle boomed, and no reply came back.

sábado, 18 de julio de 2015

Arthur Rimbaud: Le dormeur du Val


Una hondonada de verdor donde canta un riachuelo
Colgando caprichoso de las hierbas los jirones
De plata; donde el sol de la orgullosa montaña
Brilla: es un pequeño valle que espumea con los rayos.

Un joven soldado, la boca abierta, la cabeza desnuda,
Y la nuca bañándose en el fresco berro azulado,
Duerme; está tendido en la hierba, bajo la nube,
Pálido en su lecho verde donde llueve la luz.

Los pies en los gladiolos, duerme. Sonriente como 
Sonreiría un niño enfermo, echa una siesta:
Naturaleza, acúnale con calidez: tiene frío.

Los perfumes no pueden estremecer su nariz;
Duerme al sol, la mano sobre su pecho
Tranquilo. Dos agujeros rojos en su costado derecho.




C'est un trou de verdure où chante une rivière
Accrochant follement aux herbes des haillons
D'argent ; où le soleil de la montagne fière,
Luit : c'est un petit val qui mousse de rayons.

Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
Dort ; il est étendu dans l'herbe, sous la nue,
Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.

Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme
Sourirait un enfant malade, il fait un somme :
Nature, berce-le chaudement : il a froid.

Les parfums ne font pas frissonner sa narine ;
Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine
Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.

martes, 2 de junio de 2015

Primeros años


Una mirada limpia
como un sueño.
Una ilusión vibrante
bajo el sol de la mañana.
Una luz que no se cuela
en las penumbras plácidas.
Así amanece el verano
en esta tierra callada.

Quién pudiera descubrir
los secretos de la infancia
y descongelar el tiempo
cuando nos lo pida el alma.  

domingo, 31 de mayo de 2015

Apuntes (192): Máximas intemporales


El mejor cirujano plástico es el tiempo.

 ~

Ese momento insuperable en que te acercas con el coche a un paso de cebra, ves en el último momento a una vieja parada en el borde desafiándote con la mirada, aceleras, la miras con cara de guasa, y al fin la ves por el retrovisor profiriendo insultos y blandiendo su bastón...

 ~

Ríete de los demás con cariño, y de ti mismo sin piedad.

~

Demasiada paciencia es un síntoma de resignación.

~

Escucha atentamente al necio, pregúntale por sus ideas, alaba sus opiniones y muéstrate humilde ante su necedad.

~

Cuanto más dices que eres libre más esclavo te vuelves de tus palabras.

sábado, 2 de mayo de 2015

Homo Sapiens Mamporrensis



¿Qué son 200.000 años? Apenas un suspiro cósmico, incapaz de alterar en lo esencial los genes de la especie a la que pertenece el individuo que escribe estas líneas. Si acaso en los últimos tres mil años, algunas pequeñas bolsas de población se han impregnado de un leve barniz cultural que se ha dado en llamar civilización, pero a la hora de la verdad, cuando el dinero, ese dios infalible que marca las preferencias de nuestra tribu, dicta sentencia, a la gente lo que de verdad le apasiona es contemplar cómo se atizan sin compasión los más fuertes de cada clan, a mamporro limpio, igual que hace milenios.

¡Aupa, Manny, destroza a ese yanqui bocazas!

jueves, 23 de abril de 2015

El Quijote y la Economía


Hoy, día del libro, he seleccionado para mis sufridos alumnos de bachillerato unas lecturas de nuestro autor más universal, Miguel de Cervantes (el pobre anda últimamente removiéndose literalmente en su tumba), y probablemente la obra cumbre de la literaura universal, ésa en que un hidalgo cuerdo que vivió en un mundo de locos nos da unas sublimes lecciones de humanidad a cuatro siglos de distancia. Como no podía ser menos, Cervantes pone en boca de don Alonso Quijano varias jugosas manifestaciones relacionadas con la Economía, lo que tiene un indudable mérito si consideramos que lo que hoy se estudia en universidades de todo el mundo no adquirió rango de ciencia hasta dos siglos después de la publicación de las andanzas del famoso hidalgo y su escudero. Como botón de muestra, este pasaje de la primera parte, en el capítulo segundo:
Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían […]
Hermosa e inocente utopía, que por desgracia evolucionó a distopías suscritas por Marx y sus hijos políticos, desde Lenin hasta Sánchez Gordillo pasando por Fidel Castro.

Y qué decir de las continuas referencias a la asombrosa variedad de monedas que circulaban por nuestro Siglo de Oro, y que tenían valor intrínseco, no como los papelajos que emite el señor Draghi en el siglo XXI. Así, en la segunda parte, capítulo veintiocho, habla Sancho:
Cuando yo servía a Tomé Carrasco, el padre del bachiller Sansón Carrasco, que vuesa merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida; con vuesa merced no sé lo que puedo ganar, puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero andante que el que sirve a un labrador.
O en el episodio del relato del cautivo (Parte I, Cap. 34):
Así como acabamos de concordarnos y escoger nuestros ejercicios, mi padre nos abrazó a todos, y con la brevedad que dijo, puso por obra cuanto nos había prometido; y dando a cada uno su parte, que, a lo que se me acuerda, fueron cada uno tres mil ducados, en dineros, porque nuestro tío compró toda la hacienda, y la pagó de contado, porque no saliese del tronco de la casa, en un mismo día nos despedimos todos tres de nuestro buen padre.
Para terminar con las referencias a los ducados, principal moneda de la época, tomemos el pasaje en que Don Quijote libera a los presos condenados a galeras (Parte I, Cap. 22), donde surge esta conversación:
— Yo voy por cinco años a las señoras gurapas, por faltarme diez — Yo daré veinte de muy buena gana dijo Don Quijote, por libraros desa — Eso me parece, respondió el galeote, como quien tiene dineros en mitad del golfo, y se está muriendo de hambre, sin tener adonde comprar lo que ha menester: dígolo, porque si a su tiempo tuviera yo esos veinte ducados que vuestra merced ahora me ofrece, hubiera untado con ellos la péndola del escribano, y avivado el ingenio del procurador, de manera que hoy me viera en mitad de la plaza de Zocodover de Toledo, y no en este camino atraillado como galgo; pero Dios es grande: paciencia y basta.
También hay en la obra numerosas referencias a los escudos, como en el episodio de Sierra Morena (I, 23):
En esto alzó los ojos, y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanzón alzar no sé qué bulto que estaba caído en el suelo, por lo cual se dio priesa a llegar a ayudarle si fuera menester; y cuando llegó fue a tiempo que alzaba con la punta del lanzón un cojín y una maleta asida a él, medio podridos, o podridos del todo y deshechos; mas pesaban tanto que fue necesario que Sancho se apease a tomarlos; y mandóle su amo que viese lo que en la maleta venía. Hízolo con mucha presteza Sancho; y aunque la maleta venía cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella había, que eran cuatro camisas de delgada holanda, y otras cosas de lienzo, no menos curiosas que limpias, y en un pañizuelo halló un buen montoncillo de escudos de oro, y así como los vio dijo: — ¡Bendito sea todo el cielo, que nos ha deparado una aventura que sea de provecho!
O a los reales, sin ir más lejos cuando Don Quijote es armado caballero (I, 4):
El labrador bajó la cabeza y, sin responder palabra, desató a su criado, al cual preguntó Don Quijote que cuánto le debía su amo. Él dijo que nueve meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta Don Quijote y halló que montaban setenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los desembolsase si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano que para el paso en que estaba y juramento que había hecho (y aún no había jurado nada) que no eran tantos; porque se le habían de descontar y recibir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado y un real de dos sangrías que le habían hecho estando enfermo.
En cuanto a las llamadas monedas de vellón, se puede decir que eran la calderilla de hoy en día: maravedíes (palabra bella donde las haya, de clara etimología almorávide), blancas, cornados, cuatrines y ardites. Algunas de ellas, como la blanca y el ardite, se invocan hoy para expresar algo sin importancia). En II, 67 Don Quijote nos habla del origen del maravedí:
(…) y este nombre albogues es morisco, como lo son todos aquellos que en nuestra lengua castellana comienzan en al, conviene a saber: almohaza, almorzar, alfombra, alguacil, alhucema, almacén, alcancía y otros semejantes, que deben ser poco más; y sólo tres tiene nuestra lengua que son moriscos y acaban en i, y son: borceguí, zaquizamí y maravedí; alhelí y alfaquí, tanto por el al primero como el i en que acaban son conocidos por arábigos.
Incluso conocemos el precio de venta de la primera parte del Quijote gracias al escribano que incluyó de su puño y letra la preceptiva tasa:
(…) tasaron cada pliego del dicho libro a tres maravedís y medio, el cual tiene ochenta y tres pliegos, que al dicho precio, monta el dicho libro doscientos y noventa maravedís y medio, en que se ha de vender en papel.
La misma Teresa Panza, esposa de Sancho, en su carta a la duquesa (II, 52), nos orienta sobre el valor adquisitivo de la época:
— Yo, señora de mi alma, estoy determinada, con licencia de vuesa merced, de meter este buen día en mi casa, yéndome a la corte a tenderme en un coche, para quebrar los ojos a mil envidiosos que ya tengo; y así, suplico a vuesa excelencia mande a mi marido me envíe algún dinerillo, porque en la corte son los gastos grandes: que el pan vale a real, y la carne, la libra, a treinta maravedís, que es un juicio.
Para finalizar este pequeño recorrido por las monedas del Siglo de Oro y su ilustración en el Quijote, La blanca fue la moneda de menor valor acuñada por los Reyes Católicos en 1497. Sólo equivalía a medio maravedí, por lo que se empezó a usar la expresión popular "estar sin blanca", que ha llegado hasta nuestros días con el sentido de quedarse sin dinero. En el capítulo donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero (I, 3), el ventero le interpela:
Preguntóle si traía dineros; respondió Don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído.
Y en fin, tras este recorrido un tanto largo por la Economía y las monedas de aquella época no sé si gloriosa, pero ciertamente apasionante, me conformo con haber despertado el gusanillo aunque sea en un solo alumno para que deje el móvil y la play aparcados por un tiempo, coja un buen tomo o una de esas maravillosas ediciones gratuitas en formato electrónico, y se disponga a leer con tranquilidad una obra por la que quedará agradecido toda su vida, y a la que seguro volverá en el futuro.

sábado, 18 de abril de 2015

Test de catolicismo


Marque la afirmación con la que esté más de acuerdo, y justifique su elección.
  1. Dios no existe, se trata de un invento de los curas para vivir bien y tenernos cogidos de los huevos.

  2. Dios existe, en realidad no es una persona sino tres, pero no traten de entenderlo. El Dios hijo vino a nuestro mundo en el vientre de una mujer casada y virgen, y su marido se lo creyó. Con el tiempo esta mujer subió al cielo, donde permanece viva de cuerpo presente. Un día su hijo fue a visitar a un amigo llamado Lázaro pero se encontró con que llevaba cuatro días muerto y su cuerpo ya olía. Le dijo que se levantara y el muerto resucitó y, presumiblemente, dejó de oler. Con el tiempo este Dios hijo se hizo muy famoso localmente y sus enemigos planearon quitarlo de enmedio crucificándolo. Resucitó a los tres días y anduvo visitando a gente hasta que subió a los cielos a reunirse con él mismo. Todas estas molestias se las tomó para salvar al hombre.

  3. Dios existe, o más bien un creador inteligente que no se sabe muy bien qué es, cómo es ni a qué dedica el tiempo libre. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Tener o no tener... pelo



Ante el ataque perpetrado el otro día por mi hijo Ignacio sobre mi asendereado aspecto actual, quiero traer hoy una imagen de los tiempos remotos en que las lanas tapizaban mi cráneo, y así mis hijos sabrán lo que les espera en el futuro. Obsérvese la prestancia, la intrepidez, el aplomo y, por qué no decirlo, la chulería que desprenden mis 22 años. No oculto que el tiempo tan sólo ha mejorado y añadido solera al producto, aunque, eso sí, al precio de un ligero clarear en mis venerables sienes.

¡Y esa indescriptible camisa de palmero, por Dios!

martes, 17 de marzo de 2015

Daguerrotipo


¡Qué misterioso encanto el de las fotos que nos llegan del pasado! Es como si cobraran forma las sombras del siglo XIX, cuando aún no existían imágenes, ni máquinas, ni ferrocarriles, ni asfalto en los caminos. Ésta que muestro es del año 1840, uno de los primeros daguerrotipos que se conservan en el estado de Baviera. La ocasión conmemorada, el cumpleaños del compositor y organista bávaro Max Keller, que posa con su esposa en el centro de la imagen. Detrás aparecen miembros de su servicio doméstico y de su familia, como muertos antiguos transportados al siglo XXI por el milagro de una técnica entonces rudimentaria. Pero quien atrae poderosamente la atención es la mujer de la primera fila a la izquierda, con el cabello oscuro severamente partido y expresión ausente. Dicen, y quiero creer que así es, que se trata de una antigua amiga austriaca de la familia llamada Constanze, Weber de soltera, que solía visitar con frecuencia Altötting, donde fue tomada la imagen. Constanze estaba viuda de su primer marido, al que dio seis hijos, desde hacía ya medio siglo. Nada fuera de lo normal, salvo que ese primer marido al que sobrevivió tanto en el tiempo se llamaba Wofgang Amadeus Mozart. El rostro palpable de esa mujer contempló y besó al genio, y el velo del tiempo se descorre para enseñárnoslo.