sábado, 14 de enero de 2012

Una fragoneta prestada


Continúo con el relato de las cosas que me pasan a mí y a ese amigo mío que parece sacado de Los papeles de Pickwick.

Todos saben que el híper es uno de los lugares más favorables para observar el comportamiento de la especie humana. Hace unos días, sin ir más lejos, me sucedió un caso curioso en er Carrefú: estaba yo rebuscando en un stand dedicado a las pilas cuando se me acercó un señor que debía rondar los 90 años, preguntándome si las pilas de un paquete que tenía en las manos eran alcalinas, porque él veía más bien poco. Tras mucho escrutar, descubrí unas letras minúsculas que así lo afirmaban, y se lo comuniqué al señor. Acto seguido me preguntó por la fecha de caducidad. No tenía yo idea de tal cosa en unas pilas, y así se lo hice saber, pero él me insistió en que sí la tenían, así que estuve buscando durante cinco minutos hasta descubrir una inscripción pequeñita en la esquina del envase, que rezaba: "hasta 2018". Así se lo dije, y se le iluminaron los ojos. Con una breve mirada nos entendimos rápidamente, y allá que se fue contento el señor con unas pilas que seguramente le iban a durar "toda la vida".

Y hablando der Carrefú, se me ha venido a la cabeza otra anérdota de ese amigo mío del que ya he hablado otras veces. Resulta que iba a trasladar unos muebles porque se mudaba a Alájar, y para no pagar el alquiler de una fragoneta se la pidió prestada a un amigo de su padre: una Ford Transit más alta que una jirafa. Mi amigo nunca había conducido una fragoneta, pero como es muy valiente allá que se fue a cargar muebles en diversos polínganos de Sevilla. Cuando estaba a punto de terminar el recorrido vio que se quedaba sin gasoil. Había una gasolinera a cien metros, pero como él siempre llena el deposito en er Carrefú, que es más barato, calculó que tenía reserva suficiente para llegar, y allí se fue. La rutina es sencilla: se accede por una puerta que da a las marquesinas del aparcamiento, zig zag por debajo de las marquesinas, que así se ataja y... ¡CRRRRROOCOCROOOC! Una viga que corta la chapa de la fragoneta como si fuera de mantequilla y se queda ahí dentro, adornando el techo. Por supuesto, la fragoneta no estaba asegurada a todo riesgo. Desde ese día, mi amigo hace el ángulo recto en todas las marquesinas que se encuentra, y si alguna vez pasa por debajo de una se agacha y aprieta los dientes. ¡Angelito!

viernes, 13 de enero de 2012

Huid de la fornicación


Así titula su última misiva el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Vaya por delante que estos temas hay que tratarlos partiendo del respeto a los miembros de la Iglesia Católica, y que, aunque esta carta está dirigida a los fieles, he decidido comentarla porque me ha llamado la atención, y por mi interés en los asuntos religiosos. Por último, pediría moderación en los comentarios que se hagan sobre un asunto tan espinoso, pues de lo contrario, más que un debate se produciría un enfrentamiento. Tras este despliegue de paños calientes, entro en materia.

A mí, de entrada, la palabra fornicación me suena bastante mal, y me llama poderosamente la atención, pues hacía mucho tiempo que no la oía. Creo que un buen sinónimo sería folleteo. Éstas son las principales declaraciones de Monseñor Demetrio Fernández:

- Cuando la sexualidad está bien encauzada, la persona vive en armonía consigo misma y en armonía con los demás, evitando toda provocación o violencia. Ahí estoy bastante de acuerdo.

- Cuando la sexualidad está desorganizada es como una bomba de mano, que puede explotar en cualquier momento y herir al que la lleva consigo. Bastante de acuerdo, aunque no tanto como antes.

- Según el obispo, el argumento anterior es válido para todos los estados de vida; para la persona soltera, en la que no hay lugar para el ejercicio de la sexualidad, para la persona casada, que debe saber administrar sus impulsos en aras del amor auténtico, o para la persona consagrada, que vive su sexualidad sublimada en un amor más puro y oblativo. Esto me parece chocante, sorprendente, antediluviano. ¿Que en la persona soltera no hay lugar para el ejercicio de la sexualidad? Me gustaría saber el porcentaje de fieles que a día de hoy está de acuerdo con esta afirmación. En cuanto a la "administración de los impulsos de los casados en aras del amor auténtico", me parece de una ingenuidad supina, y la castidad de la persona consagrada o, como él dice, "sexualidad sublimada", entiendo que es un precepto de la Iglesia Católica, pero a mí personalmente me parece que debería ser superado.

- También acusa el obispo a los medios de comunicación, e incluso a algunos centros educativos, de incitar a la fornicación, lo que en mi opinión no deja de ser cierto.

En resumen, opino que las declaraciones del obispo están fuera del tiempo en que vivimos. Ya sé que una parte de los católicos considera que los preceptos de la Iglesia deben ser inmutables desde su nacimiento o, como mínimo, desde el Concilio de Trento, pero... ¿Son mayoría? ¿Puede sobrevivir la Iglesia en estas condiciones? Probablemente sí, pero con muy pocos fieles. A lo mejor no les importa el número, sino la pureza.

Insisto: pido que nadie se exceda en sus comentarios, y que todos se hagan desde el respeto.

jueves, 12 de enero de 2012

Acojone total



Hace un rato he pulsado el icono de mi blog en el ordenador y me ha aparecido un mensaje diciendo que... ¡¡su blog ya no existe!! ih-ih-ih-ih-ih (música de Psicosis). Diez intentos más y el mismo resultado; cambio de ordenador y lo mismo; el teléfono inteligente (más bien repelente) de la parienta y nada. Desesperación, angustia infinita, mil entradas tiradas a la basura, mi trabajo, mis ilusiones... ¡mi vida! Por supuesto, eso de los bacáps siempre me ha parecido una gilipollez, y ahora comprendo mi imprudencia. Entro en blogger, veo un icono de ayuda, me agarro a un clavo ardiendo... ¡nada! Voy a meterme en la cuenta de gmail y... ¡no me deja entrar! ih-ih-ih-ih-ih Me dice que se ha hecho un uso inadecuado de la cuenta, y dan varias posibilidades: que si no sé buscar en google y capulladas por el estilo. Al final, en letra pequeña, dice que si no es ninguna de las anteriores pulse. Menos mal que sé inglés. Pulso, y sale una pantalla diciendo que si quiero recuperar el blog debo dar el número del móvil para que me manden un mensaje; lo doy; me lo mandan; es un código; lo meto en pantalla; sale la página de gmail para meter la contraseña; la meto; ¡entro en mi cuenta!; pruebo ahora a entrar en el blog... ¡¡dentro!! (música del Aleluya de Haendel).

¡Y todo para tener mi número de teléfono!

Serán cabrones...

miércoles, 11 de enero de 2012

No se puede ser más guapa




Quando me'n vo' soletta per la via,
la gente sosta e mira,
e la bellezza mia tutta ricerca in me,
Da capo a' piè.

Cuando ando solita por la calle
la gente se detiene a mirarme
y admiran toda mi belleza
de la cabeza a los pies.

martes, 10 de enero de 2012

La commedia è finita


Ni Del Monaco, ni Pavarotti, ni por supuesto Björling ni Domingo: con el permiso de Caruso, el mejor Canio se lo he escuchado a Franco Corelli.


No, Pagliaccio non son!
Se il viso é pallido
é di vergogna e smania di vendetta!
Todos hemos sido alguna vez Canio, llenos de ira, terribles en la ejecución de nuestra venganza, pero en el último momento apartamos el cuchillo y bajamos los ojos. A eso se le llama civilización.

Apuntes (150): Disparates


Síndrome postvacacional. Buena cosa: señal de que estoy sano.

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Alaba Bergamín en un ensayo las bondades del disparate en la vida y en la literatura.Es ésta una de esas palabras para cuya comprensión conviene acudir al diccionario, que nos informa de que algo disparatado es "contrario a la razón". No se trata, pues, de un desatino, eso que decimos cuando estamos desesperados de que vamos a "hacer un disparate". Se trata de algo más sutil: una especie de iluminación, el motor creador de muchos poetas que han disparado unos versos sin pensárselo dos veces, o, como dice el autor, utilizando "una forma inventiva, creadora, poética del pensamiento", y alumbrando así algunas de las creaciones más hermosas de nuestra literatura.

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Ya me gustaría a mí estar todo el día haciendo disparates. Modestia aparte, alguno que otro disparate sí que suelto en este blog; me queda saber si son disparates de los buenos o de los malos.


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Un disparate de los malos: "Como esto siga así no sé lo que voy a hacer, igual me tiro a un río, como Ganivet". Pero... ¿se trata de disparate o desatino? ¿No será más bien una bravuconada, una llamada de atención? O acaso se trate de una gilipollez... Sí, seguramente es esto, no faltan antecedentes en mi blog. En cualquier caso, se está convirtiendo en una paja mental, así que mejor lo dejo, que además me estoy yendo por las ramas (ahora vendría lo de los monos que se suben a las ramas y tal, pero no lo voy a decir, que paso de la paja mental al coñazo, lo que, bien pensado, no deja de ser un avance...). Bueno, va, me callo.

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Últimamente tengo abandonado el cuaderno de papel, y escribo la mayoría de mis apuntes directamente en blogger. Tengo que reconocer que el hecho de escribir a mano es más una pose que otra cosa: lo hago más bien porque me resisto a abandonar el medio tradicional, pero el ordenador es mucho más práctico, y más aún con la moda de los teléfonos inteligentes (tiene cojones que haya tantos teléfonos inteligentes en manos de zoquetes sin remedio).

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Lo mejor de Pickwick Papers, con diferencia: el personaje de Mr. Weller.

domingo, 8 de enero de 2012

¿Crisis bloguera?


He estado "hojeando" mi blog, cosa que hago con muy poca frecuencia, y por eso mismo me ha sorprendido leer no ya las entradas, que sí recuerdo, sino los comentarios que se me hacen y mis respuestas a éstos. A veces es más interesante lo que "cuelga" de la entrada que la entrada misma, como se puede comprobar aquí. En muchas ocasiones se pasa de treinta comentarios, y acude una media de diez o doce contertulios. A día de hoy la situación es muy distinta: ha bajado el número de comentarios, y el blog está menos animado. Podría ser que esto se debiera a que mis andurriales se han hecho menos interesantes, y algo de esto hay, pues ya no hago tantas entradas jocosas, que invitan a la participación, pero también he observado una bajada de actividad en los blogs que sigo. ¿Cabría pensar, entonces, que estuviéramos ante una crisis del blog como medio, al inicio del declive que conducirá a su extinción? La cuestión no es baladí, al menos para mí, que me he volcado en estos andurriales tan motivadores. Un factor que podría ir en contra de esta hipótesis es que, a pesar de que los comentarios han descendido, el número de visitas diarias a mi blog ha subido, incluso si descontamos las visitas aleatorias que nos trae Mr. Google. Aun así, me queda la sensación de que algo está pasando, de que se barrunta un fin de ciclo. Ahí dejo la duda; por mi parte, seguiré escribiendo en el blog mientras tenga viva la ilusión, y si éste se acaba buscaré otro medio donde pueda seguir publicando a diario, cosa que me motiva mucho más que escribir para mí mismo o, en el mejor de los casos, para un puñado de futuros lectores anónimos.

sábado, 7 de enero de 2012

Apuntes (149): Permanencia


Que no me miren, que no me hablen, que no me toquen, que me dejen vivir la vida que he elegido, con quienes yo he elegido.

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Esta mañana, en el sendero de los Molinos, Jaime ha resuelto el dilema entre lo bueno que está el jamón y la pena que da que maten a esos cerditos tan graciosos que ve por el campo. Dice que se les pueden cortar las piernas y sustituirlas por otras de plástico, y así el cerdo sigue vivo y nosotros comemos jamón tan ricamente.

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Y siguiendo con las anécdotas, Gonzalo quedó muy apenado el día de Año Nuevo al ver que unas velas muy graciosas con forma de angelito habían quedado reducidas a una masa de cera informe. Nada más verlas propuso la solución: bastaría con sacarlas al patio, donde hacía mucho frío, hasta que recuperaran su forma original.

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Es una experiencia curiosa leer cualquier libro de Azorín y a continuación contemplar su retrato. Parece mentira que el dueño de un rostro tan avinagrado pudiera escribir con tal preciosismo, describir con tanta maestría estampas de la naturaleza, de la armonía del hombre, los caminos, los pueblos y los campos españoles.

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Si no se escribe con un mínimo de vocación de permanencia, la obra nunca permanecerá.

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Aunque para lo que hay que permanecer...

Odio


Su mejor amigo le falló. No es que le traicionara, ni que le dejara de apoyar cuando más le necesitaba, ni una de esas cosas que hacen que los amigos se peleen, no; fue algo mucho peor: un distanciamiento progresivo, sutil al principio, casi imperceptible, que se fue agrandando con el paso de los meses hasta hacerse intolerable. Quizá un malentendido, un roce de familias, un desgarro que no parecía gran cosa pero al que nadie aplicó una pequeña sutura que habría evitado lo que vino después. Porque no fue fácil convivir con esa frialdad extraña, con ese saludo cada vez más lejano, unos paseos donde iban faltando las risas. El antiguo silencio cómplice era ahora una barrera de cuchillos en punta. Luchó por cambiar la situación, por volver a los viejos tiempos, pero fue en vano. Una mañana, al cabo de unos años, se despertó con una sensación extraña, un regusto salado en los labios y la certeza de que algo se removía dentro de su estómago. Era el odio, que surgía triunfante. Un odio de la peor clase: el arrojado hacia alguien a quien se ha querido; un odio que tarda en prender, pero cuando lo hace es inextinguible, y sube, sube hasta la misma altura que el cariño del que se alimenta.

Ayer volvió a su casa con la cabeza baja y un surco profundo cruzándole la cara. Había logrado arrancase el demonio de las entrañas, y allí quedó la mitad de su dolor; el resto lo llevó a cuestas hasta el fin de sus días.

viernes, 6 de enero de 2012

Apuntes (148): Caramelazos


No me voy a quejar de los Reyes; por ahora he sido agraciado con mi primera petición: me he levantado fresco como una lechuga. Ni un simple resfriado, aunque no estoy muy seguro de que haya sido lo suficientemente bueno. Veremos...

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Son muy pocas las actividades sociales del hombre donde los egos no salen a relucir. No el trabajo, desde luego, ni los cócteles y reuniones de todo tipo, ni los clubs y asociaciones (vulgo, sectas). Por eso evito ir a "bolos", soy antisectario, y trabajo porque no tengo más remedio. Y, a pesar de todo, no soy misántropo, mi rotunda falta de misoginia me libra de eso.

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He leído el prólogo del insigne Ortega y Gasset a la primera edición de las Cartas finlandesas de Ganivet, y me ha parecido un ejercicio de petulancia y erudición insufrible. Hay hombres de letras y filósofos que cimentan su fama en un estilo pretendidamente culto, infiriendo teorías innovadoras hasta en el prólogo de un libro: aquí se habla de lo que es una generación literaria, de trabajos pasados y presentes de Ortega, de por qué ciertos autores se ven abocados a la originalidad... de todo menos del autor y de la obra que se prologa. Increíblemente, no hay una sola referencia a las Cartas finlandesas, y de Ganivet se habla de pasada, para ponerlo como ejemplo (junto con Unamuno, del que se habla más, Bernard Shaw y Barrés) de la tesis presentada. Por mi parte, si a mí me escribieran un prólogo de esas características, por muy Ortega que fuera, lo mandaría a la papelera de reciclaje previo paso por el cuarto de baño.


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Los niños disfrutaron ayer muchísimo de la cabalgata de Alájar. El único incidente fue la primera andanada de caramelos lanzada por el rey Melchor, que hizo diez o doce dianas en la cabeza del pobre Gonzalo. Me costó hacerle ver que los Reyes eran muy buenos y se habían equivocado, pero no quedó del todo conforme y ha elegido sin dudarlo al rey Baltasar, que le alcanzó los caramelos en la mano.

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Lo bueno de las cabalgatas en los pueblos es que se tiene enchufe: los Reyes, como son magos, conocen perfectamente a los niños, y claro, como los míos se hacen notar se llevan sus favores, hasta el punto de que volvieron (sus tres primos también ayudaron) con una bolsa de al menos siete kilos de caramelos, a una media de un kilo por barba, que no está nada mal. Lo mejor fue que no quedó un solo caramelo en las calles, a diferencia de la cabalgata de Sevilla, que resulta obscena: no hay nada más deprimente que las calles amanecidas el seis de enero con una alfombra de caramelos pisoteados.

jueves, 5 de enero de 2012

Mi carta a los Reyes Magos


- Salud.


- Un aifon último modelo (el más caro que haiga).

- Un seguro a todo riesgo para mi ridáider.

- El premio Nobel de Física.

. Un Scalextrix de cien metros cuadrados.

- Mil ejemplares de la trilogía Millenium (para disfrutar viéndolos arder en la chimenea).

- Un libro de poemas publicado en papel (eso del ebook es una mariconada).

- Irme a vivir a Alájar.

- Que no vengan más niños.

- Un trébede.

- Aprender alemán por ciencia infusa.

- Un trabajo consistente en llevar un blog a razón de mil euros por entrada, más un plus de cien euros por comentario.

- Y muchas más cosas que ya se me irán ocurriendo, para el año que viene.

miércoles, 4 de enero de 2012

Vísperas



Cuatro de enero: víspera de vísperas de Reyes Magos. Los hombres hemos vivido siempre de las vísperas, porque son éstas las que han alimentado la ilusión; y la ilusión es patrimonio casi exclusivo de los niños, que cuentan los días y las horas que faltan para su cumpleaños o su santo, esperan como agua de mayo las vacaciones, o el día en que harán estación de penitencia para continuar con la tradición heredada de padres y abuelos. Son tan inocentes y, por ello, tan felices, que la promesa más modesta les hace esperar el acontecimiento como si fuera la llegada del Mesías. Después disfrutarán; seguramente, pero la verdadera emoción está siempre en la espera.

Y hablando de espera y de ilusión, nada supera al día en que los Reyes Magos traen sus regalos a todos los niños de España; hasta a los traviesos (malos no los hay), a los que han amenazado con carbón, les traen también juguetes, además de un carbón de caramelo que endulza aún más el día grande. No sé por qué, pero yo no tengo apenas recuerdos de cuando era niño, y sin embargo recuerdo todas y cada una de las noches de Reyes, la emoción al acostarme, lo difícil que resultaba conciliar el sueño y el momento en que los hermanos nos despertábamos unos a otros, más temprano que ningún día, y nos agolpábamos ante la puerta cerrada del salón con los ojos encendidos de emoción.

Traigo hoy un poema escrito hace justamente dos años, en unos momentos de más inspiración que los actuales. Valga para que los mayores también encontremos en estos días nuestro pedacito de ilusión.


Aquellos Reyes Magos de mi infancia
pintaban de emoción las vacaciones
de Navidad, vendían ilusiones
hoy perdidas, envueltas en fragancia
a dulces caramelos, a distancia
lejana, a camellos y turrones
de guirlache, niños dormilones
pasándose la noche en vigilancia.
Los Reyes que ahora vienen van con prisas.
No caben sus juguetes en la casa
y acaban por morir de cualquier modo
llevándose consigo vuestras risas
y haciéndome entender lo que me pasa:
¡Ya no soy niño, y lo he perdido todo!

martes, 3 de enero de 2012

Apuntes (147): Un día por Valverde


Fuimos ayer a ver el belén viviente de Beas, y, aunque no le faltaba un detalle, los "seres vivientes" no estaban a la altura, los angelitos. Eran niños de unos diez o doce años, y no se les veía muy entusiasmados con su papel. La Virgen María estaba peleándose con San José a empujón limpio, y los carpinteros, panaderos, hilanderas y demás población hebrea pasaban el rato lo mejor que podían jugando a las cartas, bromeando o haciendo dibujos en el suelo. Preguntamos a los encargados de la matanza por sus labores y nos respondieron que estaban hartos de contestar siempre a la misma pregunta. A todo esto, un grupo de adultos pasaba repartiendo bolsas de gusanitos a los sufridos niños, que formaban así una estampa de lo más tradicional. En fin, que uno prefiere las figuritas toda la vida, que aportan más veracidad al cuadro belenístico.

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Y antes de Beas comimos en Valverde con unos amigos. Barbacoa de tres metros de alto con fregadero y encimera incluida, que allí sienten pasión por las barbacoas. Tienen hasta una manera especial de ensartar la carne, en los llamados espetos, muy distintos de los que se usan en Málaga para el pescado. Son unas horquillas largas y afiladas donde se ensartan las piezas de carne muy cerca unas de otras, lo que les da un sabor especial. Por lo visto hay que pedir al carnicero que corte las piezas de una manera determinada, y parece ser que es una costumbre propia únicamente de ese pueblo. Quizás una herencia árabe, como tantas otras que se mantienen vivas milagrosamente.


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En esta ocasión el protagonismo gastronómico de la reunión no fue la carne a la parrilla, sino un huevo de avestruz que nos habían regalado unos amigos. Ni que decir tiene que el cacharro llamó la atención, con un peso de más de un kilo y una cáscara más dura que un cuerno. El problema vino a la hora de cascarlo: había que olvidarse del método tradicional de chocarlo contra el borde de la sartén (en este caso una paellera). Hubo que recurrir a un cuchillo de grandes dimensiones y, tras varios intentos, se abrió un boquete en el huevo, con la mala fortuna de acertar justo donde estaba la yema, que de este modo se pinchó, destruyendo las esperanzas de conseguir un huevo frito. Tuvimos que conformarnos con una especie de revuelto con un sabor peculiar, bastante bueno, pero no hubo manera de comer ni siquiera la mitad, y eso que éramos once personas.

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Había allí un señor al que le sorprendió la guerra con cinco años, y a los siete se quedó huérfano de padre y madre. Cuenta de esos tiempos que debía buscarse la vida como fuera, rapiñando en los campos lo poco que había de comer, o enganchándose en los camiones para rajar un saco de grano. No había grifos, ni retretes... dice que no había nada. Y ahora, a los 81 años, tiene muy presente ese recuerdo que a nosotros nos parece una historia remota. La represión en el pueblo fue dura: como él dice, había falangistas que denunciaban a todo el que podían para que vinieran a buscarlo y lo pasearan. Tantas atrocidades, tanta miseria... y tanta abundancia ahora, que se le antojará obscena, como ridícula le debe de resultar la crisis en comparación con aquellos años negros.

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Tiene la sierra algo especial: un silencio lleno del trino de los pájaros y del rumor de los árboles que le hace sentir a uno en armonía, no ya con la naturaleza, sino consigo mismo, porque se forma parte de una comunidad que ha domesticado el medio para nutrirse de él, sin dar el paso siguiente que conduce a la deshumanización.

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Cuatro niños riendo y jugando en el campo: eso es la vida; ahí está su esencia.

lunes, 2 de enero de 2012

Un pensador admirable

La reforma universitaria (y como ésta la de la enseñanza en general) está en las Universidades, no en el Parlamento; y lo que hace falta no son legisladores, sino hombres de acción y de sentido común que empuñen los zorros y sacudan el polvo a todos los organismos e instituciones.
Ángel Ganivet. Cartas finlandesas (1896)

Eso mismo, eso mismo es lo que yo siempre he dicho: si nos dejaran libertad a los docentes, si nos desataran las manos, si nos desembarazaran de estas normas estúpidas ideadas por esos terroristas de la educación llamados pedagogos, otro gallo cantaría. Una legislación mínima, un marco de actuación, un cierto y lógico control, y el resto fiarlo al buen sentido de los profesionales, que lo tienen, no lo dude nadie.

La obra de Ganivet es sorprendentemente moderna, y nos descubre a un hombre de una lucidez asombrosa, que nos daría hoy lecciones de liberalidad y buen sentido. Por si fuera poco, hace gala de un fino sentido del humor, una inteligencia notable y un agudo poder de observación. A diferencia de otros grandes escritores, a los que se ve lejanos e inaccesibles en su grandeza, a Ganivet apetece sentarlo a nuestra mesa para charlar con él de lo divino y de lo humano, y para empaparnos de humanidad. ¡Y pensar que un hombre así se tiró a un río helado con treinta y tres años! ¿Por qué será que un exceso de inteligencia acaba por destruir a un hombre?

domingo, 1 de enero de 2012

Navidades Comme il faut


DECÁLOGO PARA UNAS NAVIDADES DE TODA LA VIDA


1. Tragarse enterito el Concierto de Año Nuevo.

2. Tocar las palmas como un carajote al ritmo de la Marcha Radetzky.

3. Seguir con atención los saltos de esquí desde Garmisch Partenkirchen.

4. Decorar el árbol de Navidad con espumillón y campanitas de colores, y no esa mariconada de las luces led.

5. Llamar al cava champán.

6. Llamar a Baltasar "El rey negrito".

7. El 22 de diciembre, pasar toda la mañana con el soniquete de los niños de San Ildefonso por la radio, nada de televisión.

8. La madrugada de nochebuena no olvidar dejar bien encendido el fuego de la chimenea por si acaso se le ocurre bajar por ella al gordopilo de Papa Noel.

9. Acudir a la cabalgata con la intención de coger kilos y kilos de caramelos, abriéndonos pasos a codazos, y cagándonos en los muertos de la gente que los desprecia y los pisotea.

10. El cinco de enero por la noche, dejar unas tapitas y unas copitas para SSMM los Reyes y un par de cubos de agua para los camellos.