De vez en cuando cogías tu guitarra junto a la chimenea y los trémolos brotaban como por encanto. Y me mirabas de hito en hito. Y al final me sonreías. Y simplemente así éramos felices. Nadie ha vuelto a coger esa guitarra que tú tocabas ya de niña. Descansa apoyada en un rincón del salón de Alájar, junto con otra que era mía pero jamás aprendí a tocar, esperando unas manos que ya nunca la acariciarán, y yo esperando una sonrisa y unos ojos dulces que sólo subsisten en mi recuerdo.
Señoríos, capacidad estatal y desarrollo económico
-
Por Daniel Oto-Peralías La rendición de Granada (Francisco Pradilla y
Ortiz). Wikipedia El 2 de enero de 1492 Boabdil entregaba las llaves de la
ciudad de ...
Hace 5 horas