sábado, 2 de agosto de 2014

Laurence Bynion: For the Fallen


Poema publicado en septiembre de 1914, apenas un mes después del comienzo de la Gran Guerra, a las puertas del horror que se avecinaba.

Orgullosa, como una madre con sus hijos,
Llora Inglaterra a sus muertos al otro lado del mar.
Ellos fueron carne de su carne, espíritu de su espíritu,
Caídos por la causa de la libertad.
Los tambores solemnes emocionan: la Muerte augusta y regia
Eleva su lamento hacia las esferas inmortales.
Hay música en medio de la desolación
Y una gloria que brilla por encima de nuestras lágrimas.
Ellos fueron entre cánticos a la batalla, eran jóvenes,
Con sus  miembros rectos, la mirada confiada, firmes y radiantes.
Aguantaron inconmovibles hasta el final con todo en su contra,
Cayeron con su rostro vuelto al enemigo.
Ellos no envejecerán, como envejecemos los que quedamos:
El tiempo no los marchitará, ni los condenarán los años.
Cuando se ponga el sol en la mañana
Nosotros los recordaremos.
Ya no se mezclan con sus alegres camaradas;
Ya no se sientan a la mesa en el hogar familiar;
No toman parte en nuestras ocupaciones diarias;
Ellos duermen más allá de las olas de Inglaterra.


Pero allí donde están nuestros deseos y esperanzas profundas,
Como un manantial escondido a la vista,
Para el corazón más recóndito de su propia tierra son conocidos
Como la Noche conoce a las estrellas;
Como las estrellas que seguirán brillando cuando seamos polvo,
Marchando sobre las llanuras celestiales,
Como las estrellas que estrellean al llegar nuestra oscuridad,
Hasta el final, hasta el final ellos quedarán.


With proud thanksgiving, a mother for her children,
England mourns for her dead across the sea.
Flesh of her flesh they were, spirit of her spirit,
Fallen in the cause of the free.
Solemn the drums thrill: Death august and royal
Sings sorrow up into immortal spheres.
There is music in the midst of desolation
And a glory that shines upon our tears.
They went with songs to the battle, they were young,
Straight of limb, true of eye, steady and aglow.
They were staunch to the end against odds uncounted,
They fell with their faces to the foe.
They shall grow not old, as we that are left grow old:
Age shall not weary them, nor the years condemn.
At the going down of the sun and in the morning
We will remember them.
They mingle not with their laughing comrades again;
They sit no more at familiar tables of home;
They have no lot in our labour of the day-time;
They sleep beyond England's foam.
But where our desires are and our hopes profound,
Felt as a well-spring that is hidden from sight,
To the innermost heart of their own land they are known
As the stars are known to the Night;
As the stars that shall be bright when we are dust,
Moving in marches upon the heavenly plain,
As the stars that are starry in the time of our darkness,
To the end, to the end, they remain.