sábado, 31 de diciembre de 2011

Apuntes (146): The last post of the year


Ayer tuve un reencuentro entrañable, inolvidable: después de dos largas semanas de espera durante las cuáles no pude dejar de pensar en él un solo momento, a las ocho de la tarde sonó el timbre de mi casa en Alájar y al abrir, -¡oh maravilla!- me encontré con mi vecino Manolo que portaba en sus brazos el ridáider perdido. Lo cogí con mimo, me lo llevé al corazón y examiné con cuidado todos sus ángulos. El pobre está un poco perjudicado, ha perdido una de sus esquinas, tiene algunos rayones en el marco, pero, lo más importante, funciona como el primer día. Me he prometido a mí mismo no volver a separame de él, tenerlo siempre a la vista y no depositarlo en ningún lugar extraño. Así se lo he dicho, y un pequeño parpadeo en la pantalla me ha hecho ver que me entendía, que comprendía mi angustia y me perdonaba por un descuido tan grave que pudo dar al traste con nuestro matrimonio.

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Hay días luminosos en que uno cree en la eternidad, y otros oscuros donde esa eternidad también es cierta, pero pesa como un cielo negro hecho de plomo.


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Estos apuntes se van fabricando con esfuerzo, sin la espontaneidad que tengo escribiendo otras cosas. Me tengo que parar a pensar en lo que escribo, y eso me hace temer que no es honesto, no es real. En cualquier caso aquí están, como un testimonio no sé muy bien de qué, una amalgama entre mi vida, mis recuerdos, mis lecturas y, sobre todo, mis pensamientos cada vez más sofisticados, cada vez más fingidos, cada vez más ciertos.

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El leño grande de la chimenea aún tiene un rescoldo cuando bajo muy de mañana con el sueño pegado en los ojos, pero ese olor a humo me despierta y me hace sentir vivo, porque es un olor de la naturaleza, y así se han despertado durante milenios los hombres, antes de que se encauzara una energía que fabrica el calor como si fuera un milagro. Un aparato vomitando aire caliente sin que haya detrás nada que lo explique no se puede comparar a un leño ardiendo en el hogar; se nota en la paz que se siente al acercarnos.

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Y por último, dada la fecha en la que estamos, y a sabiendas de que es una gran mariconada hacer estas cosas por Internet, y una mariconada aún más grande hacerlo en otro idioma, teniendo en cuenta que ésta es mi última entrada del año, en que hemos compartido dichas y desdichas, demonios escondidos, pajas mentales, lágrimas escondidas de risa y de menos risa, canciones, poemas y alguna que otra cornada medio en broma medio en serio, va por ustedes:


Die Andurrialer Blogischer und ich wünschen Ihnen:

"Prosit Neujahr!"

viernes, 30 de diciembre de 2011

Algunas anérdotas


- Esta mañana me han sacado sangre los vampiros. Al salir me he cruzado con la señora que iba después, ¡y se ha santiguado!

- Mi parienta vio una vez llegar a urgencias a un nota que tenía partido el dedo corazón, y al preguntarle cómo le pasó, dijo que ¡jugando al dominó! ¡Pito doble!

- Cierto amigo mío, que es una mijita despistado, olvidó un artilugio electrónico en el techo del coche y, lógicamente, a los pocos kilómetros salió volando sin que él se percatara. Como tiene una flor en el culo, un vecino lo encontró en la carretera y se lo devolvió.

- El mismo amigo, nada más sacarse el carnet de conducir, salía del garaje acompañado de su padre y se le caló el coche justo debajo de la puerta automática. El padre se puso a gritar, el coche no arrancó, la puerta bajó y el coche a tomar por culo.

- Otra del mismo prenda: fue a echar gasolina, y hasta que no se bajó del coche no vio que la gasolinera estaba cerrada. Salió echando leches y cagándose en los muertos del demonio, y, claro, no se dio cuenta de que la barrera de salida estaba bajada: un tubo de acero de catorce pulgadas que impactó contra lo que hasta ese momento había sido un parabrisas.

Y tengo muchas más, a ver si otro día sigo...

jueves, 29 de diciembre de 2011

Diez mariconadas navideñas


1. Comprar turrón praliné de crema catalana o turrón de coco con arándanos.

2. Felicitar las fiestas con un e-mail dirigido a media España y parte del extranjero.

3. Asegurar a la suegra que se la quiere mucho.

4. Leer Un cuento de Navidad, de Dickens.

5. Creer en Papa Noel con el argumento de que "así los niños tienen más tiempo para jugar".

6. Plantar en el belén a un tío cagando a la vista de San José, la Virgen y el Niño.

7. Comprar un árbol de Navidad en Ikea.

8. Colgar del balcón un gordopilo de barbas blancas vestido de rojo subiendo por una escala.

9. Colgar del balcón una tela roja con un Niño Jesús regordete, que digo yo que lo podían haber sacado más guapo.

10. Mover cielo y tierra para que la niña, que es más fea que un núo, salga en la cabalgata de Estrella de la ilusión.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Diez bombazos informativos


El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, presentó ayer en sociedad la fundación Apadrina a un gilipollas. Esta iniciativa pretende recoger a los innumerables gilipollas que se han quedado sin trabajo con el cambio de gobierno. Zapatero pondrá a su servicio todo el talento y experiencia gilipollesca acumulada durante estos años, y reconducirá su energía hacia actividades poco dañinas para la sociedad, como golpearse repetidamente la cabeza contra un muro, abrir zanjas para volver a taparlas, redactar tratados sobre el uso no sexista del lenguaje que serán leídos en alto ante los señores y las señoras gilipollas, así como la institución del Premio gilipollas del año, que en su primera edición recaerá, ex-aequo, en la exministra Leire Pajín y la titiritera Pilar Bardem.


Los máximos responsables de los distintos partidos políticos del país han llegado al acuerdo de que en un plazo de seis meses se eleborará una nueva ley de educación consensuada, que tendrá una vigencia de cien años prorrogables a otros cien. La nueva ley se llamará LOVEISS (Ley Orgánica Vigente de Educación In Saecula Saeculorum).


La Junta de Andalucía da por finalizado el PER, con lo que pretende conseguir un efecto similar al de la Ley de Vagos y Maleantes de los tiempos de Franco.


La duquesa de Alba deshereda a su hijo Cayetano, que se ve obligado a recoger aceituna en las fincas de su madre para subsistir.


El nuevo gobierno de Mariano Rajoy elabora un Real Decreto por el que se prohíben las tertulias radiofónicas y televisivas donde aparezca una "loca", sea o no homosexual.


Incidente de la eximia Belén Esteban en un programa televisivo emitido en directo: en medio de su intervención le reventó la teta izquierda, y el revuelo subsiguiente dio al traste con la emisión. Grave riesgo de quiebra para la compañía que había asegurado sus "poderes".


El flamante Premio Cervantes 2011, el prometedor poeta chileno Nicanor Parra, firma un contrato de exclusividad con la editorial sevillana Isla de Siltolá por el que cede los derechos de todas sus obras en los próximos cincuenta años.


Se descubre en Lisboa un texto inédito de Fernando Pessoa. Se trata de una colección de chistes de muy diversa temática. Los expertos aseguran que estamos ante un claro precedente de la obra de Gregorio Sánchez Fernández, más conocido como Chiquito de la Calzada.


El escritor leonés Andrés Trapiello adquiere un derecho de tanteo por todos los objetos que se vendan en el Rastro madrileño, así como los libros de la Cuesta de Moyano. A partir de ahora, al cerrar un trato los puesteros deberán enviarle un SMS con la fotografía del objeto en cuestión así como el importe de la operación, y el señor Trapiello podrá igualar la oferta y mandar una transferencia vía Banco de España para su adquisición, que le será entregada en su domicilio sin gastos de envío.


El premio "Blog del año", dotado con cien millones de euros, recae este año en un bloguero que no ha desvelado su nombre, pero se sospecha que anda escondido por estos andurriales.

martes, 27 de diciembre de 2011

Apuntes (145): La speranza!


¡Qué tiranos, los que hablan en nombre de la libertad!

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Después de casi dos años de silencio, mi equipo de música vuelve a sonar: un par de minutos de voluntad han bastado. Había una gruesa capa de polvo en el amplificador Denon, en los altavoces Mission... La espera, por inútil e inevitable, ha merecido la pena: Alfredo Kraus hace de Rodolfo y está cantando a Mimí en París, en la víspera de Navidad de 1830... poichè v'ha preso la speranza! Y luego viene Werther, y el Lamento de Federico... La música más gloriosa al alcance de la mano, al capricho de la voluntad.


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Seguramente no hacía falta decir que el maestro canta aquí con 63 años, yo mismo fui testigo de una interpretación portentosa de la misma aria con 71 años. Da igual, lo que importa es cómo se mete el si bemol en la boca en 2'13", lo acoge con mimo, lo aloja en una bóveda amplia como una catedral y lo arroja violentamente por las cavidades del cráneo hasta impactar con rotunda belleza en los oídos del asombrado oyente.




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Y ya quisiera yo que a mí me despertase de ese modo el aliento de la primavera, o del otoño, o del invierno... aunque sólo fuera una vez.

~

Mejor un despertar angustiado por el final de una vida que mil amaneceres tristes en una vida sin final.

lunes, 26 de diciembre de 2011

La ilusión no está en crisis


Transcripción fidedigna de la Carta a SSMM los Reyes Magos de mi sobrina Marina, de 6 años:

Queridos Reyes Magos:
Os digo que sigais trayendo jugetes
y regalos porque sino los niños se
desanimaran y se pondran tristes.
Cuidado con la crisis economica
y ahora pasadlo bien y buena suerte
Adios

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad, Heine y puñados de esperanza



Ich weiß nicht, was soll es bedeuten,
Daß ich so traurig bin,
Ein Märchen aus uralten Zeiten,
Das kommt mir nicht aus dem Sinn.


Yo no entiendo por qué me ha penetrado
esta tristeza que me hiere el alma,
una leyenda de tiempos pasados
que no me deja descansar en calma.

Heinrich Heine: Die Lorelei
El Märchen, el cuento de hadas de estos días, es sin duda la Navidad que se avecina. Una fábula antiquísima, un misterio que se repite año tras año. De nuevo Heine tiene la palabra:
Es ist eine alte Geschichte,
Doch bleibt sie immer neu
.
Es una vieja historia/a la vez siempre nueva. Ahí está el misterio, en ese renacer tan simbólico, año tras año durante milenios. Un mensaje de esperanza y alegría siempre renovado. Incluso los no creyentes como yo intuimos algo especial, como si una bendición cayera sobre la tierra. Recibo felicitaciones de mucha gente que cree en el misterio, y yo no puedo corresponder de corazón, pero las agradezco. Venga, pues, esa tristeza dulce acompañada de unos puñados de esperanza que nos servirán para afrontar con más ánimos el tiempo que queda hasta la próxima Navidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

¡Los muertos del éxito!


Ojo al correo electrónico con el que me felicitan las Navidades desde el departamento de Organización de Empresas de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, al que pertenezco:

La Dirección del Departamento y el personal de apoyo administrativo os desean una Feliz Navidad y un 2012 pleno de éxitos.
¡Pleno de éxitos! ¿Pero qué coño significa eso de "éxitos"? ¿No me podían haber deseado paz, felicidad, alegría, si acaso prosperidad? ¿Habrá algo menos navideño que el éxito, más repugnante, más utilitarista, más alienante? A veces me planteo qué leches hago dando clases de empresa, si no creo en lo que enseño. La Economía es otra cosa, es una ciencia abierta, social, emparentada con la Filosofía. En Economía no se habla de éxito, sino de necesidades humanas. Así nos luce el pelo, si el máximo ideal de nuestros jóvenes es el éxito, si los estudios de empresariales son los más buscados porque conducen al éxito. Yo me cago en los muertos del éxito, y pido más humanidad, coño, que se puede salir adelante sin tantos éxitos y tantos sacrificios estériles a la mayor gloria del dios euro.

P.S. Ahí, con dos cojones, dando nombre y apellidos y los centros donde trabajo, que hay demasiadas mariconas sueltas por ahí que les da miedo no vayan a pegarles una patada virtual en el culo. Y es que cuando las cosas se dicen con educación y sin decir palabrotas no hay que temer nada...

martes, 20 de diciembre de 2011

Diez mariconadas literarias


1. Hablar de uno mismo como si se tratase de un señor que se ha visto pasar por la calle.

2. Referirse a Rubén Darío como "El poeta nicaragüense".

3. Afirmar con orgullo que uno no se presenta a los premios.

4. Salpicar la conversación de citas de Eliot, Shakespeare o, para los más exquisitos, de Lucía Etxebarria.

5. Por cada página escrita, usar al menos dos palabras raras buscadas en el Quijote.

6. Hablar en forma aforística, no más de diez o doce palabras por frase, haciendo una pausa grave entre una frase y otra.

7. Llamar a un blog "bitácora".

8. Al citar a Juan Ramón Jiménez, escribir siempre JRJ.

9. Hablar de cualquier poeta vivo como si se le conociera de toda la vida.

10. Negarse a leer en un libro electrónico, no vaya a ser que provoque un ictus.

(Casi) una tragedia


Alájar, domingo a las 21:00. Una familia de seis miembros se dispone a regresar a Sevilla después de pasar un fin de semana lejos del bullicio urbano. Equipaje en el maletero, casa lista, persianas cerradas, niños subidos en la fragoneta... Pero dentro de la aparente tranquilidad del momento el cabezón de familia es ajeno al pánico, a la angustia, al horror más insondable que se ciernen como una sombra ominosa sobre su testa... ¡¡No aparece el ridáider!!



No puede ser, se dice, lo llevaba en la mano, como siempre, para depositarlo con mimo en el lugar más mullido del coche, aquél que sobreviviría a una deflagración nuclear, ¡y no está allí! Ni aquí, ni acullá, no está dentro del equipaje, ni en el suelo del coche; ningún niño lo ha cogido para atizar a sus hermanos; busca en la casa, encima de los muebles, debajo de las mesas y de las camas, dentro de la chimenea, en la nevera, en los váteres (los niños tienen todo tipo de ocurrencias)... Pasan los minutos, diez, quince, veinte, media hora... Debemos salir, no vamos a estar aquí toda la noche buscando y los niños subidos en el coche, seguro que está en casa, lo habrás dejado en cualquier sitio, así que vámonos ya, que ya está bien, pareces un crío, cualquiera diría que es un jamón de pata negra. El padre humilla, como de costumbre, arranca el coche y queda sumido en la desesperación más absoluta.

Media hora de viaje, un grado bajo cero, límite entre las provincias de Sevilla y Huelva, el padre tiene una iluminación, un terrible presentimiento: ¡Se lo ha dejado en el techo del coche! Cuando fue a abrochar el cinturón a uno de sus retoños lo dejó un momento allí, y luego se le olvidó. No es seguro, pero sí bastante probable. Detiene el coche de inmediato, se baja, no hay nada encima del coche. ih-ih-ih-ih-ih (música de psicosis otra vez). Su cara es la viva expresión del espanto, Munch no habría encontrado mejor modelo... Las más negras sombras se ciernen sobre el vehículo que se aproxima a Sevilla. De pronto un rayo de esperanza, quizás se cayera al arrancar, en la puerta de casa, llamamos a Loli, una amiga, se acerca por allí... ¡Nada! El coche es una tumba, entre los niños dormidos, el padre soportando su desgracia y la madre soportano la suya por tener un marido tan gilipollas. Llegada a Sevilla. Descarga de niños dormidos, un rato rumiando tristezas. A la cama; no pega ojo en toda la noche. A la mañana siguiente un atisbo, una posibilidad remota: podría ser que el ridáider se cayera en la cuesta de las Palomitas, que tiene una pendiente del 90% y se coge nada más salir del pueblo. Nueva llamada a Loli; la sacamos de la cama... ¡Un mojón mu grande! Se ha desvanecido la última esperanza. Hay que corregir exámenes para la evaluación de la tarde, los suspensos caen como fruta madura... Suena el teléfono. Será de alguna compañía de móviles para dar por saco... pero no, es Loli, su voz suena alegre, dice que ha hablado con el hijo del Coco, que iba conduciendo por la mañana temprano, que ha visto un objeto extraño en la carretera, se ha bajado, no sabía qué coño era pero parecía como un ordenador pequeñito, se lo ha dado a Loli, la descripción coincide ... ¡¡El ridáider ha aparecido!!




¡Dios existe!

lunes, 19 de diciembre de 2011

Una verdadera lástima


Lucía Etxebarria dejará de escribir libros por la piratería
"A mí no me apetece pasarme tres años trabajando como una negra para esto".

¡Qué bien! Es lo bueno que tiene Internet, con todo lo que se le critica, que va separando el polvo de la paja. A este paso sólo quedan los buenos.

Cuando empecé a soñar


Anoche tuve un sueño.
Soñaba que soñaba, y ese segundo sueño
me llevaba en volandas a las nubes.
Soñaba que soñaba el infinito
y los rayos de luz pulían las estrellas...

...pero al pisar el cielo mis ojos se anegaron
de una sustancia negra, viscosa, horripilante.
Quise llorar, y no salían las lágrimas;
una corriente fría me arrastraba
hacia un infierno pálido.

Me robaron la vida sin avisar siquiera;
seguí cayendo, y me acordé de Orfeo,
aunque yo no bajaba por amor;

a mí me había arrastrado la desdicha.

Perdí mi corazón a media noche
cuando cerré los ojos,

cuando empecé a soñar.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Wilfred Owen: Disabled


Aguardaba las sombras en su silla de ruedas,
y temblaba en su traje sombrío y fantasmal,
sin piernas, sin un brazo. Las voces en el parque
se le antojaban tristes como una letanía,
voces llenas de gozo después de un día feliz,
hasta que un hondo sueño las apartó de él.

La Ciudad esos días se mecía risueña,
la luz se reflejaba en árboles celestes,
chicas encantadoras y un aire desvaído, -
Aquellos tiempos, antes de arrojar sus rodillas.
Ya nunca sentirá de nuevo la esbeltez
del talle de una chica, el calor de sus manos;
ahora todas le tocan como a una peste extraña.

Había un artista seducido por su cara,
más joven que la misma juventud, hace un año.
Ahora él es un viejo; su espalda ya no aguanta;
Se dejó su color a mil millas de aquí,
lo vertió por los cráteres hasta vaciar sus venas,
y pasó media vida al filo del peligro
y salió a borbotones de su muslo un río púrpura.

Un día corrió una mancha de sangre por su pierna,
después de un campeonato, y lo llevaron a hombros.
Fue después del partido, al tomar unas copas,
y decidió alistarse. – Aún no sabe por qué.
Dijeron que sería un dios en uniforme,
Por eso fue; también por contentar a Meg;
Sí, eso, contentar a las muchachas jóvenes.
Se dirigió al registro. No tuvo que rogar;
copiaron su mentira; edad: diecinueve años.

No sabía de enemigos; no le movía la culpa
de Alemania ni de Austria. Y el frío miedo del Miedo
llegó mucho después. Sólo pensaba en dagas
en sus lujosas vainas; en saludos marciales;
cuidado de las armas; atrasos y permisos;
espíritu del cuerpo; consejos a reclutas.
Y muy pronto partió entre dones y vítores.

Al volver le aclamaron, pero sin entusiasmo.
Tan solo un hombre grave le llevó algo de fruta;
también le dio las gracias; y preguntó por su alma.

Ahora pasará unos años en clínicas,
y se comportará como se espera de él,
y aceptará la pena que le puedan pagar.
Esta noche ha notado los ojos femeninos
resbalar sobre él hacia hombres enteros.
¡Es tarde, hace frío! ¿Por qué no vienen ya
a meterme en la cama? ¿Por qué no vienen ya?




He sat in a wheeled chair, waiting for dark,
And shivered in his ghastly suit of grey,
Legless, sewn short at elbow. Through the park
Voices of boys rang saddening like a hymn,
Voices of play and pleasure after day,
Till gathering sleep had mothered them from him.

About this time Town used to swing so gay
When glow-lamps budded in the light blue trees,
And girls glanced lovelier as the air grew dim, -
In the old times, before he threw away his knees.
Now he will never feel again how slim
Girls' waists are, or how warm their subtle hands;
All of them touch him like some queer disease.

There was an artist silly for his face,
For it was younger than his youth, last year.
Now, he is old; his back will never brace;
He's lost his colour very far from here,
Poured it down shell-holes till the veins ran dry,
And half his lifetime lapsed in the hot race
And leap of purple spurted from his thigh.

One time he liked a blood-smear down his leg,
After the matches, carried shoulder-high.
It was after football, when he'd drunk a peg,
He thought he'd better join. - He wonders why.
Someone had said he'd look a god in kilts,
That's why; and may be, too, to please his Meg;
Aye, that was it, to please the giddy jilts
He asked to join. He didn't have to beg;
Smiling they wrote his lie; aged nineteen years.

Germans he scarcely thought of; all their guilt,
And Austria's, did not move him. And no fears
Of Fear came yet. He thought of jewelled hilts
For daggers in plaid socks; of smart salutes;
And care of arms; and leave; and pay arrears;
Esprit de corps; and hints for young recruits.
And soon, he was drafted out with drums and cheers.

Some cheered him home, but not as crowds cheer Goal.
Only a solemn man who brought him fruits
Thanked him; and then inquired about his soul.

Now, he will spend a few sick years in institutes,
And do what things the rules consider wise,
And take whatever pity they may dole.
To-night he noticed how the women's eyes
Passed from him to the strong men that were whole.
How cold and late it is! Why don't they come
And put him into bed? Why don't they come?

viernes, 16 de diciembre de 2011

¿Crisis...


... What crisis? Es la pregunta que se hacen muchos al comprobar el enorme contraste entre las apocalípticas noticias que nos llegan a diario sobre cifras de paro, primas de riesgo desbocadas, riesgo de quiebra del país, arcas públicas con telarañas y familias enteras que deben sobrevivir con cuatrocientos euros mensuales, y la realidad que observamos al salir a la calle, con los bares y los restaurantes llenos, tiendas atestadas de gente comprando sus regalos de Navidad, rostros relajados... en definitiva, un panorama que, sin los excesos de los años del pelotazo, aparenta una normalidad absoluta. No seré yo, desde luego, quien obvie el drama de muchas familias que no pueden salir a comprar ni a divertirse: algunos lo están pasando realmente mal y deben acudir a centros de beneficencia, pero creo que su número no es muy significativo. ¿A qué se debe, pues, esta sorprendente situación? Quiero traer hoy algunas pistas al respecto:

- La familia: vivimos en un país en el que, por fortuna, las familias permanecen muy unidas, y cuando alguno de sus miembros tiene dificultades raramente le faltará un plato caliente y una cama donde dormir. Esto es algo que por ahora se mantiene en las culturas mediterráneas como la nuestra, mientras que en el mundo anglosajón, y pienso en los estados Unidos como ejemplo, las personas están muy desarraigadas: viven a miles de kilómetros unas de otras; se ven una vez al año, el índice de divorcios es muy alto, y se ven obligadas a valerse por sí mismas.

- La economía sumergida: es éste un argumento que se emplea recurrentemente: que en España y muy especialmente en Andalucía hay una gran parte de la actividad económica que no aflora, pero que permite vivir cómodamente a muchas familias que oficialmente no tienen ingresos y engrosan las listas del paro. Nadie sabe a cuánto asciende esta cifra, pero todos los indicios, las experiencias que tenemos con conocidos, hacen apuntar que es muy alta.

- El altísimo porcentaje de gastos superfluos: la sociedad consumista, que tanto daño está haciendo a las personas, juega en este caso a nuestro favor, pues en los años buenos hemos dedicado una gran parte de nuestros ingresos, acaso el 70% en muchos casos, a adquirir bienes y servicios de los que se puede prescindir. Queda, pues, un margen muy amplio para afrontar las necesidades básicas con unos ingresos menguados.

- El "autoconsumo": se trata de una de las actividades económicas más olvidadas y, sin embargo, más importantes para valorar la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos. Cuando una persona hace personalmente una actividad para la que antes recurría a un profesional, a pesar de que no habrá movimiento de dinero su necesidad quedará cubierta. Pensemos, por ejemplo, en pintar la casa, realizar las labores del hogar, cultivar un pequeño huerto y muchas otras.

Seguramente se me quedarán en el tintero otros motivos que en cierto modo nos pueden tranquilizar matizando unos datos que, siendo evidentemente muy malos y peligrosos para nuestro futuro, no hay por qué tomar con tanto miedo, sino afrontarlos uno a uno, poniendo manos a la obra y haciendo uso cuando sea necesario de esos "colchones" salvadores.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Blogs, trenes y pajas mentales



Hay quien dice (amigos laboriosos, jefes suspicaces, parientas…) que los que mantenemos un blog perdemos el tiempo miserablemente, no sólo escribiendo entradas, sino comentando, leyendo otros blogs, bicheando… incluso sé de buena tinta (hay gente para todo) que algunos se mandan correítos electrónicos o montan chats para comentar las incidencias del día, alabar a unos y escarnecer a otros. Triste sino el de los que llevamos la etiqueta de “blogueros”, hermanos pobres de los escritores y blanco de la condescendencia, el paternalismo o el más claro desprecio de una sociedad que basa la excelencia en el utilitarismo. Se me ocurren muchas respuestas ante este ataque indisimulado: Ande yo caliente…, A palabras necias…, Que les den por…, pero hoy toca ser más explícito, y rebatir convenientemente tan falaces argumentos.

Como dijo una vez un insigne bloguero, el blog es la zanahoria de los escritores perezosos. No conozco a nadie más perezoso que yo, así que debo a este medio el desarrollo de mi vocación de escritor, algo que ha dado un sentido nuevo a mi vida, no sé si mejor o peor, seguramente esto último, pero un sentido al fin y al cabo, a ver cuántos de vosotros podéis decir lo mismo. En cuanto al tiempo, no me cansaré de repetir –lo he dicho cienes de veces en estos bytes- que se trata de una materia que es imposible de perder, pues nunca la hemos poseído, sino que pasa sobre nuestras cabezas; es en realidad una especie de tren con vagones en los que nunca nos podemos subir, tan sólo pegar patéticos saltitos a ver si los alcanzamos. De la altura y gracilidad de estos saltitos depende nuestra felicidad, y resulta especialmente importante medir el ímpetu de nuestros brincos, pues corremos el riesgo de pegarnos un buen jardazo que acabará de golpe con nuestra felicidad, con nuestro blog, con nuestros dientes y con nuestra capacidad de volver a saltar en el futuro (siendo éste un tren que divisamos borrosamente en el horizonte y se dirige hacia donde estamos). Pero me estoy yendo demasiado por las ramas –aclaro que está prohibido subirse a una rama para saltar más alto-, así que basta de filosofías y vayamos al grano (no el grano que le sale a uno en la nariz, sino que hablo figuradamente: a lo importante, al meollo, al “quid” –palabra que creo que viene del latín, supongo que en latín “grano” se dice “quid”, por ejemplo, te ha salido un “quid” en el culo).

Bueno, mejor no os leáis lo anterior –ah, coño, que ya lo habéis leído, lo siento-. Decíamos antes -ya sabéis, el tren que pasó hace un rato-, que el tiempo no se pierde, sino que se disfruta o no se disfruta –se salta o no se salta-. Pues bien, el blog es una manera estupenda de saltar, mucho mejor que trabajando, dónde se va a parar –se me ocurren algunos “saltos” más placenteros que el blog, pero no es plan contarlos aquí-. Yo me siento muy orgulloso de mis entradas, de mis saltos; creo que es mejor saltar literariamente en mis andurriales que en un libro de papel, algo bastante improbable y que no depende de ti, y que además pertenece a un futuro muy lejano –insisto: un tren que saldrá (o no saldrá) dentro de mucho tiempo-. Mis andurriales salen puntualmente de la estación todos los días, y yo pego mis saltitos correspondientes, de los que quedo muy contento, y no me cambiaría ni siquiera por Cervantes, que tuvo que sudar tela hasta que llegó su tren con un famoso caballero andante y su escudero a bordo, y que menos mal que era manco y no cojo, porque si no no habría podido saltar en absoluto.

Estoy tentado de releer lo que llevo escrito, pero mejor no, dejo que el tren se lo lleve y voy terminando, que el personal debe de estar hasta los cojones de oír hablar de trenes, saltos, blogs, zanahorias y pollas en vinagre. A lo mejor retomo este tema algún día de un buen salto. Por ahora, me bajo del tren, que acaba de parar en unos andurriales algo desangelados, pero en los que me siento como en casa.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Soneto "fino"



La luz que resplandece en la mañana
ha borrado las sombras del camino,
y tu mirada de cielo, tan cercana,
se posa en un recuerdo cristalino.

Vaya soneto cursi que desgrana
este Ridao con su talento fino;
debe de haber tenido una almorrana
o acaso lo escribió con el pepino.

No quieras comprender, abre tu alma
y déjate llevar por la dulzura
de la tierna mirada de un efebo.

A mí eso, la verdad, no me la empalma;
si a ti un efebo te la pone dura,
pues haz lo que te salga de los huevos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

William Wordsworth: The Tables Turned


Levántate, amigo, y deja tus libros,
o engordarás de no moverte:
Levántate, amigo, desperézate,
¿A qué vienen tantos afanes?

El sol, por encima de las montañas,
un tenue y refrescante brillo
ha derramado por los verdes campos,
su tarde dulce y amarilla.

No hay brillo en la lucha con los libros:
Escucha el pardillo del bosque,
¡Qué música tan dulce! Un tesoro
repleto de sabiduría.

¡Y escucha el canto risueño del tordo!
Tampoco es mal predicador:
Sal al encuentro de la luz del mundo,
observa la Naturaleza.

Ella te ofrece un mundo de riqueza,
bendice nuestros corazones--
Respiramos el saber por el cuerpo
y la verdad por la alegría.

El pulso de un bosque de primavera
puede enseñarte más del hombre,
de lo que es el mal y del bien,
que todos los sabios del mundo.

Dulce es la voz de la Naturaleza;
Nuestra razón entrometida
deforma la belleza de las cosas:--
Matamos para conocer.

Olvidemos las ciencias y las artes;
Ceguemos esas hojas yermas;
Adelante, abrid el corazón
que todo lo observa y acoge.




Up! up! my Friend, and quit your books;
Or surely you'll grow double:
Up! up! my Friend, and clear your looks;
Why all this toil and trouble?

The sun above the mountain's head,
A freshening lustre mellow
Through all the long green fields has spread,
His first sweet evening yellow.

Books! 'tis a dull and endless strife:
Come, hear the woodland linnet,
How sweet his music! on my life,
There's more of wisdom in it.

And hark! how blithe the throstle sings!
He, too, is no mean preacher:
Come forth into the light of things,
Let Nature be your teacher.

She has a world of ready wealth,
Our minds and hearts to bless—
Spontaneous wisdom breathed by health,
Truth breathed by cheerfulness.

One impulse from a vernal wood
May teach you more of man,
Of moral evil and of good,
Than all the sages can.

Sweet is the lore which Nature brings;
Our meddling intellect
Mis-shapes the beauteous forms of things:—
We murder to dissect.

Enough of Science and of Art;
Close up those barren leaves;
Come forth, and bring with you a heart
That watches and receives.

Nota: En esta traducción he optado por seguir una pauta métrica, tratando de acercarme a los ritmos yámbicos alternos del original. Así, he empleado endecasílabos en el primer y tercer verso de cada estrofa y eneasílabos en el segundo y el cuarto. De las rimas, obviamente, he prescindido. En cuanto al poema en sí, Wordsworth, como buen poeta romántico, exagera lo indecible en su glorificación de la naturaleza y su desprecio por los libros, algo no exento de ironía, pues él sabía perfectamente que su poema se publicaría, y no desdeñaba los libros en absoluto.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Poesía y erudición

Books! 'tis a dull and endless strife:
Come, hear the woodland linnet,
How sweet his music! on my life,
There's more of wisdom in it.
William Wordsworth
Son muchos los que piensan que es necesaria una amplia cultura antes de abordar la creación literaria; en otras palabras, que hay que leer mucho antes de ponerse a escribir, muy especialmente si se trata de un poema. Yo opino que se debe partir de una base sólida en cuanto al dominio del idioma, y esto requiere indudablemente algunas lecturas, y hay ciertos autores de los que se puede aprender mucho, pero de ahí a que un escritor, para ser bueno, deba ser un erudito, va un trecho largo. Wordsworth expone esta idea de forma admirable en el poema The tables turned, oponiendo el conocimiento de las ciencias y las artes a la contemplación de la naturaleza, a su percepción plena utilizando los sentidos, pero se va justamente al extremo contrario. Como suele suceder en estos casos, la virtud está en el punto medio: desde luego, no es necesario ser un erudito en poesía para escribir buenos poemas, pero tampoco hay que desdeñar la lectura, la adquisición de una fracción de unos conocimientos milenarios, sin los cuáles difícilmente podremos tener nuestra propia poética. Los poetas con una cultura vasta suelen pecar de frialdad, su erudición se trasvasa a sus escritos, cosa que no les conviene; estoy pensando, por ejemplo, en Eliot, cuyos poemas tienen una calidad indudable, pero a los que en mi opinión les falta frescura. En el otro extremo, los llamados "poetas del pueblo" pueden ser interesantes, incluso algunos son excelentes, pero no pasarán de una poesía sencilla, con temas cotidianos, o bien una poesía experimental casi siempre falta de calidad.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Apuntes (144): Animismo moderno


No hay que confundir a un misántropo con alguien que está hasta los cojones de aguantar gilipollas.

~
aquel niño de ojos grandes
sigue jugando en el barro
está tan fría la tarde...
~

Bien pensado, hacerse una paja es lo más parecido a un aborto en masa.


~

¿Para qué compararse con nadie? ¿Por qué buscar el afecto y la consideración de personas anónimas? Si hacemos algo, que sea para nosotros mismos o que sirva como ofrenda para los que nos importan.

~

Los instintos milenarios de supervivencia y barbarie han existido en los españoles hasta hace bien poco, como se demostró en la Guerra Civil. A estas alturas, bien entrado el siglo XXI, seguramente no han desaparecido del todo, pero en la mayoría de la gente están agazapados muy dentro, y ni siquiera una nueva guerra los despertaría. Lo que no se ha eliminado, ni siquiera escondido, es el egoísmo y la impiedad. La civilización moderna es la más vana de la historia; una vez satisfecho el sustento básico, los afanes se han dirigido a la llamada socialización, y ésta se basa en compararse con el vecino, y tener más que él. Así ha nacido el consumismo, el comprar por el placer de comprar, el tener cosas que no se usarán después. La barbarie troglodita ha dejado paso al animismo del oro, del papel moneda, a la felicidad falsa comprada con dinero auténtico.

jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Quién se acordará?

De que pasé por el mundo, ¿quién se acordará?
G.A. Bécquer
¿Quién se acordará? Una sombra esquiva en las pocas fotografías que le hicieron; él jamás se reconoció en esos ojos vidriosos que no miraban a nada ni a nadie. Los primeros días, meses, acaso años, quedó un recuerdo vago en quienes le trataron, una ausencia dolorosa en quienes le quisieron; poco a poco se fueron difuminando sus manos y sus labios, su voz se extinguió en las volutas del tiempo, su ternura secreta, su cariño tímido, los pocos momentos en que engañó a su destino para asomarse a las bardas de la efímera gloria. Primero murieron los tragos amargos; duraron más los recuerdos dulces, y algunos días memorables se aferraron con ansia, pero el tiempo, indiferente, acabó por arrancarlos. En un suspiro volaron recuerdos de recuerdos remotos, una espiral aterradora que fue engullendo los años y los siglos, y al fin eso que un día alguien llamó vida se extinguió entre las brumas de la nada.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Wilfred Owen: Dulce et Decorum Est


Encogidos, como viejos mendigos en sus sacos,
las rodillas juntas, tosiendo como arpías, maldecíamos en el fango,
hasta que a la luz maligna de las bengalas nos volvimos
y marchamos penosamente hacia el distante refugio.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas
pero avanzaban renqueantes con pies ensangrentados. Todos iban cojos; todos ciegos;
borrachos de fatiga; sordos hasta para el silbido
de las bombas dejadas atrás, que explotaban cansinas a nuestras espaldas.

¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido, muchachos! – Un éxtasis de confusión,
nos pusimos justo a tiempo las burdas máscaras;
pero alguien estaba aún gritando y dando traspiés,
y luchando por respirar como si estuviera quemándose en el fuego o en la cal...
A través del cristal empañado, bajo una luz gruesa y verdosa,
como en el fondo de un verde mar, vi cómo se ahogaba.

En todos mis sueños, ante mi vista indefensa,
él se lanza sobre mí, borboteando, ahogándose.

Si en algún sueño asfixiante pudierais también vosotros caminar
detrás del coche en donde lo arrojamos,
y contemplar los ojos blancos retorciéndose en su rostro,
su cabeza colgando, como el vómito diabólico del pecado;
Si pudierais oír, a cada sacudida, la sangre
salir bullente de los pulmones anegados de espuma,
obscena como un cáncer, amarga como la pasta rumiada
de llagas viles, incurables, en lenguas inocentes,
amigo mío, entonces no dirías con tanto entusiasmo
a los niños que anhelan una desesperada gloria,
la vieja Mentira: Dulce et decorum est
pro patria mori.




Bent double, like old beggars under sacks,
Knock-kneed, coughing like hags, we cursed through sludge,
Till on the haunting flares we turned our backs
And towards our distant rest began to trudge.
Men marched asleep. Many had lost their boots,
But limped on, blood-shod. All went lame; all blind;
Drunk with fatigue; deaf even to the hoots
Of tired, outstripped Five-Nines that dropped behind.

Gas! GAS! Quick, boys! – An ecstasy of fumbling,
Fitting the clumsy helmets just in time;
But someone still was yelling out and stumbling
And flound'ring like a man in fire or lime...
Dim through the misty panes and thick green light,
As under a green sea, I saw him drowning.

In all my dreams before my helpless sight,
He plunges at me, guttering, choking, drowning.

If in some smothering dreams, you too could pace
Behind the wagon that we flung him in,
And watch the white eyes writhing in his face,
His hanging face, like a devil's sick of sin;
If you could hear, at every jolt, the blood
Come gargling from the froth-corrupted lungs,
Obscene as cancer, bitter as the cud
Of vile, incurable sores on innocent tongues, –
My friend, you would not tell with such high zest
To children ardent for some desperate glory,
The old Lie: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

Nota: Muchos críticos consideran este poema como el mejor de Owen. Dulce et decorum est pro patria mori, literalmente "Es dulce y recto morir por la patria", proviniente de un texto de Horacio, fue un lema muy utilizado durante la Gran Guerra para exaltar el ánimo de los combatientes e incitarlos a alistarse. En este poema Owen da un sentido trágico a la frase.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Frío, nostalgia y Paraíso


Hoy tengo el frío metido en el cuerpo, como no me sucedía desde que era niño y llegaba al colegio con las orejas duras, rojas. Al poco tiempo formábamos en fila en el patio con nuestras trenkas marrones o azules oscuras. Eran los años 70, y yo no sabía de política, sólo entendía de clases de Matemáticas, Lenguaje y Geografía, los ríos de la vertiente cantábrica, cabo Machichaco, golfo de León, concentraciones parcelarias, un mapa de España lleno de colores donde todo estaba en su sitio: Castilla la Nueva y Castilla la Vieja: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia. Los dedos fríos, lápices negros y amarillos sobre un cuaderno de caligrafía. Aprendíamos a sumar en clases de techos altos y resonancias de convento moderno con círculos azules, rojos y verdes, unidades, decenas y centenas. Esas centenas verdes estarán siempre ligadas a mi infancia. Tablas de multiplicar desgranadas con trabajo en casa, cantadas después en clase con voz temblorosa de miedo y emoción. Viejos pupitres de madera oscura, con escritorio de tapa y un hueco para un tintero desaparecido en los años de la posguerra. El hermano Domingo con su chasca y su sotana abotonada hasta el cuello, que me hizo general del ejército de los cartagineses, y a Reina de los romanos. El pobre murió ese verano de repente, me enteré en segundo, al volver de las vacaciones. Fue en un viaje a Roma, este verano me lo contó un hermano Pedro envejecido que me encontré en Fuenteheridos cuidando de su jardín botánico. Si él me hubiera recordado, habría notado que el envejecido era yo. Catecismo azul, Dios te salve, María, un cielo de colores y un infierno negro y rojo, que daba miedo, pero no tanto como algunos dicen ahora. En el recreo, partido de fútbol con pelotas de plástico a cinco pesetas en el bar de Pepe, que duraban una semana, y que los niños de hoy ni se agacharían para cogerlas si las encontraran en la calle. Fútbol con zapatos Gorila o con mocasines, las bambas se reservaban para la clase de gimnasia, y después otra vez a la bolsa, igual que las dos camisetas, una blanca y otra roja, con el escudo del colegio, que se compraban en Vilima. El recreo duraba una eternidad, nos daba tiempo hasta de cambiar de campo. Jugábamos en la pista de hockey, y las porterías parecían hechas a medida para la pelota. El suelo era liso, y cuando llovía sólo se podía avanzar hacia delante. Una vez me dijo Bermúdez que jugaba como López Ufarte, y ese día metí más goles que nunca. Tocaba la sirena y marchábamos contentos a clase, porque estábamos limpios, y no había miedo en nuestra vida.

Ahora no tenemos una pista de hockey donde jugar, ni una capilla de mayo llena de flores blancas, Madre de todos los hombres, enséñanos a decir Amén, pero yo no lo aprendí, dímelo ahora, aunque ya no haya nada que enseñar, devuélveme aquellos días aunque sólo sea un minuto, y así podré conocer a ese niño serio, limpio, que sabía a dónde ir cada momento y cómo comportarse en cada sitio, y no se hacía preguntas, porque sabía que a las dos se montaría en el autobús del colegio y su madre le estaría esperando en casa, y que entraría otra vez a las cuatro, y después saldría a las seis, y volvería a casa a las siete, y haría los deberes, y su madre le preguntaría con una voz tranquila que cómo le había ido, y le traería las mejores notas de la clase, aunque después no sirvieran para nada, pero en ese momento traían la felicidad a una casa que nunca fue demasiado feliz, pero tampoco demasiado triste.

Colegio Maristas San Fernando de Sevilla, en la calle Paraíso, testigo de mi niñez, hay días en que siento que es lo único que tengo, y que allí dejé la vida como una rosa deja sus pétalos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

De premios y premiados


Las ferias y tinglados que se forman en torno a los premios literarios tienen poco de literario y mucho de mundano. Un premio es, en esencia, un reconocimiento, pero esto no significa que la persona premiada deba ser, a partir del infausto día en que le tocó esa lotería (restringida, pero lotería al fin y al cabo), admirada, alabada o incluso venerada por muchos que hasta ese momento no habían oído hablar del personaje, o bien sí sabían de él pero no se habían dignado a perder un instante de su precioso tiempo en leer la obra de nuestro hombre. Sujetos que, eso sí, se apresuran a acudir a unos grandes almacenes para comprar sus obras completas en unas sospechosas ediciones ad hoc. Por no hablar de los defensores a ultranza de-toda-la-vida del escritor sorpresivamente premiado; ésos que le defendieron a capa y espada en los tiempos malos, que lucharon a brazo partido para que el mundo reconociera su valía, tomándolo como bandera de sus elevados cánones literarios. Cabría esperar que estos exégetas quedaran más que satisfechos con la justicia impartida a su causa, y efectivamente así sucede durante los primeros días, en que ellos andan ufanos diciendo a quien quiere escucharles las veces que habían dicho que este feliz acontecimiento habría de suceder; lo grande que había sido su perspicacia; lo ciegos que estaban todos menos ellos. Pero al pasar los días les irá invadiendo un sentimiento insano, primero de estupor, luego de rabia y al fin de espanto, cuando comprenden que han perdido el monopolio sobre su poeta adorado: ahora todos hablan de él en prensa, en radio, en las tertulias… Literatos insignes que jamás se habían pronunciado hablan a todas horas como si fueran conocedores profundos de su obra, y raro es quien dice que no lo ha leído nunca. Esto, claro está, va minando su moral, su prurito de admirador pionero, dándose el caso frecuente de que al cabo de unos meses nuestro crítico despechado eche sapos y culebras por su boca y por su pluma, rebajando el mérito de su adorado escritor, que es ahora el blanco de su desprecio. Tras este desahogo, marchan resignados en busca de un nuevo desconocido ilustre en quien fundar nuevas esperanzas.

Creo yo que estamos en condiciones de afirmar que la entrega de premios hace un flaco favor a la literatura. En primer lugar, y en el caso de un premio importante, su ganador queda despojado de todas las horas de su vida que aún estaban disponibles para crear. Esto, que no es un drama en casos como el de don Nicanor Parra, reciente premio Cervantes a los 97 años, sí es una tragedia en el caso de escritores buenos y jóvenes con mucho tiempo por delante. No es raro el caso de un premio Nobel que no volvió a escribir nada decente en su vida tras la concesión del premio (algunos, ni incluso antes). A partir de la fecha nefanda deberán atenderse entrevistas, oír ofertas de editoriales sobre libros que deben acabarse en seis meses, administrar el importante patrimonio adquirido gracias a esos engendros, leer y releer los artículos elogiosos aparecidos en prensa y procurar no salir volando por los aires hinchados como el piloto automático de Aterriza como puedas. Y no son los premiados los únicos que pierden, no, pues también habrá poetas que, cegados por el brillo del nuevo astro, dilapiden su talento, si es que tienen alguno, en imitar al maestro. En el otro extremo estará la cohorte de envidiosos que creen tener muchos más méritos para llevarse el galardón, cuya bilis segregada les impedirá durante un tiempo hacer nada más productivo que escribir diatribas que nadie les publicará.

Queden, pues, los premios para los premiados, el reconocimiento para quienes lo merezcan, y duerma la envidia recogida en los corazoncitos de tantos y tantos escritores modestos. Acúdase con moderación a los saraos literarios, peligroso foco de infección, y recuerde el escritor honrado y consecuente que su obra ha de hacerse en soledad, y que para divertirse mejor se está con los amigos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Doce golondrinas


Ya no quedan golondrinas en los campos;
han llevado su alegría volandera
hacia los mares de África; los cielos
rojos, remotos, los versos solitarios
de una mañana en el Trópico de Cáncer
se han hundido para siempre en el océano.
Y los poetas, fingiendo ser poetas,
destilan lágrimas blancas, caramelos
esparcidos suavemente en sus cuadernos
de melancolías nuevas y olorosas.

martes, 29 de noviembre de 2011

El niño que fui



A Elías moro.
A criança que fui chora na estrada.
Deixei-a ali quando vim ser quem sou;
Mas hoje, vendo que o que sou é nada,
Quero ir buscar quem fui onde ficou.
Fernando Pessoa
El niño que fui llora en la calle. Allí quedó solo, en la estrada polvorienta. Le dijimos adiós y marchamos para siempre por un camino incierto. Llegó un día en que nos dimos cuenta de que le echábamos de menos, y volvimos la vista atrás para encontrar un océano de indiferencia entre la nada y el deseo. El niño que fuimos sigue allí, en cuclillas, escarbando la tierra con sus manos pequeñas, llorando lo que será. Todas las noches me reúno con él con los ojos cerrados, y vuelvo a oler a barro, a pantalones cortos, a felicidad ingenua y a carreras ciegas que hoy saben amargas.

Apuntes (143): Ranas muertas


El canon es la vereda, y en poesía las veredas no llevan a ninguna parte.

~
mueren las ranas
los estanques florecen
de soledades
~

Una vida, un año, una hora, un minuto, un segundo... lo mismo da: tiempo maleable, materia incierta de nuestros sueños, de nuestras ilusiones ciegas.


~

Hay dos tipos de literatura: la que requiere de marketing y la que no. La poesía siempre pertenece a la segunda clase, pero eso es algo que muy pocos "poetas" saben.

~

Y yo, que enseño marketing, trago sapos, ranas y culebras.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Apuntes (142): El DRAE, echando humo


Con lo que eran los intelectuales en el siglo XX, lo decisivos que fueron en la Guerra Civil, la influencia que ejercían sus artículos, los puestos que ocuparon en primera línea... y ahora, en el mejor de los casos, mendigan un puestecillo en el ministerio que les permita sobrevivir, pidiendo subvenciones para editar sus libros, o haciendo como que están por encima del bien y del mal, hablando a la prensa como si fueran los amos del cotarro, mientras la gente se dedica a leer best sellers y a ver la televisión...

~

Cuando alguien es tonto, lo es a tiempo completo.

~

Cada vez que veo a una chica, generalmente una alumna, con un arete colgando de la nariz, me entran ganas de decirle si es que tiene afición a hozar, pero al final nunca lo hago, para qué, si seguro que no sabe qué significa esa palabra.

~

Un ejemplo de profusión de palabras extrañas en uno de los libros que estoy leyendo:
[Pero esa ciudad romántica desapareció para llenarse de] gorrillas legionarias verdeoliva, candoras, tarbús, zaragüelles, alquiceles, feces con borla [...] Las viejas calles platerescas se llenaron de similores, briches y grimpolones. Etcétera.
No quedan comentarios en el diccionario.


~

En estas noches urbanas de claridad incasdencente, ruidos de aeroplanos y rumor de ambulancias, lo más que se puede escribir es algo al estilo de Auster o Murakami; es decir, una novela sin interés donde se cuente lo desvalido y extraño que se siente el ser humano en este mundo inventado.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Un místico del siglo XX



Hoy voy a hacer, para variar, una crítica negativa sobre un poeta catalogado entre los grandes. Y no por ensañarme, ni por provocar, sino porque ocurre con frecuencia que las críticas a este tipo de poetas son siempre buenas, glorificadoras, y resulta ciertamente extraña una unanimidad tan absoluta. A veces estamos predispuestos a que ciertos poetas nos gusten sólo por el hecho de que están consagrados, y hacemos lo posible por ver su parte buena, obviando el hecho de que esos mismos versos con otra firma los tacharíamos de mediocres sin dudarlo. El libro en cuestión es Alto jornal, la antología de Claudio Rodríguez editada por Renacimiento. Mis expectativas eran altas, muchos amigos me habían recomendado a este poeta, figura emblemática de nuestra poesía en la segunda mitad del siglo XX. Puede que sea precisamente por esas altas expectativas, o por mi estado de ánimo durante la lectura, pero lo cierto es que me ha decepcionado totalmente.

Los poemas son todos muy parecidos; por momentos se tiene la sensación de estar leyendo versos que leímos unos momentos antes, en una especie de déjà vu instantáneo. En palabras de Vicente Gallego, prologuista y antólogo, "La voz que allí escuchamos no tienen nombre ni apellidos y no parece tener más historia que la que inaugura al enunciarse". Lo que en muchos resulta un virtud es para mí un defecto: el poeta deviene en un místico moderno, y abusa de palabras como gozoso, cosecha, regazo, surco, cántico, sacramento, henchido, simiente, cumbres, laboreos, cuajar, fruto, altares, fecundo, forja... en un festival de elevación de la carne, de redención por el sudor del trabajo, que no está exento de emoción, qué duda cabe, pero que a la postre resulta monótono y cargante. Además, de vez en cuando incluye expresiones disonantes poco afortunadas, quizás en un intento de utilizar un lenguaje llano, como "sobrio guiso de la vida", o estos versos del poema Cantata del miedo: "Y aún más si se entra en él y en él se oye / la disciplina de las estrellas, /ahí, en el sobaco sudoroso, / en los lunares centelleantes junto / al sexo".

Mi experiencia al leer los versos de Claudio Rodríguez ha sido en general bastante negativa. Es cierto que al principio, en los primeros poemas, me dejé llevar por su ritmo intenso y por el arrebato místico, pero pronto me cansé, me resulta arcaico y forzado su lenguaje y, lo que es peor, repetitivo. Podría ser que en una segunda lectura cambiase mi opinión, pero por experiencias anteriores sé que esto es difícil. Quede pues el laureado poeta zamorano en los anales de la poesía, pero estará siempre apartado de mis poetas de cabecera.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Apuntes (141): Tres egoísmos


He observado una tendencia en ciertos autores a usar palabras raras, de ésas que si las buscas en el DRAE nos contemplan orgullosas, pero que desde los tiempos de Cervantes han caído en el olvido. Una de dos: o son muy leídos y usan ese vocabulario con la misma familiaridad con que un malevo habla el lunfardo, o hacen uso de un ridículo calzador para meternos por los ojos y los oídos su pretendida erudición y amplia cultura.

~

Las sectas (ver DRAE y eliminar todo matiz peyorativo), suelen ser nocivas. En ocasiones para sus propios miembros, y siempre para su entorno, que debe sufrir su afán expansionista y, en los casos más notorios, su poder totalitario.

~

Un agujero es la cosa más temible que existe en este mundo. Negro, sin fondo, te atrae sin remisión; es la visión de la muerte desde el frágil pedestal de la vida.

~

Todos los hombres son egoístas. Hay tres tipos de egoísmo: el que se vuelca en los demás, el que sólo mira hacia dentro, sin tener en cuenta a los demás, y el último, el más frecuente: el que, sin olvidar a uno mismo, trata de complacer a los otros como único medio de ser feliz.

~

No es lo mismo lamentarse que sentir pena de uno mismo, pero llega un momento en que los lamentos no sirven de nada, y entonces uno calla y, si puede, escribe para engañar a las horas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Ezra Pound: In Tempora Senectutis


Ofrezco hoy la traducción de un poema de Ezra Pound con el mismo título del que traje ayer de Ernest Dowson. Como puede observarse, los textos son muy similares: en realidad se trata de una paráfrasis, algo que, según me informa José María Jurado, buen conocedor de la obra de Pound, era bastante habitual en el poeta norteamericano. La comparación es muy interesante, y es asombroso el partido que saca Pound al poema, que en mi opinión resulta de una calidad muy superior al de Dowson.

Cuando sea viejo
no apartarás tu mirada
de mí, hacia el frío,
amiga de mi corazón,
ni será triste tu recuerdo
del aire indolente, arrebatado,
que habrá sido barrido por la brisa
cuando sea viejo.

Cuando sea viejo
y el fuego ardiente, blanco y milagroso,
aparezca gélido ante el mundo,
el deseo de mi alma,
sabrás entonces que el chorro de la vida,
la lluvia de los días, aquella hora,
hará que brote ante nosotros una flor,
que incluya todo, cuando sea viejo.

Cuando sea viejo,
si recuerdas
cualquier amor excepto la futura
luz del hogar en el diciembre de la vida,
que tu alegría de los dulces cálices lejanos sea
conocer tan sólo una cosa:
"Cuántas maravillas son menos dulces
que el amor que te profese
cuando sea viejo."



When I am old
I will not have you look apart
From me, into the cold,
Friend of my heart,
Nor be sad in your remembrance
Of the careless, mad-heart semblance
That the wind hath blown away
When I am old.

When I am old
And the white hot wonder-fire
Unto the world seem cold,
My soul's desire
Know you then that all life's shower,
The rain of the years, that hour
Shall make blow for us one flower,
Including all, when we are old.

When I am old
If you remember
Any love save what is then
Hearth light unto life's December
Be your joy of past sweet chalices
To know then naught but this
"How many wonders are less sweet
Than love I bear to thee
When I am old."

Fotografía superior: Ezra Pound, por Richard Avedon (1958)

martes, 22 de noviembre de 2011

¡Clama al cielo!


Un pequeño acertijo: ¿En qué dos cosas se parecen Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy?

Sí, sí, vale, todos han sido o son presidentes del Gobierno, pero... ¿y la otra cosa?

¡Pues que ninguno de ellos tiene ni puta idea de inglés!

El único presidente que hemos tenido en España que dominara el inglés fue Leopoldo Calvo Sotelo, que ocupó el cargo durante unos meses, hombre culto, políglota, número uno de su promoción de ingenieros, amante de la música... Parece mentira que con semejante currículum llegara a ser presidente. El resto... el ridículo más absoluto, con el punto culminante de un histrión con los pies encima de la mesa de su amigo tejano, tratando de imitar el acento de los cowboys, y un payaso ante el parlamento francés hablando a un respetable que no entendía nada pero reía por lo bajo a mandíbula batiente.

Esta carencia es absolutamente escandalosa, algo que roza lo ridículo en el mundo actual globalizado de la Unión Europea, el euro y las primas de riesgo. En primer lugar, existe un grave problema de imagen: nuestros socios europeos no deben de dar crédito, y pensarán que somos una isla autócrata, como en el franquismo, o una república bananera, aunque ni eso: los políticos africanos suelen dominar varios idiomas. Pero lo peor es que estos espabilados no se enteran ni jota de lo que se ventila en las reuniones donde nos jugamos los cuartos. Mientras ellos atienden a la traducción simultánea del discurso oficial, los demás conspiran, cuchichean y lanzan miradas de soslayo, ante las que nuestros máximos representantes sólo pueden responder con miradas bobaliconas.

¿Es que no había un Rodrigo Rato, un Javier Solana, en las bodegas de los partidos, en lugar de estos, en el mejor de los casos, "monóglotas", de estos trogloditas que tenemos por presidentes?

¡País...!

Ernest Dowson: In Tempore Senectutis


Cuando sea viejo,
y tristemente me retire
al frío y la oscuridad,
¡mi amiga del alma!
Si puede ser, recuerda,
no a aquél que perdura, sino a ese otro hombre
que amó y cantó, y tuvo un corazón palpitante,--
¡cuando sea viejo!

Cuando sea viejo,
y el fuego antiguo del amor
sea trémulo y frío:
¡El deseo de mi alma!
Si puede ser, no recuerdes
nada de nosotros sino el ayer,
cuando empujábamos los años, un solo corazón,
a hacernos viejos.

Cuando sea viejo,
y cada estrella del cielo
sea fría y despiadada:
¡tú, el único amor de mi vida!,
no me prohíbas marchar:
Recuerda sólo nuestros momentos lejanos,
¡y no el final, los afanes del amor y la pena
cuando me hice viejo!


When I am old,
And sadly steal apart,
Into the dark and cold,
Friend of my heart!
Remember, if you can,
Not him who lingers, but that other man,
Who loved and sang, and had a beating heart,--
When I am old!

When I am old,
And all Love's ancient fire
Be tremulous and cold:
My soul's desire!
Remember, if you may,
Nothing of you and me but yesterday,
When heart on heart we bid the years conspire
To make us old.

When I am old,
And every star above
Be pitiless and cold:
My life's one love!
Forbid me not to go:
Remember nought of us but long ago,
And not at last, how love and pity strove
When I grew old!

lunes, 21 de noviembre de 2011

De los peligros de un diario


No tiene poco de obsesión, ni incluso de sumisión, la paciente y continua escritura de un diario, ya sea en papel, electrónico o una mezcla de ambos. En mi caso se trata de un diario misceláneo, volcado casi todo en la red, pero también con apuntes entreverados escritos a vuela pluma en un cuaderno. Un repaso a lo divino y lo humano, un canto a la música, a la literatura, un homenaje a poetas y escritores que me han dejado huella, y sobre todo una colección de anotaciones más o menos profundas, más o menos íntimas, más o menos anecdóticas, que si a alguien rinden tributo, además de a mi memoria, es a Fernando Pessoa, el único maestro en que me reconozco, al menos de manera consciente.

Yo me aplico al diario con una puntualidad escrupulosa, impropia de mi talante disperso y de mi tendencia a la pereza. Eso es algo que debo al medio electrónico, al invento de Internet; peligroso, no cabe duda, pero que ha encauzado mi larvada vocación literaria como si fuera una zanahoria que me anima a seguir y, aún diría más, que me obliga a escribir todos los días, haciéndome mejor persona, pero también esclavo de una droga difícil de dominar; una droga que conviene tomar en dosis pequeñas, pero que atrapa a los débiles de voluntad en una tela de araña tupida y pegajosa.

Y no es nuevo lo que yo digo; ya lo sabía Unamuno:
Y ¡ojo con caer en el diario! El hombre que da en llevar un diario -como Amiel- se hace el hombre del diario, vive para él. Ya no apunta en su diario lo que a diario piensa, sino que lo piensa para apuntarlo. Y en el fondo, ¿no es lo mismo? Juega uno con eso del libro del hombre y el hombre del libro, pero ¿hay hombres que no sean de libro? Hasta los hay que no saben ni leer ni escribir. Todo hombre, verdaderamente hombre, es hijo de una leyenda, escrita u oral. Y no hay más que leyenda, o sea novela.

domingo, 20 de noviembre de 2011

El dorado árbol de la vida


Grau, teurer Freund, ist alle Theorie
Und grün des Lebens goldner Baum.
W. Goethe: Fausto

Toda teoría, queridísimo amigo, es gris,
como verde es el dorado árbol de la vida.
W. Goethe: Fausto
Así habla a un estudiante Mefistófeles en persona, luego habrá que tomar la frase con cautela. Quizás no sea tan dorado el árbol de la vida, y haya que iniciar la búsqueda por las ramas derechas y encauzadas del saber.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Herrerillo



Hay en mi patio una fuente
que canta por las mañanas,
y su tranquila corriente
espejea filigranas
en tus miradas ausentes.

Ayer se asomó al balcón
un azulado herrerillo,
y su inocente canción
dibujó un trazo sencillo
en la tarde de tu adiós.

No te fijes en las horas
que vuelan entre las nubes;
quédate con las auroras,
los cielos a donde subes
y los recuerdos que añoras.

viernes, 18 de noviembre de 2011

John McCrae: In Flanders Fields



John McCrae fue un poeta canadiense, médico de profesión, que participó en la Primera Guerra Mundial y estuvo a cargo de un hospital de campaña durante la segunda batalla de Ypres en 1915, donde murió su amigo y antiguo alumno Alexis Helmer. Esta experiencia le inspiró el impresionante poema En los campos de Flandes.

En los campos de Flandes

En los campos de Flandes se agitan las amapolas
entre las cruces, hilera sobre hilera,
que marcan nuestra morada, y en el cielo
cantan valientes las alondras, en vuelo
silencioso entre los fusiles allá abajo.
Somos los muertos; hace pocos días
vivíamos, caíamos, contemplábamos la luz del amanecer;
amábamos y éramos amados, ¡y ahora yacemos
en los campos de Flandes!
Proseguid la lucha con el enemigo:
Os arrojamos, con nuestras manos exangües,
la antorcha; que sea vuestra y la alcéis.
Si perdéis la fe en nosotros, los muertos,
¡no podremos dormir, aunque crezcan las amapolas
En los campos de Flandes!



In Flanders Fields

In Flanders fields, the poppies blow
Between the crosses, row on row,
That mark our place and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.
We are the dead, short days ago,
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved, and were loved, and now we lie
In Flanders fields!
Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands, we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders fields!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Apuntes (140): Proyecciones salvadoras


Leyendo hace un tiempo a Trapiello encontré una cita de Somerset Maugham. No la recuerdo literalmente, pero sí mi percepción de ella, que al fin es lo que cuenta: "Los escritores no deben explicarse demasiado". Pues eso.

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Suele suceder que un libro guste más o menos, o no guste en absoluto, según la época o el ánimo con que se lea. A mí me ha sucedido, por ejemplo, con Stendhal, pero esto no es una ley universal, ni mucho menos. Nunca me sucederá con El Quijote, ni con Romeo y Julieta, ni con David Copperfield, ni con El libro del desasosiego.

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Y por cierto, tampoco lo anterior es una ley universal, ni ninguno de mis apuntes; son la mera proyección de mis gustos y reflexiones sobre los gustos y reflexiones de los demás. Esto me blinda, y ya me estoy explicando demasiado, de cualquier ataque o crítica furibunda que reciba.

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Los apuntes de Trapiello se me suelen olvidar inmediatamente después de leerlos, lo cual es una de las mejores cosas que se puede decir de ellos.

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Me aniquilan los remordimientos.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

For president? Ni de coña


Ya hay que tener ganas de meterse a presidente del gobierno, con la que está cayendo, e incluso si no cayera nada; sólo de pensarlo me dan escalofríos. Es mucho mejor meterse a rey, dónde va a parar, y además no hace falta ni ganar unas elecciones: tienes un padre que es rey, o al menos príncipe de Asturias, procuras no hacer mucho ruido, que los republicanos no vayan más allá de ondear su bandera en los balcones de sus casas de barrio, las Cortes te hacen jurar la Constitución y… ¡zas!, a vivir que son dos días, con un palacio oficial, un yate oficial y viajes pagados a todo tren por los cinco continentes. A cambio lo único que hay que hacer es estrechar muchas manos, leer un discursito en Navidad y posar para los sellos. Lo de presidente, sin embargo, es de un cansancio infinito: lo primero es darte de hostias con los compañeros para que te proclamen candidato, y para eso hay que tener mucho estómago, tragar quina, pisar cuellos, dominar las más diversas suertes de la marrullería, el cuerpo a cuerpo con navaja choricera… se puede asegurar que todo el que llega a candidato tiene unos cuantos miles de cadáveres políticos en la buchaca, y eso ya garantiza que buena persona, lo que se dice buena persona, no lo es. Tenemos, pues, un cabronazo que se presenta a las elecciones; el siguiente paso es ganarlas: eso requiere unas energías inconmensurables, y una presión psíquica que pocos tolerarían; no es nada fácil decir tantas mentiras en tan poco tiempo como dura la campaña, y eso poniendo el máximo cuidado de que no se escape una sola verdad, para no dar el cante. Y a medida que se van diciendo mentiras, el otro candidato, que a su vez miente como un bellaco, trata de rebatirlas, transformándolas en verdades, algo que de demostrarse supondría el fin de su candidatura. Un auténtico lío, del que sólo pueden salir airosas las mentes más retorcidas. Entre tanto, los votantes asisten entre divertidos y cabreados al espectáculo. Alguno que otro llega a plantearse votar a un partido alternativo, pero sólo cumplen su propósito los más idealistas, románticos, gilipollas o una mezcla de las tres cosas.

Nos centramos ahora en el candidato que ha ganado las elecciones. Lo primero es mudarse al palacio de la Moncloa, que tiene que ser incómodo de cojones. Imaginad que os dicen que os vais a mudar con vuestra familia, desde vuestro pisito confortable, a un palacio grande y húmedo, con un montón de servicio dándoos la tabarra. Lo que es yo, no necesito ningún mayordomo, y un palacio se me quedaría grande. Bueno, pues ya estamos instalados, nos han investido, nos hemos acostumbrado al nuevo barrio, donde no hay tiendas, bares ni na… y ahora a gobernar. Se dice pronto, pero no es moco de pavo gobernar un país. Me diréis que gobernar, lo que es gobernar, no gobiernan, sino que se dedican a hacer el carajote y a robar. Bueno, pero no deja de ser cansado. Y además, al salir a la calle la gente te mira con admiración (pocos) con indiferencia (bastantes) o con desprecio (los más). Si por ellos fuera te escupirían a la cara; no lo hacen por miedo a la guardia pretoriana. Y ahora toca ir a las reuniones internacionales con Obama, la Merkel, Sarkozy y toda esa patulea. No tendría que ser demasiado penoso, pero… ¡no tienes ni puta idea de inglés! Lo mal que lo tienen que pasar todos estos con su traductor simultáneo, mientras los otros mandamases cuchichean y les lanzan miradas de cachondeo. Después vuelta a España, un periódico alabando y el otro dando caña, te tienes que tragar las caricaturas que te hagan, los chistes, las cancioncillas mordaces… Y no sigo, que me estoy cansando sólo de escribirlo: no me haría presidente ni de coña, me lo ofrecen ahora mismo y salgo pitando del país, por si las moscas.

martes, 15 de noviembre de 2011

Perplejidades (VIII): La crisis


¿Cómo es posible que el gasoil cueste 1,40 € por litro y la gente siga teniendo coche?
Porque todo el mundo está en el paro, luego se hacen muchos menos kilómetros.

¿Cómo es que las ventas de coches de lujo siguen subiendo de forma espectacular?
Porque los chorizos siguen robando, ahora más que nunca.

¿Cómo es posible que los bares sigan llenos?
Porque la gente ahoga sus penas en alcohol.

¿Cómo puede ser que Grecia siga en el euro?
Porque los alemanes no son gilipollas.

¿Cómo es que las tiendas siguen llenas de comestibles?
Porque la prima de riesgo aún no se ha elevado lo suficiente.

¿Por qué coño nos hemos metido en el euro?
Porque entonces no nos salvan ni los alemanes.

La pregunta


A veces el silencio es la única respuesta. Las palabras permanecen, pero no hallamos la roca donde han nacido todos los vientos. Abrimos los labios y ningún sonido escapa de ellos, porque no hay nada que decir. Buscamos el cielo con los ojos, escuchamos los rumores misteriosos del bosque, sentimos el frío golpeando nuestro rostro… y todo se resume en un silencio desconcertado.

A veces el silencio es la única respuesta a una pregunta agazapada. Una pregunta fría, certera, implacable. Una pregunta que nunca nos haremos, pero que pende como una amenaza invisible sobre nuestro cuerpo frágil. Una pregunta incierta y verdadera como el fuego que convierte un tronco en cenizas. Una pregunta que intuimos, y escapamos de ella con todas nuestras fuerzas hasta caer exhaustos en la tierra, heridos por un espanto mudo y tenebroso.

lunes, 14 de noviembre de 2011

W.B. Yeats: Sweetheart, do not love too long


Vida mía, no prolongues el amor:
Yo amé mucho, mucho tiempo,
y terminé olvidado
como una vieja canción.

En los años de nuestra juventud
nadie podía distinguir
mis pensamientos de los suyos,
tan fuerte era nuestra unión.

Pero, oh, en un minuto ella cambió—
Oh, no prolongues el amor,
o acabarás olvidado
como una vieja canción.




Sweetheart, do not love too long:
I loved long and long,
And grew to be out of fashion
Like an old song.

All through the years of our youth
Neither could have known
Their own thought from the other's,
We were so much at one.

But O, in a minute she changed--
O do not love too long,
Or you will grow out of fashion
Like an old song.


Fotografía superior: Maud Gonne (c. 1900)

jueves, 10 de noviembre de 2011

De humildades


Para ser bueno antes hay que ser humilde; y también para ser sabio. Quien no sabe ver más allá de sus propios logros jamás podrá avanzar en la búsqueda de la Verdad. Y la Verdad es una meta humilde, no encontrarás en ella la gloria. La Verdad está desnuda, y por eso es más difícil vislumbrarla. La Verdad es veloz, y escapa siempre a nuestros intentos de atraparla, pero al recorrer los caminos que Ella recorrió nos nutrimos de su ausencia. Quien no es humilde es soberbio, vano, orgulloso, altanero, despojado de todo vestigio de sabiduría, y por eso mismo es despreciable. Y es que los sabios y los humildes deben estar versados en el desprecio. El desprecio mantiene alejados a los indeseables, y despeja el camino difícil hacia la felicidad, el placer y la Verdad.

La humildad es una cualidad que raramente se observa en estado puro; ni siquiera en una proporción suficiente como para contarse entre las virtudes de un hombre. Los virtuosos son humildes, y es ésta su principal virtud. La humildad está reñida con el poder; no se hallará ningún humilde entre los príncipes, obispos, altos directivos de empresas, millonarios que se han labrado su propia fortuna, alcaldes, concejales, presidentes y ministros. Para ganar su poder todos ellos habrán forzado a otros. La vanidad les mueve, y desempeñan sus puestos con soberbia.

Los humildes sienten una compasión sincera, no ese sentimiento de culpa de los altaneros, que echan migajas a los pobres para tranquilizar sus conciencias. Si todos fuéramos humildes no habría guerras, las injusticias serían menos injustas, seríamos felices y viviríamos más años. No existiría tanta riqueza, porque gran parte de ésta nace de la avaricia, pero nos conformaríamos con menos.

Hacen falta hombres buenos, y no píos; sabios, y no listos; humildes, y no pobres.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¡Toma deuda!



- El diferencial de los bonos italianos con los bund alemanes cierra en 552 puntos.

- La prima de riesgo de Grecia subió hasta los 2.262 puntos básicos, la de Irlanda hasta los 605 y la de Portugal hasta los 953 puntos básicos.

- La prima de riesgo ofrecida a los inversores por los bonos españoles a diez años respecto a sus homólogos alemanes se ha situado en los 409 puntos básicos.

- La prima de riesgo de Francia alcanza récord histórico: 147 puntos.


Pues sí que está el patio "riesgoso". Se me ocurren algunas cosas:

- Definitivamente, es el momento de invertir en deuda griega: se abonan (es un decir) unos intereses del 24%, se trata de renta fija, y cuenta con la garantía del Bundesbank, que está dispuesto a rescatar a los griegos caiga quien caiga.

- Como caiga uno, van los demás detrás por la escalera.

- ...Y la última en caer es la Merkel, que se pega la hostia más gorda, a ver cómo cojones recupera el dinero que ha invertido en sus queridos socios europeos.

- Los franceses que se anden con ojo, que cuando se quieran dar cuenta se unen al club.

- Anda que no se estarán riendo na en Londres, con sus libras esterlinas.

- Y más todavía se ríen en África, de las gilipolleces por las que nos preocupamos.

Domingo: La del soto del parral




Plácido Domingo tenía una voz para triunfar:
un timbre vibrante, incorparable,
un fraseo dulce,
unos armónicos bellísimos,
un talento innato
y una capacidad de trabajo fuera de lo común.

Y triunfó, porque era perfecto,
tan perfecto que se ha buscado cualquier resquicio
para criticarle,
pero siempre estará entre los más grandes.

Dicen que la zarzuela es el género chico.
Eso dicen.

Aquí canta con 66 años.

Los cantos alegres de los zagales
aumentan siempre la pena mia,
y mi amargura vivo llorando
con la ilusión perdida.

martes, 8 de noviembre de 2011

Aragall: Tosca




Jaime Aragall tenía una voz para triunfar:
el timbre más hermoso,
el más bello fraseo,
un talento innato.

Pero no era perfecto.

Y las estrellas brillaban,
y la tierra exhalaba su fragancia,
y unos pasos rozaban la arena…

¡Oh, dulces besos!
¡Oh, lánguidas caricias!

L'ora è fuggita E muoio disperato!

¡Y no he amado nunca tanto la vida!

Ni yo la he despreciado con más fuerza,
hasta guardar la luz entre mis sábanas.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Apuntes (139): Versa est in luctum


Erudición + Vanidad = Pedantería
Erudición + Humildad = Sabiduría

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Suelo pensar que estoy por encima de las miserias y los egos del mundo de la literatura, que me repugnan ciertas actitudes, que son pocos los que se salvan de abrasarse en la famosa hoguera de las vanidades, que corren las puñaladas como si fueran briznas de hierba, que hay quien mata por publicar, que hay quien se arrastra como un gusano para ver impreso su nombre negro sobre blanco, que los cócteles literarios son el escenario de afanes patéticos y despliegues de plumas descoloridas, que lo mismo sucede con algunas presentaciones de libros, que muchos editores son tan ególatras y ruines como sus autores... Suelo pensar, decía, que no estoy yo en este juego, ni me importa, pero la saña con que los describo no es de los que contemplan algo con indiferencia.

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Está muy bien Hamlet, es una obra maestra y todo eso, pero resulta un poco excesivo que al final de la última escena se quede solo el pobre Horacio contemplando el cadáver de todos sus compañeros de reparto.

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No sé por qué se les llama teléfonos inteligentes; será por el contraste con sus dueños.

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Lo que tenían que hacer los griegos es mandar a todos a tomar por culo, decir que no piensan pagar un solo euro, ni siquiera un dracma, meterle fuego al oráculo de Delfos por si las moscas y dedicarse a pastorear por sus verdes colinas milenarias a los sones de una cítara.

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Y esta mención a la cítara, legendario instrumento, me cambia el estado de ánimo al hacer que me acuerde del impresionante motete de Alonso Lobo Versa est in luctum cithara mea.
Mi cítara se ha transformado en luto
y mi órgano en la voz de los que lloran