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martes, 6 de noviembre de 2012

Redes sociales y literatura


Si el fenómeno de los blogs parece que ha alcanzado la cima y actualmente está decreciendo en intensidad, las redes sociales han explotado más recientemente, y su onda expansiva abarca a mucha más gente y facetas de la vida. Sin lugar a dudas inventos como Facebook o Twitter, más los que vendrán, han revolucionado la forma en que nos relacionamos con el otro, algo esencial al ser humano; sin embargo, si nos ceñimos a las repercusiones que tiene este nuevo mundo sobre el universo literario, entiendo que son muy pequeñas. Como apuntaba ayer en este cuaderno José Manuel Benítez Ariza, y también me comentaba hace ya mucho tiempo Enrique Baltanás, se da el caso de algunos escritores que han migrado de Blogger a Facebook, atraídos por la popularidad de la nueva herramienta, pero esta fuga no resulta demasiado clara en cuanto a sus intenciones, pues en este caso el medio influye, y mucho: el escritor que publica un texto en su blog lo hace con la esperanza de que quien lo lea le dedique cierto tiempo, y haga la lectura en unas mínimas condiciones de reposo, necesarias para asimilar, para paladear toda obra literaria. Estamos de acuerdo en que el libro es el formato ideal para conseguir este objetivo, pero también los lectores de un blog le dedican un tiempo precioso, el mismo que se puede dedicar a un diario o a unos apuntes tomados al azar, efímeros pero bellos. Es quizá esta breve permanencia en el tiempo (a pesar de que las entradas quedan almacenadas en la red, raramente se acude a ellas con la intención de releerlas), el principal punto débil del blog como publicación, pero sin él perdería también gran parte de su atractivo. Lo que no me ofrece duda alguna es la poca consideración que se le daría a uno de mis textos colgado por ejemplo en la plataforma de Facebook, o de Twitter. Los que acuden allí lo hacen en busca de noticias frescas; se trata de un mercado donde uno ofrece sus propias quimeras y necesidades de afecto o de compartir a cambio de leer las ajenas. Las redes sociales son un tributo a la inanidad, a la sociedad de las prisas, al no decir nada en cuarenta palabras, a las fotos mal tomadas, al mal gusto elevado a la categoría de ego. También sirven, cómo no, para promocionarse, o para mantener el contacto con amigos –de segunda categoría casi siempre-, pero nunca para leer como se debe un poema, o un apunte literario, cosa que no se hace en mitad de una reunión o en el descanso del trabajo mientras trajinamos con nuestro teléfono móvil rodeados de compañeros enfrascados en la misma tarea (paradojas de la comunicación del siglo XXI). Cuando uno está en casa descansado y se dispone a disfrutar de un rato de lectura lo suyo es un libro o, como mucho, un blog. De ahí para adelante todo son mariconadas.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Blogs y literatura


La aparición en escena de los blogs supuso un fuerte impulso a la creación literaria, no sólo para vocaciones larvadas, como la mía, que necesitaban el acicate de compartir, de la publicación instantánea, para desarrollarse, sino también de escritores consagrados que mantienen un ritmo diario de entradas. Desde aproximadamente el año 2006, en que los blogs literarios empezaron a surgir, he venido observando un aumento de la popularidad hasta un auge hacia el año 2010, y a partir de entonces he notado un descenso en el número de entradas y el cierre de numerosos blogs. Puede que esta percepción mía no sea generalizable, pues me baso en mi entorno y en los autores que frecuento, pero tengo la sensación de que hay una cierta crisis, repito, sólo en los blogs de creación, pues los que son de tipo profesional han seguido creciendo como es lógico, dado el carácter de herramienta comercial que tiene un cuaderno en la red, que al fin y al cabo no es más que una página web simplificada.

Valga la reflexión anterior para ahondar en la relación que existe entre la literatura y el medio donde se publica. Es cierto que géneros como la novela tienen difícil cabida dentro del formato blog, pero otros como la poesía, las memorias, los aforismos, el relato breve, el artículo periodístico y muchos más se adaptan a él a la perfección, con la ventaja añadida de la publicación inmediata de la obra de creación, con lo que ello supone a la hora de compartir, de que el escritor se reconforte, compruebe que no está solo y, por qué no, halague su más o menos inflada vanidad. Como es lógico, la calidad de lo que se escribe en los blogs varía enormemente, y hay muchísimo que no vale la pena salvo para el autor, pero también he leído muchas cosas antológicas en los blogs, lo mismo que hay bodrios en papel. De hecho, la publicación en papel depende en gran medida de los contactos que tenga el escritor, mientras que el blog es un medio democrático, y si el contenido merece la pena es reconocido por los lectores de inmediato, proporcionando esa íntima satisfacción que tanto necesita un escritor, mucho más que los premios, mucho más que las invitaciones a copas de vino español, mucho más que el dinero que, después de todo, un buen libro casi nunca está en disposición de proporcionar a quien lo escribe.

martes, 10 de julio de 2012

Proyectos literarios


Ando enfrascado últimamente en la redacción de una serie de enjundiosos ensayos que acrecienten mi ya de por sí elevado prestigio intelectual. En un arranque de generosidad, adelanto aquí algunos de los títulos.

- eBooks: La alergia del siglo XXI. Estudio taxonómico de los efectos nocivos de los ingenios de lectura electrónica sobre las mentes preclaras de escritores y poetas consagrados.

- Blogs y ocultismo. Empleo de la técnica de iteración semántica para la consecución de entradas ininteligibles.

- De las causas oníricas, onerosas, petulantes y pecuniarias por las cuales se alargan los títulos de las novelas, los ensayos y en general de cualquier manifestación literaria emanada del intelecto, digámoslo así, humano. 

- Toros y literatura: búsqueda de un método para glosar la Fiesta Nacional reduciendo a la mitad el número de epítetos y circunvoluciones lúdico-gilipollescas.

- El efecto Chesterton: análisis de su frecuencia de cita en relación con el grado de militancia católica del "citador".

- Determinación, análisis y medidas correctoras sobre el grado de correlación lineal entre la fama de un autor y su falta de propensión a contestar comentarios hechos en su blog.

- Edición, ruina y éxito social: estudio de la disparidad observada entre el número de amigos de un editor y las cifras de su cuenta corriente.

Y ya por último, también tengo previsto organizar unos tallercitos literarios:

- Aprenda a escribir utilizando palabras extrañas. Patrocinado por la RAE, AT y la Fundación Tontolaba.

- Curso práctico-coercitivo sobre la forma en que los poetas contemporáneos deben evitar cualquier rima y metro conocido. Se aplicarán castigos corporales que irán desde un cosqui hasta tragarse la pluma para los casos más graves.

- Cómo montar una tertulia literaria por Internet. Un barniz indispensable que todo escritor debe adquirir para presumir ante sus pares. Se entregará material gráfico y lúdico: pelucas para hacerse pasar por escritores locos, recitaciones de poemas en inglés con acento de Gelves, técnicas de manipulación fotográfica... 

martes, 1 de mayo de 2012

Vilano


Hace unos días, al levantarme sentí algo que no había conocido desde que abrí este blog hace tres años y medio: no me apetecía escribir una entrada, ni comprobar los comentarios de entradas anteriores, ni responderlos. Una especie de vacío literario lleva acechándome un tiempo, y no tiene que ver con esa falta de inspiración que suele aducirse como excusa para no escribir: yo lo he hecho contra viento y marea, he sacado poemas risueños desde la pena, y versos negros escritos con despreocupación; quien me conoce lo sabe. Es algo distinto, cuyas causas no deben ser expuestas en un diario abierto, y que están relacionadas con mi condición de diletante a mi pesar, un deambular sin rumbo por un mundo asombrosamente extenso, inabarcable, que se escapa a cada línea, se dispersa como un vilano de primavera, el mismo que me hace escribir estas líneas que no conducen a ningún sitio, tan sólo me reafirman en la decisión de seguir escribiendo mientras viva, y no justificar mis actos más allá de unos pocos momentos en que siento la necesidad de escribir en alto para oírme bien, más allá del ruido de mi mente, sin dirigirme a nadie ni tampoco esperar respuesta de nadie.

martes, 10 de abril de 2012

Ese pedazo de euro


Hoy voy a ronear un poco: prueben a teclear la palabra "euro" en google, en el buscador de imágenes, aquí mismamente, y comprobarán que el primero de los resultados, pedazo de moneda de un euro, corresponde al blog de un servidor. Lástima que sean euros virtuales...

sábado, 17 de marzo de 2012

1000 entradas 1000

A Liliana García


Pues sí, mil entradas ya en este blog, que no es poco. Ahora tocaría decir que nunca lo hubiera pensado cuando empecé, que no sé cómo he sido capaz, con la poca constancia que tengo... ¡Paparruchas! Aquí estamos, por algo será. Ha habido de todo: mucha poesía, un diario en marcha, traducciones (mi vocación escondida), Economía (mi profesión manifiesta), ópera, anécdotas y muchas cosas íntimas, mías y que ahora son de todos. Mis hijos agradecerán en el futuro las entradas que les he dedicado, y yo agradeceré este invento que me ha hecho escribir como un poseso y crecer como persona. Buen humor siempre, y buena compañía también, hasta convertir este rincón en un café la mar de concurrido donde hemos aprendido unos de otros, nos hemos reído e incluso nos hemos atizado algún que otro mamporro.

Y para celebrarlo traigo una primicia: se trata del vídeo de una ocasión en que me reuní con mi amiga Anna Netrebko y el picarón de Plácido Domingo para cantar La Traviata. Me tuve que poner una peluca para estar a la altura, que Anna es mucha Anna. Va por ustedes:


jueves, 12 de enero de 2012

Acojone total



Hace un rato he pulsado el icono de mi blog en el ordenador y me ha aparecido un mensaje diciendo que... ¡¡su blog ya no existe!! ih-ih-ih-ih-ih (música de Psicosis). Diez intentos más y el mismo resultado; cambio de ordenador y lo mismo; el teléfono inteligente (más bien repelente) de la parienta y nada. Desesperación, angustia infinita, mil entradas tiradas a la basura, mi trabajo, mis ilusiones... ¡mi vida! Por supuesto, eso de los bacáps siempre me ha parecido una gilipollez, y ahora comprendo mi imprudencia. Entro en blogger, veo un icono de ayuda, me agarro a un clavo ardiendo... ¡nada! Voy a meterme en la cuenta de gmail y... ¡no me deja entrar! ih-ih-ih-ih-ih Me dice que se ha hecho un uso inadecuado de la cuenta, y dan varias posibilidades: que si no sé buscar en google y capulladas por el estilo. Al final, en letra pequeña, dice que si no es ninguna de las anteriores pulse. Menos mal que sé inglés. Pulso, y sale una pantalla diciendo que si quiero recuperar el blog debo dar el número del móvil para que me manden un mensaje; lo doy; me lo mandan; es un código; lo meto en pantalla; sale la página de gmail para meter la contraseña; la meto; ¡entro en mi cuenta!; pruebo ahora a entrar en el blog... ¡¡dentro!! (música del Aleluya de Haendel).

¡Y todo para tener mi número de teléfono!

Serán cabrones...

martes, 10 de enero de 2012

Apuntes (150): Disparates


Síndrome postvacacional. Buena cosa: señal de que estoy sano.

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Alaba Bergamín en un ensayo las bondades del disparate en la vida y en la literatura.Es ésta una de esas palabras para cuya comprensión conviene acudir al diccionario, que nos informa de que algo disparatado es "contrario a la razón". No se trata, pues, de un desatino, eso que decimos cuando estamos desesperados de que vamos a "hacer un disparate". Se trata de algo más sutil: una especie de iluminación, el motor creador de muchos poetas que han disparado unos versos sin pensárselo dos veces, o, como dice el autor, utilizando "una forma inventiva, creadora, poética del pensamiento", y alumbrando así algunas de las creaciones más hermosas de nuestra literatura.

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Ya me gustaría a mí estar todo el día haciendo disparates. Modestia aparte, alguno que otro disparate sí que suelto en este blog; me queda saber si son disparates de los buenos o de los malos.


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Un disparate de los malos: "Como esto siga así no sé lo que voy a hacer, igual me tiro a un río, como Ganivet". Pero... ¿se trata de disparate o desatino? ¿No será más bien una bravuconada, una llamada de atención? O acaso se trate de una gilipollez... Sí, seguramente es esto, no faltan antecedentes en mi blog. En cualquier caso, se está convirtiendo en una paja mental, así que mejor lo dejo, que además me estoy yendo por las ramas (ahora vendría lo de los monos que se suben a las ramas y tal, pero no lo voy a decir, que paso de la paja mental al coñazo, lo que, bien pensado, no deja de ser un avance...). Bueno, va, me callo.

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Últimamente tengo abandonado el cuaderno de papel, y escribo la mayoría de mis apuntes directamente en blogger. Tengo que reconocer que el hecho de escribir a mano es más una pose que otra cosa: lo hago más bien porque me resisto a abandonar el medio tradicional, pero el ordenador es mucho más práctico, y más aún con la moda de los teléfonos inteligentes (tiene cojones que haya tantos teléfonos inteligentes en manos de zoquetes sin remedio).

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Lo mejor de Pickwick Papers, con diferencia: el personaje de Mr. Weller.

domingo, 8 de enero de 2012

¿Crisis bloguera?


He estado "hojeando" mi blog, cosa que hago con muy poca frecuencia, y por eso mismo me ha sorprendido leer no ya las entradas, que sí recuerdo, sino los comentarios que se me hacen y mis respuestas a éstos. A veces es más interesante lo que "cuelga" de la entrada que la entrada misma, como se puede comprobar aquí. En muchas ocasiones se pasa de treinta comentarios, y acude una media de diez o doce contertulios. A día de hoy la situación es muy distinta: ha bajado el número de comentarios, y el blog está menos animado. Podría ser que esto se debiera a que mis andurriales se han hecho menos interesantes, y algo de esto hay, pues ya no hago tantas entradas jocosas, que invitan a la participación, pero también he observado una bajada de actividad en los blogs que sigo. ¿Cabría pensar, entonces, que estuviéramos ante una crisis del blog como medio, al inicio del declive que conducirá a su extinción? La cuestión no es baladí, al menos para mí, que me he volcado en estos andurriales tan motivadores. Un factor que podría ir en contra de esta hipótesis es que, a pesar de que los comentarios han descendido, el número de visitas diarias a mi blog ha subido, incluso si descontamos las visitas aleatorias que nos trae Mr. Google. Aun así, me queda la sensación de que algo está pasando, de que se barrunta un fin de ciclo. Ahí dejo la duda; por mi parte, seguiré escribiendo en el blog mientras tenga viva la ilusión, y si éste se acaba buscaré otro medio donde pueda seguir publicando a diario, cosa que me motiva mucho más que escribir para mí mismo o, en el mejor de los casos, para un puñado de futuros lectores anónimos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Blogs, trenes y pajas mentales



Hay quien dice (amigos laboriosos, jefes suspicaces, parientas…) que los que mantenemos un blog perdemos el tiempo miserablemente, no sólo escribiendo entradas, sino comentando, leyendo otros blogs, bicheando… incluso sé de buena tinta (hay gente para todo) que algunos se mandan correítos electrónicos o montan chats para comentar las incidencias del día, alabar a unos y escarnecer a otros. Triste sino el de los que llevamos la etiqueta de “blogueros”, hermanos pobres de los escritores y blanco de la condescendencia, el paternalismo o el más claro desprecio de una sociedad que basa la excelencia en el utilitarismo. Se me ocurren muchas respuestas ante este ataque indisimulado: Ande yo caliente…, A palabras necias…, Que les den por…, pero hoy toca ser más explícito, y rebatir convenientemente tan falaces argumentos.

Como dijo una vez un insigne bloguero, el blog es la zanahoria de los escritores perezosos. No conozco a nadie más perezoso que yo, así que debo a este medio el desarrollo de mi vocación de escritor, algo que ha dado un sentido nuevo a mi vida, no sé si mejor o peor, seguramente esto último, pero un sentido al fin y al cabo, a ver cuántos de vosotros podéis decir lo mismo. En cuanto al tiempo, no me cansaré de repetir –lo he dicho cienes de veces en estos bytes- que se trata de una materia que es imposible de perder, pues nunca la hemos poseído, sino que pasa sobre nuestras cabezas; es en realidad una especie de tren con vagones en los que nunca nos podemos subir, tan sólo pegar patéticos saltitos a ver si los alcanzamos. De la altura y gracilidad de estos saltitos depende nuestra felicidad, y resulta especialmente importante medir el ímpetu de nuestros brincos, pues corremos el riesgo de pegarnos un buen jardazo que acabará de golpe con nuestra felicidad, con nuestro blog, con nuestros dientes y con nuestra capacidad de volver a saltar en el futuro (siendo éste un tren que divisamos borrosamente en el horizonte y se dirige hacia donde estamos). Pero me estoy yendo demasiado por las ramas –aclaro que está prohibido subirse a una rama para saltar más alto-, así que basta de filosofías y vayamos al grano (no el grano que le sale a uno en la nariz, sino que hablo figuradamente: a lo importante, al meollo, al “quid” –palabra que creo que viene del latín, supongo que en latín “grano” se dice “quid”, por ejemplo, te ha salido un “quid” en el culo).

Bueno, mejor no os leáis lo anterior –ah, coño, que ya lo habéis leído, lo siento-. Decíamos antes -ya sabéis, el tren que pasó hace un rato-, que el tiempo no se pierde, sino que se disfruta o no se disfruta –se salta o no se salta-. Pues bien, el blog es una manera estupenda de saltar, mucho mejor que trabajando, dónde se va a parar –se me ocurren algunos “saltos” más placenteros que el blog, pero no es plan contarlos aquí-. Yo me siento muy orgulloso de mis entradas, de mis saltos; creo que es mejor saltar literariamente en mis andurriales que en un libro de papel, algo bastante improbable y que no depende de ti, y que además pertenece a un futuro muy lejano –insisto: un tren que saldrá (o no saldrá) dentro de mucho tiempo-. Mis andurriales salen puntualmente de la estación todos los días, y yo pego mis saltitos correspondientes, de los que quedo muy contento, y no me cambiaría ni siquiera por Cervantes, que tuvo que sudar tela hasta que llegó su tren con un famoso caballero andante y su escudero a bordo, y que menos mal que era manco y no cojo, porque si no no habría podido saltar en absoluto.

Estoy tentado de releer lo que llevo escrito, pero mejor no, dejo que el tren se lo lleve y voy terminando, que el personal debe de estar hasta los cojones de oír hablar de trenes, saltos, blogs, zanahorias y pollas en vinagre. A lo mejor retomo este tema algún día de un buen salto. Por ahora, me bajo del tren, que acaba de parar en unos andurriales algo desangelados, pero en los que me siento como en casa.

lunes, 21 de noviembre de 2011

De los peligros de un diario


No tiene poco de obsesión, ni incluso de sumisión, la paciente y continua escritura de un diario, ya sea en papel, electrónico o una mezcla de ambos. En mi caso se trata de un diario misceláneo, volcado casi todo en la red, pero también con apuntes entreverados escritos a vuela pluma en un cuaderno. Un repaso a lo divino y lo humano, un canto a la música, a la literatura, un homenaje a poetas y escritores que me han dejado huella, y sobre todo una colección de anotaciones más o menos profundas, más o menos íntimas, más o menos anecdóticas, que si a alguien rinden tributo, además de a mi memoria, es a Fernando Pessoa, el único maestro en que me reconozco, al menos de manera consciente.

Yo me aplico al diario con una puntualidad escrupulosa, impropia de mi talante disperso y de mi tendencia a la pereza. Eso es algo que debo al medio electrónico, al invento de Internet; peligroso, no cabe duda, pero que ha encauzado mi larvada vocación literaria como si fuera una zanahoria que me anima a seguir y, aún diría más, que me obliga a escribir todos los días, haciéndome mejor persona, pero también esclavo de una droga difícil de dominar; una droga que conviene tomar en dosis pequeñas, pero que atrapa a los débiles de voluntad en una tela de araña tupida y pegajosa.

Y no es nuevo lo que yo digo; ya lo sabía Unamuno:
Y ¡ojo con caer en el diario! El hombre que da en llevar un diario -como Amiel- se hace el hombre del diario, vive para él. Ya no apunta en su diario lo que a diario piensa, sino que lo piensa para apuntarlo. Y en el fondo, ¿no es lo mismo? Juega uno con eso del libro del hombre y el hombre del libro, pero ¿hay hombres que no sean de libro? Hasta los hay que no saben ni leer ni escribir. Todo hombre, verdaderamente hombre, es hijo de una leyenda, escrita u oral. Y no hay más que leyenda, o sea novela.

martes, 18 de octubre de 2011

Por internet con el culo al aire


No cabe duda de que la publicación por Internet ha supuesto una revolución en la forma de “hacer” literatura, especialmente en el género diarístico y en la poesía, que ha servido de acicate a personas, como yo mismo, con una vocación latente, y que no escribían por pereza o por esa necesidad que todos tenemos, en mayor o menor medida, de compartir nuestros escritos. Sin embargo, y como es lógico, también tiene una serie de inconvenientes. Quiero centrarme aquí en uno del que apenas se habla: la exposición inmediata de los escritos a un público que ha llegado a ser conocido hace que se proteja la intimidad en mayor medida que si se tratara de una publicación en papel.

Voy a partir del análisis de los apuntes de mi diario y de los poemas que publico; en el caso de las reflexiones, entradas humorísticas, artículos divulgativos y de opinión y muchas otras páginas que pueblan mis andurriales, que se han convertido en una miscelánea un tanto caótica, no me siento coartado en absoluto; es más, practico unas expansiones escatológicas que no todo el mundo estaría dispuesto a utilizar. En los apuntes íntimos, sin embargo, la cosa cambia: de hecho, sólo publico una parte de las anotaciones que hago en papel. Creo que el diario que se lleva por Internet es mucho menos auténtico, e incluso sincero, que los diarios publicados por tantos grandes escritores, que sin lugar a dudas también se guardarían anotaciones privadas, pero contaban con la ventaja del desfase entre la escritura y la publicación, y el casi completo anonimato de los lectores. En el caso de la poesía esta circunstancia se ve acentuada, pues se trata del género más íntimo, donde el poeta desnuda su espíritu, y extrae sentimientos y percepciones que ni él mismo conocía. Si la poesía es sincera, y así debe ser siempre -otra cosa es que el poeta finja, que también-, la exposición inmediata a la mirada escrutadora de muchas personas, digamos cien, resulta algunas veces insoportable e inadmisible, lo que da lugar a que muchos de los poemas escritos no se publiquen por pudor, o a que los publicados no sean poemas realmente auténticos, cosa bastante fácil de desenmascarar por otro lado. Para expresarlo en términos líricos, el poeta se queda con el culo al aire, algo que se lleva mucho mejor si publicamos en papel, pues al cabo del tiempo ya no nos reconocemos en esos versos extraños que escribimos.

P.S. Y sí, efectivamente, dejo claro antes de que me lo echen en cara que esta entrada es, en parte, una excusatio non petita.

martes, 11 de octubre de 2011

Apuntes (134): La intimidad de un diario


Qué ufanos, qué magnánimos nos sentimos cuando vamos con el coche y, al observar un peatón al borde de la carretera tratando de cruzar, con un gracioso gesto le cedemos el paso. Y qué agradecido queda él...


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A veces siento la tentación de exponer públicamente en el blog algunos apuntes íntimos que suelo reservarme para mí. Pero es lógico que siempre quede una parcela en un diario que no se quiera compartir, bien por pudor, por miedo o por dignidad. Probablemente, si publicara mi diario en papel incluiría muchos de estos apuntes, pues el desfase entre la escritura y la publicación, la falta de interacción y el relativo anonimato de los lectores eliminarían gran parte de los obstáculos, pero hacerlo en el blog, donde los lectores me conocen mejor que muchos de mis amigos, y donde mantenemos una tertulia diaria sobre tantas cosas, sería como desnudarme el alma y quedarme desprotegido.

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No entiendo muy bien esa aversión que le tienen a los gerundios muchos escritores y, sobre todo, poetas. Será que, no teniendo otra cosa en que pensar, van mutilando el lenguaje.

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Hay gente que parece enteramente que ha pisado una mierda; y no porque estén especialmente disgustados, no, ése es su semblante habitual. Curiosamente, esos sujetos abundan en el gremio de la hostelería. Recuerdo un bar al que iba hace muchos años en Rota, llamado La Parra, muy animado siempre con marines norteamericanos, negros la mayoría, veraneantes como yo y algún que otro aborigen. Mi memoria es especialmente mala para retener rostros; incluso no puedo evocar los de muchos familiares si no los tengo delante, pero la jeta de este hombre, al que recuerdo que llamábamos el carasieso, es como si la estuviera viendo ahora mismo, y han pasado casi treinta años.

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Un texto no es más que la sombra burda de las ideas que lo inspiraron.

lunes, 18 de julio de 2011

Apuntes (117): Arabescos


Cuesta ir llenando este cuaderno de signos. Es una labor paciente, no necesariamente de todos los días, y siempre pendiente del ánimo. Un avance que se hace patente en la disminución del grosor de las hojas a la derecha del cuaderno, hasta que llega el día feliz en que doy carpetazo a este trocito congelado de mi vida y abro con ilusión otro tomo, distinto del anterior, blanco, inmenso, dispuesto a albergar por unos meses mis ilusiones, algunas vivencias, el poso que han dejado los años en las volutas de mi cerebro, y que trato de fijar en el papel trazando arabescos más o menos airosos pero auténticos, tan reales como la risa, el disgusto o el asombro de quien tiene a bien leerlos.

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El paso de una parte de mi cuaderno de papel a mi cuaderno electrónico es una publicación en toda regla, con muchas más posibilidades que la publicación en papel, por lo que tiene de inmediato, de interacción con el puñado de lectores que tengo la fortuna de disfrutar, que leen un diario al mismo ritmo que el que lo escribe, y no de una sentada y con años de retraso.

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La transcripción del cuaderno al blog no es tan inmediata y fiel como podría parecer: casi siempre publico las entradas de apuntes redactados unos días antes, y al pasarlas a limpio introduzco cambios para mejorar el estilo y darle una forma "definitiva" y aseada, como merece cualquier publicación en papel.

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Esta mañana, cuando he anotado la fecha en mi cuaderno, no he podido evitar un sentimiento entre exaltado y patriótico, supongo que por el contraste entre el "talante" deslavazado de este gobierno, que se la coge con papel de fumar en todo lo relacionado con nuestra historia reciente. Inmediatamente he sentido cierta prevención ante este arranque de raza, y he pensado que esto debía quedar para mi cuaderno manuscrito, sin salir a la luz, pero... si hay algo que me molesta es la autocensura y lo políticamente gilipollesco, así que aquí lo dejo, pensando en que que los que están destruyendo el concepto de patria (y conste que yo no me identifico precisamente con él), lo proclaman a los cuatro vientos, amparados por el discurso totalitario vigente.

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Y ahora que lo recuerdo, en esta misma fecha bautizamos a Gonzalo hace dos años, que curiosamente nació el 14 de abril, diplomático que me ha salido el niño...

lunes, 20 de junio de 2011

Apuntes (110): Bloguera volant



Redactar estos apuntes en el ordenador y, todavía más, directamente en la plantilla de blogger, es como traicionar al cuaderno de papel que han usado los diaristas durante generaciones, sabiendo que probablemente nunca compartirían sus anotaciones con nadie o, si acaso, con los más íntimos. Incluso los escritores que tenían la intención de publicar su diario escribían con la tranquilidad de que pasarían años hasta que éste viera la luz, y en ese tiempo habría tiempo para recortes, adendas y correcciones. Los diarios en la red constituyen un nuevo paradigma en el género por su frescura, inmediatez en la publicación, interactividad y, no todo iba a ser bueno, por su condena al entierro en los sótanos de Internet al poco tiempo de su publicación.

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Este diario va muriendo día a día, conforme lo leen con más o menos asiduidad los visitantes de mi blog, a los que debo en gran parte la motivación para llevarlo. Para mí, sin embargo, esa muerte es relativa, y de vez en cuando lo resucito, acudiendo a entradas antiguas. Muchas de ellas están anotadas en mis cuadernos de papel, pero otras no, y el orden definitivo, la forma más o menos acabada que he pretendido dar a mi diario, la he volcado en mi blog, que, al fin y al cabo, no es más que unos millones de bytes volanderos, que no se sabe si permanecerán mucho tiempo en esa nube que nos venden los gurús informáticos, o en el disco duro de mi ordenador, que tiene fecha de caducidad, o en mi pen drive, que pierdo con una periodicidad mensual. Por eso preferiría contar con un flamante diario en papel, con sus tapas duras y su tipografía elegante, que incluyera también las imágenes con las que acompaño algunos textos. Ese objeto precioso lo guardaría en sucesivos volúmenes en una estantería de mi biblioteca, con la certeza de que duraría lo que ha durado un libro desde que se inventó la imprenta, o desde los tiempos de los pergaminos: cientos, miles de años.

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¿Y a qué ese afán de que dure lo que uno ha escrito? Vanitas vanitatis...

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Para conservar, para venerar algún objeto, éste debe ser tangible. Nadie en su sano juicio perdería la cabeza dentro de cien años por un e-book editado en 2011. Si desaparecen los libros de papel, con ellos morirá la bibliofilia. Conviene separar claramente dos cosas: lo leído y el objeto en que se lee. En cuanto a lo primero, el formato electrónico va ganando puntos por lo práctico; yo mismo leo ya más en mi reader que en papel. En cuanto a lo segundo, mi ridáider es de usar y tirar. No me dolerá comprar otro más avanzado; es tan sólo una cuestión de dinero.

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Bloguera volant, scripta manent.

miércoles, 8 de junio de 2011

Mariconadas blogueras (VI): Récord de comentarios


Vengo rumiando esta entrada desde hace mucho tiempo, pero no me decidía a escribirla porque uno (es decir, yo) salía bastante malparado. Como en los últimos tiempos está bajando ostensiblemente el número de comentarios que tienen ustedes a bien dejar en mis entradas, el cambio de escenario me deja en una mejor posición, y aquí me lanzo pues: proclamo a los cuatro vientos del Internet que es una gran mariconada el afán por acumular en el zurrón bloguero cuantos más comentarios se pueda (la imagen de la izquierda es un patético ejemplo de lo que digo).

Hay quien lleva a gala que su blog es mejor que el de los demás porque cada día recibe 10, 20, 50 ó 100 comentarios. En primer lugar, hay algo muy obvio: no todos los lectores del blog tienen por qué comentar; es más, la notoriedad del mismo vendría dada por el número de lectores, y no por el de comentaristas. Además, sé de buena tinta (uno, que es un cotilla) que muchos blogueros se dedican a explorar el vasto universo bloguilandio dejando huella de su visita a cada cuaderno que van, sea éste español, argentino o armenio-azerbayano. Estadísticamente, está comprobado que de cada cinco comentarios que se hacen en otros blogs se recibe uno en respuesta. Según estos cálculos, un bloguero que visite 500 blogs en un día (da tiempo de sobra, lo sé de buena tinta) recibiría una media de 100 comentarios, más los que caigan de propina por otras vías. Esta clientela hay que mantenerla, como es lógico, pero nuestro ambicioso personaje tiene diseñada una completa estrategia de visitas programadas, con comentarios tipo spam, que al fin y al cabo son también los que recibe. Además, nuestro hombre responde puntualmente uno por uno a los comentarios recibidos, con una o dos palabras, con lo que consigue duplicar su cifra ansiada, que ya va por 200.

Por si no quedara clara la vanidad de estos narcisos y la inutilidad de sus acciones, basta echar un vistazo a los blogs de autores consagrados, por ejemplo el cuaderno de Andrés Trapiello o el de Felipe Benítez Reyes, para comprobar que reciben muy pocos comentarios. Yo los denomino (mi amigo Alejandro lo sabe muy bien), blogueros eximios. El eximiato no está al alcance de cualquiera, pues consiste en recibir muchas visitas y pocos comentarios. Ahí queda el reto.

Y a continuación, ofrezco mis números, que hablan por sí solos:

- Récord de comentarios en una entrada: 79, el 12 de noviembre de 2009.

- Número medio de comentarios desde que abrí el blog: 12230 comentarios / 756 entradas = 16,2 comentarios por entrada.

- En el último mes: 306 comentarios / 36 entradas = 8,5 comentarios por entrada.

- En la última semana: 48 comentarios / 9 entradas = 5,3 comentarios por entrada.

- El último día: 0 chops, por primera vez desde el 12 de enero de 2009, recién abierto el blog.

Por otro lado, el número de visitas al blog ha ido siempre en aumento, actualmente recibo unas 150 al día (esto es otro pedazo de mariconada del que ya hablé hace un tiempo).

Conclusiones:

1. Estoy pasando de ser un chufla en toda regla a adquirir galones de eximio, señores, y a marchas forzadas. Prepáranse, que no va a haber quien me aguante.

2. Hay que ser gilipollas para perder el tiempo haciendo estos números.

lunes, 6 de junio de 2011

La puerta de Mr. Google (V)


No me puedo resistir, tengo que compartirlo: hoy ha entrado un internauta en mi blog tecleando en google: "el hombre con el pito mas largo del mundo entrando en el hueco mas abierto". Resulta conmovedor. Muchos de los mejores momentos que me depara esta adicción a la blogueína vienen de mi cotilleo por los senderos que llevan a mi blog a internautas incautos. Aquí os dejo otras perlas (todas sic):

- como damas gusto acerse unapaja

- maturbar

- los gilipollas de la plaza del sol

- bulto en el sobaco de mi perro

- secta de los mercuriales (ésta es especialmente inquietante).

- ocells que defequen de color lila

- raphael y otros maricones

- los acampados de sol arrancan las flores para plantar pepinos

- calvicie fin de todo (sorprendente manifiesto existencial).

- rimas del tipo po trinca

- ernia diodenal

- unamonos por donde meamos (genial)

- como hacer el amor con un calvo ?????

- mujeres usando mercuriales (compañeros, esto promete...)

jueves, 2 de junio de 2011

Mariconadas blogueras (V): Los premios


Seguimos con esta inagotable serie dedicada a las mariconadas blogueras, todas esas chorradas que hacemos los blogueinómanos llevados por nuestra vanidad -el que esté libre de pecado es el más maricón de todos-, y que vistas desde fuera causarían sonrojo al más pintado, nunca mejor dicho. La entrada de hoy va dedicada a los llamados "premios", esos galardones que cuelgan de algunos blogs a modo de trofeo, y que revisten las más diversas formas y colores. Un premio que se precie debe tener al menos dos corazones o, en su defecto, un buen manojo de rosas bien encarnadas. Se trata de llenar de colores la página del premiado, que tiene una obligación ineludible de colgarlo en su blog, cualquiera le hace un feo a la entidad premiante. Estos premiadores son tremendamente magnánimos, y basta con que se les haga en su blog un comentario mínimamente halagador, o a veces ni eso, para que le encasqueten a uno el premio de marras, que a ver dónde lo cuelga luego sin que haya el consabido cachondeíto de los amigotes. Además de las flores, corazoncitos y demás parafernalia rosácea se hace mucho uso de elfos, hadas, gnomos y demás criaturas sacadas del universo de Tolkien, y también manos, muchas manos entrelazadas, como dando a entender la fraternidad que genera el mundo de los blogs. Las mariposas de vivos colores son también muy socorridas, así como las plumas estilográficas y los libros abiertos por la mitad. Uno de cada dos premios tiene la imagen de una mujer envuelta en paños vaporosos, con una expresión arrebatada, no se sabe muy bien si mística u orgiástica, y con una larga y sedosa melena o, en su defecto, unos cabellos rizados del color de la caoba.

Que los premios son una mariconada, no creo que nadie lo dude. Ahora bien, también hay que tener en cuenta la persona que te los da. Resulta que hoy mismo, una de mis mejores amigas blogueras, con la que me carteo a traves de los chops casi desde que abrí el blog, la entrañable y simpatiquísima Liliana, ha tenido a bien -¿cómo has podido hacerme esto, ingrata?- concederme un premio. No es de los más desesperados, ésa es la verdad, pues no aparecen flores, trasgos ni corazones, pero es un premio al fin y al cabo, con lo que yo he rajado de ellos. Lo podéis ver en lugar preferente de mi blog, pero -¡ojo!- ahí estará unos días, después lo pasaré a los sótanos del cuaderno, que uno tiene su reputación, y sabe que le leen escritores y poetas tan serios que al ver una mariconada huirían despavoridos de mi blog ante una ofensa tal a sus elevadas narices blogueras -¿Pero de qué hablas, JM, si te hartas de escribir entradas guarras?-. Es verdad, a estas alturas el personal me tiene calado, mi reputación literaria está perdida, nunca tendré credibilidad escribiendo un ensayo sobre la evolución de la poesía áulica en la corte de los Austrias. Queda, pues, plantado el premio como un pino piñonero, a la espera de ser trasplantado a un sitio más discreto.

¡Gracias, anyway, Liliana de mis bloguerías!

lunes, 16 de mayo de 2011

12000 ¡chops!



Me entero gracias a blogger y a sus intrépidos ingenieros de que a día de hoy he alcanzado la bonita cifra de 12000 comentarios, a los que habría que añadir los que se tragaron el viernes. Y como sois vosotros mayormente, con una constancia conmovedora, los que habéis saltado tantas veces en mi blog haciendo ¡chop!, os dedico esta entrada.



¡Va por ustedes!

miércoles, 13 de abril de 2011

Hadas


Cuando estoy triste mi blog se tiñe de tristeza, y cuando estoy alegre una paleta de colores salpica todos sus rincones. En mis meses felices y despreocupados, ésos en que parece que la vida es un juego de adultos que vuelven a la infancia, el desparpajo y los latidos del ingenio inundan mis entradas y contagian a mis lectores, que hacen comentarios risueños y convierten mi rincón en un refugio de alegría y risas compartidas. Últimamente la melancolía visita con demasiada frecuencia las páginas de mi diario, las bromas ya no son tan ingenuas, y el pellizco de la ilusión se cotiza caro por estos andurriales. Por eso mismo cuido la transparencia de mi prosa con la esperanza de que las hadas buenas de Internet aparezcan como por ensalmo entre las teclas que pulso con esmero. Mañana (hoy, ya) es mi cumpleaños, y espero conjurar muchas más hadas, algunas veces hablando de mí, como ahora; en ocasiones de otros, de los que más quiero, y de los que me quieren, porque son lo que tengo más cerca, en realidad son todo lo que tengo. Hasta las brujas traviesas que a veces aparecen por aquí no son más que hadas disfrazadas, encantadoras, reflejos de todos ellos, trasunto de mi cara más amable.