martes, 25 de diciembre de 2012

Christmas Truce



Es Navidad, un año más, el día en que quien es feliz comparte la alegría que le inunda y el infeliz ve amplificada su desdicha. Lo de menos es que haya nacido un Salvador, porque todo aquel que no sea un idólatra sabe que eso nunca sucedió, ni sucederá, y por otra parte no hay nada de lo que tengamos que salvarnos. Lo realmente importante son los buenos deseos, que incluso obraron el milagro de una tregua en Ypres en 1914, con trincheras decoradas a los sones del Stille Nacht. Hace días que mi espíritu se encuentra en la habitación de un hospital donde reposa quien fue una vez mi mejor amigo. Hubo Navidades mejores, y sin duda las habrá. No hay sitio para la queja, ni para el reproche. Seguimos escribiendo, un año más, aunque sea tarde. A veces hay tan poco que decir, y tanto que callar, que es mejor mirar hacia delante hasta que el sueño desvanezca los últimos atisbos de realidad.

sábado, 15 de diciembre de 2012

¡Qué cachondos, los chicos de Google!


Ha estado "uno" leyendo un libro titulado Desnudando a Google, del empresario Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña. Aunque está escrito con el culo, que todo hay que decirlo, y se le nota de lejos la mala baba contra la empresa de Mountain View, derivada sin duda de alguna mala experiencia empresarial, ha merecido la pena la lectura porque me ha abierto los ojos sobre algunas prácticas cuando menos dudosas de una empresa que se puede decir que tiene el monopolio de una gran parte de internet, dato que por sí sólo ya nos produce un miedo justificado. Resulta que la simpática empresa de las seis letras de colorines no sólo controla en España el 97% de las búsquedas que se hacen por internet (la mayor cuota de mercado en todo el mundo), sino que es propietaria, entre otros, de gmail, blogger o youtube, servicios que yo uso alegremente todos los días, y que me hacen estarle incluso agradecido, porque no tengo conciencia de pagar nada por ello, pero el señor Suárez da en la diana cuando dice que lo que Google obtiene a cambio es una materia prima valiosísima, la más preciosa que existe en nuestros tiempos: algo tan simple como información. Información sobre nuestros gustos, sobre nuestros amigos, textos de correos electrónicos (cada vez que mandamos un correo privado por gmail iniciamos una conversación a tres bandas), fotografías aéreas (Google Earth) y frontales (Street View) de nuestras casas, también sabe dónde estamos situados en cada momento a través de las aplicaciones para móviles (Latitude por ejemplo)... y no sigo. Google ya gana dinero con una parte de esta información, pues además monopoliza mediante adquisiciones estratégicas los servicios de publicidad por internet, y estos ingresos la han situado entre las compañías más poderosas del mundo [inciso: nunca entenderé cómo las empresas pagan tanto dinero por publicidad en el buscador de google, en youtube o en gmail: en mi vida he hecho ni puto caso a esos anuncios, si tengo que reservar una habitación en un hotel me busco la vida]. En cuanto a la información masiva captada con servicios como Street View, en que literalmente está fotografiando el mundo (y parte de sus habitantes) o Google Books (la biblioteca de Alejandría 2.0.), con todos los problemas de vulneración de derecho a la privacidad y derechos de autor que están generando, ya ideará el modo de explotarla.

Un monopolio no es sano para la economía, no creo que haya ningún economista que lo dude, y hoy por hoy la posición de Google es de clara dominación del mercado en muchos ámbitos. Si a eso añadimos el objeto del monopolio en cuestión, que no es otro que internet, algo que debería ser poco menos que patrimonio de la humanidad, la situación es para echarse a temblar. Lo cierto es que ya no me parecen tan simpáticos estos "niñatos" treintañeros que llevan quince años comiéndose el mundo.

P.S. ¡Y cómo se ríen, los cabrones!

viernes, 14 de diciembre de 2012

La inmersión que "ahoga"


Ojalá la "cuestión" fuera el idioma, y ahí se quedara: en realidad no se trata del lenguaje, sino de lo que se consigue con él. La política de inmersión lingüística que se ha venido siguiendo en Cataluña todos estos años, y a la que ahora se quiere poner freno, tiene muy bien puesto el nombre: su objetivo claro es ahogar al castellanohablante en el mar de Cataluña, pero no en el mar lingüístico y cultural, sino en un mar diseñado cuidadosamente por el nacionalismo, un mar agresivo de altas crestas, un mar donde no cabe la libertad, porque lo único que circula por sus aguas son barcos que enarbolan una bandera política que todos conocemos. Que nadie se engañe: si los catalanes protestan como fieras ante lo que consideran un ataque no es porque ellos y sus hijos vayan a sufrir, sino porque no podrán seguir fagocitando víctimas de su intransigencia. Y además, este tipo de discursos, el que yo hago ahora mismo, sólo les está permitido a ellos, que tienen el monopolio del victimismo y de la razón: si yo viviera en Cataluña me llevaría tantos palos que no me merecería la pena publicarlo. Lástima de pueblo, lástima de buenas gentes.

jueves, 13 de diciembre de 2012

"To speak or not to speak...


...Spanish, That is the Catalan Question".

Keep calm, dicen los tíos. Se trata tan sólo de permitir a los españoles (catalanes o no catalanes) residentes en Cataluña que lo deseen, recibir para sus hijos una educación en el muy noble idioma español o castellano, y creo que tienen motivos sobrados para desearlo. Cierto que un Estado puede imponer su idioma, pero de momento Cataluña no lo es, ni parece tan claro que los catalanes así lo quieran. Mientras forme parte de España deberá respetar la Constitución, que no por casualidad garantiza los derechos de todos los españoles, no sólo los de los catalanes. A partir de ahí todo lo demás es palabrería, aunque, eso sí, me están entrando unas ganas enormes de brindar estas Navidades, un poné (andalusian speaking), con cava extremeño.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Solo en casa


Cada respiración destapa una sinfonía de gatos encerrados. Decíamos ayer, decimos hoy, que uno es siempre el mismo, aunque el frío, la fiebre y unos demonios antiguos se instalen cada día en la cocina. No puede ser verdad tanta luz blanca. Ayer me despertaron unos niños jugando a la pelota en la terraza. Sonreían inocentes, sin miedo, pero al tocar la puerta con la mano se hicieron humo. No puedo recordar tu nombre, sé que te llaman miedo. Desidia es aún peor, o falta de futuro, de presente y de pasado.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Lo que es un Claustro


Hoy ha tocado claustro. Apasionante. Tres horas del reloj, de cuatro a siete, menos mal que he llegado temprano y he pillado sofá; aún así se me ha quedado pegado el culo, y eso que no era de escay. Ciento nueve profesores convocados; faltó alguno, pero el ambiente era tremendo, de partido grande, sólo faltaban los puros -algún nostálgico recordará los claustros de tabaco negro hasta las trancas y ceniceros desbordados-. Orden del día: lo de siempre; es decir, las chorradas de siempre que no llevan a ningún sitio, porque hace tiempo que los claustros de profesores ni pinchan ni cortan, pero traigo aquí un par de detalles inquietantes, señal de los tiempos que vivimos, y los que nos quedan por vivir.

- Se había enviado una carta al servicio de inspección firmada por el Claustro donde se referían las temperaturas alcanzadas en algunas clases durante los meses de calor. Respuesta de los inspectores: el Claustro no es nadie para enviar una carta; en todo caso lo pueden hacer sus componentes a título individual.

- Los miembros del Consejo Escolar pertenecientes al Claustro nos indican que por ley no pueden informarnos durante la celebración del claustro de los acuerdos que allí se tomaron, así que ruegan que una vez se levante la sesión, y en plan amiguetes, nos quedemos los compañeros a oír lo que tienen que decirnos (yo he optado por volver a casa y redactar estas líneas).

-La directora del centro informa que si un alumno pide ver un examen los profesores tenemos la obligación no sólo de enseñárselo, sino de... ¡hacerle fotocopias y dárselo al padre! Eso sí: la financiación de la copia (sic) corre por cuenta del alumno.

Algunas cosas son surrealistas, otras indignantes, más de una da bastante miedo, y la mayoría toca grandemente los cojones. El de Inspectores de Educación es claramente un cuerpo de comisarios políticos, y los equipos directivos son cada vez más percibidos como colaboracionistas (si no pudieran emplearlo en mi contra diría que al estilo de la Francia de Vichy). En cuanto a los pobres alumnos, la Administración se empeña en presentarlos como enemigos, y el profesor se atrinchera convenientemente, pocas salidas dignas le quedan.

¡¡Con lo bonito que es enseñar, con la mayor libertad posible, sin papeles!!

sábado, 10 de noviembre de 2012

El abuelo


Día completito. De entrada, nos hemos quedado el fin de semana porque los niños de los cojones tenían partido de baloncesto, manda güevos, pronto empezamos, con nueve y siete años. Jaime está que se sale: no iba convocado porque aún está con muletas, pero dice que es el único de su edad al que han metido en el equipo, y también asegura que como de mayor no gane dinero jugando se retira. ¡Adiós, Pau Gasol! Yo, de momento, le llamo cojo Manteca y él sale corriendo detrás mía cada vez que lo oye, más rápido que el original, ha desarrollado una velocidad endiablada; le falta romper farolas: ya le puse un vídeo el otro día del "orténtico", como se enteren en el cole lo expulsan. El caso es que a las nueve y media de la madrugada toda la familia en bloque para animar a Miguel, caían cuatro gotas y ¡van y suspenden el partido! Motivo: riesgo de lesión. Manda güevos otra vez, antes sólo se suspendía el partido si el balón navegaba en vez de botar, serán los nuevos tiempos de denuncias a gogó. Plan alternativo: turismo por la ciudad. Parque de María Luisa, Catedral, Giralda (el cojo Manteca llegó arriba el primero con sus muletas, cómo no), creo que no había más sevillanos que nosotros allí en lo alto, recuerdos de los tiempos en que no había baranda y los que paseaban por las gradas de abajo tenían que ir esquivando a los suicidas, ahora está todo enrejado; vuelta a bajar, nuevo triunfo del Manteca, paseo por la Avenida, antes del Generalísimo, ahora peatonal y de la Constitución, tapeo correspondiente (siempre sale ganando Miguel, con eso del gluten le ponen los mejores platos), visita a los kioscos de belenismo, hoy inauguraban la temporada, seseintaitantos pavos por cuatro muñecotes y dos tenderetes, antojo de la que manda, me dan mal las vueltas a mi favor, no digo nada -¿seré corrupto?-. Y ahora viene lo bueno, o, mejor dicho, lo malo: íbamos con una amiga y dos niños añadidos, no venían sus padres y ellos no nos conocían. Compramos castañas. Uno de los niños me dice que le pele una. Al abrirla está mala una parte y se ve el gusano momificado. Yo le digo que no pasa nada, que también se come. No se lo cree. Me como el gusano. El niño no da crédito. En ese momento llama su madre. Le pasan el teléfono. Hola, mamá, estoy comiendo castañas. La madre le dice algo, y responde el niño: Una tenía gusano, y se lo ha comido el abuelo.

¡El abuelo! A mis 45 años tan bien llevados. Yo, que era un sex symbol en la facultad; no me comía nada pero era un sex symbol, a ver si viene alguna a confirmarlo. Llamarme a mí el abuelo la mierda esa de niño, home, que me he quedao con su cara, qué van a dejar para cuando tenga ochenta años...

viernes, 9 de noviembre de 2012

A golpes de vapor


Últimamente me ha dado por escuchar ópera mientras plancho. Glorioso. Esta semana ha tocado Nabucco.

Ese pedazo de Ismael:
Furibondo
dell'Assiria il re s'avanza;
par ch'ei sfidi intero il mondo
nella fiera sua baldanza! 
Ese pedazo de Zacarías:
Come notte a sol fulgente,
come polve in preda al vento,
sparirai nel gran cimento,
dio di Belo menzogner.
Tu, d'Abramo Iddio possente,
a pugnar con noi discendi;
ne' tuoi servi un soffio accendi
che sia morte allo stranier

 

Así da gusto planchar, sí señor, a los compases de Verdi. Dan ganas de echar a los asirios de Babilonia, a los babilonios de Jerusalén y a los austriacos de Italia. Esto lo oye Arturo Mas y sale a buscar españoles para quemarlos. A los catalanes sólo les falta un compositor nacionalista.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Pues eso...


Lo que el socialismo ofrece, lo que todo español desea, es seguridad. El lado ético del socialismo, la creencia de que a cada cual se dará, no según sus méritos, sino según sus necesidades, también está hondamente arraigado en el natural ibérico. […] No hay raza en Europa tan profundamente igualitaria ni con menos respeto hacia el éxito y hacia la propiedad.

Gerald Brenan: El laberinto español (1943)

martes, 6 de noviembre de 2012

Redes sociales y literatura


Si el fenómeno de los blogs parece que ha alcanzado la cima y actualmente está decreciendo en intensidad, las redes sociales han explotado más recientemente, y su onda expansiva abarca a mucha más gente y facetas de la vida. Sin lugar a dudas inventos como Facebook o Twitter, más los que vendrán, han revolucionado la forma en que nos relacionamos con el otro, algo esencial al ser humano; sin embargo, si nos ceñimos a las repercusiones que tiene este nuevo mundo sobre el universo literario, entiendo que son muy pequeñas. Como apuntaba ayer en este cuaderno José Manuel Benítez Ariza, y también me comentaba hace ya mucho tiempo Enrique Baltanás, se da el caso de algunos escritores que han migrado de Blogger a Facebook, atraídos por la popularidad de la nueva herramienta, pero esta fuga no resulta demasiado clara en cuanto a sus intenciones, pues en este caso el medio influye, y mucho: el escritor que publica un texto en su blog lo hace con la esperanza de que quien lo lea le dedique cierto tiempo, y haga la lectura en unas mínimas condiciones de reposo, necesarias para asimilar, para paladear toda obra literaria. Estamos de acuerdo en que el libro es el formato ideal para conseguir este objetivo, pero también los lectores de un blog le dedican un tiempo precioso, el mismo que se puede dedicar a un diario o a unos apuntes tomados al azar, efímeros pero bellos. Es quizá esta breve permanencia en el tiempo (a pesar de que las entradas quedan almacenadas en la red, raramente se acude a ellas con la intención de releerlas), el principal punto débil del blog como publicación, pero sin él perdería también gran parte de su atractivo. Lo que no me ofrece duda alguna es la poca consideración que se le daría a uno de mis textos colgado por ejemplo en la plataforma de Facebook, o de Twitter. Los que acuden allí lo hacen en busca de noticias frescas; se trata de un mercado donde uno ofrece sus propias quimeras y necesidades de afecto o de compartir a cambio de leer las ajenas. Las redes sociales son un tributo a la inanidad, a la sociedad de las prisas, al no decir nada en cuarenta palabras, a las fotos mal tomadas, al mal gusto elevado a la categoría de ego. También sirven, cómo no, para promocionarse, o para mantener el contacto con amigos –de segunda categoría casi siempre-, pero nunca para leer como se debe un poema, o un apunte literario, cosa que no se hace en mitad de una reunión o en el descanso del trabajo mientras trajinamos con nuestro teléfono móvil rodeados de compañeros enfrascados en la misma tarea (paradojas de la comunicación del siglo XXI). Cuando uno está en casa descansado y se dispone a disfrutar de un rato de lectura lo suyo es un libro o, como mucho, un blog. De ahí para adelante todo son mariconadas.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Blogs y literatura


La aparición en escena de los blogs supuso un fuerte impulso a la creación literaria, no sólo para vocaciones larvadas, como la mía, que necesitaban el acicate de compartir, de la publicación instantánea, para desarrollarse, sino también de escritores consagrados que mantienen un ritmo diario de entradas. Desde aproximadamente el año 2006, en que los blogs literarios empezaron a surgir, he venido observando un aumento de la popularidad hasta un auge hacia el año 2010, y a partir de entonces he notado un descenso en el número de entradas y el cierre de numerosos blogs. Puede que esta percepción mía no sea generalizable, pues me baso en mi entorno y en los autores que frecuento, pero tengo la sensación de que hay una cierta crisis, repito, sólo en los blogs de creación, pues los que son de tipo profesional han seguido creciendo como es lógico, dado el carácter de herramienta comercial que tiene un cuaderno en la red, que al fin y al cabo no es más que una página web simplificada.

Valga la reflexión anterior para ahondar en la relación que existe entre la literatura y el medio donde se publica. Es cierto que géneros como la novela tienen difícil cabida dentro del formato blog, pero otros como la poesía, las memorias, los aforismos, el relato breve, el artículo periodístico y muchos más se adaptan a él a la perfección, con la ventaja añadida de la publicación inmediata de la obra de creación, con lo que ello supone a la hora de compartir, de que el escritor se reconforte, compruebe que no está solo y, por qué no, halague su más o menos inflada vanidad. Como es lógico, la calidad de lo que se escribe en los blogs varía enormemente, y hay muchísimo que no vale la pena salvo para el autor, pero también he leído muchas cosas antológicas en los blogs, lo mismo que hay bodrios en papel. De hecho, la publicación en papel depende en gran medida de los contactos que tenga el escritor, mientras que el blog es un medio democrático, y si el contenido merece la pena es reconocido por los lectores de inmediato, proporcionando esa íntima satisfacción que tanto necesita un escritor, mucho más que los premios, mucho más que las invitaciones a copas de vino español, mucho más que el dinero que, después de todo, un buen libro casi nunca está en disposición de proporcionar a quien lo escribe.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Apuntes (184): Moscas


Hay demasiada gente, demasiadas moscas, demasiada ropa puesta a secar en las colmenas. No puede ser verdad tanta mentira; la vida triunfará, y volverán los tiempos de dejar escapar el agua entre las manos.

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Otra desventaja del libro electrónico: aún no llevo dos años con mi ridáider y ya me están poniendo los dientes largos con los modelos nuevos de Kindle. Supongo que pasaré por caja. El negocio sigue del mismo tamaño, pero se traslada del contenido al continente.

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El retrato que hace Brenan de la España de finales del XIX y principios del XX en El laberinto español es ameno, vívido y atractivo. Seguramente hay actualmente estudios más rigurosos de esa época, e incluso más imparciales, pero a quién le importa la imparcialidad en la Historia.

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Días oscuros y lluviosos en Alájar, de nieblas bajas y colores verdes brillantes en los pocos instantes de luz. Ayer caminábamos hacia la iglesia oyendo las campanas doblar a muerto. Nos topamos con el cortejo fúnebre a medio camino, pero no se observaba gran tristeza en los rostros. Curiosamente era un duelo sereno, y la lluvia persistente no causaba esa sensación de agobio, de angustia, tan frecuente en estos casos. O quizá era tan sólo mi sensación individual, que no tiene por qué coincidir con el sentir de los que me rodean: tan acostumbrados estamos a ponernos en el centro de la creación que hacemos girar el mundo en torno a nuestro ánimo.

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Las moscas se resisten a abandonar su corta temporada de existencia, y revolotean atontadas por la casa dedicándose a su incesante y absurda labor de procreación, búsqueda de un alimento fácil y muerte bajo un matamoscas de color azul o, aún más terrible, en las fauces de la planta carnívora que nos hemos traído de Sevilla.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Apuntes (183): De muertos


El silencio tiñe de humanidad los paisajes mojados del otoño.

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En noviembre los muertos reviven en la hierba de las tumbas para recibir las visitas con sus mejores galas.

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La calabaza de halloween se ríe de nuestra ignorancia de ultratumba.

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Una aldea abandonada. El agua corriendo por las calles de piedra. La plaza una vez llena de vida y que hoy sirve de pasto a las ovejas. Las chimeneas ennegrecidas apagadas hace décadas. Un paseante que llega al atardecer por el viejo camino de herradura, y se para en el lavadero antiguo a contemplar tanta ruina, tanta belleza entre las piedras, a escuchar las voces de los antiguos habitantes del lugar, descansados por fin del trabajo agotador, tranquilos para siempre entre las tapias del diminuto cementerio.

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La muerte ha huido despavorida de las ciudades, ignorada por todos, perseguida sin piedad, para refugiarse entre el silencio y los murmullos de cualquier arroyo donde no alcance el humo de las máquinas infernales.

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El muerto se ha convertido en un extraño, en un pariente pobre e incómodo al que pagamos un tributo de inhumanidad para vivir sin escucharle.

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El dolor de una madre nace de la Tierra, y allí vuelve.

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Si temes a la muerte, habla de ella con un niño y él te confortará.


jueves, 1 de noviembre de 2012

1974 (bis)


Recuerdo las gotas serpenteando en la ventanilla, jugábamos a adivinar su trayectoria. Algunas veces se juntaban tres, y proseguían su camino perezosas, una gran gota que moría en la goma agrietada por el sol del verano. Y tras las gotas una ciudad de luces tenues, de ruidos apagados. Jugábamos a completar el abecedario con las letras de las matrículas de los coches. Un seiscientos letra A, un symca letra D y un 131 blanco reluciente con la letra I. Las calles estaban pobladas de gentes de rostros desiguales, de motociclistas sin casco montados por parejas en vespinos desvencijados, con la gomaespuma sobresaliendo por debajo del asiento. La calle Torneo duraba una eternidad, con su tapia infinita que parecía la muralla china, llena de teatros, y mucho después supe que detrás había un río, que era el mismo que aparecía al doblar la última curva. El autobús tenía muchos años, y visto de frente su cabina hacía un arco en semicírculo. El chófer era canijo, diminuto, se dejaba crecer la uña del dedo meñique y ponía siempre el programa de flamenco donde daban las horas con "oles". Era 1974, lo sé porque un día nos lo dijo don Alfonso, y lo escribió en la pizarra, y yo tenía los años que ahora tiene Jaime, pero qué años más distintos, qué risas tan distintas, qué abrazos tan distintos dábamos entonces a nuestros padres, qué manera tan distinta de querer, de ser querido. Yo sé que Jaime en el futuro también lo verá distinto, porque el tiempo pasa, y lo que antes era ilusión no es hoy más que un puñado de promesas incumplidas, pero así avanza la vida, y el niño se hace niño, y el hombre se hace hombre, y no hay mañana, sino ayer, siempre el ayer, el tesoro más precioso, guardado bajo siete llaves para que nadie pueda llenarlo del barro cotidiano que nos enturbia los ojos al vivir.

martes, 30 de octubre de 2012

1974


Llueve furiosamente, y me recuerda
a ese niño serio que contemplaba el patio desde la galería,
y miraba caer las gotas
violentas, pesadas, una tras una.
Parece mentira que no hagan agujeros en las baldosas.
Un recreo de carreras por los pasillos,
y el agua que nunca dejaba de caer.
Aún sigue cayendo, la oigo claramente.
El agua nunca ha dejado de caer,
ni parará mientras la memoria habite en la infancia y en el tiempo,
el tiempo del primer asombro,
de la primera mirada asustada al infinito.
El esplendor de la lluvia en las baldosas de aquel patio,
la soledad incierta de esas horas
y el vuelo leve de la melancolía.

lunes, 29 de octubre de 2012

Apuntes (182): Tanas



Ayer comimos las primeras tanas de la temporada. Un kilo recién recogido del campo, las únicas que pudo encontrar la familia a la que normalmente se las compramos: aún no han salido muchas; este año ha llovido muy tarde. Si el sol calienta los próximos días, como parece que está haciendo, seguramente saldrán más, y la gente de la sierra se pondrá las botas -en el sentido gastronómico, que vender se venden pocas, no les suele merecer la pena-. 

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En Alájar llaman tentullo a lo que en Aracena le dicen tana. Se trata de la amanita cesarea, una seta fácilmente reconocible por su sombrero de color rojo anaranjado y sus láminas amarillas. No existe posibilidad de error, o al menos eso espero, porque ayer Miguel se encontró una de tamaño respetable en nuestro paseo hacia Castaño del Robledo, y no cabía en sí de júbilo. Es la primera vez que se encuentra una tana, y por supuesto en la cena exigió comerse "su" tana para él solito, y aseguraba que sabía mucho mejor que el resto, que no pasaba de vulgar mercancía comprada. Tanta era su emoción que me hizo probar su seta para que comprobase su superioridad. Dicen que a veces la amanita cesarea se confunde con la phaloides. Yo juraría que no, pero nunca se sabe. ¡Glup!

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En el otoño la "civilización" llega a la sierra: en los seis kilómetros campo a través que separan Alájar de El Castaño nos topamos con hordas de senderistas, algunos de ellos en grupos de unos cincuenta individuos. Se dio el caso que en el último trecho antes de bajar al pueblo, un precioso y tupido bosque de galería, hubimos de echarnos a un lado durante varios minutos para dejar pasar a una de estas cadenas humanas formadas por niños y mayores armados de palos de esquí a modo de muletas, cestas para recoger setas (vacías, por supuesto), bolsas de plástico para las castañas, teléfonos móviles, mochilas, cantimploras... la animación era tal que hasta los pájaros callaban para contemplar su paso.

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Contra la crisis, un día en la sierra.

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Y claro, se dirá que uno se está volviendo un tanto misántropo. No es del todo exacto, pues sólo me sucede con cierto tipo de "ántropos", y en según qué circunstancias. Pero en general sí, y a mucha honra.

miércoles, 24 de octubre de 2012

¡Con la que estaba cayendo!


Il pleut sur la ville... y mi corazón está sequito, de momento, no como el del poeta. Ha llovido a rabiar esta mañana, habría dado gusto oír caer el agua si mis obligaciones laborales y domésticas me hubieran permitido pararme a escuchar, pero ya se sabe que en la ciudad uno se pierde hasta los olores milagrosos que nos trae la lluvia, o se mezclan con el humo y el polvo, lo cuál es peor. Llovía, sin embargo, y mucho, como podía ver a través de los cristales, y sobre todo al salir del trabajo y coger el coche en dirección -Che orrore!- a un centro comercial donde el día anterior habíamos comprado -¡Qué ruina!- cienes y cienes de prendas para toda la familia en una conocida cadena de establecimientos de ropa supuestamente a buen precio, de una calidad supuestamente aceptable, cuyo dueño es ciertamente rico, no hace falta suponerlo, y que a mí, que soy un poco picajoso, no termina de parecerme bien, lo mismo que no me parece bien Apple, será que tengo envidia de las multinacionales de éxito. El caso es que iba allí a eso que llaman "hacer una devolución", por lo que no estaba del todo descontento; si acaso con la escopeta cargada por si me ponían la más mínima pega, que les iba a poner una hoja de reclamaciones que se iban a cagar. Llegaba cargado de bolsas y agarrando como podía el paraguas, que me había sido indispensable para hacer el trayecto desde el aparcamiento hasta la tienda a pie, y no a nado. Llego al mostrador de madera, y había la consabida cola, por algo hacen tanta caja. Pongo como puedo las bolsas en el suelo, el paraguas colgado del extremo del mostrador, uno de esos paraguas negros, grandes, como de dos metros de diámetro, para que no me mojara yo ni mis circunstancias, capaz de anular el efecto de una nube al completo, llega mi turno, —Buenos días, —Buenos días, vengo a devolver estas prendas, las saco, tracatrán, desparramadas en lo alto del mostrador, lo menos siete u ocho pantalones y camisas, me mira con mala cara, las examina, coge el micrófono: —Fulanito de tal, pase por caja, una devolución, viene un nota joven, con tupé, pinta de mariquita, no sé si viene al caso pero nos pone más en situación, mira la ropa, y dice sin dignarse a mirarme: —Házsela. Entiendo que se refiere a la devolución. Me mira otra vez la chica, muy mona ella, vestida de negro, si se hubiera cambiado por la compañera mientras yo no miraba no me habría dado cuenta, son todas iguales, como los chinos -por cierto, no sé qué coño hace el chino ese mafioso que han cogido, Gao Pin, tapándose la cara en las fotos con la policía, si no hay cojones de distinguirlos-. Me dice la chica: —Necesito la tarjeta con la que hizo la compra. Ahí la estaba esperando: antes de terminar tenía frente a sus ojos la tarjeta y el DNI. Se resigna: no le queda más remedio, me hace un abono, una pasta, no pienso sustituir las prendas descambiadas por las de su talla, ahora que no me oyen. Me despido: —Adiós, buenas tardes. —Buenas tardes. Al coche otra vez, lluvia que te cagas, voy a abrir el... ¡¡Mi paraguas!! Vuelvo a la tienda, miro en el mostrador y no está, nadie lo ha visto.

Estoy convencido de que me lo han mangado no por la crisis, sino simplemente porque estaba lloviendo, un tío como vosotros y yo, solo que muy, muy cabrón.

martes, 23 de octubre de 2012

De panes y no tan panes


Proliferan desde hace años por los supermercados, gasolineras, tiendas y colmados de nuestra península unos productos indignos a los que injustamente se les llama pan, y que están echando por tierra el prestigio de que ha gozado el alimento más noble que ha dado la tierra, presente desde tiempos bíblicos. Me refiero, cómo no, a esas "andaluzas", baguettes, panes supuestamente "de pueblo" o "de horno de leña", que no han visto más horno que la especie de microondas del tamaño de un frigorífico donde el dueño del establecimiento introduce cada poco tiempo una bandeja repleta de masa precongelada, insípida, chiclosa, mezcla de los ingredientes más antinaturales, sopa de emulgentes y conservantes, que al poco tiempo y al toque de un "ding" se convierte en bateas de pan humeante y apetitoso. Apetitoso sólo en apariencia, claro está, pues se trata de un pan sin sustancia, sin miga: hágase la prueba de mezclarlo con agua una vez duro para echarlo de comer a las palomas y se verá en lo que queda. Si ese "pan" se consume en caliente está crujiente y entra bien, cómo no, pero en cuanto se enfría pasa a ser un engendro, un chicle de harina de mala calidad que no hay quien coma, y cuya baratura resulta engañosa, pues además de la poca sustancia resulta indigno llamar pan a ese alimento. Pan es la hogaza de un kilogramo que compro en Alájar, que dura días y días, y cuya miga tiene "miga", como toda la vida de Dios, o también los bollos y otras piezas de panadería que compro aún en Sevilla -todavía llegan a algunas tiendas-. En mi casa estamos acostumbrados a eso, y lo notamos en el paladar si probamos ese otro "pan" que por desgracia se está imponiendo y que nos acecha por todos lados. Basta hacer una prueba: prueben a buscar pan auténtico en Carrefour, o en Mercadona, o en Hipercor. Por muy apetitosas que parezcan las piezas, lean los ingredientes: basura precongelada, probablemente nociva. ¡Como un día pase factura lo que nos metemos en el body...!

miércoles, 17 de octubre de 2012

Apuntes (181): Ya está aquí la Navidad


Siempre pasa lo mismo: nos plantamos después del puente del Pilar en mangas cortas. Con fresquito por la mañana y todo lo que quieras, pero en cuanto sale el sol en mangas cortas, y los abrigos criando naftalina en los armarios. Después dicen que por Andalucía hay dos estaciones nada más. Gran error de miopes cegados por los grandes calores del verano: el tiempo otoñal es sumamente agradable, incluso más que el de primavera, y dura sus dos buenos meses. 

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Primer síntoma de Navidad: esta mañana, mientras hacía la compra en Mercadona, que como todo el mundo sabe no necesita publicidad gratuita, he visto unos palés abandonados en medio de una calle vacía, listos supongo para que los empleados comenzaran a rellenar las estanterías con su contenido. Al acercarme he comprobado que se trataba de turrón de Alicante marca Hacendado. Siento una debilidad tremenda por el turrón duro, y siempre espero el momento en que llega a las tiendas. No he esperado a que las tabletas ocuparan su sitio: he cogido una directamente del palé y la he pasado por caja. Después del café estrenaré mis particulares Navidades dulces. Quién sabe: a lo mejor soy el primer comprador de turrón de la temporada.

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Por cierto que al pasar por caja, como llevaba diez o doce cartones de seis litros de leche en el fondo del carro, he ido a hacer lo que acostumbro: sacar uno y que la cajera lea el código de barras, pero me ha dicho que necesitaba ver el carro vacío: he tenido que sacar todas las cajas y volverlas a meter otra vez. Aclaro que no tengo demasiada mala pinta, dentro de lo que cabe. Lo que es la crisis... Tampoco me extraña demasiado: en el instituto están desapareciendo las grapadoras que se utilizan en la jefatura de estudios, y eso que están marcadas con un letrero en tinta indeleble.

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Al referirme al personal que trabaja en caja en Mercadona, la mayoría mujeres, ¿sería poco adecuado decir cajeras, por lo que de denigrante tiene para el género femenino el que se les identifique con una profesión menor? ¿Habría que emplear el genérico cajeros? ¿Debemos recurrir al engorroso cajeros y cajeras? ¿Quizá deberíamos utilizar el género de la última persona que nos atendió? ¿Debemos descartar cajer@as para no pecar de gilipoll@s? Grandes preguntas sin duda, que requieren las mentes de grandes sabios para responderlas, de los que abundan en nuestra eficiente Administración Pública andaluza.

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Y para terminar con mis peripecias marujeras (perdón si alguna Maruja se ofende), confieso que el otro día hice un comprón en Lidl, y todos los productos eran made in Germany. Con lo que es la Merkel a día de hoy para nosotros... Anda que si esto fuera Francia, iba a hacer negocio Lidl, y Media Markt, por las cajilas...

martes, 16 de octubre de 2012

De limpiadoras y limpiadores


Hoy me he topado en la prensa con un nuevo y curioso ejemplo de uso del lenguaje pretendidamente no sexista:

Los limpiadores de institutos reclaman el pago de sus salarios


Hay que joderse. Cada vez está más claro que al escribir hay que cogérsela con papel de fumar. Yo, en mis andurriales, a lo mío, denunciando las mariconadas y las gilipolleces.

Por cierto que en la foto, como no podía ser menos, aparece una señora limpiando.

lunes, 15 de octubre de 2012

Apuntes (180): Horas perdidas


Hablaba el otro día del síndrome de El País, y hoy lo hago del "síndrome de la prensa escrita", pero en un sentido distinto: cada vez me repele más la profusión de noticias relativas a la crisis y, sobre todo, las declaraciones de los políticos, que no pueden caer tan bajo, tanto como hemos caído los que les votamos. Por otro lado, resulta patético ver cómo una gran parte de las protestas son por perder unos privilegios que nunca se merecieron.

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Quizá fui algo estricto criticando a Dickens en mis últimos apuntes: aún no había leído el final de Great Expectations, y tras hacerlo me tengo que descubrir: la escena del intento de fuga por el río Támesis es trepidante, antológica; parece un thriller del siglo XIX, con todos sus ingredientes y el talento añadido del mejor novelista que he leído nunca.

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Parece que los padres han convocado huelga esta semana. Yo tengo exámenes el miércoles, y me piden los alumnos que lo pasemos al jueves, para aprovechar la huelga del miércoles para estudiar. Nada nuevo, yo mismo en su día, etc., etc.

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Son tiempos malos para la poesía. Lo noto, lo siento... aunque, quién sabe, si esto casca de verdad se volverá a ella, es lo único que tenemos seguro.

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¡Si contara el número de horas que he pasado en los últimos años de mi vida navegando entre noticias iluminadas en una pantalla de ordenador...! No sé si es peor eso o ver la televisión...

martes, 9 de octubre de 2012

El síndrome de El País


Ayer compré el diario El País para leer a la hora del desayuno. Hacía mucho tiempo que no lo tenía en mis manos, ni ése ni ningún otro periódico, acostumbrado como estoy al trasteo insustancial de la prensa digital, que apenas deja lugar para leer artículos en condiciones y todo lo basa en la actualidad. Antes sí compraba más prensa escrita, especialmente los fines de semana, y era capaz de permanecer horas y horas leyendo El País, mi diario favorito por la variedad y calidad de sus artículos. Dejando al margen su línea ideológica, en cada número podemos encontrar siempre excelentes colaboraciones, de una calidad literaria indiscutible, sean de opinión, política, economía, o incluso deportes. Dan una visión distinta de la realidad; sesgada, qué duda cabe, pero con una luz propia que a mis ojos la hace muy atractiva. Y a lo que iba: cuando me dieron el ejemplar en el kiosco vi que era de poco grosor, lo que me causó cierta decepción, pero al comenzar a leer me enganchaba un artículo, y luego otro, y otro... por supuesto no pude terminar de leer lo que me interesaba en el desayuno, ni por la tarde; aún ahora lo tengo encima de la mesa para dar un último repaso, y eso, que siempre me ha pasado con este periódico y no con otros, me provoca una extraña sensación de agobio, de asombro, de frustración ante tanta información, ante tanto talento, y pienso en los miles de números que me he perdido, y que habría necesitado más de un día para leer, y compruebo que no sé nada de geopolítica, ni de los tejemanejes que se cuecen en la trastienda de los partidos, ni de las novedades literarias, ayer sin ir más lejos venía un interesantísimo artículo sobre Baudelaire en las páginas culturales... ¡¡Por Dios, qué despliegue!! Señores redactores de El País: irse todos a tomar por saco, dejad de publicar tanto material. Con lo tranquilo que se vive leyendo un librito, sin urgencias, sin ansias... Salvando las distancias insalvables: ¡Ahora comprendo a Stendhal!

lunes, 8 de octubre de 2012

Apuntes (179): Un Dickens descafeinado


Un gran inconveniente del libro electrónico: no se puede hojear ni tampoco ojear.

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Leo los últimos capítulos de Great Expectations, de Dickens, y contra todo pronóstico me ha defraudado un poco su lectura. No veo ahí al gran Dickens, se echa en falta su magistral construcción de los personajes, con su vocabulario especial, sus tics, su humanidad desbordante. El personaje principal, Pip, es flojo, le falta empaque, incluso su personalidad resulta débil, y no creo que sea a propósito. Quizá Dickens atravesaba una crisis creadora, o el que estoy en crisis soy yo al leerlo, quién sabe. Aun así, siempre se puede sacar petróleo del genio inglés. Me quedo con el siguiente diálogo entre Pip y su padrastro, el herrero Joe Gargery, hombre humildísimo y semianalfabeto:
"How do you spell Gargery, Joe?" I asked him, with a modest patronage.
"I don't spell it at all," said Joe.

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El despertar después de un sueño profundo a deshoras es un anticipo de lo que nos espera tras la muerte.

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Lo realmente preocupante no es que una persona muera, sino saber dónde diablos ha ido a parar.

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Me decía el otro día un amigo que la cosa se está poniendo fea, la gente está empezando a salir a la calle. “Sí, están tomando los bares al asalto”, le respondí yo.

sábado, 6 de octubre de 2012

Soledad y vida


Ayer supe que en agosto murió un vecino mío. Era un hombre de poco más de cincuenta años, divorciado, y vivía solo. Parece ser que sufrió un ataque, entró en coma y al no haber nadie para atenderle murió al poco rato, y nadie le echó en falta hasta el siguiente día en que tenía un turno de trabajo. No vivo en un piso, sino en una casa, y sólo tengo dos vecinos, uno a cada lado. Me he enterado de la muerte de uno de ellos por casualidad, al cabo de dos meses. Estamos ya tan acostumbrados a vivir en nuestra propia burbuja familiar de ruidos y cuitas domésticas que no somos conscientes de los que tenemos al lado, literalmente al lado. Antes aquí en Sevilla se contaban a miles las familias que vivían en patios de vecinos, y lo compartían todo, las penas y las alegrías, las ilusiones y los pequeños fracasos de que al fin y al cabo se iba fabricando su vida. Cuando una vecina daba a luz era todo un acontecimiento, y el suceso era esperado con ilusión compartida. Las muertes eran algo natural, y los muertos eran velados allí mismo, en el pequeño habitáculo que compartían grandes y pequeños. Los vecinos desfilaban respetuosos ante los deudos, y la noticia corría como la pólvora entre los patios cercanos. En la ciudad de hoy todo ha cambiado. Yo apenas conocía a mi vecino, había intercambiado saludos con él, al hombre se le veía deseoso de charlar, dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta, pero yo siempre iba con prisas, y no tenía tiempo para él; entraba en casa y muchas veces encendía el ordenador para escribir una entrada en mi blog, o responder a los comentarios. No me culpo por ello, así son las cosas, así lo he querido yo, así lo hacen otros muchos como yo. Incluso cuando paso temporadas en Alájar tengo una tendencia a encerrarme en cierto modo, a no pasar del saludo con la gente del pueblo, celoso de una intimidad absurda y palpable, un camino que ciertamente no conduce a lo que muchos entienden por felicidad.

No sé si de estas reflexiones se puede sacar una moraleja, o si merece la pena hacerlo; en cualquier caso estamos, o estoy, ciego hacia mis vecinos, mis compañeros de trabajo; mi prójimo, ése que se cruza conmigo todos los días. Su vida no me incumbe, no me roza; me importa tanto como las vidas y las muertes que desfilarían ante mí todos los días en el telediario si encendiera mi televisor para verlo. En cualquier caso vivo mi propia vida, la que yo he elegido, y por fortuna no estoy solo en el camino, a diferencia de mi pobre vecino que murió hace dos meses.

jueves, 4 de octubre de 2012

¡Qué duro es ser maestro!


Me dijo hace poco un compañero que existen profesiones incapacitantes, en el sentido de que siempre se va contra corriente, uno nunca se siente cómodo en el trabajo, y se va generando un efecto acumulativo de desgaste. La dureza física o las condiciones laborales no tienen nada que ver con ello. Él aseguraba que la profesión docente es un ejemplo claro, y no ahora en que resulta más difícil gobernar a los adolescentes, sino que es algo intrínseco a ella: incluso en las mejores condiciones posibles, enfrentarse a un grupo de personas a las que tú vas a transmitir un conocimiento que ellas recibirán de forma pasiva no es algo natural. Yo doy y he dado clases a muchos niveles: desde chicos de bachillerato de 16 ó 17 años hasta universitarios en la veintena e incluso a personas mayores en el aula abierta de la universidad, con edades que llegaban a más de ochenta años, y que eran los más motivados por aprender. Puedo decir que nunca me he librado de esa sensación incómoda, esa especie de lucha a contrapelo, incluso cuando los resultados han sido óptimos y grande la gratificación que da el haber enseñado a quien lo necesitaba.

Como diría el maestro Mairena, para mañana mediten sobre ello y saquen sus propias conclusiones.

P.S. Ahora saldrá mucha gente diciendo que lo duro es trabajar de solo a sol en el campo y bla, bla, bla... Pues sí, pero no se trata de eso.

miércoles, 3 de octubre de 2012

La botellita de agua de los cojones


Ayer fui a la reunión de tutoría de mi hijo Gonzalo y en el rato que la profesora nos estuvo hablando se jincó dos botellines de agua de un tercio de litro. Ya estamos bastante acostumbrados, pero a mí todavía me resulta chocante acudir por ejemplo a una conferencia y nada más empezar a hablar ver cómo el orador se interrumpe, descorcha la botellita de los cojones, bebe un buche, la tapa, la pone en su sitio y sigue hablando como si nada. ¡Será maleducado! Si se prohíbe fumar a un profesor debería prohibírsele también la botellita. Pero es que la moda no es sólo para los que hablan, sino también para los que escuchan: ahora todos los niños, incluidos los míos, llevan al cole en su mochila su cuarto de kilo de líquido elemento, como si no se pudieran pasar sin beber más de una hora. Que yo recuerde, jamás sentí en clase una sed tan acuciante como para no poder aguantarme hasta el recreo y beber en la fuente, y como profesor tampoco me ha hecho falta nunca el agua, si acaso alguna vez en que la garganta está tocada, pero en esos casos resulta mejor un caramelo.

Así que ya está bien de mariconadas, tanto llenarse de líquido el estómago, que parecemos ranas, si al menos fuera whisky tendría un pase, que nos movemos por los pasillos y se oye el desplazamiento de las masas líquidas bamboleantes... Eso no puede ser bueno, y seguro que a la larga hay problemas y llegan las demandas millonarias a Fontvella o a Bezoya, con todos sus premios. Un poquito de por favor, y vamos a mantener la dignidad de nuestra profesión, que nos metemos con los niños porque piden ir al servicio cada dos por tres y nosotros no podemos estar dos segundos sin dar un trago. Que yo no me entere...

domingo, 30 de septiembre de 2012

¡Qué cachond@s, l@s chic@s del cine!


Aún no del todo resignado a que su industria salga de los Presupuestos Generales del Estado, el presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales de España se ha inventado un nuevo modelo basado, según él, en la autogestión: “El cine se puede pagar con los ingresos y los impuestos que el propio cine genera, como se hace en muchos países de nuestro entorno”. Es una brillante idea, genial. Lo que no sé es cómo no se le había ocurrido antes a nadie. De hecho, se me ocurre aplicarla a mi propia economía: yo me puedo "autogestionar" con los impuestos que genero: que compro mucho y genero IVA, pues me quedo el IVA para poder seguir comprando. Pero bueno, he de reconocer que no soy una "industria", así que no puedo aspirar a esta brillante autogestión, pero se me ocurre que podían hacerlo los panaderos, los taxistas, los tenderos... cualquier empresario que genere impuestos es susceptible de usar esos impuestos para "autogestionarse", y nada más que una lógica prosperidad de la economía en su conjunto puede derivar de esta innovadora medida.

Ya lo decía Frédéric Bastiat en 1850, y se expresaba mucho mejor que yo:
¿No hay algo de vergonzoso en el rol que el proteccionista hace interpretar a la sociedad? Él le dice: "Tienes que darme trabajo, y, lo que es más, trabajo lucrativo". He escogido tontamente una industria que me deja un diez por ciento de pérdidas. Si tú instauras una contribución de veinte francos de mis compatriotas y si me la das, mi pérdida se convertirá en beneficio. Y el beneficio es un Derecho, tú me lo debes. La sociedad que escucha a este sofista, que se carga de impuestos para satisfacerle, que no se percata de que la pérdida sufrida por una industria no es menos pérdida porque se obligue a compensarla, esta sociedad, digo yo, merece el fardo que se le obliga a portar.

sábado, 29 de septiembre de 2012

El defecto de Fritz Wunderlich


Jamás he escuchado un timbre más luminoso que el del tenor alemán Fritz Wunderlich. Se diría que en vez de garganta poseía un sol radiante que aún hoy, casi cincuenta años después de su absurda muerte, nos inunda al escuchar sus interpretaciones de Mozart, o de las operetas que tanto amaba. En italiano se prodigó poco, para nuestra desgracia. Traigo hoy una de sus pocas grabaciones: el aria de Rigoletto La donna é mobile, que quizá suena distinta en su voz, acostumbrados como estamos a las interpretaciones de otros tenores, aunque de ningún modo es inferior. Como agudamente señala un comentarista del canal Youtube: "Questo cantante aveva un solo difetto: era nato in Germania e non in Italia".

jueves, 27 de septiembre de 2012

La huella de Onán en la literatura universal


Anoche tuvimos tertulia, y como es costumbre se propuso un tema de enjundia, que es el que da título a la entrada. A continuación ofrezco mi sesuda contribución a tan importante evento.

La huella de Onán es… pegajosa, que duda cabe. Pegajosa, y también contagiosa, ominosa, sospechosa… ¡lechosa! Son muchos “onanes” los que en el mundo han sido desde que el personaje aparece en la Biblia. Parece ser que más que “onaneando” el hombre practicaba el clásico “tushupaqueyotaviso”, pero al fin lo que cuenta es la fama, y es mentar a Onán e imaginarnos un manubrio de ida y vuelta, con el correspondiente final… lechoso. Pero no veníamos aquí a hablar de Onán como generador de fluidos bíblicos, sino de su huella, y no de su huella indiscriminada en cualquier parte, sino precisamente de la huella que ha dejado nada menos que en la literatura universal. Se trata de una huella amplia, espesa, caudalosa, abundante, generosa, cálida, se diría que un río de lava blanca fluye inagotable del venero creador desde que el primer hombre enarboló la pluma con su mano derecha y agarró con la siniestra el venerable instrumento mondonguero. Es un lugar común que han corrido ríos de tinta desde que empezó la aventura literaria de la humanidad, y al mismo tiempo los plumillas han corrido… o, mejor dicho, ¡se han corrido! Es algo que los escritores hacen de forma artificial, casi mecánica, una y otra vez, no sólo al escribir los libros, sino también al releerlos, y al dedicarlos, y al ver una reseña en el periódico, y al contemplar su portada en una librería. Se puede decir que la del escritor es una carrera de fondo, porque siempre están corriendo… ¡sé! La huella de Onán es, pues, alargada en el mundo de las letras; son huellas que dejan una senda resbaladiza, odorífera, salutífera, con un olor a polvo, pero a polvo limpio, polvo inteligente, en algunos casos incluso polvo enamorado, como ya apuntaba Quevedo, que tenía pinta de estar todo el día dale que te pego, con esa perilla de niñatillo, aunque no tanto como Góngora, del que circula algún retrato en que se pueden distinguir unas enormes protuberancias callosas debajo de los guantes. Porque luego viene la parte práctica; uno piensa: pues sí, los escritores están todos empantanados con Onán y sus trabajos, pero yo no soy escritor –lo que no impide que de vez en cuando…-; bueno, el caso es que a mí eso ni me va ni me viene. ¡Error fatal! Pongámonos en situación: Feria del libro; las casetas llenas de gente, compramos el libro que esperábamos con ilusión de nuestro escritor favorito; da la casualidad que está ahí mismo, firmando ejemplares, no hay apenas cola; llegamos a él, nos lo firma, y en ese momento… alarga la mano hacia nosotros, y entonces es cuando recordamos la huella de Onán en la literatura universal, y nos viene a la cabeza la lectura de esta entrada, pero ya es tarde, porque su mano roza ya la nuestra, los dedos se entrelazan, dejamos la mano floja como última esperanza, pero él, hombre de temple, aprieta fuerte y… ¡¡Chofff!!

martes, 25 de septiembre de 2012

Más leña al mono Krugman


Tras la astracanada del Sr. Krugman del otro día, sacando de la chistera el nuevo iPhone como solución a la crisis, traigo hoy dos argumentos más científicos:

1. La paradoja del cristal roto: propuesta por el economista (por aquello de asignarle alguna etiqueta) Frédéric Bastiat, de lectura muy recomendable, hacia la mitad del siglo XIX. Esta misma semana se la he planteado a mis alumnos en clase y hemos llegado a unas conclusiones muy interesantes entre todos (guiados por el menda, claro, con su orientación doctrinal y todo eso, que ellos me agradecerán en el futuro, etcétera). Viene a contar, si la actualizamos, la historia de un grupo de niños que juega en el patio de un colegio, una de cuyas paredes da a una casa de vecindad. Emulando al añorado Héctor Horacio Scotta, (sshhh, sshhh, que viene, que viene...), un chaval pega un trallazo que se estrella contra el ventanal de una vecina que en esos momentos se asomaba para tender la ropa. Los cristales caen hechos añicos; los chicos salen corriendo en estampida; a la vecina le da un jamacuco y casi se cae por la ventana; varios testigos localizan al causante del estropicio; se le lleva al director del colegio; le castigan dos semanas sin recreo; el cristal es repuesto… y poco a poco, sin saber muy bien cómo, se va instalando en la comunidad la sensación de que el incidente ha sido beneficioso: ese cristal roto lo pagó el seguro; se dio trabajo a la cristalería; a su vez, los proveedores de la cristalería vendieron cristal, y todo ello utilizando mano de obra, generando beneficios… llega un momento en que se anima a los chicos a elevar el punto de mira en los lanzamientos a puerta como medio para superar la crisis. Dice Mr. Krugman en su artículo: "¿por qué sufrir años de producción deprimida y desempleo elevado mientras esperamos a que se genere la suficiente obsolescencia?" Se trata de una idea genial, rompedora, radical, la solución contra la crisis. Con mi poquito de demagogia: ¡¡Rompamos todos los cristales que nos encontremos, aunque sea la pantalla de los iPhones asegurados!!

2. Costes sociales: la obsolescencia tecnológica genera unas externalidades negativas (véase diccionario económico andurrialero, cuando me decida a escribirlo) de varios tipos, como por ejemplo la generación de residuos altamente contaminantes, dificultad en la renovación de las materias primas y muchos otros problemas a los que no da respuesta el sistema (ni por supuesto Krugman), pero que ahí están, pasándonos factura sin que nos demos cuenta (los más listos se dedican a hacerse los tontos, y ahí tenemos otra paradoja). ¿Es realmente bueno el acortamiento del ciclo de vida del producto? Dice nuestro salvador: "Sin duda alguna, es lo que Apple está haciendo. Está estimulando la obsolescencia. Bien". ¡Bien, dice el tío! Por supuesto, en este escenario Apple gana. Apple no paga las externalidades, pero la sociedad (cuanto menos desarrollada mejor) sí lo hace, aunque claro, eso son cosas que la inteligencia de un premio Nobel no alcanza a ver, entusiasmado como está en el estudio del corto plazo. Ahí sí que se sigue a Keynes al piel de la letra: a largo plazo, todos estamos muertos. ¡Váyase usted al carajo!

lunes, 24 de septiembre de 2012

Poetas de pelaje vario


Es digna de ver la importancia que da la gente a las cosas que hace. Por ejemplo: uno escribe un libro, y desde el día en que recibe el primer ejemplar de la editorial está que no cabe en sí de orgullo; incluso si tiene un blog pone la foto de la portada bien grande para que al visitante no le queda duda de que se asoma al balcón de un escritor. Un orgullo legítimo, no digo que no, pero tampoco es para tanto: hoy en día se editan miles y miles de títulos, la mayor parte de ellos morralla, y ahí es donde voy: son precisamente esos escritores prescindibles, infumables, los que más se pavonean, como si hubieran escrito el Quijote. Los que de verdad escriben bien normalmente se hacen notar bastante menos, aunque también dan su guerra, de algo hay que vivir. Seguramente Cervantes no iba por esas tierras de Castilla diciendo a todo el mundo que era escritor, y menos aún que había escrito una obra maestra; al revés: él de lo que estaba orgulloso era del Persiles, obra que no hay cojones de leer a día de hoy, ni siquiera por un sueldo diario hasta que se termine, y es que los tiempos han cambiado: antes un escritor era un ser ninguneado por la sociedad, sospechoso de cualquier crimen conocido, mientras que hoy es un dios, o eso al menos se cree él. Si el escritor en cuestión entra dentro de la categoría de poeta, entonces el panorama se vuelve ciertamente grave: ser poeta es algo serio: no consiste únicamente en escribir poesía, ni en publicarla: resulta absolutamente necesario "ejercer" de poeta por la vida. Esto, que no es intrínsecamente malo, empieza a resultar preocupante si nuestro amigo poeta se queda únicamente con lo accesorio de su condición, algo que suele resultar muy frecuente. Entonces el tipo se vuelve insufrible: adopta un tono declamatorio en las reuniones con los pares, dice "pares" en vez de colegas, se aprende al menos un verso de cada poeta vivo o muerto para sacarlo a pasear en cuanto se tercie (o aun sin terciarse), pone a parir aproximadamente a un 80% de los poetas vivos famosos, va por ahí diciendo que la poesía es un arte alejado del dinero y a la vez se presenta a todos los premios que salen... en fin, un angelito que es mejor tenerlo lejos o al menos verlo venir de allí  mismo.

Y no seguiré abundando en el tema, pues me consta que son muchos los poetas que me leen, todos ellos de buena laya, por supuesto, que uno se junta con los de su condición, faltaría más...

domingo, 23 de septiembre de 2012

Ausencias


Esta mañana ha llovido en Alájar. No recuerdo los meses que hacía que no oía las gotas caer, y sobre todo los olores que la lluvia descubre siempre milagrosamente. Estaban ahí, escondidos en la tierra, disfrazados de polvo, y han bastado unas gotas para su resurrección. Hoy la lluvia me ha olido a melocotones maduros; a lavanda frondosa agitada por los niños; a inquietud incierta; a mañanas remotas de la infancia; a las palabras espliego y mejorana; a lombrices excavando túneles en la tierra del jardín; a epílogo feliz de una aventura olvidada; a florecillas blancas nadando en los arriates; a chiquillos con los ojos muy abiertos ante un campo de fútbol arrasado por el aguacero; al primer día de un otoño, de todos los otoños; a campos veloces tras la ventanilla del coche; a humedad en los pies; a luz del color de las uvas maduras; a soledades imposibles; a rosas claras; a trueno; al amanecer de un tiempo que vuelve todos los años, y nos engaña aún con su dulce reclamo de ausencias.

martes, 18 de septiembre de 2012

El iPhone de Mr. Keynes


Me ha... -la palabra no es "gustado"- tanto este artículo del premio Nobel norteamericano Paul Krugman, keynesiano de pro, que mañana lo voy a fotocopiar y se lo voy a pasar a mis tiernos alumnos, que acaban hoy de tener su primer contacto con la ciencia económica*. El escrito de marras se titula El estímulo del iPhone, y nuestro mediático economista establece un originalísimo paralelismo entre el gasto de los ciudadanos en aifones y el gasto público. Así, sin anestesia. Y sospecho que gracias a detalles como éste se ha ganado milllones de lectores en todo el mundo desde la tribuna del New York Times, porque hasta mis alumnos que aterrizan en el bachillerato con los conocimientos que todos sabemos que hoy día se atesoran en la ESO son capaces de entenderlo. De entenderlo, digo; es decir, sacar algo en limpio del artículo, hacer que se les encienda una luz -keynesiana, por supuesto-. Vale que yo admito muchos -no todos- argumentos de la escuela keynesiana, y ya he dicho en este blog que el estrangulamiento de la demanda está desangrando al país por el costado del paro, pero no sé, el artículo destila vapores ominosos; no voy a caer en la tentación de entrecomillar párrafos del mismo, si queréis podéis leerlo, pero esa simplicidad del análisis dirigida a todos los públicos, ese keynesianismo envuelto en la carcasa mágica del iPhone... huele, por qué no decirlo, a demagogia barata, incluso viniendo de un premio Nobel. Simplemente no me parece serio, o a lo mejor es que me estoy haciendo liberal. ¡Asco de etiquetas...!

* Vino una vez a decir Samuelson, en frase gloriosa y que cito de memoria en la era de Mr. Google, que envidiaba a sus alumnos en el primer día de clase, vírgenes de conocimientos de una ciencia tan noble como la Economía. Yo, bien pensado, es prácticamente lo único en que no les tengo envidia.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El derecho a la... ¿información?



Atención a la leyenda de la pancarta, porque es digna de un análisis sociológico: "La información es un derecho. Defiende la radiotelevisión pública". Algunas veces pienso que no estamos tan lejos de escenario que pintaba Orwell en 1984. Tantos años ya de democracia, y la gente sigue acudiendo al reclamo de CCOO, UGT, CGT... De modo que en esta época de crisis lo lógico es mantener la televisión pública, andaluza, madrileña o de donde sea, porque de otro modo ¡¡perderemos el derecho a la información!! En la era de Internet nos dicen esto. Me daría la risa si no fuera triste comprobar que hay quien se lo cree, probablemente manipulado años y años por la demagogia empleada con profusión por nuestras televisiones y radios autonómicas, que además de costarnos el dinero han sido siempre un arma política, un caladero de votos y una enorme bolsa de empleo para los afectos al régimen. Por mi que desaparecieran todas, incluyendo RTVE, del mapa. No las echaría de menos...

viernes, 14 de septiembre de 2012

¡Oh Lola!




Sin duda Kraus fue y será el más grande. Hasta en las obras que dejó fuera de su repertorio habría triunfado por encima de Björling, por encima de Gigli, por encima de Pavarotti...

jueves, 13 de septiembre de 2012

Emily Dickinson: Perhaps you'd like to buy a flower


Tal vez quisieras comprar una flor,
Pero yo nunca podría venderla.
Si quieres tomarla prestada,
Hasta que el narciso

Despliegue su sombrero amarillo
Bajo la puerta del pueblo,
Hasta que las abejas saquen, de las hileras de tréboles,
Su jerez y su vino del Rin,

Bueno, la prestaré hasta entonces,
¡Pero ni una hora más!




Perhaps you'd like to buy a flower,
But I could never sell.
If you would like to borrow,
Until the Daffodil

Unties her yellow bonnet
Beneath the village door,
Until the bees, from clover rows
Their hock and sherry draw,

Why, I will lend until just then,
But not an hour more!

miércoles, 12 de septiembre de 2012

¡Chino ni chino...!


Aviso: Esta entrada está escrita prescindiendo de consideraciones puramente racionales y rechazando el papel de "ciudadano del mundo".

Esta mañana, al recoger a mis hijos del colegio, una señorita muy aparente me ha entregado un folleto que he cogido distraído, a primera vista una academia de idiomas. Seguía andando con el papel en la mano y al cruzarme con un amigo me dice: —¿Qué, vas a estudiar chino? ¡Chino! Pues era verdad: en el folleto ponía "Shangai Academy" (no sé por qué coño tienen  que utilizar el inglés, si lo que enseñan es chino). Los tíos preparan para los exámenes oficiales "HSK" de la República Popular de China -supongo que será algo así como el First pero en versión mandarín-. ¡No somos nadie! Parece que fue ayer cuando vimos a los primeros comerciantes chinos arribar a nuestra piel de toro, que nos parecían hasta exóticos, y ahora están en el taco, los chinos se pasean en manadas por nuestras ciudades, sin mezclarse jamás con la raza occidental, trabajan como bestias, heredan las tarjetas de la Seguridad Social -a ver si hay cojones de pedir el carnet a un chino y decirle que ésa no es su foto-. ¡Y encima tienen la desfachatez de enseñarnos su lengua en nuestro propio territorio! Como si nosotros fuéramos a ir a China todos los meses... ¡Que aprendan ellos español, en sus horas libres! O inglés, que lo habla todo el mundo (menos nosotros).

Desde luego, nos reíamos de Napoleón con lo del gigante dormido y vaya si se ha despertado, el muy cabrón...

Eurogomorra


Advierte el cardenal Rouco Varela de los peligros que supone el proyecto Eurovegas para la moral, sobre todo de los jóvenes, y las hordas anticlericales del país han saltado a la yugular de la Iglesia como movidas por un resorte. El cardenal ha dicho lo que es su obligación decir, y se entiende menos el escándalo que suscitan sus palabras que la complacencia con que la sociedad ha acogido un complejo que va a generar miles de puestos de trabajo cubriendo unas necesidades tan poco edificantes como el juego o la prostitución más o menos encubierta. Echo en falta un análisis moral, al margen de la Iglesia, de este proyecto tan "ilusionante" que han peleado a dentelladas Cataluña y la Comunidad de Madrid, como una especie de maná que vendrá a paliar las graves carencias de empleo. Un maná que, a diferencia del bíblico, no cae del cielo, sino de un magnate norteamericano, genuino representante del capitalismo más rancio, ése en que los ricos pagan pocos impuestos y se hace la vista gorda a minucias como los ataques de Israel a Palestina o la válvula de escape de la prostitución para ciudadanos blancos, republicanos y a los que sobra el dinero. Claro está, el hombre ha visto el cielo abierto con la crisis europea, y prevé un aumento de la clientela llevada por la desesperación propia del que juega su última baza en la vida a romper la banca en un golpe de suerte. Todo muy ético, muy moral, del mismo color que la moral republicana. Por eso he querido traer hoy las palabras de Rouco, porque tiene más razón que un santo, aunque seguramente no lo sea: a cambio de un puñado de puestos de trabajo con la excusa de la crisis, la Sra. Aguirre, tan conservadora ella como Adelson, se ha vendido, ha vendido a su comunidad y ha vendido el bienestar de muchos jóvenes y no tan jóvenes. Los beneficios de esta sucursal de las Vegas irán a parar precisamente a la Gomorra original. Aquí quedarán hoteles, casinos, millones de horas de trabajo remuneradas, todo con el objeto de cubrir una necesidad, la del juego, que condena la Iglesia, condeno yo y condena cualquier persona para la que la ética signifique algo. Una actividad no ya estéril, sino dañina, pero el gobierno y la mayor parte de la sociedad vuelve la vista hacia otro lado, hacia los miles y miles de platos de lentejas que el señor Adelson ha comenzado ya a dispensar en los comedores sociales de ésta cada vez más empobrecida y sumisa patria nuestra.

martes, 11 de septiembre de 2012

De toros, pollos, godos y otros animales


Se considera un avance fundamental de nuestra civilización la abolición de espectáculos considerados bárbaros, como por ejemplo tirar una cabra desde lo alto de un campanario o alancear un toro hasta la muerte por los campos de Tordesillas. Los ingleses, que como se sabe son mucho más civilizados que nosotros al no provenir su cultura del Mediterráneo, se escandalizan con la caza de un zorro, prohibida desde hace años pero practicada impunemente por miles de cazadores que no quieren perder sus tradiciones, ahora menos que nunca. Si hablamos de nuestra Fiesta Nacional la cosa se pone fea: cada vez son más los que levantan la voz clamando contra un barbarismo propio de la época de las cavernas. Rara vez se paran mientes en que esta fiesta hunde sus raíces en la civilización minoica, por lo que cuenta con una tradición de cinco mil años, época en que los bretones, sajones y demás pueblos barbáricos andaban dando barrigazos por los bosques del norte de Europa, cazando lo que pillaban con hachas de sílex. Digo yo que griegos, españoles, italianos y, si me apuran, los búlgaros descendientes de los tracios, podemos estar orgullosos de nuestros orígenes, de nuestra cultura, de nuestros mitos y de todo lo que han aportado los distintos pueblos que han pasado por nuestras tierras, empezando por los helenos y los fenicios para dar paso a romanos, godos (ahí está nuestro único lunar), árabes y un sinfín de personajes de origen más o menos dudoso que nos han hecho ser lo que somos, con nuestras virtudes y también nuestros defectos. Y viene todo esto a lo que contaba al principio de la lucha sin cuartel contra tradiciones como la de los toros. Resulta que en cuestión de unas décadas nos hemos vuelto tremendamente sensibles a la sangre de ese noble animal manchando su lomo, o al espectáculo de la muerte en directo. Sin embargo, comemos todos los días con la compañía de un telediario que nos muestra cadáveres desfigurados después de un atentado terrorista, o niños abandonados en medio de la calle. Recientemente veía un vídeo en que un niño era atropellado en China por un camión y nadie se acercaba a socorrerle: su cuerpo seguía tendido en el suelo ante la mirada indiferente de transeúntes y conductores. Probablemente no llegemos aquí a ese grado de inhumanidad, pero cuando vemos emplear la violencia cerca nuestra, en un atraco o simplemente un hombre pegando a su mujer, nadie se acerca a mediar, por miedo a salir mal parado. Ese civismo que manifestamos oponiéndonos a los toros se convierte en inoperancia, en tolerancia del mal, cuando salimos a la calle. Se pone la excusa de que la sociedad no está para meterse en peleas, pero la sociedad somos nosotros: esa misma sociedad que se echa a la calle pidiendo el fin de la Fiesta podría reservar algo de energía para defender también algunos derechos de las personas, y no sólo con la ley. No es bárbara la Fiesta: es cruel, como la vida, y en ella mueren animales que de otro modo no habrían vivido. Bárbaro es comer un filete de un pobre pollo de granja torturado horriblemente durante su corta vida mientras vemos desfilar delante de nosotros las injusticias más grandes en el mal nuestro de cada día.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Apuntes (178): Y dale con las iniciales...


Una de las pocas perspectivas que me resultan atractivas en esta crisis es que la gente que "vive de la cultura" pasando por el Ministerio o la Consejería del ramo va a tener que dedicarse a pintar cosas que la gente está dispuesta a pagar, o a escribir libros que no sean por encargo para el consabido premio, o a hacer películas en condiciones, etc., y además si quieren beber copas de vino español van a tener que comprase la botella en el supermercado, por no hablar de canapés de salmón, jamoncito, gambas... y si se montan en un avión o en el AVE que lo paguen con el importe de su facturación artística, a ver hasta dónde llegan.

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Sigue uno leyendo a A.T., y resulta sumamente engorroso tratar de despejar las incógnitas que plantea. El valor de X. sólo está al alcance de iniciados que estén al tanto de las puñaladas que se asestan en el mundillo literario, de las que al parecer A. ha recibido unas cuantas, con y sin alevosía y nocturnidad. Después hay otras que si se echa mano de Wikipedia se solucionan bien pronto; por ejemplo, se refiere a una visita que hizo a la viuda de M.P., diseñador gráfico de cierto renombre en nuestra posguerra, y artífice del famoso Toro de Osborne. Y claro, por ahí tiro del hilo del Internet y descubro que se trata de Manolo Prieto. ¿Tanto trabajo cuesta nombrarle con todas sus letras? Me fastidia tanto misterio barato, que lo único que consigue es deslucir una prosa de una calidad indudable.

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Hoy, primer día de cole. No lo han llevado mal M., J. e I., todos unos veteranos. G. se quedó algo mohíno, pero al ir a recogerlo salió con unos andares chulescos mirando para todos lados, como si fuera el amo del lugar. Estos chicos prometen, sólo les faltaba ser protagonistas de un diario, y ahí le gano a A.T. por cuatro churrazos a dos, con sus correspondientes iniciales.

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He estado hablando con un amigo esta mañana de nuestro insigne filósofo O., y no he podido reprimir el recuerdo de esos pasajes en que se da tantísima importancia, esa manera de adornar sus teorías con el tinte de las verdades incuestionables, que ningún mortal estará jamás en disposición de discutir. Toda esa parafernalia ombliguista ha borrado todo lo (poco) que de bueno y aprovechable pueda haber en sus libros. Un tipo insufrible contamina su obra inevitablemente, salvo que se trate de un poeta.

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La decisión de tener hijos ha de ser responsable, y a la vez profundamente irreflexiva.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Bei meinem Bach


Estaba escuchando esta mañana mientras planchaba (buena excusa) La Pasión según San Mateo, y como siempre me ocurre cuando pongo el disco, al llegar al aria para tenor, Ich will bei meinem Jesu wachen, he sentido algo especial, como si me removieran la conciencia, o me llamaran a la puerta desde muy dentro para decirme algo muy importante, que sólo se puede decir con música, no con palabras, con el timbre del oboe d'amore y la voz maravillosa del tenor. Esas cosas sólo las consigue Bach, lo tengo comprobado, y por eso, por cómo es capaz de transmitirlo, admiro profundamente su religiosidad, más que cuarenta encíclicas y doscientas homilías, claro que yo lo tengo fácil...

 

viernes, 7 de septiembre de 2012

El timo de Apple


Confieso que hace unos meses regalé a la parienta un iPad 3 con segundas e interesadas intenciones. Cuando abrimos el paquete todo era muy bonito, muy limpio, muy de diseño, muy minimalista. Aparato extraplano con el logotipo de la manzana, que por cierto está registrado desde los tiempos de Adán y Eva. Los primeros problemillas vinieron al ponerlo en marcha y conectarlo a Internet, pues empezaron a solicitar infinidad de datos, y a las primeras de cambio ya te pedía un "ID de Apple". Que yo sepa, eso no lo pide un PC en la vida, pero bueno, hay que hocicar, se registra uno en su página, se les da información confidencial, y encima debemos estar agradecidos porque entramos en el selecto club de los "afortunados dueños de un dispositivo de Apple". A estas alturas ya han transcurrido unas cuantitas de horas y las narices se han hinchado unos milimetrillos, pero bueno, todo el mundo dice que no nos arrepentiremos, que nos convertiremos en adoradores del cacharro... Pasan los días, y uno hace el intento de meter datos de interés, profesionales y de ocio (fotos, documentos...). ¡No tiene ranura para tarjetas de memoria de ninguna clase! Los señoritos de Apple, con tal de mantener el diseño longuilíneo y airoso de sus aparatos, no consienten en el mínimo huequito, y tienen la jeta de decir que así no entran virus. Eso es como si yo decido no morir de una indigestión porque me pongo en huelga de hambre. Y la gente va y se lo cree. ¡Increíble! Total, que para meter archivos en el cacharro hay que buscarse la vida a través de no sé qué coño formatos y no sé qué coño iTunes, que me suena a Pioline pero con cara de mala leche, la que tengo desde hace un rato. En fin, es lo que hay. De todos modos insisto, porque me viene muy bien meter documentos del trabajo, así que allá que voy con unos cuantos archivos Word y otros Excel, y... ¡¡no los abre!! Claro, Office es de Microsoft, que es la competencia, pero es que tampoco tienen un programa compatible tipo Open Office, para qué, parece ser que se pueden descargar maravillas desde Appstore, pasando por caja, pero yo no tengo ni tiempo, ni ganas, ni dinero ni estoy para tonterías de los listos éstos que se creen la pera y no pasan de manzana.

Hago desde aquí un llamamiento a los incautos: no os dejéis engañar por los cantos de sirena del fantasma de Steve Jobs. No os gastéis vuestro dinero tontamente. Existen cacharros que hacen lo mismo por la mitad de precio, y además son compatibles con todo, no hay que andar metiéndose en foros cada vez que queremos poner la virgulilla a la ñ. Apple es un timo con todas las letras. Si queréis un tablet de diseño os compráis uno de otra marca y lo tuneáis, que seguro que se puede. Os ahorraréis muchos disgustos, y además os libraréis de ingresar en una secta que tiene todos los visos de acabar muy malamente.

jueves, 6 de septiembre de 2012

¡No puedorrrr!


Mira que empiezo a leer el libro con ilusión, y hago propósito de enmienda, y me gusta mucho lo que cuenta, y cómo lo cuenta, y da un montón de información literaria útil y todo eso, y no es coña, pero es que cuando llego a leer que se ha encontrado en el Rastro "mantelerías maculadas con astros de óxido"... es que no puedo, oigan, me se caen los palos del sombrajo...

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Disquisiciones poéticas


Es inútil mirar dentro de uno mismo y tratar de descubrir algo nuevo. El escritor tiene que mirar siempre hacia fuera, observar lo que le rodea, y si es posible detectar cosas que han estado siempre ahí pero nadie las había visto. Hay que desembarazarse del yo, porque ahí dentro sólo hay humedad y tierra removida. Pocas cosas más patéticas que un poeta llorando sus miserias o narrando en directo sus experiencias místicas. A nadie importa a quién ames, ni la intensidad de ese sentimiento, porque eso es algo vulgar. Se puede cantar al amor, eso sí, pero cuando no nos inunde el cuerpo un amor concreto, y además hay que esforzarse por contemplar ese amor como algo abstracto, como una cualidad que a todos nos adorna, en mayor o menor medida, pero que ahora contemplamos suelto entre los árboles, sin nadie reconocible por los alrededores, y entonces, si nuestra poesía tiene algún valor, iluminaremos ese diosecillo travieso con alguna cualidad distinta, o lo disfrazaremos de otra cosa, de odio, por ejemplo, y así podremos sorprender al que nos lee. Pero no nos basta con la sorpresa, hay que decir algo distinto, si se puede, ¡y sobre todo la forma! La forma por sí sola es capaz de sugerir tanto, de aportar tanto, que muchas veces lo de menos es lo que se dice. Uno lee un poema, le gusta, siente que es algo grande, pero no puede explicarlo, ni tampoco sabría muy bien decir qué mensaje tiene. Es que la palabra mensaje, ya de por sí, es una aberración. ¿Cuál es el mensaje de La Mona Lisa? Si lo que buscamos es un mensaje acarrearemos las palabras a nuestro cerebro, y entonces pondremos el yo a funcionar, y el yo, que además de terco es racional, buscará una interpretación, y el poema, que es un objeto hermoso que está fuera para ser contemplado, será secuestrado por cada lector para llevarlo a su casa y destriparlo, a ver si así se les pega algo del poeta.

A nada conduce mirar horas y horas dentro de nosotros, quedarnos parados frente a un folio en blanco buscando la esencia de los siguiente versos; no hay nada ahí: todo está fuera, la materia prima de la poesía es asombrosamente abundante, cada día nos cruzamos con ella, y no precisamente al pasear con aire distraído por un entorno idílico, sino al caminar por la ciudad entre el ruido de los coches, o al salir a trabajar por la mañana, o al recoger a los niños del colegio, y por supuesto al leer un libro, porque los libros buenos son el regalo que nos hacen unos pocos elegidos que destilaron su arte en esas páginas, y nos enseñan a cada paso visiones maravillosas, que no nos explicamos cómo no se nos habían ocurrido antes a nosotros, y nos inspiran, ellos sí (las musas hace tiempo que no trabajan), para enriquecer nuestros modestos garabatos con adornos florales que nos apresuramos a recoger antes de que marchiten, y así seguir hilando las palabras, y lograr que detrás de aquella piedra grande del camino aparezca cada día un nuevo brillo misterioso y eterno.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Eco



La oréade de Citerón sigue danzando por las cuevas, por los valles y los ríos de Beocia. Todas las mañanas se despierta con la esperanza de unos sones que pongan voz a sus mudos anhelos. Desde que le vio sólo vive por su nombre; no hay  castigo mayor que no poder nombrar a la persona a quien amas. Tan cruel como no poder jamás consumar ese amor que sientes por lo que viste reflejado en la lámina del agua. La estirpe de las ninfas es humillada y diezmada por los reyes del Olimpo. Ella repetirá hasta el fin la palabra del último mortal, y luego se hundirá en el lago para encontrarse con su amado.

Tiene cojones el niñato...

"Estoy triste, por eso no celebro los goles y en el club saben por qué"



¡¡Una hostia bien dá a ese niñato, joder!! ¡¡Al calabozo, a pan y agua una semana!! ¡¡Una mili de las de antes, y se le quitaban las tristezas, que hemos perdido el norte, coño!! Con lo que cobra... (Por lo que cobra...)

sábado, 1 de septiembre de 2012

Una crisis de barrigas llenas


“Esta crisis es un desastre; se está convirtiendo en una tragedia; no sé cómo vamos a acabar…” ¡Y un jamón! Eso, literalmente, que aquí todo el mundo sigue comiendo jamón, aunque sea de york, así que de drama nada, al menos de momento. En todas las crisis y cataclismos sociales que ha experimentado el mundo occidental, una gran parte de la población era analfabeta, no tenía acceso a servicios sanitarios algunos y pasaba hambre con mucha asiduidad. Ha sido históricamente esa masa de desheredados la que ha acudido a la llamada de una revolución, de una guerra o cualquier otra forma de agresión más o menos legítima al orden establecido, y no nos engañemos: ese pueblo enardecido no tenía ni ideales, ni sed de justicia social, ni conciencia de clase: ¡lo que tenía era hambre! Una panda de hambrientos tomó la Bastilla, y también el Palacio de Invierno, y claro, después vino lo que vino… más hambre. Durante la crisis de 1929 en Europa se pasó hambre, y muy especialmente en Alemania: fueron esos alemanes hambrientos los que, convenientemente aleccionados sobre las injusticias del Tratado de Versalles, auparon a su mesías de andar por casa, que por desgracia para la humanidad pronto mostró su afición a dar paseos fuera.

Los que leéis esto lo hacéis con los estómagos bien llenos; yo mismo, que tanto pontifico, escribo repanchigado en el sofá con el portátil encima de la panza después de jincarme dos chuletas de cerdo tamaño mano. Una parte del subsidio del desempleo que se paga en España se gasta en regímenes de adelgazamiento. Los “indignados” van a cenar a casa de sus padres. Aquí los únicos que saben lo que es el hambre son una mínima parte de los inmigrantes, que la pasaron en su país de origen pero ya la han olvidado hace tiempo, y eso que ganan poco. El intrépido Sánchez Gordillo y sus compinches del SAT, ésos que van por ahí llevándose comida para repartir entre los hambrientos del país, tienen unas caras gordinflonas y saludables, que ya habrían querido para sí sus antepasados pisoteados por los señoritos. Ahora los que pisotean son los políticos, y los sindicalistas, y no le mientes tú a nadie en Andalucía que van a quitar el PER, porque te sueltan un tremendo eructo con aroma a morcón ibérico 5J a la mayor gloria de la Junta.

Si se quieren ver los rostros del hambre mirad al tercer mundo, donde no tienen ni fuerza para levantarse; mirad las caras enjutas de nuestra Guerra Civil y la posguerra; mirad, incluso, las colas de seres famélicos que hacían cola perfectamente trajeados para obtener la sopa del día en la Norteamérica de los años 30. Mientras nuestras caras no se parezcan a ésas aquí no se moverá nadie; lo más que se va a hacer es votar algo distinto y cruzar los dedos.