No hay pastilla para este dolor. Ni terapia. Ni remedio. No es dolor, es vacío, es pérdida inapelable. No hay descanso tampoco. Los recuerdos dulces se hacen amargos. Y duelen. Y no importa que pase el tiempo, como me decían. Si acaso lo acrecienta, porque estoy más lejos de la dicha. Quizás no es bueno haber sido tan feliz. No lo sé. Hace tiempo que ya no sé nada.
Chéjov
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Un clavo en la pared, -usted, señor Chéjov, exige mucho.
Nota.-
*Antón Pávlovich Chéjov* (1860-1904) murió demasiado joven en el balneario
de Bade...
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