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jueves, 23 de junio de 2011

Apuntes (111): Escaparates


Las presentaciones de libros suelen ser escaparates de egos más o menos inflados e insatisfechos. Todos necesitamos para nuestro corazoncito una ración de reconocimiento; así, algunos acuden a estos actos obligados por su editorial, pues les espantan los actos sociales y huyen de la notoriedad pública, conformándose con la aprobación de sus colegas y de los lectores. A otros, sin embargo, les gusta pasearse por los salones y pavonearse con inocencia, conformándose con su momento de efímera fama. Y después hay otro grupo, el más peligroso, integrado por los que llegarían al asesinato con tal de publicar, y cuando lo consiguen hacen una campaña salvaje para promocionar su libro y que se venda más que el de ese otro escritor enemigo suyo. Gastan en esta lucha unas energías que les bastarían para escribir dos o tres libros más.


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Estos amaneceres cálidos de finales de junio son un modo cruel de empezar el día, con todo el sol del mundo por delante, una luz que nos ciega y un calor que se cuela por debajo de las puertas y atraviesa las ventanas para mordernos.

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Las adelfas son arbustos asfálticos.

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Volvió a su trabajo como quien se reencuentra con un viejo conocido al que la rutina no ha cambiado un ápice en todos estos meses. Recobró en un instante las sensaciones olvidadas de outsider vocacional, visitante obligado de la cotidianidad vespertina, un engranaje de la maquinaria absurda de fabricar clones y destruir conciencias. Cada vez más perdido y perplejo, cada vez más hundido en el sillón de la sala, aislado, la mirada baja, esperando el timbre que anuncia un nuevo sacrificio a la mayor gloria de lo absurdo.

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El poeta portugués nunca hubiera entendido que le llamasen genio. Tan grande era su arte, que para él era pequeño.

miércoles, 1 de junio de 2011

Apuntes (104): Las rosas de mi jardín



Junio no es el mes más cruel, al menos este año. Ha entrado suave, acunado por las últimas lluvias de mayo, sin saber muy bien las intenciones de ese sol tan alto y poderoso. It's not breeding lilacs, but roses. Rosas rojas y blancas en el jardín, toda la tapia cubierta, esplendorosa, de un blanco rosáceo elevado al infinito en esta primavera tardía, verano ya en la ciudad, tiempo intenso de días largos, paseos interminables al caer la tarde, preludio de ojos claros que se entornan en la penumbra adormecida de postigos de madera entrecerrados.

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De todos los olores, el que más recuerdos me trae es el de las adelfas florecidas en verano. Desde muy niño pasaba los largos meses del verano en un bonito pueblo de la costa, y por las tardes acudía a hacer deporte a un sitio rodeado de dunas y pinares, donde el olor dulzón de las adelfas se apoderaba de nosotros nada más llegar. No hacía allí nada especial, ni tengo recuerdos de emociones grandes; mi vida nunca las tuvo; a veces me pregunto si he vivido de verdad. Ese aroma simplemente me lleva a la adolescencia, y me hace sentir como me sentía entonces, con mis dudas razonables y mi tranquila indiferencia, que no me ha abandonado después, pero se ha vestido con ropajes caros. Tan sólo eso, el retroceder varias décadas, un cosquilleo en el estómago que me hace intuir lo que fui entonces y en lo que me he convertido. Una constatación de que el tiempo pasa y yo me quedo, tan frágil como entonces, tan asombrado, tan joven, tan dormido, tan vivo, a ratos tan luminoso y apagado.

viernes, 20 de mayo de 2011

Apuntes (101): De necios políglotas y gilipollas normativos



Las jacarandas son unos árboles discretos, que pasan inadvertidos durante todo el año para sorprendernos cada mes de mayo con su esplendor morado inconfundible, regalándonos niñez y aromas de otros tiempos.

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No hay que asombrarse de que alguien hable cinco idiomas, ni admirarle como a una eminencia. Quien es necio y habla muchas lenguas, dice las mismas necedades en todas ellas.

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No tengo un juicio claro sobre esos jóvenes acampados en la Puerta del Sol para protestar contra un sistema y unos políticos que están resultando nefastos. El corazón me pide la misma protesta, pero sé que todo lo que el hombre afronta en grupo acaba corrompido por intereses encontrados, por luchas de poder, por elementos externos que tratan de aprovechar la situación... Cualquier revolución, por modesta que sea, me causa escepticismo y miedo, no lo puedo remediar. Soy individualista, cada vez más. No creo en el hombre, ni en la humanidad; tan sólo creo en mí mismo, me acerco a quien mi intuición me dice que es una persona buena y nada espero del resto, salvo que atenten contra mi libertad y mi sosiego.

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Me piden opinión desde un periódico de las mejoras que propondría a mi ciudad, ahora que se avecinan las elecciones, y no respondo, no por falta de ganas, sino por falta de ideas. Son pocas las cuestiones sobre las que no tengo nada que decir, mi mente está siempre inquieta, y el escepticismo que es natural en mí no me impide pensar y aportar ideas más o menos lúcidas a cualquier debate. Pero en esta ocasión me he quedado en blanco. Por un lado, desprecio a los políticos, pero por otro me pongo en su lugar y no sé muy bien qué hacer, ni si haría algo en absoluto.

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Lo mejor del género diarístico es que no tiene reglas, por mucho que algunos gilipollas se empeñen en ponerlas. Son tan pocas sus normas que me puedo permitir el lujo de decir ahora que éstas no existen, o podría ser uno de esos gilipollas que dicen que sí las hay, y lo anotaría en mi diario pensando que el gilipollas es ese autor de un blog irreverente que va por ahí llamando gilipollas a los demás. Y todas esas cosas se aceptan, que para eso manda cada uno en su diario.

viernes, 22 de abril de 2011

Apuntes (XCII): El avance del mundo


Entiendo la devoción que suscitan las imágenes de la Semana Santa, y he compartido muchas veces el ambiente mágico que se vive en las calles al paso de los cortejos de las hermandades. Toda la parafernalia de la Semana Santa sevillana, que es la que conozco, tiene una belleza indudable, pero –siempre hay un pero– me llega a empalagar la profusión de crucificados y dolorosas, a cuál más rococó en su dolor de madera, y las numerosas exaltaciones que aparecen por estas fechas, si bien hermosas y de indudable calidad literaria algunas de ellas, tomadas en su conjunto me causan una sensación de embriaguez casi insoportable por su potencia odorífera, valga la metáfora, que me recuerda a esos racimos apretados de jazmines morunos que nos salieron al paso el otro día en el sendero. Digo esto con el máximo respeto para los que viven con intensidad estas fechas, que lamentablemente han visto este año truncado por la lluvia el disfrute de los días grandes.

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No sé por qué, se me acaba de venir a las mientes (lo de mientes lo digo por dármelas de culto) Lo que el viento se llevó, gran película y mejor libro. Si ponemos en un extremo a Ashley Wilkes y en el otro a Rhett Butler yo estaría situado a la izquierda de Ashley.

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El mundo avanza gracias a los Rhetts Butlers, y los Ashleys Wilkes se limitan a verlo pasar, disfrutando lo que pueden, que no es poco.

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Viernes Santo de finales de abril y todo el día con una lluvia más propia de noviembre. Acababa de escampar cuando he aprovechado para sacar a los niños, más D., la amiga del alma de Jaime, al parque, y que al menos les diera el aire… y el agua, pues tuvimos que salir corriendo de vuelta a los diez minutos. Lo único que nos reafirma en que estamos en primavera es el suelo de las calles, lleno de flores mojadas en lugar de hojas.

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A uno le da reparo últimamente utilizar el indefinido “uno” al escribir. Eso le pasa a uno por malo…

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¿Y qué significa que el mundo avanza? ¿Hacia dónde debe avanzar? ¿Qué importancia tiene que lo haga? Nada, a ningún sitio, ninguna. ¿Habrá frase más hueca?

jueves, 21 de abril de 2011

Apuntes (XCI): De clásicos intocables y jazmines morunos


Leo a Baudelaire, Les fleurs du mal, y sus versos se me antojan almibarados, o, empleando una palabra horrible, cursis. Siente uno cierta prevención al criticar a un poeta consagrado, que ha pasado a la historia como un grande, pero para mí los grandes de verdad atraviesan el tiempo, y sus versos no envejecen, porque están más allá de la fama que alcanzaron o que se les negó en vida.

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Conviene leer a los clásicos sin prejuicios, ni positivos ni negativos, para paladearlos con nuestro sentido del gusto actual, sin imposturas. Entonces disfrutaremos realmente de su arte, o los desecharemos por pretenciosos.

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No eran madreselvas lo que olía el otro día, sino el árbol del paraíso. He vuelto a la misma terraza, y contemplo hasta cuatro magníficos ejemplares repletos de sus inconfundibles flores ligeramente rosadas. Es generosa la naturaleza, que al ver cómo caen los últimos pétalos de azahar se apresura a dar la bienvenida a otras flores de perfume intenso y primaveral, para no dejar huérfanos nuestros sentidos.

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Y hablando de perfume intenso, nada como los jazmines morunos. Hacíamos el otro día el sendero de los molinos en Alájar y pasamos por una cerca cuajada de estas flores. Ya antes de verlas su aroma nos las anunció, y al llegar a su altura el olor dulzón se hacía casi insoportable. Me acordé de este haiku (o ridaiku) de Miguel d'Ors: Tantos jazmines, / tantos jazmines, tantos... / ¡qué pestilencia!

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Todo lo que he buscado en vano en Baudelaire lo he hallado en Dickinson y en Eliot. Hay una poesía que es intemporal, mientras que las flores esplendorosas llega un momento en que languidecen.

domingo, 17 de abril de 2011

Recuerdos y Ramos


Pocas cosas me llevo de este mundo:
las páginas perdidas de mis primeras sílabas;
un par de buenos goles cuando era delantero;
los amigos que quedan; los amigos;
alguna vez que me llamaron genio
y yo me lo creí;
mi diario de los últimos años
y la memoria débil de otros tiempos;
las rojas buganvillas de una tapia
en domingo de Ramos…
y lo que vino luego, los que vinieron luego,
los cinco que más quiero.

viernes, 15 de abril de 2011

Abril


Dice Eliot en The Waste Land:


April is the cruelest month, / breeding
Lilacs out of the dead land, mixing /
Memory and desire, stirring /
Dull roots with spring rain.



Pero a mí las lilas me parecen las flores más hermosas, y cuando paso por las tardes junto a la tapia camino de la plaza, me saludan primorosas con sus cascadas violetas. No: abril no es cruel, ni las lilas son heraldos de la muerte; la memoria se hace deseo, sí, pero es mejor esa sustancia palpitante que el dolor semienterrado en el olvido. Mis pobres raíces desvaídas reciben asombradas los aguaceros que taladran la tierra, y despiertan del letargo enmohecido de las tardes de invierno. Abril es renacer; abril es darse al cielo; nacimos en abril, y en él resolverán nuestras cenizas la morada disuelta de sus últimos momentos.

martes, 12 de abril de 2011

Apuntes (XC): Primavera floral


Ahora que por fin es primavera, y sin apenas haberla disfrutado, se cuela el verano con su luz cegadora y sus siestas de postigos entreabiertos, como una condena de seis meses y un día.

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Ni el espectáculo desbordante de los jardines floridos me puede inspirar este año unos versos limpios; aunque sean de compromiso, pero limpios.

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Me imagino a las musas como unas señoras orondas y de sonrisa bobalicona, cubiertos sus cuerpos desnudos con guirnaldas de flores y hojas verdes, pegando saltitos por una pradera mullida a la caza de algún poeta incauto, un músico loco o un pintor de escenas grotescas.

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El olor de la dama de noche es potente y dulzón; tanto, que corre el riesgo de transformarse en hedor.

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Este año está pletórico el patio de Alájar. A los dos jazmines, blanco y amarillo, que caen casi hasta el suelo, hay que sumar el jazmín moruno, de aroma penetrante, que recorre el camino inverso, trepando desde el arriate hasta la baranda del jardín, cinco metros más arriba. Las glicinias cubren dos paredes con sus esplendor violáceo de pináculos colmados de pétalos acampanados. Y todo ello en silencio, ese silencio hecho del canto de los pájaros y el zumbido de los moscardones, del repiqueteo de cencerros y esquilas y tañidos cercanos de campanas que no se oyen, porque están mimetizados con los sonidos del campo. Beatus ille...

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Y mientras, en la ciudad hay un aroma intenso a madreselva, y también se oyen pájaros, y el rumor de las calles y autopistas tampoco se percibe, igualmente mimetizado con su entorno humano, tan desasosegadamente humano.

lunes, 11 de abril de 2011

Apuntes (LXXXIX): Ilusión


He leído y escuchado en el blog de Luis Valdesueiro el poema Tabacaria, grandioso. El magnetismo de Pessoa es tan grande como su calidad; basta con leer unas líneas para zambullirse de nuevo en su particular estética existencial y a la vez hermosa, atrayente, acariciadora. La desolación absoluta que emana de sus versos contrasta con una belleza inconmensurable. Se diría que es imposible conjugar la lírica con la metafísica, y el poeta portugués lo consigue con una facilidad pasmosa. Cada vez que lo leo me siento transportado, y trato de buscar en mi interior un resquicio de sus sentimientos vacíos. Lo más inquietante es que siempre lo encuentro, y lo ensancho para asomarme a mi melancolía más honda. Por si fuera poco, no me arrepiento de hacerlo.

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Un proyecto demorado en el tiempo resta días de disfrute a su consecución. No somos conscientes de que nuestras horas están contadas, y por lo tanto se van descontando de forma implacable. En nuestras manos está disfrutarlas o perderlas en vanas excusas y lamentaciones.

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También es cierto que es en la fase de preparación, de anticipación de un fin deseado, cuando brota esa rara flor que llamamos ilusión, el más valioso de nuestros dones, que se desvanece de un soplo después de calmar nuestras ansias.

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Sin ilusión, las glicinias de mi patio se marchitan; las rosas del jardín diluyen sus colores, y cuando diviso la Peña desde el alféizar de mi ventana, la boca oscura de las cuevas se traga el verde de las encinas y las jaras. Sin ilusión se seca la tierra que atraparon mis botas en la ribera del molino; la paz evocada por el canto de los pájaros se convierte en tristeza, en un tedio estéril y angustioso. Sin ilusión se oscurecen las tapias; sin ilusión languidece la vida; se me cieran los ojos sin ilusión.

miércoles, 6 de abril de 2011

Flores y recuerdos


Esta mañana, cuando he ido a coger el coche, estaba todo lleno de azahar. Hacía mucho tiempo que no cogía entre mis dedos una de esas flores blancas con perfume a primavera, que huelen sólo con nombrarlas; a primavera de Sevilla, cuando era niño y me entretenía cogiéndolas mientras esperaba el autobús del colegio, y las escogía con los pétalos cerrados, para deshojarlas poco a poco, hasta dejar desnudo el pistilo y los estambres, palabras mágicas aprendidas unas semanas antes en las clases de don Alfonso. Y su perfume, el perfume de las tardes de mi infancia, era el mismo que ahora me penetra para hacerme recordar y añorar aquellos días, porque la niñez es siempre nuestra casa, una casa que abandonamos dejando la puerta abierta, no para volver, sino para asomarnos cuando nos llama el olor de las flores de su ventana.

martes, 8 de marzo de 2011

Apuntes (LXXI): Mon jardin


Hay días en que por mucho que busque dentro de mi cabeza no encuentro nada nuevo que llevarme al papel, tan sólo la repetición obsesiva de una letanía absurda, o la película recurrente de un día sin gloria.

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La ciencia es un conjunto de obviedades encadenadas. El resultado puede parecer milagroso, pero se sustenta sobre un armazón de relaciones simples, que como tales nunca llegarán a trascender la vida del hombre. Por eso nunca se podrá demostrar científicamente la existencia de Dios, porque no es algo obvio, como tampoco es obvia su no existencia.

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Muchos escriben y escribieron en cafés de nombres pomposos y con honda raigambre literaria. Yo lo hago en la cafetería de Carrefour.

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Il faut cultiver notre jardin, decía Voltaire, y yo lo dejo crecer descuidado, salvaje. Tan alta está la hierba que ya no puedo ver los árboles, ni las flores, ni oler el perfume leve del jazmín moruno, ni anticipar la primavera en las primeras glicinias altas, ondulantes, dulcemente evocadoras.

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Ni lírico, ni épico ni trágico; soy (y estoy) más bien escéptico.

domingo, 3 de octubre de 2010

Apuntes (XIX): Bignonias de otoño


Al levantarnos esta mañana estaba lloviznando y la niebla no dejaba ver la Peña. Es el comienzo real del otoño, con su magia y frescura que me llevan a escribir este apunte con un optimismo casi olvidado, mientras contemplo el jazmín y las bignonias florecidas. Arriba, en la montaña, el campanario comienza a emerger entre jirones de algodón. Para mí el milagro de la vida aparece con mucha más fuerza en este otoño nuevo que en aquella primavera tan lejana.

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Suenan las campanas de la Peña justo ahora, alegres, mucho más ágiles que las solemnes campanas del pueblo. Es la alegría y deinhibición del campo, que otea descarado el blanco caserío.

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Lo malo de los cuadernos de campo es lo incómodo que resulta escribir al aire libre, y al llegar al refugio ya hemos olvidado las mejores sensaciones.

***

El pesimismo es una impostura.

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Prefiro rosas, meu amor... ¿Y quién no las prefiere, con sus espinas y todo? Un lecho de rosas es lo más parecido a este valle que es no de lágrimas, sino de perfumes embriagadores y peligros acechantes.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Prefiro rosas, meu amor


Prefiro rosas, meu amor, à pátria,

E antes magnólias amo
Que a glória e a virtude.

Logo que a vida me não canse, deixo
Que a vida por mim passe
Logo que eu fique o mesmo.

Que importa àquele a quem já nada importa
Que um perca e outro vença,
Se a aurora raia sempre,

Se cada ano com a Primavera
As folhas aparecem
E com o Outono cessam?

E o resto, as outras coisas que os humanos
Acrescentam à vida,
Que me aumentam na alma?

Nada, salvo o desejo de indiferença
E a confiança mole
Na hora fugitiva.

Fernando Pessoa

La cadencia del idioma portugués es hermosísima y melancólica. Pessoa conmueve en lo profundo. Es la palabra hecha sentimiento. Poesía en estado puro.

Yo también prefiero rosas
a la desdicha diaria.
Amor antes que mentira;
flores frescas en el alma;
pétalos de primavera;
hojas de otoño doradas
que alientan la indiferencia
por el ayer y el mañana.

sábado, 24 de abril de 2010

Glicinias


Ya cuelgan las glicinias en mi patio de Alájar.
Florecen los pináculos morados en cascada.
Un moscardón rebusca contento entre las flores
ajeno a mi presencia,
interpretando un rito milenario.
Cae la tarde despacio.
Se perciben los tiempos de nuestra madre tierra,
y yo contemplo atónito
la magia de la vida renacida.

jueves, 17 de septiembre de 2009

La rosa de Shakespeare

Hoy quiero dedicar esta entrada a mi Julieta particular, a cuyo balcón subí hace hoy exactamente diez años para arrebatarla de la tutela paterna por los siglos de los siglos.


A raíz de las dos rosas de la entrada de ayer, he recordado los versos inmortales de Shakespeare en Romeo y Julieta:

What's in a name? That which we call a rose
by any other name would smell as sweet.

Que podría traducirse por algo así como:

¿Qué hay en un nombre? Eso que llamamos rosa
tendría la misma fragancia con cualquier otro nombre.

Así habla Julieta a Romeo (en inglés suena incomparablemente mejor) para conjurar el único obstáculo que se impone a su unión: el de un mero nombre, Montesco. ¿Qué es Montesco?, pregunta la amante. O, be some other name! (¡Oh, sea otro tu nombre!). El genio de Shakespeare supo captar ese detalle, esa evidencia que a muchos se escapa, de que las palabras están sólo para representar el objeto que denominan, pero nunca para suplantarlo. A veces, muchas veces, miramos el nombre antes que la persona, y cometemos el mismo error que quien alaba la calidad de un vino por la belleza de la etiqueta, antes incluso de haberlo probado.

Para cerrar la entrada dejo tres paráfrasis de los versos de Shakespeare que me niego a traducir, para no herir sensibilidades.

What’s in a name? That which we call a shit
by any other name would smell as shit.

What’s in a shit? That which we call a fly
by any other shit would fly ten miles.

What’s in a throne? That which we call my blog
by any other throne would smell as hell.

P.S. Que quede claro, para evitar malentendidos, que esto no es un regalo de aniversario.

P.P.S. Ah, y la dedicatoria termina cuando empiezan las paráfrasis.

P.P.P.S. ¿Os habéis fijado en el cuadro, la prestancia que tenía hace diez años? Pues aún he mejorado.

P.P.P.P.S. Aunque por poco me dejo los güíbols en el intento.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Soneto perfumado

Hoy dedico la entrada a Liliana, mi más fiel seguidora. Además se lo debo, nunca debí manchar su cuaderno de esta manera.


Hoy pongo en tu cuaderno estas dos rosas
en vez del pastelón del otro día
y espero así borrar, Liliana mía,
el tufo que ha dejado, entre otras cosas.

No era mi intención herir las fosas
nasales de quien lee tu poesía
pero es que había andado todo el día
en ciertas posiciones poco honrosas.

¡Qué empaque, qué tamaño, qué presencia!
¡Qué forma de enroscarse, qué buen tono!
La pena es que fue toda una indecencia.

En vez de haberlo usado como abono
lo puse en tu ventana sin clemencia.
¡Eso hay que reservarlo para el trono!