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jueves, 19 de marzo de 2015

Tener o no tener... pelo



Ante el ataque perpetrado el otro día por mi hijo Ignacio sobre mi asendereado aspecto actual, quiero traer hoy una imagen de los tiempos remotos en que las lanas tapizaban mi cráneo, y así mis hijos sabrán lo que les espera en el futuro. Obsérvese la prestancia, la intrepidez, el aplomo y, por qué no decirlo, la chulería que desprenden mis 22 años. No oculto que el tiempo tan sólo ha mejorado y añadido solera al producto, aunque, eso sí, al precio de un ligero clarear en mis venerables sienes.

¡Y esa indescriptible camisa de palmero, por Dios!

sábado, 28 de febrero de 2015

Cría cuervos...


Andaba detrás de mí el otro día mi hijo Ignacio diciéndome que si estaba muy ocupado, que me necesitaba un tiempo "un poquito largo", pero que debía estarme muy quieto, hasta que finalmente, intrigado, accedí. Me dijo que me sentara, cogió papel y lápiz y ni corto ni perezoso se puso el tío a hacerme un retrato. A la vista está el resultado, y lo peor es que todo el mundo anda alabándole, cómo es posible que a sus siete años haya conseguido un parecido tan grande, y encima él dice que me ha puesto más pelo para que esté contento.

Yo, que siempre me he creído un sex symbol, y va el niño éste y hace la gracia...

domingo, 23 de noviembre de 2014

Cosecha de otoño



No se ha dado mal la cosecha esta mañana. Gallipiernos enormes, chantarelas y algún que otro pinatel. Los niños han disfrutado a lo grande por el bosque, enarbolando sus pequeñas navajas para cortar las setas por el pie. El olor intenso a tierra y a humedad, a suelo primigenio; las hojas mullidas crujiendo bajo las botas, los gritos entusiasmados de los chiquillos al divisar un parasol lejano en la pradera al otro lado de la cerca. Las pequeñas gotas resbalando por nuestras capuchas; la felicidad de una mañana de noviembre que ya es vieja, y que vengo a retratar en la distancia de la capital para que nunca se me olvide, con la esperanza de que alguno de sus pequeños protagonistas pueda volver a ella en el futuro.

sábado, 5 de abril de 2014

Apuntes (189): Mirlos



No hay que buscar culpas, sino causas.


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Jamás mis padres fueron a verme jugar un partido de cualquier deporte, y ahora estamos poco menos que obligados a ser el coach y, por descontado, el chauffeur de nuestros hijos.


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Está muy bien la primavera y el canto de los pájaros y todo eso, pero empiezo estar hasta las narices de los mirlos, que empiezan con sus canturreos a las cinco de la mañana y no se callan los tíos hasta bien entrada la noche. O se tratará de mirlas, más bien...

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Qué placer el de ser insociable y ampararse en el abrigado reducto de la familia y los pocos amigos más cercanos.

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Superarse no consiste en superar a los demás.

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Se confunde el racismo con la marginofobia.

miércoles, 19 de marzo de 2014

El mejor regalo de santo


Hoy, doble festividad: mi santo y el día del padre, aunque ya se sabe que lo segundo es un invento de El Corte Inglés. Mi hijo Miguel, que se espabila por momentos, propuso ayer a su madre lo que él entiende como el mejor regalo que me podrían hacer: llamar a mi trabajo y decir que estoy enfermo. Flojillo que me ha salido el chaval. Pero vamos, qué mejor regalo que ése, no vamos a ser hipócritas. Lástima que a la madre no le pareció del todo bien...

martes, 7 de enero de 2014

Escenas y cabalgata en Linares de la Sierra


Una vez más nos hemos acercado al precioso pueblo de Linares, a una legua escasa de Alájar, en la noche mágica de la víspera de Reyes para admirar sus escenas, que este año han sido tan bonitas que me resisto a publicar la entrada, no sea que se corra demasiado la voz y se masifique. El pueblo se vuelca en sus escenas, y consiguen una recreación inimaginable, a lo que contribuye el uso de sus viejos corrales, albercas, cuadras y estancias, que yo diría que podrían pasar perfectamente por lo que había en Belén hace dos mil años, y es que en algunos pueblos de la sierra parece que se ha detenido el tiempo, sobre todo en Linares, donde ni siquiera cambian (a diferencia, ¡ay! de Alájar) el empedrado antiguo, con el verdín y la hierba asomando entre las piedras. Las fotos no hacen justicia a la belleza de la representación, pero aquí van algunas.





Y después de las escenas, salieron Sus Majestades en sus flamantes monturas:


Una noche inolvidable, y que no sea la última. El único incidente fue que Miguel se llevó dos caramelazos de Baltasar, que, con perdón, tenía trazas de gorila, uno en la cabeza y el segundo, que le remató, en el ojo. Como estaba solo el pobre una mujer del pueblo le atendió en su casa y se nos perdió un rato. Hoy ha ido al cole con el ojo a la virulé, pero parece que no le guarda rencor.

He aquí el espécimen autor de la agresión (es el de arriba):


Fotos© Mi cuñao

jueves, 2 de enero de 2014

Feliz No Navidad




No sé por qué, pero para mí estas fiestas cada vez tienen menos sentido: ni me creo que llegara ningún salvador, ni veo ese pretendido espíritu navideño por ningún lado, sino más bien un espíritu consumista, ni entiendo que haya que celebrar algo tan arbitrario como la llegada de un nuevo año, hecho meramente periódico y que depende de los astros… Lo único que de verdad tiene sentido son Sus Majestades los Reyes Magos que llegarán dentro de poco a mi casa para hacer las delicias de mis cuatro hijos, que al igual que yo creen firmemente en su existencia, no hay más que verlos subidos en sus burros la noche del día 5 en Linares de la Sierra corriendo por todo el pueblo lanzando los caramelos que colman sus alforjas de esparto. ¡Eso son unos Reyes en condiciones, y no los arrastrados por tractores!

Pero como de lo que se trata, a pesar de lo que quieren vendernos, es de ser felices, quiero desear desde aquí a todos los que aún me leen la mayor felicidad para todos los días de su vida. ¡Feliz No Navidad!

viernes, 11 de octubre de 2013

El vuelo literario de los niños


En los inicios del blog hablaba mucho de mis hijos, especialmente de Miguel, el mayor, que tenía por entonces cinco años, al que dedicaba entradas como ésta, o esta otra. Actualmente es un mocito de diez años que ya levanta más de metro y medio del suelo, pero su imaginación y su inocencia siguen intactas. Ahora están estudiando en el colegio el lenguaje literario, y ayer le encargaron hacer una pequeña descripción de la clase, en un estilo normal y después con el lenguaje literario. Le pedí que me la enseñara pero se mostraba reacio, decía que seguro que estaba mal. Al final me lo mostró. La parte, digamos, aséptica, era muy escueta:
La clase tiene una puerta, cuatro paredes, seis ventanas, cinco estanterías, una pizarra, tizas y veintiocho mesas.
Pero cuando se pasó a lo que él entiende por literatura, a pesar de su inseguridad, se puede decir que el verbo vuela y se eleva por encima de la niñez de sus diez años.
Mi clase es bellísima como un campo pero sus pobres mesas son tristes, y las tizas parecen potrillos pintando en la pizarra lindas flores.

martes, 23 de julio de 2013

A Gonzalo


Juega, vida mía, juega,
y no dejes que nadie te distraiga.
Vacía en tu pequeño cubo
toda la arena de la playa.
No pienses en el tiempo; has de saber
que en estos días de verano
serás siempre inmortal como las nubes
y como el verde mar.
Juega, asómbrate de todo,
acércate a las olas y salta de puntillas,
y después ven a mi encuentro con tu cabeza rubia
y las gotas saladas brillando en tu pecho de niño.
Regálate unos días más de eternidad,
y cuando crezcas
algún día volverán para curarte el alma.


sábado, 9 de marzo de 2013

Ese pedazo de Ignacio


Gracias a mi amigo Álex me he acordado hoy de hace dos veranos, cuando Alájar fue tomada por las huestes bollywoodienses que nos revolucionaron a todos con su colorido y sus fachas exóticas (aunque la convivencia con los hippies hace que no nos asusten las indumentarias más extrañas). Y quiero rescatar el vídeo de promoción de la película, en el que aparte del buen hacer del cuerpo de baile y lo pegadizo de la música... ¡Salen mis niños en el segundo 6''!, concretamente Ignacio y Jaime en primer plano con una camiseta a rayas azules. Se conoce que el meneo de cintura de Ignacio llamó la atención del cámara y hala, sin pedirme permiso ni na a mí, su manager, van y lo cuelgan en internet para que lo vea la India entera.
 

domingo, 10 de febrero de 2013

Demipatí: Cumpleaños solidarios


Los que tenéis niños en edad de celebrar los cumpleaños coincidiréis conmigo en que desde nuestros tiempos hasta ahora la cosa se ha ido de madre, de abuela y de bisabuela si hace falta. Recuerdo con cariño las fiestas de mi infancia donde además de mis hermanos acudía algún primo y no más de dos amigos, que nos reuníamos en casa para saborear unos vasos de fanta (supremo placer) y con suerte algunos ganchitos y sándwiches de nocilla antes de soplar las velas de una modesta tarta que comíamos todos con gusto. Las cosas han cambiado, y ahora un cumpleaños hay que celebrarlo en condiciones, con no menos de veinte invitados en un sitio horrible lleno de ruido y de bolas de plástico, y cuando llega la hora de la tarta los niños pasan olímpicamente de ella, pues les ha bastado con los perritos calientes (también de plástico) servidos por el eficiente catering de una de esas naves industriales reconvertidas en paraíso infantil y pesadilla paterna. Pero lo peor viene con la entrega de regalos: ¿hay espectáculo más triste, más aberrante, que el de ese pequeño sátrapa que cumple seis años sentado en una silla a modo de trono y recibiendo los presentes de sus compañeros que guardan obedientes su turno en una larga fila? El niño ni siquiera mira lo que se le regala; tal es su grado de excitación que termina de abrir un paquete cuando ya está poniendo los ojos en el siguiente. Y aquí es donde quería ir yo a parar: si somos tantos padres los que estamos de acuerdo en que hay que detener esta locura, ¿por qué no hacemos algo al respecto? Una excelente iniciativa es la que ha tenido mi amiga Alejandra, junto con sus amigas Beatriz y Laura, con la web demipati.org, que nos invita a encauzar nuestras celebraciones hacia un fin solidario, de modo que todas esas toneladas de regalos inservibles puedan, con la complicidad del niño, convertirse en algo realmente útil para gente que de verdad lo va a necesitar. Seamos realistas: a nuestros hijos les basta con un par de regalos de sus padres y abuelos, como toda la vida de Dios, y con la presencia de sus amigos en una fiesta, y si los invitados quieren corresponder, ¿por qué no dedicarlo a algo más bonito que un juguete que será despreciado entre el montón?

domingo, 27 de enero de 2013

Una tarde en el basket


Ayer llevé a los dos mayores al baloncesto. Tenían ilusión de ver en directo un partido de los profesionales, ahora que ellos practican ese deporte. Compramos las entradas en banco de pista, enfrente del banquillo del Cajasol, y ya desde el calentamiento flipaban con los tiros y los mates de esos gigantes de carne y hueso, tíos de piernas y brazos interminables, en pista había cuatro que superaban los dos metros diez, y parecían de tamaño normal, rodeados como estaban por gente de su estatura. Una de las cosas que más me llama la atención del baloncesto actual es la coordinación de los pívots: en otros tiempos pescaban a un Romay por su altura, aunque fuera un patoso, mientras que ahora ves a un dos veinte subir el balón de canasta a canasta como si fuera un base. El partido no fue demasiado bien para nuestros colores, el rival era mucho rival, y tenían a una bestia parda polaca con el dorsal 30 que metía todo lo que llegaba a sus manos en la zona, pero daba igual: los niños, sobre todo Miguel, disfrutaron de lo lindo. Jaime también, pero hacia el final del partido se dedicó más a charlar con Daniela y a enredar con los que había al lado, supongo que cuatro cuartos es mucha tela para la concentración de un chaval de siete años, por muy baloncestista en ciernes que sea. El espectáculo, de todos modos, no era sólo el baloncesto, había muchos más estímulos, sin ir más lejos el personal que acude a los partidos, de lo más variopinto. Algunos personajes debían de ser famosos por esos pagos, pues desfilaban adolescentes delante nuestra para hacerse fotos con el móvil con ellos. También teníamos la versión patria de las cheerleaders,  que salían en cuanto había un parón largo, y digo patria porque por más que procuren imitar a sus modelos norteamericanas no pueden negar que son nativas, no sólo por la apariencia, sino por su vestimenta o, mejor dicho, por la forma de lucirla, así como por las volteretas que daban -queda para la antología la salida en tromba de una de estas pizpiretas animadoras, la más rellenita y con una delantera que ni el Madrid, que dio dos o tres vueltas de campana para aterrizar en los brazos de un cheerleader masculino que la aguantó a duras penas, estando a punto de rodar los dos por el suelo ante la rechifla general-. Por cierto que el comentario, no sé si justo, que corría por las filas al ver aparecer a los animadores es que por fuerza tenían que ser gays. Los americanos, para evitar estos problemas, sacan sólo a tías buenorras bien entrenadas y se garantizan el éxito. También teníamos a la mascota del equipo, un toro que más bien parecía un bisonte, que se tiraba en plancha, nos chocaba las manos al pasar -confieso que yo mismo, por no hacerle el feo, palmeé su mano de trapo-, y que al final del partido se puso a tirar balones al público, y aquí viene lo gordo: Daniela y Jaime bajaron a hacerse una foto con él, el toro le ofreció un balón -de reglamento- a Jaime, y va el niño lacio y le dice: ¡no, gracias, ya tengo uno! Cuándo coño se ha visto esa respuesta en un niño, si por definición un niño tiene que "matar" por conseguir un balón. Es lo que yo digo, los niños de hoy están todos amamonaos... ¡Si Zipi y Zape levantaran la cabeza...!

miércoles, 16 de enero de 2013

Ha nacido una estrella (o dos)




Las estrellas son mi hijo Jaime (7 años) y su amiga Daniela, que protagonizan este vídeo promocional del nuevo trabajo de Ecos del Rocío, Toda una vida. ¡Qué guapa está Daniela! ¡Qué guapo está Jaime! ¡Qué feo es el de las patillas! Y mi amigo Julio, pedazo de actor. ¡Gracias!

P.S. Conservad este vídeo para el futuro, cuando obtengan el Oscar cada uno por su lado, como una de esas "rarezas" inapreciables que encuentran los mitómanos.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El abuelo


Día completito. De entrada, nos hemos quedado el fin de semana porque los niños de los cojones tenían partido de baloncesto, manda güevos, pronto empezamos, con nueve y siete años. Jaime está que se sale: no iba convocado porque aún está con muletas, pero dice que es el único de su edad al que han metido en el equipo, y también asegura que como de mayor no gane dinero jugando se retira. ¡Adiós, Pau Gasol! Yo, de momento, le llamo cojo Manteca y él sale corriendo detrás mía cada vez que lo oye, más rápido que el original, ha desarrollado una velocidad endiablada; le falta romper farolas: ya le puse un vídeo el otro día del "orténtico", como se enteren en el cole lo expulsan. El caso es que a las nueve y media de la madrugada toda la familia en bloque para animar a Miguel, caían cuatro gotas y ¡van y suspenden el partido! Motivo: riesgo de lesión. Manda güevos otra vez, antes sólo se suspendía el partido si el balón navegaba en vez de botar, serán los nuevos tiempos de denuncias a gogó. Plan alternativo: turismo por la ciudad. Parque de María Luisa, Catedral, Giralda (el cojo Manteca llegó arriba el primero con sus muletas, cómo no), creo que no había más sevillanos que nosotros allí en lo alto, recuerdos de los tiempos en que no había baranda y los que paseaban por las gradas de abajo tenían que ir esquivando a los suicidas, ahora está todo enrejado; vuelta a bajar, nuevo triunfo del Manteca, paseo por la Avenida, antes del Generalísimo, ahora peatonal y de la Constitución, tapeo correspondiente (siempre sale ganando Miguel, con eso del gluten le ponen los mejores platos), visita a los kioscos de belenismo, hoy inauguraban la temporada, seseintaitantos pavos por cuatro muñecotes y dos tenderetes, antojo de la que manda, me dan mal las vueltas a mi favor, no digo nada -¿seré corrupto?-. Y ahora viene lo bueno, o, mejor dicho, lo malo: íbamos con una amiga y dos niños añadidos, no venían sus padres y ellos no nos conocían. Compramos castañas. Uno de los niños me dice que le pele una. Al abrirla está mala una parte y se ve el gusano momificado. Yo le digo que no pasa nada, que también se come. No se lo cree. Me como el gusano. El niño no da crédito. En ese momento llama su madre. Le pasan el teléfono. Hola, mamá, estoy comiendo castañas. La madre le dice algo, y responde el niño: Una tenía gusano, y se lo ha comido el abuelo.

¡El abuelo! A mis 45 años tan bien llevados. Yo, que era un sex symbol en la facultad; no me comía nada pero era un sex symbol, a ver si viene alguna a confirmarlo. Llamarme a mí el abuelo la mierda esa de niño, home, que me he quedao con su cara, qué van a dejar para cuando tenga ochenta años...

jueves, 1 de noviembre de 2012

1974 (bis)


Recuerdo las gotas serpenteando en la ventanilla, jugábamos a adivinar su trayectoria. Algunas veces se juntaban tres, y proseguían su camino perezosas, una gran gota que moría en la goma agrietada por el sol del verano. Y tras las gotas una ciudad de luces tenues, de ruidos apagados. Jugábamos a completar el abecedario con las letras de las matrículas de los coches. Un seiscientos letra A, un symca letra D y un 131 blanco reluciente con la letra I. Las calles estaban pobladas de gentes de rostros desiguales, de motociclistas sin casco montados por parejas en vespinos desvencijados, con la gomaespuma sobresaliendo por debajo del asiento. La calle Torneo duraba una eternidad, con su tapia infinita que parecía la muralla china, llena de teatros, y mucho después supe que detrás había un río, que era el mismo que aparecía al doblar la última curva. El autobús tenía muchos años, y visto de frente su cabina hacía un arco en semicírculo. El chófer era canijo, diminuto, se dejaba crecer la uña del dedo meñique y ponía siempre el programa de flamenco donde daban las horas con "oles". Era 1974, lo sé porque un día nos lo dijo don Alfonso, y lo escribió en la pizarra, y yo tenía los años que ahora tiene Jaime, pero qué años más distintos, qué risas tan distintas, qué abrazos tan distintos dábamos entonces a nuestros padres, qué manera tan distinta de querer, de ser querido. Yo sé que Jaime en el futuro también lo verá distinto, porque el tiempo pasa, y lo que antes era ilusión no es hoy más que un puñado de promesas incumplidas, pero así avanza la vida, y el niño se hace niño, y el hombre se hace hombre, y no hay mañana, sino ayer, siempre el ayer, el tesoro más precioso, guardado bajo siete llaves para que nadie pueda llenarlo del barro cotidiano que nos enturbia los ojos al vivir.

lunes, 29 de octubre de 2012

Apuntes (182): Tanas



Ayer comimos las primeras tanas de la temporada. Un kilo recién recogido del campo, las únicas que pudo encontrar la familia a la que normalmente se las compramos: aún no han salido muchas; este año ha llovido muy tarde. Si el sol calienta los próximos días, como parece que está haciendo, seguramente saldrán más, y la gente de la sierra se pondrá las botas -en el sentido gastronómico, que vender se venden pocas, no les suele merecer la pena-. 

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En Alájar llaman tentullo a lo que en Aracena le dicen tana. Se trata de la amanita cesarea, una seta fácilmente reconocible por su sombrero de color rojo anaranjado y sus láminas amarillas. No existe posibilidad de error, o al menos eso espero, porque ayer Miguel se encontró una de tamaño respetable en nuestro paseo hacia Castaño del Robledo, y no cabía en sí de júbilo. Es la primera vez que se encuentra una tana, y por supuesto en la cena exigió comerse "su" tana para él solito, y aseguraba que sabía mucho mejor que el resto, que no pasaba de vulgar mercancía comprada. Tanta era su emoción que me hizo probar su seta para que comprobase su superioridad. Dicen que a veces la amanita cesarea se confunde con la phaloides. Yo juraría que no, pero nunca se sabe. ¡Glup!

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En el otoño la "civilización" llega a la sierra: en los seis kilómetros campo a través que separan Alájar de El Castaño nos topamos con hordas de senderistas, algunos de ellos en grupos de unos cincuenta individuos. Se dio el caso que en el último trecho antes de bajar al pueblo, un precioso y tupido bosque de galería, hubimos de echarnos a un lado durante varios minutos para dejar pasar a una de estas cadenas humanas formadas por niños y mayores armados de palos de esquí a modo de muletas, cestas para recoger setas (vacías, por supuesto), bolsas de plástico para las castañas, teléfonos móviles, mochilas, cantimploras... la animación era tal que hasta los pájaros callaban para contemplar su paso.

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Contra la crisis, un día en la sierra.

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Y claro, se dirá que uno se está volviendo un tanto misántropo. No es del todo exacto, pues sólo me sucede con cierto tipo de "ántropos", y en según qué circunstancias. Pero en general sí, y a mucha honra.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Apuntes (178): Y dale con las iniciales...


Una de las pocas perspectivas que me resultan atractivas en esta crisis es que la gente que "vive de la cultura" pasando por el Ministerio o la Consejería del ramo va a tener que dedicarse a pintar cosas que la gente está dispuesta a pagar, o a escribir libros que no sean por encargo para el consabido premio, o a hacer películas en condiciones, etc., y además si quieren beber copas de vino español van a tener que comprase la botella en el supermercado, por no hablar de canapés de salmón, jamoncito, gambas... y si se montan en un avión o en el AVE que lo paguen con el importe de su facturación artística, a ver hasta dónde llegan.

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Sigue uno leyendo a A.T., y resulta sumamente engorroso tratar de despejar las incógnitas que plantea. El valor de X. sólo está al alcance de iniciados que estén al tanto de las puñaladas que se asestan en el mundillo literario, de las que al parecer A. ha recibido unas cuantas, con y sin alevosía y nocturnidad. Después hay otras que si se echa mano de Wikipedia se solucionan bien pronto; por ejemplo, se refiere a una visita que hizo a la viuda de M.P., diseñador gráfico de cierto renombre en nuestra posguerra, y artífice del famoso Toro de Osborne. Y claro, por ahí tiro del hilo del Internet y descubro que se trata de Manolo Prieto. ¿Tanto trabajo cuesta nombrarle con todas sus letras? Me fastidia tanto misterio barato, que lo único que consigue es deslucir una prosa de una calidad indudable.

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Hoy, primer día de cole. No lo han llevado mal M., J. e I., todos unos veteranos. G. se quedó algo mohíno, pero al ir a recogerlo salió con unos andares chulescos mirando para todos lados, como si fuera el amo del lugar. Estos chicos prometen, sólo les faltaba ser protagonistas de un diario, y ahí le gano a A.T. por cuatro churrazos a dos, con sus correspondientes iniciales.

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He estado hablando con un amigo esta mañana de nuestro insigne filósofo O., y no he podido reprimir el recuerdo de esos pasajes en que se da tantísima importancia, esa manera de adornar sus teorías con el tinte de las verdades incuestionables, que ningún mortal estará jamás en disposición de discutir. Toda esa parafernalia ombliguista ha borrado todo lo (poco) que de bueno y aprovechable pueda haber en sus libros. Un tipo insufrible contamina su obra inevitablemente, salvo que se trate de un poeta.

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La decisión de tener hijos ha de ser responsable, y a la vez profundamente irreflexiva.

viernes, 24 de agosto de 2012

Apuntes (176): Sugestión ombliguista


En estas últimas mañanas de agosto parece como si las campanas del pueblo y de la Peña repicaran más limpias, o a lo mejor es que el aire es más liviano, y se está sacudiendo las pesadas alfombras del estío.

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El poder de la sugestión: Ignacio tiene otitis, y le estamos aplicando unas gotas en el oído. Esta mañana le dolía la barriguita a Gonzalo, y me ve echando las gotitas a Ignacio. Me dice que le dé algo a él también. Cojo el cuentagotas, voy al grifo y lo lleno de agua. Le digo que se tumbe y que se levante la camiseta. Le echo cuatro o cinco gotas en el ombligo y le digo que se esté quieto unos minutos. Mano de santo: al rato está el niño corriendo y saltando por la casa.

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La piscina de Fuenteheridos tiene un gran encanto: es una piscina rural, con hierba en lugar de césped, poblada por todo tipo de árboles, con el sonido de fondo de las esquilas del ganado y el canto de los gallos. No se oye una máquina; sólo voces y ruidos de la naturaleza. La piscina está prácticamente vacía, a pesar del calor de la jornada. No es tan difícil pasar del horror al paraíso.

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Son repulsivas las imágenes del tal Breivik triunfante tras recibir su veredicto de cárcel, saludando al mundo con el brazo en alto, una alimaña que cazó y mató como si fueran conejos a decenas de jóvenes en una isla noruega, en una escena que parece salida del horror de las peores películas de miedo, y ahora se le permite posar perfectamente trajeado, desafiando al mundo, da la impresión que ha llegado al punto más elevado de su vida. Y todo gracias al Estado de Derecho, un gran avance, hace trescientos años le habrían desollado vivo, o descuartizado atando una soga a sus extremidades tiradas por caballos, y todo a la vista de un público encantado, jaleando el espectáculo. ¿No son ambos extremos igualmente alejados del deseable punto medio?

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Cuando un tipo es capaz de escribir su autobiografía a los 34 años, cuando aún le quedaban 56 años de vida, y contar lo que cuenta, como lo hace Robert Graves en Adiós a todo eso, uno no sabe si sentir envidia, frustración o admiración, o las tres cosas juntas. Por lo que estoy pudiendo comprobar, la Gran Guerra marcó a fuego a los que combatieron en ella, muy por encima de cualquier otra guerra.

sábado, 18 de agosto de 2012

Apuntes (175): El "santo" de Alájar: Y le dicen romería...


Un día es especial cuando lo vestimos con traje de luces, aunque llueva a cántaros, o precisamente cuando llueve a cántaros.

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Hoy, Romería de San Bartolomé en Alájar. Lo del santo es una excusa para emborracharse a conciencia en los siete kilómetros de carril que van desde el pueblo a la ermita. Se trata, además, de una borrachera muy por el estilo de las que cogen cada fin de semana los jóvenes en las botellonas: nada de hacer el camino andando; se llevan sus coches macarras, abren los maleteros provistos de millones de watios y ponen la música, por decir algo, a la que nos tienen acostumbrados un día sí y otro también, de modo que se oiga en toda la provincia de Huelva. Fuimos con los niños y unos amigos del pueblo, pensando que estaba bien participar de las tradiciones, pero el espectáculo que presenciaron fue lamentable, bochornoso. No entiendo que tengan que tomar el pretexto del día del santo para coger esa enorme cogorza itinerante; podrían hacerlo cualquier otro día, además sin molestar a los pocos que se toman aquello como una parte de la cultura de su pueblo. No volveré, y menos con mis hijos: que estos niñatos y no tan niñatos hagan lo que quieran con el pobre de San Bartolomé, a fin de cuentas no se me ha perdido nada allí.

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Los niños se bañaron durante horas en Charco Hondo, y exploraron la ribera en busca de criaturas fluviales. Se lo pasaron pipa: con el tamaño que tienen, para ellos aquel riachuelo debía de ser poco menos que el Amazonas, y yo contribuía alertándoles de que había visto cocodrilos merodeando.

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Me he pasando el día diciéndome: ¡Qué pena de juventud! Pero es una frase odiosa, y además ellos no parecían muy apenados. Hay causas que no merecen la pena.

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Cada uno tiene sus fobias: la mía es un niñato tipo de diecisiete años, inculto hasta el tuétano del cráneo, descamisado, montado en una mierda de coche tuneado, con el equipo de música, que vale más que el coche, reventando los tímpanos de todo animal situado a un kilómetro a la redonda, y siendo rociado por sus compinches con un garrafón de mejunje alcohólico que le chorrea viscoso por su piel de alimaña.

lunes, 6 de agosto de 2012

Apuntes (173): ¡Mierda de democracia!


Conversación pillada en una papelería de Rota entre un niño de unos diez años, cresteado con esmero e imaginación, y su padre, a juego con el niño: —Opá, ya mizmo va a habé que i comprando laz coza der cole. –Ji, niño, pa lo que a ti te zirven, pa pazearla de caza ar cole... –Pero azín ar meno puedo i ezcribiendo argo…

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Conversación entre mi hijo Jaime y un amiguito de la playa ayer por la tarde: —¿Y por qué tienes tantas ganas de ir a Sevilla? —No voy a Sevilla, voy a Alájar. —¿Y eso qué es? —¿No lo sabes? —No. —¿Conoces Aracena? —No. —¿Y Huelva? —Sí, eso me suena. —Pues está cerca. Bueno, para que te hagas una idea: ¿Sabes lo que es el jamón?

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Dilema moral anticipado: a la vuelta del verano el país va a arder con huelgas, manifestaciones y marchas al sol. Ya sabemos que quien tiene poder de convocatoria son los sindicatos; yo, que odio con todas mis fuerzas a los políticos actuales por ladrones e incompetentes, pero que odio aún más a los sindicatos por ladrones, incompetentes y cínicos, ¿deberé secundar estas protestas? Haga lo que haga, saldré escaldado. ¡Mierda de democracia!

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Y aún más: la oposición sacará pecho y atacará al gobierno actual con el argumento cínico, demagógico y vomitivo de que están destruyendo el Estado de Bienestar que ellos montaron, y los caciques vitalicios de Andalucía salen con que van a tener que cerrar no sé cuántos hospitales y colegios. Y claro, si yo ataco al gobierno de impresentables que tenemos me alineo con estas hienas despreciables. ¡Mierda de democracia!

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Alájar, dulce Alájar.