domingo, 8 de febrero de 2015

Aunque la eternidad no exista


Porque todo lo que reluce es humo, y nuestra dicha está en capear los temporales, engendrar hijos para quererlos, aunque la eternidad no exista, vivir sin miedo y desoír los cantos de sirena de una fe que sólo vive en los corazones atribulados. ¿Por qué no echar en cara las mentiras a quienes a duras penas nos toleran, tachándonos de infieles? La Tierra es un lugar extraño, como los seres que la habitan, que han conseguido explicar muchos misterios insondables. Es lícito ir más allá, pero también peligroso y estéril. La palabra Dios jamás debió inventarse.

11 comentarios:

Er Tato dijo...

La palabra Dios la inventamos porque, probablemente, Dios no exista. O sí. Bueno, Dios sabrá...

Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

Ese invento es dañino, Tato, cada vez lo veo más claro.

Dyhego dijo...

¡Qué metafísico, transcendental y holístico anda usted! ¿No le habrá pillado a usted el nevazo en Alájar y se le han congelado momentánemante (momentáneamente digo) las neuronas (he dichos "las neuronas")?
Salu2 níveos.

Er Tato dijo...

Bueno querido Ridao, los dioses son como las pistolas, que depende del uso que se haga de ellos.
Hay quienes los usan para ser más felices ellos y hacer más felices a los demás. Y hay quienes los usan para justificar sus odios. A mí los primeros me dan envidia y los segundos pena.

Y tú sigue así, poeta, que vas a terminar en el infierno...

José Miguel Ridao dijo...

Tan sólo razonable, Dyhego. Todo lo bueno del hombre le viene por la razón, que es padre de la moral.

Pues a mí las pistolas me siguen dando miedo, Tato, porque se disparan cuando uno menos se lo espera.

Abrazos porunmundomejoreros.

Anónimo dijo...

Este agnóstico aceptaría mejor lo de que "todo lo bueno del hombre le viene por la razón" si lo suscribiera también, por ejemplo, San Juan dela Cruz, que tampoco era tan malo. (O Bach, o Hopkins, o Dante). O si Antonio Machado, que también los hay peores, no hubiera dicho (en carta a Unamuno desde Baeza, 1919) aquello de que "el corazón y la cabeza no se avienen, pero nosotros hemos de tomar partido. Yo me quedo con el piso de abajo". Sin eso, la tal afirmación me parece empobrecedoramente unilateral, qué le vamos a hacer.

Juan Carlos Téllez Gracia dijo...

Acaba uno llegando a la conclusión de que, como diría Tolstoi, el reino de Dios está en nosotros, y no en ninguna institución; se trata de hacer un esfuerzo por encontrarlo y hacer uso de él para vivir en paz el tiempo que dure la función, sin ánimo de lucro ni esperanzas de vida eterna en ningún edén, sino saliendo por la puerta grande, tranquilos, con la sensación de haber hecho un buen trabajo.

Salud.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

¿Inventamos nosotros la palabra "Dios", José Miguel, o Dios nos inventó a nosotros? Si la eternidad no existe, y la razón da sobradas muestras de ello, ¿por qué más de la mitad de la humanidad se lo plantea y se devana los sesos por tratar de entenderlo, al tiempo que se anhela que no todo acabe en soledad y muerte?

¡Ay, si te leyera Unamuno, que le pedía a Dios una señal, una solo que acabara con todos los ateos de la tierra!

Estupenda entrada, José Miguel, porque genera más preguntas que certidumbres, aunque afirmes que la eternidad no existe.

Un abrazo, Javier.

Paco dijo...

Ahí está la clave.

La Palabra de Dios se inventa o se descubre...

Abrazos.

Jesús Esteve Yagüe dijo...

Interesante reflexión, aunque yo no creo que el problema sea Dios, sino la propia gente, que muchas veces se excusa en la religión para hacer o creer en barbaridades.

Me gusta tu Blog, te añadí a mi Blogroll, me gustaria que me incluyeras en el tuyo también. Opino sobre distintos temas de actualidad e históricos. Este es:

deacuerdoqueno.blogspot.com

Un saludo!!

José Miguel Ridao dijo...

Sí que me he pasado un poco con la frasecita, anónimo, ahí tenemos también a Van Gogh o Hölderlin, que hicieron arte maravilloso privados de la razón (o de lo que nosotros entendemos por tal).

Juan Carlos: yo creo que la palabra Dios en boca de Tolstoi o de Einstein es un decir, una referencia a lo inconmensurable, muy lejos del Dios de las religiones.

Nos sentimos pequeños y desvalidos, Javier, y por eso buscamos consuelo, pero nada indica que haya un Dios, y tengo muy claro que toda revelación es una patraña. Quizá al morir salgamos de dudas. Muchas gracias por tu comentario.

Paco: no es que me harte de buscar, pero descubrir, descubro poco.

Bienvenido, Jesús, y suerte con tu blog.

Abrazos descreídos.