De vez en cuando cogías tu guitarra junto a la chimenea y los trémolos brotaban como por encanto. Y me mirabas de hito en hito. Y al final me sonreías. Y simplemente así éramos felices. Nadie ha vuelto a coger esa guitarra que tú tocabas ya de niña. Descansa apoyada en un rincón del salón de Alájar, junto con otra que era mía pero jamás aprendí a tocar, esperando unas manos que ya nunca la acariciarán, y yo esperando una sonrisa y unos ojos dulces que sólo subsisten en mi recuerdo.
Bases de la arquitectura. Una visión particular
-
*C*on sencillez y con algunas dosis de humildad, después de años de estudio
y dedicación a la práctica profesional de arquitecto, puedo llegar a
expon...
Hace 9 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario