De tanto serme estrecha compañía
he llegado a sentirte ya tan mío
que peor que tú mismo es el vacío
que me queda sin ti. Yo te querría
apretado a mi pecho todo el día
por no quedarme a solas con el frío
de ese lago parado y tan sombrío
que es vivir en la nada. Sufriría
más aún, ya lo sé, pero un consuelo
en el propio sufrir quizá nos nace
como una leve flor allá en la arena.
Me lo has quitado todo, tierra, cielo;
déjame sin embargo que te abrace,
que todo cuanto he sido está en mi pena.
Nota: el pintor y poeta Ramón Gaya, uno de los últimos de la generación del 27, perdió a su mujer Fe Sanz (en la imagen, fotografiada por Gaya) en los días finales de la guerra, durante un bombardeo de la aviación italiana en la estación de Figueras. Pocos días después, Ramón lograría cruzar a Francia para entrar en un campo de concentración. Sólo entonces supo de la muerte de su compañera, que viajaba con la hija de ambos y sobrevivió de milagro a las bombas, a la que se vio obligado a abandonar en compañia de unos amigos. El artista ya nunca fue el mismo, y se refugió en su obra para seguir viviendo.

