lunes, 29 de octubre de 2012

Apuntes (182): Tanas



Ayer comimos las primeras tanas de la temporada. Un kilo recién recogido del campo, las únicas que pudo encontrar la familia a la que normalmente se las compramos: aún no han salido muchas; este año ha llovido muy tarde. Si el sol calienta los próximos días, como parece que está haciendo, seguramente saldrán más, y la gente de la sierra se pondrá las botas -en el sentido gastronómico, que vender se venden pocas, no les suele merecer la pena-. 

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En Alájar llaman tentullo a lo que en Aracena le dicen tana. Se trata de la amanita cesarea, una seta fácilmente reconocible por su sombrero de color rojo anaranjado y sus láminas amarillas. No existe posibilidad de error, o al menos eso espero, porque ayer Miguel se encontró una de tamaño respetable en nuestro paseo hacia Castaño del Robledo, y no cabía en sí de júbilo. Es la primera vez que se encuentra una tana, y por supuesto en la cena exigió comerse "su" tana para él solito, y aseguraba que sabía mucho mejor que el resto, que no pasaba de vulgar mercancía comprada. Tanta era su emoción que me hizo probar su seta para que comprobase su superioridad. Dicen que a veces la amanita cesarea se confunde con la phaloides. Yo juraría que no, pero nunca se sabe. ¡Glup!

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En el otoño la "civilización" llega a la sierra: en los seis kilómetros campo a través que separan Alájar de El Castaño nos topamos con hordas de senderistas, algunos de ellos en grupos de unos cincuenta individuos. Se dio el caso que en el último trecho antes de bajar al pueblo, un precioso y tupido bosque de galería, hubimos de echarnos a un lado durante varios minutos para dejar pasar a una de estas cadenas humanas formadas por niños y mayores armados de palos de esquí a modo de muletas, cestas para recoger setas (vacías, por supuesto), bolsas de plástico para las castañas, teléfonos móviles, mochilas, cantimploras... la animación era tal que hasta los pájaros callaban para contemplar su paso.

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Contra la crisis, un día en la sierra.

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Y claro, se dirá que uno se está volviendo un tanto misántropo. No es del todo exacto, pues sólo me sucede con cierto tipo de "ántropos", y en según qué circunstancias. Pero en general sí, y a mucha honra.