viernes, 3 de enero de 2014

El primer libro del año



Todo un descubrimiento en mis incursiones por esos mares electrónicos infestados de piratas: La felicidad de los pececillos, del escritor y sinólogo belga residente en Australia Simon Leys. Hacía tiempo que no me topaba con reflexiones tan penetrantes, tan ingeniosas, tan inteligentes, tan…. maravillosamente inútiles. Algunas perlas:
Ningún escritor dispone de un poder verbal capaz de rivalizar con la imaginación de sus lectores; así, todo su arte consiste en tocar esa tecla.
O esta frase de Unamuno, que supone un guiño al título del libro, que no obstante está traído de la literatura china:
El hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o al cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.
Así, como quien no quiere la cosa, introduce en sus reflexiones sentencias demoledoras:
La irresponsabilidad –que es otro nombre de la felicidad- constituye un privilegio denegado a la gente trabajadora y concienzuda, pobres diablos sobre cuyos hombros descansa la marcha más o menos positiva de este bajo mundo.
También habla, y mucho, del enorme drama del verdadero escritor, como el poeta chino del siglo IX Jia Dao:
¡Tres años para escribir dos versos! Los canto para mí mismo y lloro…
O esta reflexión del gran Cyril Connolly:
La recompensa del arte no es ni la gloria, ni el éxito, sino la intoxicación.
Como no deja títere con cabeza, se enseña, a fe que merecidamente, con el mundo académico:
Un investigador universitario es un individuo que sabe cada vez más de un asunto siempre menor, de suerte que termina por saber todo de nada.
En un momento dado, se dedica a desnudar la obvia pero a la vez oculta estupidez de los afanes a que nos entregamos en la sociedad actual:
Hoy en día, por una irónica paradoja, el lumpenproletariat está condenado al ocio forzado de un desempleo crónico y degradante, mientras que los miembros de la élite educada, cuyas profesiones liberales han sido transformadas en máquinas dementes de hacer dinero, se condenan a sí mismas a la esclavitud de un trabajo abrumador que no cesa ni de día ni de noche, sin tregua, hasta que revientan en la tarea, como acémilas aplastadas por su propia carga.
La última reflexión, referida a la muerte y el paso del tiempo, es grandiosa:
¿Es posible imaginar a un pez que se asombre de que el agua moje? Es que nuestra verdadera patria es la eternidad; nosotros no somos más que visitantes de paso en el tiempo.

En resumen, que me fascinan los libros que me hacen pensar, aunque no conduzcan a nada. Este Leys, que en realidad se llama Pierre Ryckmans, me ha parecido un genio, sobre todo por ser sabio.

3 comentarios:

Dyhego dijo...

Monsieur Ridao:
A ver si lo encuentro en amazón y me lo compro para el kindle.
Jejeje, no me resisto a comentar una de las cosas que dices:
¿El poeta chino Dao tardó tres años en escribir dos versos? ¡Pues menudo poeta tan malo ¿no? Jajajaja. Dos años. ¡Ni que fuera el psicópata de El resplandor, jajajaja!
Espero que no tarde usted tres años en colgar tus interesantes entradas!
Salu2 pececeros.

Sara dijo...

Estoy leyendo en estos momentos su colección de ensayos titulada "The Hall of Uselessness". Y lo estoy haciendo de forma compulsiva de lo bueno que es - una auténtica gozada. Creo que no es el mismo libro que el que comentas aquí, ni siquiera sé si éste está traducido al castellano pues se ha publicado en inglés hace apenas cuatro. cinco meses (New York Review of Books). Pero es lectura altamente recomendada
¡Felices Reyes, José Miguel!

José Miguel Ridao dijo...

Dyhego: tienes toda la razón, menudo poeta, dos versos, y lo peor es que estuvo esos tres años intentándolo. La inspiración es esquiva, el poeta es un ser atormentado. Ah, y si no quieres pasarte por Amazon, surca las aguas del Caribe.

¡Hola, Sara! No es el mismo libro, supongo que ése será una colección de ensayos publicados originalmente en inglés (Leys escribe tanto en francés como en inglés). Voy a buscarlo, con el de los pececillos me he enamorado de este escritor.

Abrazos a los dos, y felices Reyes Magos.