sábado, 13 de noviembre de 2010

Apuntes (XXXIII): Crónica de un concierto en directo


Otra vez en la civilización. Estos dos días alejado de la barbarie urbana son siempre un bálsamo. Mereció la pena salir a la una de la madrugada, después de una espera de tres horas a la grúa. Nada puede con nuestra moral serrana, ni la mala noche que han dado los niños, alterados de tanto zarandeo nocturno. No más de tres horas de sueño y me levanto como nuevo entre el silencio, el aire puro, la luz transparente... la felicidad que proporciona la naturaleza en armonía con el hombre.

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Suena en la iglesia de San Marcos el coro de San Juan Bautista de Puerto Rico. Saco el cuaderno para escribir estas notas en el descanso y me siento incómodo, pensando que mis compañeros de banca me verán presuntuoso.
Han sonado los más grandes: Victoria, Morales, Lasso... y ahora vienen Mozart y Pergolesi. Es impresionante comprobar cómo llenan el espacio las voces a capella. Las notas renacentistas inundan todos los rincones del templo, reviviendo quizá los momentos de mayor gloria del pueblo en el siglo XVI, cuando Benito Arias Montano vivía en la Peña y el mismísimo Felipe II fue a visitarlo.

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Cuántos recuerdos gratos despiertan en mí esos sones, cuánta emoción, cuánta belleza. La sensación de cantar música antigua en un coro es algo indescriptible. A éste se le pueden poner algunas pegas, pero no quiero caer en la crítica escrupulosa de los profesionales que han escuchado a los mejores coros y, lógicamente, siempre encuentran algún defecto.

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He vivido intensamente la primera parte del concierto; casi he levitado en algunos momentos, sobre todo en el Ave María de Morales... y ahora me callo -digo, suelto el bolígrafo-. Empieza la segunda parte. ¡Chsssst!

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Ha sonado Mozart... ¡con una orquesta barroca! Una pieza que yo desconocía, pero su nervio es inconfundible. Y ahora viene lo más esperado: el stabat mater de Pergolesi.

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Aún resuena el último acorde del amén, impresionante. La orquesta lo ha dado todo, y los solistas, soprano y alto, han estado a la altura, sobre todo la soprano, Ruth Rosique, una voz privilegiada. Y yo un privilegiado por disfrutar del concierto. Me voy más contento de lo que vine, aunque, todo hay que decirlo, con el culo cuadrado.


9 comentarios:

José María JURADO dijo...

Pergolesi, es grandioso.

El miércoles estuve en el Nibelheim, y creo que acabé, también, con el culo cuadrado.

Un abrazo.

¡Vivan los sábados musicales!

Dyhego dijo...

Monsieur RIDAO:
Me da gusto leer a la gente que cuenta lo bien que se lo pasa, en este caso,oyendo un concierto (y cuando la descripción es interesante y veraz).
Salu2.

Alejandro dijo...

Como si hubiese estado allí. Veo que sí, que mereció la pena vuestra espera.

Por cierto, más vale volver con el culo cuadrado que escocido.

mujer prevenida vale por dos dijo...

saludos Ridao!

mangeles dijo...

Jooo Ridao..he venido...he leído...y se me ha ido el SANTO al cielo escuchando la música...varias veces..y me he ido sin comentar.


¡¡¡¡Las abuelas llevaban cojines a la iglesia para arrodillarse y sentarse¡¡¡¡ Mucho internet...mucha tecnología punta...y NOS OLVIDAMOS LO MÁS IMPORTANTE....

MUchos besos

Rocío. dijo...

¡Que bonita,la música!,oir esto mientras llueve,es una maravilla pa los sentidos,me encanta.
Un beso musiquero.

Mery dijo...

Nos has puesto la miel en los labios, si señor.
¿Qué mas decir?
Pues que sigas viviendo la música de tal manera.
Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

¡Que vivan! No veas la envidia que me sigues dando. Para mí Wagner es el más grande, el elegido por los dioses, y Bach el más grande elegido por Dios.

Sí que me alegro de que se note, Dyhego.

Eso sí que es verdad, Álex. Si hablamos de mojinos, ya es otra cosa.

¿Ves, MPVX2? La ausencia fue breve.

Abrazos y beso.

José Miguel Ridao dijo...

Es que eso me da vergüenza, mangeles.

Y que lo digas, Rocío.

Por una vez que lo hago, Mery... Tú si que aprovechas el tiempo.

Tres besos.