Con esto de la crisis me está sucediendo algo que me da que pensar. A pesar de mi profesión y de mis estudios, los asuntos económicos y, sobre todo, los políticos, no me causaban interés alguno. Incluso en alguna entrada de hace más de un año hablaba del sopor y el aburrimiento de tantas tertulias dando vueltas al nacionalismo, a las rencillas políticas y económicas y otros mil asuntos que veía tan lejos de mí como el planeta Júpiter. Ahora, sin embargo, la cosa ha cambiado. La ineptitud de los políticos, su vergonzosa actuación para salvar su trasero sin importarles el bien público en absoluto, me irrita, y mucho. La causa está clara: el escenario es distinto, y los latrocinios y dislates de la clase política me afectan directamente, a mí y a muchas personas que quiero.
Creo que he sacado una lección de todo esto. Mi idea inicial era que los políticos son un mal menor que tenemos que soportar como pago por la estabilidad social de la democracia. Engañado por la bonanza de los últimos treinta años no contaba con que las cosas se podían torcer, como bien predice la teoría de los ciclos económicos. Y cuando llega un ciclo recesivo tan profundo y duradero como éste es cuando echamos de menos a políticos de verdad, que tomen decisiones guiadas por la lógica económica, que no obedezcan al partido, sino al bien común de cada momento. No sé si es mucho pedir que sean honestos. Yo me conformaría con un mínimo de honestidad y un máximo de capacidad.
Ruego desde aquí que alguien diseñe una batería de pruebas que deba superar todo aspirante a ministro o presidente de gobierno. Hasta para ser barrendero hay que pasar un proceso selectivo. ¡Qué mínimo que saber inglés, para poder comunicarte con tus pares en los pasillos europeos, en lugar de poner cara de tonto mientras se parte el bacalao delante de tus narices! ¡Qué menos que traer la economía aprendida, y no dar un curso intensivo de 48 horas! ¡Qué menos que un poquito de carisma (para medirlo hay tests psicotécnicos), y un coeficiente intelectual que esté al menos en la media! ¿Se atrevería el presidente con este reto? Yo creo que sí: ZuPermán puede con todo. Ay, señor...
Chéjov
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Un clavo en la pared, -usted, señor Chéjov, exige mucho.
Nota.-
*Antón Pávlovich Chéjov* (1860-1904) murió demasiado joven en el balneario
de Bade...
Hace 19 horas



