martes, 8 de marzo de 2011

Apuntes (LXXI): Mon jardin


Hay días en que por mucho que busque dentro de mi cabeza no encuentro nada nuevo que llevarme al papel, tan sólo la repetición obsesiva de una letanía absurda, o la película recurrente de un día sin gloria.

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La ciencia es un conjunto de obviedades encadenadas. El resultado puede parecer milagroso, pero se sustenta sobre un armazón de relaciones simples, que como tales nunca llegarán a trascender la vida del hombre. Por eso nunca se podrá demostrar científicamente la existencia de Dios, porque no es algo obvio, como tampoco es obvia su no existencia.

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Muchos escriben y escribieron en cafés de nombres pomposos y con honda raigambre literaria. Yo lo hago en la cafetería de Carrefour.

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Il faut cultiver notre jardin, decía Voltaire, y yo lo dejo crecer descuidado, salvaje. Tan alta está la hierba que ya no puedo ver los árboles, ni las flores, ni oler el perfume leve del jazmín moruno, ni anticipar la primavera en las primeras glicinias altas, ondulantes, dulcemente evocadoras.

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Ni lírico, ni épico ni trágico; soy (y estoy) más bien escéptico.

6 comentarios:

Luis Valdesueiro dijo...

Bueno, José Miguel, aunque la cafetería de Carrefour no tenga tradición literaria -tiempo al tiempo-, lo que no cabe dudar es que tiene todo el prestigio que a su nombre le otorga la lengua francesa -tan fina. ¿Acaso sería lo mismo escribir en la cafetería de Caprabo, si la tuviera; o en la de DIA, ídem? Escribamos donde escribamos,siempre estamos en una encrucijada.

José Miguel Ridao dijo...

Pues no lo había pensado, y fíjate que pasa sólo con el francés. Con el alemán, por ejemplo, no. Un poné: "Me voy a escribir al Lidl". Parece que vas a hacer un folleto publicitario o algo por el estilo. Y en el Mercadona, como no escribas la lista de la compra...

Aurora Pimentel Igea dijo...

JM, no sé si has estado en el "restaurante" del Ikea, ese que dan albondiguillas suecas y eso... No sabes lo bien que se escribe entre el tumulto y el redecora tu vida mientras esperas a quien sea, tranquilamente, que se pierdan en el itinerario ese, tú tranquila, tranquilo, escribiendo... Bueno, quizás no eres de Ikea, es solo una sugerencia...

José Miguel Ridao dijo...

Sí que he estado, Aurora, pero se me olvidó el cuaderno. Yo odio Ikea, pero tomo nota para cuando me toque acompañar: "... Cariño, mientras tú compras te espero en la cafetería". Espero que no me salga una novela tipo Larsson.

Un beso.

Mery dijo...

Cierto, hay días en que uno coge la pluma, o la tecla, y sólo acuden cotidianidades mediocres. Y a veces sale gracia y tronío hasta para contar esas cotidianidades, que todo puede ocurrir.

Apoyo el comentario de Aurora; la cafetería de Ikea tiene su aquel.
Un beso

José Miguel Ridao dijo...

Al final voy a tener que ir, tragándome mis prejuicios...