jueves, 10 de noviembre de 2011

De humildades


Para ser bueno antes hay que ser humilde; y también para ser sabio. Quien no sabe ver más allá de sus propios logros jamás podrá avanzar en la búsqueda de la Verdad. Y la Verdad es una meta humilde, no encontrarás en ella la gloria. La Verdad está desnuda, y por eso es más difícil vislumbrarla. La Verdad es veloz, y escapa siempre a nuestros intentos de atraparla, pero al recorrer los caminos que Ella recorrió nos nutrimos de su ausencia. Quien no es humilde es soberbio, vano, orgulloso, altanero, despojado de todo vestigio de sabiduría, y por eso mismo es despreciable. Y es que los sabios y los humildes deben estar versados en el desprecio. El desprecio mantiene alejados a los indeseables, y despeja el camino difícil hacia la felicidad, el placer y la Verdad.

La humildad es una cualidad que raramente se observa en estado puro; ni siquiera en una proporción suficiente como para contarse entre las virtudes de un hombre. Los virtuosos son humildes, y es ésta su principal virtud. La humildad está reñida con el poder; no se hallará ningún humilde entre los príncipes, obispos, altos directivos de empresas, millonarios que se han labrado su propia fortuna, alcaldes, concejales, presidentes y ministros. Para ganar su poder todos ellos habrán forzado a otros. La vanidad les mueve, y desempeñan sus puestos con soberbia.

Los humildes sienten una compasión sincera, no ese sentimiento de culpa de los altaneros, que echan migajas a los pobres para tranquilizar sus conciencias. Si todos fuéramos humildes no habría guerras, las injusticias serían menos injustas, seríamos felices y viviríamos más años. No existiría tanta riqueza, porque gran parte de ésta nace de la avaricia, pero nos conformaríamos con menos.

Hacen falta hombres buenos, y no píos; sabios, y no listos; humildes, y no pobres.

14 comentarios:

Liliana G. dijo...

Sabremos quién es humilde cuando sepamos cómo busca la Verdad, porque la verdad es una y única, pero diferente para cada uno de nosotros. Mi verdad no es la misma verdad de otro, y viceversa. Quien busca esta verdad es el humilde. Pero quien busca la Verdad Universal, ese es el necio y el soberbio, no sólo no la tendrá sino que tampoco obtendrá la propia.
La humildad no está reñida con la autoestima ni con el beneplácito que le podamos otorgar al ego, es la virtud del sabio, que no es quien tiene más títulos sino más experiencia de vida, aquél que es maestro y alumno desde que nace hasta que muere, lo reconoce y lo disfruta, y hace de su estado, su fin y su meta.
Excelente reflexión, José Miguel, incita a compartir criterios o a disentir con ellos, pero sobre todo, a aunarnos bajo la égida de la razón.

Sí, hacen falta hombres buenos, sabios y humildes...

Besotes.

L.N.J. dijo...

¿Quieres decir que si hacen falta hombres buenos, y no píos; sabios, y no listos; humildes, y no pobres?

¿Las mujeres somos todas buenas, sabias y humildes?.

José Miguel, es que últimamente me no sé verle a la lectura nada más que sentido del humor.

Gracias por considerarnos así, eres un caballero.

Muá.

Juanma dijo...

Completamente de acuerdo, querdio mío. Pero no siempre es fácil ser humilde. Me pongo como ejemplo, por pura y desnuda humildad...¿cómo serlo siendo tan guapo como yo, tan machote, escribiendo de esa forma tan sublime y tantas y tantas otras características que me sitúan tan por encima del común? Tengo un problema.

Abrazos.

J.

Blimunda dijo...

Creo que la humildad es como una casa con no demasiadas comodidades ni adornos pero en la que se puede estar muy a gusto.
Pero tú lo has contado mejor.

Gracias, Ridao, esta entrada me ha gusta mucho, mucho.

Dyhego dijo...

¡¡¡ AAAAAmmmménnnnnnn, reverendo Ridao !!!

Al margen de la broma fácil, lo difícil es encontrar el termino medio, que es donde se halla la virtud ¿no? El exceso de humildad es el exceso de soberbia y cuanto más me agacho más se me ve el plumero y si te doy la mano me coges el brazo y hazme cien pero no me hagas una y no me has hecho ciento una...

Es cierto que no encontraremos humildes entre los ricos, los políticos, los banqueros y los artistas... pero... ¿los encontraremos en la blogosfera? ¿Ahhhh?

Saludos de abuela.

José Miguel Ridao dijo...

Vamos a ver si me explico: como la modestia no tiene por qué ser una virtud,me pondré a mí mismo como ejemplo. Yo soy la personificación de la humildad, y quien diga lo contrario es que no me conoce. Es más, estoy dispuesto a demostrarlo ante los tribunales si hiciera falta. Y mi humildad es tan completa que os perdono a todos los que no sois humildes como yo; es más, si me cruzara en la calle con alguno de vosotros no os escupiría en la cara, sino que os contemplaría con benevolencia.

Y dicho esto, Liliana ha soltado una retaíla muy buena, aunue no llega a la altura de mi humilde aportación al campo de conocimiento de la filosofía, Lourdes se cree que al hablar de hombres sólo me refiero a los individuos de género masculino, cuando mi humilde magnaminidad me hace incluir también a las mujeres; Juanma está en el camino, pero no alcanza mi grado de humildad, que me permite seguir igual de humilde a pesar de las muchas virtudes que me adornan; Blimunda es la única que se ha dado cuenta de la grandeza que atesora mi entrada, cosa que mi humildad me impedía decir, y a Dyhego le pongo como ejemplo a mi humilde persona para que compruebe que la blogosfera no es un territorio vedado a los humildes.

No iba a despedirme, pero mi humildad me obliga a ello: recibid mis plácemes.

Juanma dijo...

Imposible alcanzar aquello que quedó atrás.

José Miguel Ridao dijo...

Ciertamente, yo he dejado atrás la soberbia, la presunción, la altanería, el desprecio a prójimos como tú. No tires la toalla tan pronto, querdio discípulo, que aún puedes conseguirlo.

Dyhego dijo...

Humildemente y de hinojos póstrome ante vos para que Su Suprema Humildad tenga a bien imponerme las manos... en ambos bananos, jejejeje.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Iba a decir que estoy completamente de acuerdo contigo, pero no sé si eso sería peligroso, ya que el exceso de halagos no se lleva bien con la humildad.
Me limitáré a mandarte un humilde abrazo. O abrachop, como humildemente prefieras.

Liliana G. dijo...

Nada más lejos de mí que intentar emularos en vuestras brillantes disquisiciones, don José Miguel... razón tenéis de sobra para haceros cargo de tamaña humildad.

Póstrome ante el maestro.
(Debo admitir que muero por poner esas "caritas" mariconas , pero no quiero pecar de ñoña en este blog)

Chuic!

El Naranjito dijo...

Po que quieres que te diga?. Yo no soy príncipe, yo no soy obispo, yo no soy alto directivo, yo no soy millonario, yo no soy alcalde, yo no soy concejal, yo no soy presidente, yo no soy ministro, yo no me conformo con menos; pero el 20N un "mojón" para los ministros, presidentes, concejales ....
Y encima me toca trabajar con mucha humildad, como todos los días.
Por cierto: soy un "pobre" currito que humildemente tiene trabajo. ¿Seré un virtuoso o un afortunado?
Un saludo mi humilde amigo.

José Miguel Ridao dijo...

Mi humildad me impide agarrar bananos, Dyhego, eso lo dejo para los atrevidos, locos y locas.

Acepto tu humilde abrazo, Juan Antonio, TRRRRRataré de proseguir en mi camino virtuoso.

Persevera, Liliana, que esos iconos amariconados va contra toda prueba de humildad.

Naranjito: tú das enorme prueba de humildad, pues te han robado en el coche y no guardas rencor por los ladrones, sino que te cachondeas de ellos.

Abrazos estoyhartodetantashumildaderos.

Rocío. dijo...

Ozú Ridao,pos yo después de leerte,me he dao cuen de que soy múuuu buena,así que voy a llamar al vaticano a ver si me santifican,porque yo lo valgo,así que venga ve aprendiendote mi nuevo titulo:santa rocio la del poderío.
Además Ridao,difiero mucho de lo que pones que los ricos no son humildes,un gran amigo mio,rico,riquisimo,supermillonario,es la persona mas humilde que conozco,y bueno como el solo,a ese también había que santificarlo,ozu que de trabajo va a tené la iglesia con los malagueños.
Un beso de santa.