martes, 1 de noviembre de 2011

Colores pálidos


Alájar, uno de noviembre

Está la tarde azul violeta.
Los tejados rojos, antiguos,
rezuman un agua verdosa.
Tocan a muerto las campanas
hace ya muchas horas, tantas
que las calles parecen negras
con pentagramas enlutados.
Aún quedan flores amarillas
en algunos prados perdidos,
mojados por la lluvia fina.
El sol se oculta tras las sierras
y la noche llega despacio.
Ya no se quejan las campanas.
Los muertos reposan arriba,
en su casa de musgo y piedras.
Está la noche triste, pálida.
El viento suena tras la puerta.

6 comentarios:

Dyhego dijo...

En estos días, siempre acecha por cualquier rendija un poco de melancolía, un poco de tristeza, un poco de pena...
Saludos alajareños.

Alejandro dijo...

Como si lo estuviera viviendo... sin coñas por la expresión... ¡eh!

Muñoz Escasso dijo...

"Tocan a muerto las campanas
hace ya muchas horas, tantas
que las calles parecen negras
con pentagramas enlutados".

Me acordé de mi pueblo, emocionante, sobrecogedor y lúcido. Muy lúcido.
Adoro el otoño.

José Miguel Ridao dijo...

Es verdad, Dhyego, ya vi tu entrada, muy entrañable.

Déjate, Álex, que por aquí todo ha sido muerte, con decirte que los cuatro se me han disfrazado de zombies y han ido por todo el pueblo con esa mierda del trato y el truco...

Gracias, Escasso, también es mi estación preferida, y esas campanas dejan un poso de esperanza.

Abrazos unamierdapajalogüineros.

Mery dijo...

Los versos que hablan de un campo en otoño siempre me resultan encantadores. Melancolía, media luz, colores cambiantes...
Un gusto, Sr. Ridao

José Miguel Ridao dijo...

Muchas gracias, Mery, y qué alegría que estés de vuelta.