jueves, 15 de diciembre de 2011

Blogs, trenes y pajas mentales



Hay quien dice (amigos laboriosos, jefes suspicaces, parientas…) que los que mantenemos un blog perdemos el tiempo miserablemente, no sólo escribiendo entradas, sino comentando, leyendo otros blogs, bicheando… incluso sé de buena tinta (hay gente para todo) que algunos se mandan correítos electrónicos o montan chats para comentar las incidencias del día, alabar a unos y escarnecer a otros. Triste sino el de los que llevamos la etiqueta de “blogueros”, hermanos pobres de los escritores y blanco de la condescendencia, el paternalismo o el más claro desprecio de una sociedad que basa la excelencia en el utilitarismo. Se me ocurren muchas respuestas ante este ataque indisimulado: Ande yo caliente…, A palabras necias…, Que les den por…, pero hoy toca ser más explícito, y rebatir convenientemente tan falaces argumentos.

Como dijo una vez un insigne bloguero, el blog es la zanahoria de los escritores perezosos. No conozco a nadie más perezoso que yo, así que debo a este medio el desarrollo de mi vocación de escritor, algo que ha dado un sentido nuevo a mi vida, no sé si mejor o peor, seguramente esto último, pero un sentido al fin y al cabo, a ver cuántos de vosotros podéis decir lo mismo. En cuanto al tiempo, no me cansaré de repetir –lo he dicho cienes de veces en estos bytes- que se trata de una materia que es imposible de perder, pues nunca la hemos poseído, sino que pasa sobre nuestras cabezas; es en realidad una especie de tren con vagones en los que nunca nos podemos subir, tan sólo pegar patéticos saltitos a ver si los alcanzamos. De la altura y gracilidad de estos saltitos depende nuestra felicidad, y resulta especialmente importante medir el ímpetu de nuestros brincos, pues corremos el riesgo de pegarnos un buen jardazo que acabará de golpe con nuestra felicidad, con nuestro blog, con nuestros dientes y con nuestra capacidad de volver a saltar en el futuro (siendo éste un tren que divisamos borrosamente en el horizonte y se dirige hacia donde estamos). Pero me estoy yendo demasiado por las ramas –aclaro que está prohibido subirse a una rama para saltar más alto-, así que basta de filosofías y vayamos al grano (no el grano que le sale a uno en la nariz, sino que hablo figuradamente: a lo importante, al meollo, al “quid” –palabra que creo que viene del latín, supongo que en latín “grano” se dice “quid”, por ejemplo, te ha salido un “quid” en el culo).

Bueno, mejor no os leáis lo anterior –ah, coño, que ya lo habéis leído, lo siento-. Decíamos antes -ya sabéis, el tren que pasó hace un rato-, que el tiempo no se pierde, sino que se disfruta o no se disfruta –se salta o no se salta-. Pues bien, el blog es una manera estupenda de saltar, mucho mejor que trabajando, dónde se va a parar –se me ocurren algunos “saltos” más placenteros que el blog, pero no es plan contarlos aquí-. Yo me siento muy orgulloso de mis entradas, de mis saltos; creo que es mejor saltar literariamente en mis andurriales que en un libro de papel, algo bastante improbable y que no depende de ti, y que además pertenece a un futuro muy lejano –insisto: un tren que saldrá (o no saldrá) dentro de mucho tiempo-. Mis andurriales salen puntualmente de la estación todos los días, y yo pego mis saltitos correspondientes, de los que quedo muy contento, y no me cambiaría ni siquiera por Cervantes, que tuvo que sudar tela hasta que llegó su tren con un famoso caballero andante y su escudero a bordo, y que menos mal que era manco y no cojo, porque si no no habría podido saltar en absoluto.

Estoy tentado de releer lo que llevo escrito, pero mejor no, dejo que el tren se lo lleve y voy terminando, que el personal debe de estar hasta los cojones de oír hablar de trenes, saltos, blogs, zanahorias y pollas en vinagre. A lo mejor retomo este tema algún día de un buen salto. Por ahora, me bajo del tren, que acaba de parar en unos andurriales algo desangelados, pero en los que me siento como en casa.

6 comentarios:

Dyhego dijo...

Monsieur Ridao:
No seré yo quien repita perogrulladas ni maravilladas de los blogs.
Saludos zanahóricos.

Javier dijo...

Pues es muy placentero no perder el tiempo, entonces...

Un abrazo.

Fernando Moral dijo...

Así que hay chats de critiqueo bloguero. Que mala gente.

Un abrazo indignado.

Mauro Navarro dijo...

Subscribo en la totalidad lo dicho por vuesa merced amigo Ridao. Un servidor tiene mucho que agradecer al asunto de los blogs, porque de otra manera mis pobres escritos dormirían eternamente en los cajones. Y en lo de perder el tiempo, es dicho perpetuo de mi santa, aunque después y como a hurtadillas pierda el suyo leyendo lo que escribí. Un abrazo desde la tierra del caballero de la triste figura.

Mery dijo...

Pues aquí me hallo, perdiendo un poco el tiempo.
Ahora estoy vaga-revaga en general y tengo abondanaditas tantas casas como ésta (y la mía propia).
Por ahora nadie de mi entorno me ha soltado una mala frase sobre los blogs, aunque por otro lado no me extraña que anden diciendo por ahí...
Pero les contestaremos con palabras de Raphael : "qué sabe nadieee por lo que vibra de emoción mi coraaazón..."

Un beso bloguero, por ejemplo

José Miguel Ridao dijo...

Es verdad, Dyhego, que vamos a parecer pesados.

Pues has puesto el dedo en el "no", Javier.

Ya ves, Fernando, digo como el gendarme francés a Rick en casablanca: "¡Qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!".

Hombre, Mauro, tu comentario me ha recordado al caballero don Cipote, al que tengo muy abandonado. Da gusto leer un castellano tan esclarecido.

Tú tranquila, Mery, que verás como el gusanillo te atrapa cuando menos lo esperes. Y no te fíes, que hay espías por todos los rincones.

Abrazos.