miércoles, 1 de julio de 2009

Hablar y escuchar


Sie
mpre es igual, cuando hablo con ellos me cuentan sus cosas, y yo les cuento las mías, y cuando ellos me hablan yo estoy pensando en lo que les diré cuando callen, y eso si somos educados y no hablamos todos a la vez. Y después de dos horas nos vamos como vinimos, con las mismas ideas, reforzadas si cabe por haberlas dicho en alto, por haber pretendido convencer y, sobre todo, asombrar a nuestros interlocutores. Volvemos a casa henchidos de vanidad, o, lo que es lo mismo, vacíos.

¿Por qué nos empeñamos en hablar de nosotros mismos? ¿Tan vacuos somos? ¿Es nuestra forma de ser felices? No es eso, simplemente nos engañamos, nos conformamos con las migajas que nos echan en forma de halagos, en el mejor de los casos. Pero detrás de todo eso está nuestra inseguridad, la necesidad que tenemos de afirmarnos, de reconocernos en los demás, o de que los demás nos reconozcan, lo mismo da.

Sabio es quien no necesita de los demás para justificarse ni para ser feliz, quien escucha antes que habla, quien vive en sí antes que fuera de sí.

Nunca me pides
que te cuente mis penas.
Dices las tuyas.

35 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

¡Qué pena, verdad!

Si estamos jodidos, porqué vamos a joder a los demás.

Un fuerte abrazo, y hasta mañana.

Liliana G. dijo...

¡¡Ay, ay, ay!! Has puesto el dedo en la llaga José Miguel...

Te quisiera decir muchas cosas pero no puedo. Es verdad que no se necesita de los demás para justificarnos, pero asumir los halagos también es amarse a uno mismo por fuera de la soberbia. Desde la humildad, aceptar los cumplidos es tener la seguridad de saberse amado y reconocido.

(Siempre pido que me cuenten sus penas, jamás cuento las mías.)

Un besote.

Er Tato dijo...

De las mejores entradas que te he leído. Sin duda.

A lo mejor es que no las he leído todas... ;-P

Un abrazo

Ángeles dijo...

Aquí te escuchamos.
Un beso

Capitán dijo...

El comportamiento de los animales sociales sigue unas normas no escritas, no es ni bueno ni malo, es asì. Puro instinto.

Olga B. dijo...

El que no necesita de los demás no es sabio, es inhumano. Otra cosa es que sólo sintamos nuestra propia necesidad de contar penas, nuestro dolor, y no el de los otros. Ya decía Michi Panero que en esta vida se puede ser de todo menos coñazo...
Abrazos, Ridao (y cuéntanos todo lo que quieras, hombre, que venimos a escuchar;-)

H dijo...

Quizas el equilibrio está en saber hablar (no siempre lo hacemos en el momento adecuado) y saber escuchar (siempre).Hablar de nosotros mismos nos permite ver los problemas con otra perspectiva, y desahogarnos que ya es mucho.
Los halagos en algunas personas causan diferentes impresiones, a algunos simplemente les confirman lo que ya sabían (estos son los menos), a otros les causa rubor (y verguenza) porque aunque no los buscan los encuentran, a otros les sorprenden gratamente,... pero en ninguno de estos grupos aprecio inseguridad.
Pero puede que lleves razón, así que te escucho y pensaré sobre el tema.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Des las afirmaciones últimas, aquella de que "Sabio es quien no necesita de los demás para justificarse ni para ser feliz", no sé, no sé; me parece difícil (y hasta triste, valga la paradoja) poder ser feliz así. El resto de tus reflexiones las comparto, claro. Saber escuchar es fundamental.
Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Eso es lo que hay, Javier. Y ya sabes, esta noche nada de penas, aunque no corran las acedías.

Un abrazo pretertuliano sin premio.

José Miguel Ridao dijo...

Tú has dicho la clave, Liliana, la humildad. Con humildad es bueno aceptar todos los halagos del mundo. Y te honra escuchar a los demás, pero no viene mal de vez en cuando contar tus penas, a quien lo merezca y tenga interés, por supuesto.

Un fuerte abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Gracias, Tato. Supongo que incluirás en el lote de buenas entradas esa brillante argumentación demostrando las bondades del keynesianismo y desmontando sin paliativos las tesis liberalistas;-)

José Miguel Ridao dijo...

Sé que me escucháis, Ángeles, y desinteresadamente, sobre todo los que no tenéis blog y no podéis esperar comentarios de respuesta. Que me leáis es de las mayores satisfacciones del blog.

Gracias y un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Capitán, no sé el grado de animalidad que habrá en el ejército, pero el ser humano evolucionado cada vez está menos influido por los instintos. No sé si es bueno o es malo (en mi opinión es bueno), pero es así.

José Miguel Ridao dijo...

Yo no digo que no se necesite en absoluto de los demás, Olga, sino que no nos centremos en ellos para nuestra felicidad. Por supuesto, el ser humano es social, y no podemos prescindir de los otros.

Gracias por escuchar mis peroratas, aunque no creas, yo también escucho tus comentarios, y algunos, como éste, me hacen replantearme algunas cosas:-)

Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Muy buena tu reflexión, H, me ha gustado eso que dices de que al hablar de nosotros nos "vemos desde fuera".

Yo no digo que el halago sea síntoma de inseguridad, sino la búsqueda del halago, que es como una necesidad de justificarse.

Gracias por escuchar.

José Miguel Ridao dijo...

Juan Antonio, coincides con Olga. Matizo: necesitamos de los demás, no cabe duda, y la felicidad no cabe sin ellos. Me refiero a que no hay que obsesionarse. En el fondo la felicidad está en niestro interior, aunque después la disfrutemos en compañía.

Un abrazo pretertuliano, y cuidadín con el banano.

Julio dijo...

Ahora nos tomamos unas cervecitas y ahogamos las penas, Ridao.

Er Tato dijo...

Ya sabía yo que mis halagos se te iban a subir a la cabeza... ;-P

Sin duda, eres mejor poeta y pensador -piensa mal y acertarás-, que economista. Deberías saber interpretar mejor los silencios ajenos sin emborracharte de los ruidos propios. ;-)

Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

Y si no se ahogan con cerveza lo intentamos con el vino, Julio.

Ahora mismito nos vemos.

José Miguel Ridao dijo...

Veo que usas mi propia entrada para atacarme, Tato. Es una opción inteligente, pero no te lo tomes como un halago que la cagas.

¿Quién te ha dicho que un economista no tenga que pensar? Que separes la faceta de pensador de la de economista me da mucho que pensar, valga la rebuznancia. Ahora me explico algunas de tus posturas liberales;-)

Otro abrazo, Tato.

Er Tato dijo...

El blog y sus comentarios es lo que tiene, que todo queda escrito. Mi primer comentario era un halago. Oliendo una inexistente debilidad, me has disparado sin piedad y a traición. Y yo sólo me he defendido. ;-P

Por cierto, para pensar me pongo la gorra de ingeniero. ¡Toma inmodestia, Ridao!

Un abrazo con colleja

Capitán dijo...

Ahí duele, Tato, dale fuerte, que si no se crece.

José Miguel Ridao dijo...

¡¡Diana!! Sabía que acertaría, te leí en el blog del capitanejo ese de ahí abajo algo sobre tu egocentrismo, je je.

¿Y desde cuándo los ingenieros piensan? Los que piensan son los matemáticos, vosotros os dedicáis a la parte técnica.

Ahora es cuando nos estamos zurrando, joder, y no el otro día, que como eres pseudokeynesiano no pude meterte mano (doble premio).

Más abrazos.

marisa dijo...

Pues sí José Miguel, necesitamos de los demás.Amor y aceptación, hacia fuera y hacia dentro.Necesitamos amar y ser amados, aceptar y aceptarnos, y saber que nos aceptan.Es así, sin obsesiones pero con ciertas certezas necesarias.besos guapo.

Olga B. dijo...

Pues no te creas, chico, que yo también me replanteo las cosas que digo;-)
Se necesita a los demás hasta cierto punto, el buscar aceptación a toda costa lleva a las peores bajezas.
A veces, podemos hacer un gran favor no aceptando... y también nos lo pueden hacer no aceptando de nosotros lo que no está bien. Ahí entraría el tema de los halagos. ¿Qué es halago y qué justo reconocimiento? El que sepa distinguirlo será más sabio que un anacoreta.
En cualquier caso, todo eso también es comunicación, un asunto social.

José Miguel Ridao dijo...

Lo has resumido muy bien, Marisa, un equilibrio entre fuera y dentro, y dejarse llevar un poco, que tampoco hay que torturarse.

Un beso, y gracias por lo de guapo;-)

José Miguel Ridao dijo...

Para eso estamos aquí, Olga, para replantearnos las cosas, si no seríamos unos sabios y no habría quien nos aguantara. Has acertado con la separación entre halago y justo reconocimiento. El vanidoso cree que todo son justos reconocimientos, y el... (no sé cómo llamarlo) cree que todo son halagos. Después está el asunto de venirse arriba, aunque sea con justos reconocimientos. Uff... Esto es más complicado de lo que parece, creo que voy a seguir siendo como soy, un moustro peazo escritor, inteligente que te cagas y sabio por añadidura;-)

Un abrazo.

Juanma dijo...

En definitiva, que soy un sabio.

Pasión dijo...

José Miguel, ¿dónde hablaís, dónde alto, interlocutores?, cuéntanos.

No soy sabia, Dios me libre, pero aquí estoy, me justifico.

Estoy harta de escuchar, por eso me he abierto un blog.

Cuenta tus penas.

Abrazos.

Alejandro Muñoz dijo...

Hay que dejar hablar y saber escuchar, que no es lo mismo.
La primera parte me parece más una reflexión laboral o profesional. Aparte de eso, ni estamos tan vacíos ni hablamos tanto de nosotros mismos.

José Miguel Ridao dijo...

Efectivamente, Juanma, sobre todo por lo de escuchar; cuando comentas en los blogs se ve que escuchas, y en tus entradas también. Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Hombre, Álex, es una pequeña exageración, para que quien se sienta retratado (nosotros dos no, por supuesto) reflexione un poquito. Luego te llamo, que te tengo que poner al día de mis triunfos recientes.

José Miguel Ridao dijo...

Pasión, era una ficción, no me refería a nada en concreto. En los blogs se habla y se escucha a la vez, es lo bueno que tienen, y quien te escucha lo hace de verdad, como tú, y es muy de agradecer.

Un abrazo.

Mery dijo...

Hay un aspecto que deploro en ciertas personas que hablan mucho y es que suelen hablar de sí mismos, a veces convirtiéndose en un pensar en alto.
Denota un egoísmo insufrible.
Escuchar con el corazón es una virtud magnífica.
Qué buenos momentos aquellos en que se produce un diálogo igual y equilibrado.
Bien dices, J.M.
Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

Comparto plenamente tu reflexión, Mery. Detesto a quienes sólo hablan de ellos mismos. Un beso.