martes, 6 de abril de 2010

Nasío pa matá

Definitivamente, todo eso del pacifismo, el ecologismo y demás no está inscrito en nuestros genes, sino que debe ser esculpido pacientemente en el cerebelo de nuestros niños y no tan niños por padres y educadores. La prueba la tengo en casa, donde mis hijos, varones todos, se pirran por las escopetas, ametralladoras, espadas, arcos y flechas y misiles nucleares si tuvieran oportunidad. En su colegio está prohibido que lleven armas, hasta el punto de que en carnavales mi hijo Ignacio fue disfrazado de cowboy y al entrar en el cole le confiscaron el revólver. Podéis hacer la prueba: llenad una habitación de todo tipo de juguetes de ésos que llaman educativos y, entre todos ellos, camuflad una espada. Luego dejad entrar a un niño en la habitación y observad qué juguete coge. Yo, como de pequeño tuve pistolas, tanques y lanzagranadas y no he salido asesino, les compro todo un arsenal para que jueguen, con la única condición de que no me encañonen con el rifle de mixtos de cañones recortados, más que nada porque me da grima cuando aprietan el gatillo.

Un día de esta Semana Santa salimos a caminar, para variar, por los bosques alajeños. A mis hijos ahora les ha dado por usar palos como espadas, así que andaban a ver quién encontraba el palo más grande y puntiagudo. El vencedor fue Miguel, que encontró un palo de encina más alto que él y terminado en horquilla, como para estrangular gaznates. Cuando lo trajo vimos que llevaba una curiosa inscripción grabada con una navaja: “cuídame” (se nota que por esa zona pasean muchos amantes de la naturaleza). Miguel, que ya sabe leer, se quedó un poco extrañado al comprobar lo que ponía, y me dijo en tono cómplice:

- Papá, ¿puedo escribir otra cosa en el palo?

- Claro, Miguel. ¿Qué quieres poner?

- "Sirve para matar".

10 comentarios:

maite mangas dijo...

Yo tengo dos "pequeños guerreros". No sabes cómo te entiendo...en mi casa ha y cientos de miles de cosas que al final terminan siendo una espada, casí todo, excepto lo que sea redondo, que termina siendo una piedra para la catapulta...creo que todo esto viene en su código genético.
Paz y amor.

Liliana G. dijo...

Que yo sepa, desde siempre los niños se inclinaron por este tipo de juegos, seguramente influenciados por las películas y las series de televisión, tampoco creo que que sea innato, claro. Hasta yo de niña jugaba con espadas de madera y revólveres de cowboy, jugaba a los piratas y al "poliladron" (policías y ladrones, así sin acento en la "o" final), jajajajaaja ¡Qué recuerdos! Y tampoco salí asesina...

De modo, que Miguel tiene razón, cuando uno es chico debe dar rienda suelta a la imaginación, el palo que hoy sirve para matar, seguramente el día de mañana le servirá para construir una casa o escribir un poema.

Me encantan estas historias familiares.

Besazos, José Miguel.

mangeles dijo...

Ayer me contaba una amiga, que de crios en su pueblo, quedaban con los del pueblo de al lado, para liarse a tortas y puñetazos.

Y yo veía las pelis indios, y de Tarzán, y de guerras, y de moros y cristianos, y .....me gustaban muchísimo.

Y oomo en mi casa el machismo imperaba, yo no tenía juguetes que no fueran de niña, pero mi hermano sí...escopetas que tiraban bolas, rifles con dardos con ventosas, espadas, tirachinas, espadas, y puñales, pistolas y arcos con flechas con punta de ventosa....y un tanque que lanzaba bolitas y tocaba música....y muñecajos de indios y el séptimo de caballería...y....

Y tampoco soy una delincuente y rechazo frontalmente la violencia.

Besos

Pd.: ¡Ese crío te ha salido poeta¡

José Miguel Ridao dijo...

Totalmente de acuerdo, Maite. A ver cuándo los científicos descifran el gen del guerrero.

Es innato, Liliana, te lo digo yo. Hasta el hijo de Michael Jackson se abalanzaría sobre su padre (RIP) si pudiera agarrar un hacha. Me han encantado los usos alternativos que has dado al palo. Muy poético, de verdad.

Tú también me comprendes, mangeles. Poeta no sé, pero bruto una jartá.

Abrazos.

Bea dijo...

Tienes toda la razón los niños prefieren las pistolas las flechas , las espadas...... y no por eso son crueles,si que algo brutos pero claro es que son niños,y totalmente de acuerdo que en una habitación llena de juguetes los niños se van tirados para las armas,el mío también lo hace.

Alejandro dijo...

Políticamente incorrecto, José Miguel. Ya verás como alguien se chive de tus hijos a una tal Bibiana.

Los psicólogos y psicólogas, pedagogos y pedagogas, estudiólogos y estudiólogas opinan que no hay que diferenciar el sexo de nuestros hijos e hijas para elegir sus juguetes y juguetas.

Unos bobólogos es lo que son. Basta con tener una niña y un niño (como yo... o como ya) para darse cuenta de eso o esa.

Ah... y bobólogas.

Paco Gómez Escribano dijo...

Yo cuando era un crío jugaba a muchas cosas. Pero lo que más me gustaba era montar operaciones militares en el salón de casa con mis madelman. Y tampoco he salido un asesino ni nada por el estilo. Saludos.

José Miguel Ridao dijo...

¿A que sí, Bea?

Me cago en los muertos del bobologuerío, Álex.

Qué recuerdos los Madelman, Paco. Me acuerdo del buzo y del esquimal. Después vinieron los Geyperman, con pelo y todo.

Abrazos.

Mery dijo...

Lo curioso es observar cómo eligen sus juegos, según sean niños o niñas.
Mi sobrina le dejó prestado a su hermano el cochecito en el que paseaba a su muñeca. Y el hermano, con sonrisa malévola, jugaba a estrellar el cochecito contra la pared una y otra vez. La pobre niña soltaba unos lagrimones enormes viendo a "su hijita" rebotar contra el muro.
Qué dos instintos tan opuestos.

José Miguel Ridao dijo...

Es verdad, Mery. Los niños son tela de brutos. Si yo tuviera cuatro niñas en vez de cuatro niños mi casa estaría mucho más tranquila; al menos ahora.

Un beso.