domingo, 9 de octubre de 2011

Apuntes (133): Falsos poetas falsos


Un gran libro no es el que nos enseña muchas cosas, sino el que nos las muestra, las disfrutamos y después se nos olvidan.


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Casi siempre hay una frase, o un párrafo, que salva un libro. Eso dice Trapiello en uno de sus diarios, y eso mismo, justamente, me ha sucedido con su libro, que estaba pasando sin pena ni gloria, dejándome más bien indiferente, hasta que leí una frase ciertamente brillante y aleccionadora. Viene a decir el poeta leonés que los escritores buscan muchas veces la cuadratura del círculo: por un lado quieren la gloria y el reconocimiento, y por el otro pretenden mantenerse al margen del tráfago mundano de presentaciones, entrevistas y críticas, algo que sin duda está en las antípodas de todo creador medianamente coherente consigo mismo y con su obra. Trapiello es lo suficientemente honesto como para expresar en voz alta este pensamiento, y de su obra deduzco que, a pesar de todo, está más cerca de la segunda opción, pero... ¡Cuánta falsedad hay entre los poetas!

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Cuando uno tiene una opinión muy definida sobre algo pongamos por caso que yo piense que Eliot es un gran poeta—, se pone una venda en los ojos ante cualquier percepción que contradiga esta opinión. En el ejemplo, por muy horrible e infumable que fuera un poema de Eliot, juraría ante todos los dioses de la poesía que se trata de una obra de arte.

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Es fácil desenmascarar a los escritores que conocemos en persona: si las palabras que escriben nos chirrían puestas en su boca, están sentenciados: la impostación en literatura suele ser sinónimo de vaciedad.

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... Y a lo mejor mis amigos piensan que soy yo quien chirrío, y estoy vacío con tanto ripío.

7 comentarios:

L.N.J. dijo...

Pues que piensen lo que quieran José Miguel porque has hecho una entrada excelente.
¿Tú, chirrío?, sabes muy bien lo que dices y el motivo.

¡FELICIDADES!

Besos.

Dyhego dijo...

Monsieur Ridao: si chirría algo es el motocarro de don Cipote.
¡Lo que me he reído! (y no hay muchas cosas que me desaten risas espontáneas).
Salu2.

Liliana G. dijo...

Pero qué va, Ridao, con todas las verdades que te has cantado nunca podrás estar vacío.
Y te digo una cosa, es fácil desenmascarar a los escritores que conocemos personalmente y también a los que conocemos a través de sus obras, basta con que palpemos la espontaneidad de sus ideas o el retorcido espiral de sus anhelos. ¡Las letras hablan entre líneas!

Besotes, José Miguel.

Fernando Moral dijo...

Eh, eh, eh, un momento. Aquí el único que puede presumir de vacío soy yo, que tengo el copyright. Y hablando de copyright, no has tocado el asunto de otros intereses más mundanos de los poetas, como el económico. Aunque la verdad, eso es más bien de los prosistas.

En cualquier caso, el chirriante no es tu caso. Si alguna vez lo fuera, ya me llevaría un bote de 3 en 1 la próxima que te viese.

Abrazos lubricantes (no en ese sentido, mamoncete).

José Miguel Ridao dijo...

Lo de chirriar ha sido un pegote por mi parte, para cubrirme las espaldas, que en este tipo de entradas no viene mal, jeje.

Gracias, Lourdes, y Dyhego, me alegro de que te guste el Cipote, quedara yo muy corrido si así no fuere.

Es verdad que hablan las letras, Liliana, a veces más de lo que quisiéramos.

Fernando: achupallas con el copyright del jolou. Es verdad que en los poetas el dinero no cuenta tanto, lo dejo para un próximo apunte cañero.

Abrachos.

Sombras Chinescas dijo...

Qué otra cosa podía esperarse de un poeta, alguien capaz de hablar de forma sublime sobre asuntos vulgares.

Saludos.

José Miguel Ridao dijo...

Pues es verdad, Sombras, brillante pensamiento. Y encima les dicho todo un piropo.