sábado, 31 de enero de 2009

Intolerancia y fanatismo

Creo firmemente que el fanatismo, entendido como intolerancia llevada al extremo, es la causa de gran parte de los males que nos afligen, sobre todo de nuestra tendencia a la autodestrucción. Para mí que esta intolerancia es cuestión de fondo, y no de forma. Pongo un ejemplo para explicarlo: si alguien, con perdón, "se caga en mis muertos" (lo siento, pero necesito crudeza lingüística para ilustrarlo) sentiré una ira irrefrenable y lo convertiré en mi enemigo, reacción lógica y comprensible. La cosa cambia si esa persona me comenta que mis ancestros no fueron tan buenas personas como yo pensaba. En ese caso creo que no me ofendería, aunque en el fondo me doliera. El intolerante, sin embargo, no perdona ni las formas ni el fondo. Ante las formas reacciona como el común de los mortales, pero si se le lleva la contraria en el fondo puede llegar a actuar como un fanático.

Pocos ámbitos se libran de esta lacra, incluso el blog. De hecho, según quién escriba en según qué blog sobre según qué asunto me cuido mucho de hacer según qué comentarios; no sé si me explico. Otro ejemplo claro es el fútbol: intentad convencer a un bético de que el Sevilla es mejor equipo; en los últimos años eso es algo objetivo, pero el hincha de un club está ciego por sus colores, y a veces hasta mata por ellos, como hemos visto por desgracia hacer a los hooligans en más de una ocasión.

El problema viene de lejos, del principio de los tiempos, y es que al expulsarnos del Jardín del Edén Dios hizo bien en obligarnos a trabajar; al fin y al cabo la felicidad es incompatible con la pereza, pero al menos podía haber tenido el detalle de vacunar a Adán y Eva contra la intolerancia, y hacer que esa vacuna se transmitiera a las generaciones siguientes.

P.S. Si alguien se ha sentido retratado por favor que no me lo tenga en cuenta, no quiero crearme enemigos. Reconozco que no soy nadie para contradecir la verdad revelada.

P.P.S. Si quien se ha sentido retratado es bético que le vayan dando (perdón, hoy estoy un poco soez; por favor no se lo contéis a los de google que me cuelgan el cartelito).

P.P.P.S. A ver quién tiene cojones de decir que lo que digo es mentira.

14 comentarios:

Olga B. dijo...

Yo no tengo cojones, así que me libro de la amable invitación con que acabas la entrada (y el que tenga muchos, por ejemplo,más de dos, que se lo haga mirar). Además, es cierto lo que dices. Yo antes me cuidaba menos, creía que decir lo que piensas era una de las formas del respeto,sobre todo si alguien ha lanzado un dardo en forma de entrada, pero si ves que sólo va a servir para el cabreo, mejor dejarlo.
También a veces el fanatismo de fondo es tal, que no hace falta que digas mucho, basta con que el otro imagine que vas contra él. Todos somos muy sinceros con los demás, pero muy hipersensibles con nuestras cosas. La fanática que llevo en el corazón sabe de qué hablas. Pero la voy domesticando:-)
Un saludo, José Miguel.
Si tú dices que mi poesía te hace pensar, yo te digo que tus entradas me hacen pensar y me hacen sonreír, que es mucho más.

Mery dijo...

Pues como dices en tu pppd que a ver quién tiene c. de llevarte la contraria, no seré yo quien lo haga; aunque bien pensado te pillo un poco lejos para la represalia, jajaja.
Respecto a los blogs, yo doy por hecho que nadie va a entrar con el ánimo de ofenderme. También tomo en cuenta que el lenguaje escrito puede llevar a error, dado que no tenemos enfrente el gesto, el tono de voz, la mirada.
Tienes razón en cuanto al fondo y la forma. El sentido común debe hacer su trabajo.
Un abrazo, José Miguel

José Miguel Ridao dijo...

Vaya, ahora que me muestro intolerante con quien se oponga a mi defensa de la tolerancia parece que nadie entra al trapo, a ver si algún varón se anima.

Olga, me alegra mucho hacerte sonreír. Arrancar aunque sea una sonrisa es un premio sobrado para el tiempo de escribir una entrada. No había pensado en ese fanatismo autoinflamable, pero es verdad, conozco varios casos. No sé si es mi percepción, pero veo que se da más en las mujeres (por favor, no te ofendas, los hombres tenemos otros defectos).

Mery, me tiré el farol porque estamos lejos, si no no tengo c. de colgar la entrada. A lo mejor nadie tiene el ánimo de ofenderte en tu blog, pero habrá quien se pueda ofender con tus comentarios, y si se lo dijeras a la cara sería aún peor. Pienso que hay que evitar a los fanáticos, no los vamos a cambiar.

Un abrazo.

Er Tato dijo...

Pues sí, el Sevilla es objetivamente mejor que el Betis, pero sus seguidores, ¡ay, sus seguidores! ;-P

Un abrazo

P.S. respecto de tu P.P.P.S.: ¿Que la felicidad es incompatible con la pereza? !Ja! ¡Con dos cojones!

José Miguel Ridao dijo...

Admito tu opinión sobre los seguidores del Sevilla, Tato, pero no puedo compartirla. Me declaro sevillista tolerante por detrás y por delante.

En cuanto a la felicidad y la pereza, lancé el señuelo a ver si picaba algún holgazán en potencia con los suficientes cojones para reconocerlo.

Un abrazo.

Julio dijo...

Ni Betis, ni Sevilla, ni ná...¡Viva el Córdoba!

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Los sevillistas somos estupendos, maravillosos, buenas personas, cultos, refinados, inteligentes, amables y generosos. Y a quien me lleve la contraria no lo invito a jamón.
Dicho lo cual, coincido con tu opinión: en determinados blogs, o ante determinados autores (o comentarístas, ojo), hay que contar las palabras. Pero yo creo que es algo inherente al género: la virtualidad hace que los malentendidos entre desconocidos sean inevitables. Y, por esto mismo, hay que tener cuidado.

Parsimonia dijo...

Pues yo creo que el fanatismo es un problema de fondo que se refleja en la forma de actuar, de hablar y de comportarse.
Yo no soy bética y quizás un poco sevillista, pero el fútbol no me llama.
El fanático es un intolerante irrespetuoso y eso molesta cantidad, porque ahí está una, intentando aceptar a los demás tal y como son, con la empatía correspondiente, para que llegue un fanático egoísta a fastidiarlo todo. Pues no, anda!

José Miguel Ridao dijo...

Nunca he estado más de acuerdo con un comentario, Juan Antonio. Hay verdades absolutas, que no admiten discusión. Tienes razón en que el blog favorece los malentendidos, pero lo de andarse con ojo lo generalizo al contacto real.

Parsimonia, cuando detecto a un fanático no me molesto en gastar mi empatía con él. Intento ignorarlo, aunque algunas veces esto no es tan fácil, por ejemplo si tienes una suegra o un suegro de esa condición.

Se me olvidaba, Julio, me cae bien el Córdoba. Lo único malo es el color de esas rayas en la camiseta.

Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

La intolerancia se encuentra incluso en el arte culinaria. ¿O nunca te has encontrado con alguien que se indigna por tu manera de hacer la tortilla de patatas o la paella? Un abrazo

José Miguel Ridao dijo...

La verdad es que no, Jesús, por la sencilla razón de que nunca he hecho una tortilla de patatas ni una paella. Pero puedes imaginar la indignación que causa esta circunstancia en el género femenino.

Un abrazo.

Mery dijo...

Tu frase de que hay que evitar a los fanáticos porque no vamos a cambiarlos, me ha recordado una máxima del filósofo Julián Marías, tan certera como tu apreciación: "No intentes contentar a quien no se va a contentar nunca"
Amén.

E. G-Máiquez dijo...

Y la intolerancia de los tolerantes, ¿qué? No le dejan a uno tener tres o cuatro opiniones firmes, ay.

José Miguel Ridao dijo...

Tienes razón, Enrique, no hay nada peor que un intolerante que se cree tolerante, y que encima va por ahí perdonando la vida, eso sí, con buen talante.